The Imaginarium of Doctor Parnassus / El Imaginario del Doctor Parnassus

Do you dream? Or should I say, can you put a price on your dreams?

«Llegará el día que a nadie le interesen mis historias», dice el Doctor Parnassus al principio de la película. Una frase tan triste como cierta. Parece que la imaginación está mal vista hoy en día. Triunfa la mediocridad de lo inmediato y lo superfluo. Afortunadamente, Terry Gilliam (director también de una de las pelis de mi infancia, «Las aventuras del barón Münchausen») no se rinde, continúa recordándonos la importancia de soñar, de tener imaginación para iluminar nuestro día a día.

Y lo hace con esta fábula sobre un hombre inmortal que se empeña en que todo el mundo pueda acceder a su mente, su Imaginario deslumbrante donde los sueños y los anhelos y las fantasías cobran vida. Despréndete de todo lo que no necesitas, atraviesa el espejo, sueña, elige bien y disfruta del mayor orgasmo de tu vida. Metafórica y literalmente.

«La conquisté, pero ¿a qué precio?», se lamenta el Doctor Parnassus al recordar un amor que terminó en desastre. La película también es un recordatorio de que siempre hay que afrontar las consecuencias de nuestras decisiones. Y es que por mucho que duela, por mucho que quieras evitarlo, no puedes pretender que una decisión no tenga consecuencias. A los personajes que acceden al Imaginario les llega un momento inevitable en el que tienen que elegir si se quedan con la luz y la felicidad de la iluminación espiritual, o con la oscuridad y la tristeza de lo material. Personalmente, considero que la decisión que tomes, al final, siempre será la decisión correcta. Pero por eso mismo, conviene saber el precio que estamos dispuestos a pagar a cambio de nuestra felicidad: ¿venderías tus sueños a cambio de algo efímero? ¿Estás dispuesto a admitir que cosas maravillosas pueden surgir de algo malo? «Eres el mejor error que he cometido», le reconoce el protagonista a su hija.
«Nada permanece, ni siquiera la muerte».¿Hay que ser inmortales para comprender todo lo cierta que es esta frase? Seguramente. Pero no somos inmortales, y por eso mismo conviene tanto tenerla muy presente a la hora de vivir y decidir y soñar. Nosotros no podemos pactar con el Diablo como hace el Doctor Parnassus pero podemos pactar con nosotros mismos una vida mejor. Lo decía ayer: la felicidad es una opción. Con cuidado siempre de no perderse en esa felicidad ni en esos sueños, claro.

No vi esta película en su día, y aunque me arrepiento, porque disfrutarla en una pantalla de cine tiene que ser una gozada, en el fondo sé que «El Imaginario del Doctor Parnassus» estaba esperándome pacientemente a que ella y yo nos (re)encontrásemos en el momento indicado. Ese momento en que ella pudiera hablarme con toda sinceridad y yo pudiera entenderla con la serenidad necesaria.

No es casualidad que acabase disfrutando de este poderío visual rebosante de simbolismos la misma semana que terminé PaprikaAntes de las jirafas, ni el mismo fin de semana que meditaba intensamente sobre el futuro que sueño y las decisiones tomadas, ni el mismo día que había colgado una entrada en el blog en referencia a Sonrisas y Lágrimas (el Doctor Parnassus lo encarna, precisamente, Christopher Plummel, el mismo actor que interpretaba al padre de la familia Von Trapp). Como siempre, las señales van tendiendo su camino de baldosas amarillas para recordarte que avanzas y que lo haces en la dirección correcta. Por eso, sólo ahora os puedo decir que esta película huele a chocolate con naranja azteca y un toque de vainilla. Toca seguir soñando.

He doesn’t want to rule the world. He wants the world to rule itself.

Scream 4

Cuánto me duele no haber visto «Scream 4» en el Festival de Cine de Sitges para poder aplaudir efusivamente tras cada escena, cada frase y cada guiño. El ambiente friki-festivo que se vive en Sitges es único. Las butacas están pobladas de gente variopinta, unidos porque disfrutamos del cine fantástico y de terror, nos lo pasamos bien y lo compartimos. Cada película allí es una pequeña fiesta. Aplausos, risas y gritos.  Es un festival que le sentaría como un guante a una saga cinéfila y traviesa como «Scream». Nada que ver con la desoladora sala medio vacía que me encontré el miércoles: una pareja de chinos que creo que no entendían castellano, otra pareja que iban allí a liarse, un grupo de amigas que pretendían contarse media vida y un grupo de críos que sólo querían reírse con cada salpicadura de sangre para demostrar que no pasan miedo, que ya son mayores. En fin, yo a lo mío.

Sospecho que no fui el único que se echó a temblar cuando anunciaron la cuarta parte de «Scream». ¿De verdad era necesario resucitar 11 años después esta saga? ¿No habíamos tenido suficiente con el espanto de «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal»? Pero es que, como ya ocurría con «Toy Story 3», precisamente la fuerza, la razón de ser de «Scream 4» es el largo tiempo que ha transcurrido desde la anterior entrega. Hemos crecido, el cine de terror ha evolucionado, la industria del cine naufraga en un mar de remakes y reboots, ahora las grandes historias se cuentan en las series de televisión, tenemos vida 2.0 y móviles con todas las aplicaciones imaginables…

Todo eso lo coge «Scream 4» y lo aprovecha para armar una celebración del cine de terror, con todo lo bueno y todo lo malo del género. Es un emotivo homenaje a la saga, un fan-service descarado y contínuo. Hay sustos, claro, pero la intención primordial es que los espectadores se diviertan. Incluso que se rían, con un espíritu autoparódico sanísimo y desternillante que las prescindibles «Scary Movie» jamás podrán alcanzar. Su público objetivo somos aquellos que crecimos con «Scream», que las vimos en el cine y después las alquilábamos en VHS, que íbamos a ver en tropel sucedáneos descafeinados como «Sé lo que hicistéis el último verano».

Desde un prólogo deslumbrante a un tercer acto apoteósico, la película se resume en dos frases: «New decade, new rules» y «Don’t fuck with the original». Lo han conseguido. Una secuela digna (tan digna que es la mejor película de la saga tras la primera parte), un gran homenaje que mantiene el espíritu pero también sabe renovarse. Hay fallos, claro: el ritmo a veces decae, las muertes no impactan tanto como deberían y se le podría haber sacado aún más jugo a la vida 2.0. Pero da igual: me conformo con haber disfrutado tantísimo con algo que pensaba que iba a ser aún más espantoso que la resurrección de Indy. Supongo que no se comerá un rosco porque las nuevas generaciones no la entenderán (ni se molestarán en informarse y descubrir que ese «4» implica que hay tres entregas anteriores), pero pueden sentirse orgullosos de dejarnos tan satisfechos a quienes sí crecimos con «Scream».

A todo esto, la obra magna del metacine, de los homenajes, parodias, guiños y ejercicios de estilo en torno al cine fantástico y de terror, sigue siendo la serie de televisión «Supernatural». Salí del cine con unas ganas inmensas de retomarla.

Source Code / Código fuente

-What would you do if you knew you had one minute to live?
-I’d make those seconds count.

Tenía muchas ganas de ver esta película. Duncan Jones (director de «Moon» y además hijo de David Bowie) y Jake Gyllenhaal son ya dos motivos potentes para ir al cine. Si además le sumas una buena historia que mezcla thriller y ciencia ficción con la dosis justa de romance, no hay excusa. Ya soy un habitual de los cines Verdi, tengo que averiguar si tienen algún abono porque cada semana me tienen allí gracias a su espectacular cartelera.

Colter se despierta a bordo de un tren con destino a Chicago. «He seguido tu consejo», le dice la chica que está sentada frente a él. Más tarde averiguará que se llama Christina. Al cabo de 8 minutos, el tren explota y Colter vuelve a despertarse, esta vez dentro de una cápsula, donde descubre que le habían transportado a la mente de uno de los pasajeros del tren, para que recopile pruebas que ayuden a detener al terrorista que lo hizo explotar. Colter tendrá que volver una y otra vez al tren, hasta cumplir su misión. No se trata de cambiar el pasado. Se trata de evitar futuros atentados gracias a la información que obtenga.

Está claro que cada cual interpreta las cosas a su manera. He leído opiniones muy dispares sobre el mensaje de «Código fuente». Por ejemplo, en una de las críticas que leí, comentaban que la película habla de disfrutar del ahora y de las cosas pequeñas que nos brinda la vida. En otra, que el amor nos lleva a perseguir lo imposible. Y en la maravillosa crítica de Blog de Cine, destacan que «Código Fuente» habla de deseos, de decisiones, de ver lo que tienes, descubrir lo que deseas e ir a por ello. Ninguna de estas interpretaciones son mentira, todas me parecen muy válidas.

Pero para mí, la película habla de nuevas oportunidades. De que siempre es posible empezar una etapa nueva de tu vida, de que tienes derecho a hacerlo. Todos los sacrificios y toda la mierda que has soportado no pueden ser en vano. Para ello, primero tienes que reconciliarte con ese pasado que quieres dejar atrás, cerrar todos los cabos sueltos. Con la tranquilidad de que ahora tomarás las decisiones correctas gracias a los errores cometidos en el pasado. Y, entonces sí, liberado de ese pasado, aceptarás la persona en la que te has convertido («That’s the new me») y disfrutarás relajadamente, con una sonrisa de satisfacción, de todo lo que has conseguido. Que no es poco.

«Código fuente» va rizando el rizo. Sin estridencias. Juega a sorprenderte cuando creías que ya lo sabías todo. Pero lo mejor es que se trata de una película humilde, honesta, sin más efectos especiales de los necesarios ni momentos trascendentales fuera de lugar. Podría decirse que se trata de una película de ciencia ficción contenida, intimista: al final, lo importante es, siempre ha sido la peripecia personal de Colter. Su evolución, o su aprendizaje.

Por eso emociona tanto ese plano congelado de puro cine (cuando lo veáis, sabréis cuál es), porque consigues sentir lo mismo que Colter. Es un momento mágico, de esos por los que te satisface haber pagado 8€ de entrada y así disfrutarlos en pantalla grande de alta definición y con sonido envolvente. Preocuparse de que lo que se expone en la película no es científicamente plausible sería desviarse del tema. «Código fuente» es una bonita fábula. Tan irreal como la gota de mercurio que hay en pleno Millenium Park de Chicago, y sin embargo tan real como esa skyline curvada que refleja.

Everything’s going to be okay.

Let it shatter the walls for a new sun

Estoy bastante harto de los aires apocalípticos cada vez más presentes en películas, libros, videojuegos, videoclips, etc. Y mira que me atraen desde siempre los ambientes apocalípticos; no en vano, adoro cosas como «Akira», «Neon Genesis Evangelion», «Hijos de los hombres», «Mecanoscrit del segon origen», «La carretera», etc. Yo mismo llevo medio escrita una novela ambientada en un mundo que se ha ido al traste. Pero creo que últimamente, con la excusa de que el 2012 se acerca, se están pasando. Hay una saturación brutal en todos los medios. Sin ir más lejos, el otro día salía a la venta un juego de coches ambientado, cómo no, en un mundo destruído. 4×4 y karts saltando entre edificios en ruinas y carreteras levantadas. ¿De verdad es necesario?

La gente, en general, está encantada. La muerte nos asusta, pero parece que esa catástrofe cósmica inminente nos fascina. Morir solo aterra, morir junto al resto de la humanidad es un espectáculo del que hay formar parte. Y los más listos se aprovechan editando todo lo que pueden y más. Libros desérticos, películas de catástrofes bíblicas, videojuegos apocalípticos… No sabes si intentan prepararnos «por si acaso» o si corren a enriquecerse antes de que se pase la fecha. Da la sensación de que la única intención sea recrearse en la destrucción gratuita.

Intuyo que el año que viene va a ser agobiante. Si ahora ya cuando ocurre alguna catástrofe natural, la prensa se ensaña y le da una trascendencia mística, como telepredicadores intentando que nos sintamos culpables de algo, no quiero ni imaginarme qué harán conforme se acerque el 21 de Diciembre de 2012. Y la de sectas que surgirán. Ya ocurrió con el año 2000, y entonces no había una profecía maya por cumplir.

Por eso, en medio de este panorama, me parece muy positivo que aparte de canciones optimistas como «Firework», «Raise Your Glass», «We R Who We R», «I’ll Be Yours» o incluso «Born This Way», haya videoclips como el de «Till The World Ends» de Britney Spears. Con los teasers, me enfadé: «Hasta ella sucumbe a los tintes apocalípticos». Edificios derrumbándose, gente buscando refugio y demás. Afortunadamente, el vídeo acaba con un sol saliendo por el horizonte. Britney sale de las cloacas y sonríe.
 

Por eso creo que me gustó tanto Berlín: han pintado las ruinas y han cubierto los edificios grises de la postguerra con graffities, coloristas y reconfortantes. Del desastre han creado cultura. Por eso me gustan también los japoneses: tienen tan asumido que nada es eterno, que no sólo disfrutan del momento actual, sino que tras una desgracia saben reponerse y resurgir como un ave fénix.

La noche que precede al nuevo día. «Cambio de ciclo», que dice una amiga mía. Y sí, espero que sea eso lo que ocurra el 22 de Diciembre de 2012. Que el sol salga como siempre pero parezca más nuevo que nunca. Y el mundo siga adelante con fuerzas renovadas. Los finales no son el final: las cosas que terminan nos enseñan a evolucionar, a dejar la puerta abierta a nuevas cosas por venir.

Happy Thank You More Please

I’ve realized the problem. You write short stories and I think you like living short stories. I’m kind of ready for the novel.

A veces basta con detenerse un momento, cerrar los ojos y escuchar atentamente lo que te rodea para descubrir ante ti aquello que tanto esperabas y a lo que tú mismo (sin darte cuenta) le cerrabas la puerta. Así ocurre en una de las escenas más románticas de «Happy Thank You More Please» y de eso va la película: de estar receptivo, de querer estar receptivo.

Josh Radnor es Ted Mosby en una de mis series favoritas, «How I Met Your Mother». Su personaje es ñoño hasta lo empalagoso y muchos lo odian, pero a mí me inspira bastante ternura en su ingenua búsqueda del amor eterno. El actor no quiere apalancarse y por eso ha optado por ponerse manos a la obra antes de que termine la serie creando su primera película. La escribe, la dirige y la protagoniza. Se presentó en el Festival Sundance 2010 y ganó el premio del público. Ha tenido que pasar más de un año para que se estrene en España, pero nunca es tarde para una película tan encantadora. Sencilla y pretenciosa a ratos, naïf siempre pero también encantadora.

«Happy Thank You More Please» es un cuento de Peter Pans treintañeros que viven y se enamoran en Nueva York. Ya sabéis: New York, l’amour. Es la historia de un escritor de relatos cortos que quiere dar el paso a algo más ambicioso: publicar su primera novela. Es también la historia de la amistad entre dicho escritor y un niño de familia conflictiva con un talento enorme para la pintura. Pero sobre todo, es el retrato de seis personajes que conforman tres parejas en momentos muy distintos de la relación.

Tenemos los dos exnovios que siguen encallados en esa relación que ya no existe; intentan rehacer su vida pero no lo consiguen. Tenemos la pareja en crisis, que está ante cambios profundos a los que no saben muy bien cómo enfrentarse. Y tenemos la pareja que acaba de conocerse; tiene que obligarse a estar ilusionados después de un historial de fracasos sentimentales. Todos comparten un mismo problema: el pánico al futuro. Les falta madurar. Abrirse al mundo.

Pero «Happy Thank You More Please» es ante todo un recordatorio de que debemos dar gracias. Gracias por estar vivos, gracias por tener buenos amigos, gracias por el amor que recibimos, gracias por todas las lecciones que aprendemos día a día. Esta gratitud es la clave de nuestra felicidad. Y todo esto, aderezado por una buena selección de canciones indie donde brillan con luz propia los temas de Jaymay, como por ejemplo Rock Scissors Paper.

El plantel de protagonistas es un amor; destaco a Malin Åkerman, actriz guapísima que ya me gustaba en «The Comeback» y aquí nos sorprende haciendo de Annie, la mejor amiga del protagonista: muy mística, tiene un tipo de alopecia que la ha dejado totalmente calva y aún así se esfuerza en sonreír cada día y hacer que quienes la rodean también sonrían. Es una bendición tener cerca gente así de vital.

En fin: si os gusta soñar despiertos y confiar en un mundo donde es posible enamorarse a primera vista mientras vas al metro para una entrevista de trabajo, no os la perdáis. No os contará nada nuevo, pero al terminar os dejará con una bonita sonrisa de agradecimiento. Más, por favor.

Sadness, be gone. Let’s be people who deserve to be loved, who are worthy, ‘cause we are worthy.