Do you dream? Or should I say, can you put a price on your dreams?
«Llegará el día que a nadie le interesen mis historias», dice el Doctor Parnassus al principio de la película. Una frase tan triste como cierta. Parece que la imaginación está mal vista hoy en día. Triunfa la mediocridad de lo inmediato y lo superfluo. Afortunadamente, Terry Gilliam (director también de una de las pelis de mi infancia, «Las aventuras del barón Münchausen») no se rinde, continúa recordándonos la importancia de soñar, de tener imaginación para iluminar nuestro día a día.
Y lo hace con esta fábula sobre un hombre inmortal que se empeña en que todo el mundo pueda acceder a su mente, su Imaginario deslumbrante donde los sueños y los anhelos y las fantasías cobran vida. Despréndete de todo lo que no necesitas, atraviesa el espejo, sueña, elige bien y disfruta del mayor orgasmo de tu vida. Metafórica y literalmente.
No vi esta película en su día, y aunque me arrepiento, porque disfrutarla en una pantalla de cine tiene que ser una gozada, en el fondo sé que «El Imaginario del Doctor Parnassus» estaba esperándome pacientemente a que ella y yo nos (re)encontrásemos en el momento indicado. Ese momento en que ella pudiera hablarme con toda sinceridad y yo pudiera entenderla con la serenidad necesaria.
No es casualidad que acabase disfrutando de este poderío visual rebosante de simbolismos la misma semana que terminé Paprika y Antes de las jirafas, ni el mismo fin de semana que meditaba intensamente sobre el futuro que sueño y las decisiones tomadas, ni el mismo día que había colgado una entrada en el blog en referencia a Sonrisas y Lágrimas (el Doctor Parnassus lo encarna, precisamente, Christopher Plummel, el mismo actor que interpretaba al padre de la familia Von Trapp). Como siempre, las señales van tendiendo su camino de baldosas amarillas para recordarte que avanzas y que lo haces en la dirección correcta. Por eso, sólo ahora os puedo decir que esta película huele a chocolate con naranja azteca y un toque de vainilla. Toca seguir soñando.
He doesn’t want to rule the world. He wants the world to rule itself.











