La délicatesse / La delicadeza

«Parece una tontería, pero cuando me toca nada me duele.»

Cuesta imaginar al próximo hombre. Después de cada historia que termina, no podrías ponerle cara a tu futuro. No existe ese futuro, te llegas a decir. Te acostumbras al ahora y te anclas en el recuerdo. Sólo los fantasmas tienen cara. Y entonces, un día, cualquier día, le ves de frente y sabes que él será el próximo.

De eso va La delicadeza. Del encuentro con ese alguien nuevo, pero también del reencuentro contigo mismo. Del momento en que toca salir a flote. O no toca, pero lo haces. Niegas la evidencia al principio pero luego te sientes tan y tan bien que qué vas a hacer. Pues fluir, remar, volar, abrazar, besar.

Es una película tan sutil que nunca sabes hacia dónde irá, podría acabar mucho después o mucho antes, y sin embargo, la escena final es perfecta. A priori el inseguro protagonista masculino no encaja con la bella y dulce Audrey Tautou, pero pronto le coges cariño y comprendes que no había elección mejor para subrayar el mensaje: no decides la persona que te remueve. El factor sorpresa por bandera.

En el cine me tocó sentarme junto a una chica sola que lloraba. A ratos de tristeza y a ratos de alegría, como con un buen libro. Quienes hayan sido viudos, cornudos, abandonados o no correspondidos la disfrutarán especialmente y al final se quedarán clavados en la butaca como esa chica. Porque en el fondo siempre lo supiste. Que una noche le abrirías tu puerta a él y ya no haría falta jugar al escondite.

Moonrise Kingdom

Los hipsters también se enamoran. Podría ser éste el lema de la película, una comedia romántica distinta, tan pretenciosa como encantadora. Él es un hipster de manual: gafas de pasta y gustos de altos vuelos. Ella es una Lana del Rey en miniatura, con ganas de sentirse mujer aunque todavía no le hayan crecido del todo los pechos. Se fugarán juntos.

Los (mal llamados) adultos ejercen de malos de la función. Tan inmaduros y con tantos secretos que no entienden algo tan puro como esas ganas de comerse el mundo de la pareja. Por eso, intentarán capturarles. Todos están interpretados por actores de primera fila en el que probablemente sea el papel más simpático de sus carreras. No ganarán un Oscar pero la diversión no se la quita nadie.

Moonrise Kingdom es un sofisticado juguete donde cada engranaje cuenta. Los planos, la elección de la música, los créditos, el vestuario, el movimiento de la cámara y de los actores… nada es gratuito, se nota medido al milímetro para conseguir una atmósfera de cuento videoclipero. Atención por ejemplo a la secuencia inicial, que presenta el escenario y los personajes como si fuera una casa de muñecas.

Las ganas de encontrar un lugar al que pertenecer y compartirlo con alguien afín. Esa persona que te comprende y acepta. No se trata de huir sino de ubicarte. Ubicaros. Conquistar vuestro pedazo de tierra. Una casita en la playa, una toalla compartida, un tocadiscos retro, latas de comida para la mascota y buenas lecturas. Un día descubres que la felicidad no es más que eso.

Hysteria

Imaginas las risas nerviosas de los productores cuando llegó el proyecto a su mesa. Una comedia romántica sobre la invención del primer vibrador en pleno Londres victoriano… ¿Genialidad o catástrofe? Pues algo mejor que eso: una película honesta, hecha con gusto y mimo, tan fresca como previsible, única, más para todos los públicos de lo que esperabas, con puñetazos disfrazados de manos toconas.

Como ya ocurría con la subtrama sufragista de Mary Poppins, en Hysteria hay mucha más chicha de lo que parece a simple vista. Es más que una reivindicación feminista. Es abogar por la plena libertad sexual de todos nosotros, romper tabús, llamar a las cosas por su nombre. La denuncia de una sociedad que da la espalda a todo aquello que no entiende.

Sorprenden los actores: Hugh Dancy enamora en su lucha entre represión e instintos, Rupert Everett está irreconocible, muy a gusto encarnando a ese inventor canalla; por su parte, Maggie Gyllenhaal jamás había estado tan guapa, este personaje fuerte y femenino y guerrero y sexual y sensible parecía reservado para ella.

La revolución sexual. La verdadera: coger las riendas de tu propio cuerpo, conocer a fondo lo que lo excita, disfrutarlo plenamente. El buen sexo está para disfrutarlo. Es la base de una relación de pareja sana y una vida equilibrada. Cuando entiendes eso, cuando das con la fórmula o el instrumento o la persona, eres más feliz. Ir bien follado, que se dice, para que la sonrisa sea máxima. O para cantar ópera, incluso.

L’art d’aimer

«No hay amor sin música.»

Hay muchas formas de enamorarse pero al hacerlo todos escuchamos música. No necesariamente violines, ni siquiera literalmente notas musicales, pero sí una sensación de que por fin todo encaja, armonía que fluye y nos calma. Y la música es eso, al fin y al cabo. No lo tienen fácil los compositores: tienen que enamorarnos con cada nota de piano, incluso si ellos todavía no han descubierto el amor. De eso trata la primera de las historias de El arte de amor.

«No debemos rechazar lo que nos ofrecen.»

Vidas cruzadas, personajes que mienten y se desnudan. Amar a extraños a oscuras, besar a una recién llegada, reencontrarte con tu marido, compartir, esperar al momento propicio. Hay muchas formas de amar y todas son correctas. Eso parece decirte, recordarte la película. Ama como quieras, pero ama. Todo en un tono de comedia ligera, tan ligera que a veces se convierte en drama. Los disgustos de la vida, pero a veces los disgustos se transforman en sorpresas, bien lo sabes.

«Es difícil dar como uno quisiera.»

En fin: sigue conquistándome el cine francés. Y no debo ser el único al que le pasa, porque parece que cada vez se estrenan más películas rodadas en Francia. Las claves: un humor muy nuestro, nunca zafio, un buen equilibrio de drama y romance. Y los actores y actrices, claro, porque menudos repartos gastan. Encantadores todos y, lo más importante, con mucha química entre ellos. Por eso los diálogos brillan.

«Paciencia.»

La venden como comedia romántica y es mucho más que eso. «Una mirada a las relaciones en el siglo XXI» sonaría pretencioso pero la película es justamente eso. Nunca como ahora habían tenido tanta importancia términos como follamigos, infidelidades, parejas abiertas, monogamia, ir despacio, conocer gente nueva en un mundo donde parece que todos estamos relacionados. El arte de amar: damos muchas vueltas para acabar volviendo a lo que siempre habíamos deseado. Besos y abrazos mientras suena música. En la minicadena o en nuestra cabeza

Seis puntos sobre Emma

«De vez en cuando, yo también necesito
que alguien me diga que todo va a salir bien.»

Emma es ciega y reparte esperanza y es optimista y siempre anima a los demás y les recuerda su valía y se expresa sin tapujos y pase lo que pase ella sigue adelante. Vive y sobrevive. Prefiere ir de pie que sentada en el transporte público porque no es frágil. Pero aún así, debajo de esa fachada toda sonrisas y gorritos monos, a veces Emma necesita que alguien la abrace. Aunque ella lo disfrace de búsqueda maternal, porque estas cosas las disfrazas, así son más llevaderas, es como si estuvieras jugando.

El poder de los abrazos. Creerte absolutamente independiente y descubrirte de pronto en los brazos de alguien. Dos brazos intensos que te rodean y para hablar de los pequeños temas importantes. Y confiesas las necesidades que hasta ahora escondías, se las cuentas a quien te está abrazando, porque él te escucha. Lo sabes. Lo sientes. Todo va a salir bien, te dicen esos brazos. (¡Y cómo no va a salir bien si son los brazos de Álex García!) La película es un repaso a los descubrimientos que hace Emma, punto por punto. Porque ella también tiene mucho que aprender, aunque empiece creyéndose de vuelta de todo. Eso sí, la debería de haberse titulado Siete puntos sobre Emma, porque falta un último punto, el séptimo. Pero dejaremos que sea Emma la que abra los ojos en el futuro.

A la hora de la verdad todos queremos encontrar a alguien que nos valore. No sólo por las cosas buenas, también (y sobre todo) por todas esas vergüenzas que nos gustaría ser capaces de esconder y no podemos. Seis puntos sobre Emma acierta de pleno al explorar las necesidades emocionales de un grupo de outsiders: la chica sorda y lesbiana (llorarás cuando explique su cita), la tetrapléjica, la depresiva, el subnormal que con sus comentarios fuera de lugar es el más listo de todos, la chica que perdió varios dedos… Verles enamorarse, descubrir que a veces sólo hace falta alguien que te empuje haciendo zig-zag o que te haga reír con un chiste malo, es asistir al germen del amor. Incipiente, ingenuo y gracioso.

Una película bonita, personajes encantadores e interpretaciones a la altura, una música que realza los sentimientos y los paisajes de Tenerife con cada nota de piano. Como la francesa Intocable, Seis puntos sobre Emma rompe sin contemplaciones las tópicos y los tabús de eso que llamamos «minusvalías», como si alguien estuviera a salvo, como si no tuviéramos todos algo que querríamos cambiar. Porque la auténtica ceguera es negar las evidencias. Te gusta el olor y el tacto de un chaqueta porque te gusta su dueño. Tan fácil como eso.