Si de verdad quieres…

No es una comedia. La promocionan como tal: «Una nueva comedia del director de El diablo viste de Prada«. Y repitiendo director y actriz protagonista, esperarías otra retahíla de frases mordaces y carcajadas. No es el caso. Si de verdad quieres… es una película dura, a ratos incómoda, pero merece la pena verla.

Un matrimonio en un giro del camino. Ni siquiera en crisis. Entre los personajes que encarnan Meryl Streep y Tommy Lee Jones, un día la cosa dejó de funcionar. Simplemente eso. Sin grandes dramas. Para recuperar la chispa, se embarcan en una terapia de pareja dirigida por Steve Carell, más comedido de lo habitual.

Sus fantasías, sus deseos, sus demandas… todo saldrá a la luz. También sus ganas de luchar para que la relación siga adelante. La certeza de que, al fin y al cabo, esa persona que se sienta en el mismo sofá, les hace feliz. Las cosas sencillas: el desayuno, el beso de buenas noches. La película es todo lo gamberra y previsible que permite Hollywood.

Y alguna risa sueltas, claro. Ver a Meryl Streep rebuscando libros picantes en las librerías del pueblo o arrodillándose en medio de un cine para hacer una mamada son imágenes de las que no se olvidan. Y sobre todo, las alas que da esa certeza; hay que defenderla a capa y espada. Si de verdad quieres, puedes.

A Roma con amor

Roma queda muy lejos de París. Eso ya lo sabía, pero aquí se confirma. El año pasado, Midnight in Paris fue mi película favorita, y este 2012 ya la he visto otras 3 veces. Sigue pareciéndome tan mágica como la primera vez. A Roma con amor no tiene esa magia, ni siquiera te apetece viajar a Roma después de verla.

Para empezar, el título puede ser engañoso. De las cuatro historias que conforman la película (cuatro al principio, aunque se desperdigan), sólo dos giran entorno al amor. Las otras hablan de la fama involuntaria. Y es un amor de parejas en crisis. Se encara esta situación desde la comedia, pero el trasfondo no es cómodo.

No es el Woody Allen más inspirado, los mejores diálogos son los suyos pero casi parecen un añadido de última hora. La verdadera lástima es que la historia que protagonizan Alec Baldwin, Jesse Eisenberg y Ellen Page, con algo más de desarrollo habría sido una buena película por sí misma. Tendríamos así un producto certero.

Pero la película es la que es, no la que te gustaría. Así que sin moverte de la butaca, ríes y disfrutas. En el fondo, de eso se trata. Desearías encontrarte menos recovecos pero es lo que tiene Roma. Ruinas y callejuelas no siempre luminosas que al final desembocan en una plaza con una fuente bonita. Las crisis existen, pero se superan.

El amigo de mi hermana

Mumblecore. Por lo visto, en Estados Unidos, a las películas independientes de bajo presupuesto y mucha conversación ahora se las llama así. Tecnicismos al margen, no os dejéis engañar por el póster: ésta es una película humilde y sencilla, no es la típica comedia romántica de Hollywood.

De hecho, ni siquiera es una comedia romántica. Te ríes, sí, pero siempre con el corazón encogido y entre drama y drama sueltas alguna carcajada. Es todo tan natural como la vida misma, otra de las características del mumblecore: naturalidad. Los diálogos fluyen como si los personajes estuvieran sintiendo y descubriendo las cosas al mismo ritmo que el espectador.

Todo el peso de la película recae sobre tres únicos actores. No improvisan, pero lo parece. Destacan sobre todo ellas. Emily Blunt sigue acertando al elegir sus papeles. Rosemarie Dewitt ya me encandiló en United States of Tara y aquí borda el papel más complejo de El amigo de mi hermana. Un aplauso a la dirección de actores.

La importancia de la sinceridad, de afrontar los retos con honestidad. Expresar tus sentimientos. Quién lo iba a decir: abriéndote al mundo, consigues que los demás se abran a ti. Recuperar las cosas que te gustan, salir de casa. Obligarte a montar en bici aunque ya no tengas el cuerpo para estos trotes.

Miss Tacuarembó

No conocía este película hasta que hace unas semanas me hablaron de ella y me la recomendaron fervientemente. Saber que se trataba de un musical compuesto por el cantante de Miranda me dejó con la boca hecha agua. Este fin de semana, por fin, fue el elegido para disfrutar de Miss Tacuarembó acurrucados en el sofá.

La película es como Flashdance en versión Disney. Ahí está la mala-malísima con el mismo peinado que la madrastra de La Cenicienta y sus hijas gemelas ejerciendo de hermanastras, también el príncipe azul en forma de visión de Cristo, los milagros y transformaciones, el mejor amigo gay (a falta de dragón o mono) y hasta Rossy de Palma en la piel de una presentadora de TV que ejerce de hada madrina.

Pero sobre todo, destaca ese mensaje ultra-optimista de creer en los sueños. La visión Disney de que si cierras los ojos y sueñas algo con todas tus fuerzas, se hará realidad. «Algún día el mundo será nuestro», es el subtítulo de la película y la frase más repetida bajo una bola del mundo que los protagonistas sostienen con los pies.

Bien de color y fotografía moderna (a ratos parece un vídeoclip), pinceladas de crítica a los beatos religiosos (que no a la religión en sí: cada cual que crea en lo que quiera y a su manera), momentos dignos de culebrón y canciones pegadizas, como no podría ser de otra manera viniendo de Ale Sergi. No sé si los sueños se harán realidad pero como mínimo hay que intentarlo. Coger el micro y darlo todo.

Café de Flore

«¡Ah, claro!» Eso lo piensas ya casi al final, cuando la película decide mostrar sus cartas. Hasta entonces, hora y media de puzzle juguetón, será o no será, mucho desconcierto y algo que engancha: los personajes, sus historias paralelas. Una madre lucha por su hijo en el París de 1969 y una pareja inicia un romance en la actualidad.

El nexo es la música. La que escuchas antes de ir a dormir, la que te pones en el coche, la que te interrumpen para poner otra, la que bailas, la que te hace recordar a esa persona especial, incluso la que pinchas si eres DJ como el guapísimo protagonista. A él le gusta parar el ritmo para dar más fuerza a lo que viene después.

En la película las canciones van y vienen, reaparecen, atraviesan el tiempo. Como en la vida misma. Todas se han seleccionado con acierto. Desde varias versiones de Café de Flore hasta la maravillosa Svefn-G-Englar de Sigur Ros, que da lugar a dos escenas, una romántica y otra muy cómica («It’s youuu, it’s youuu»), pasando por clásicos de la música francesa como Le Vent Nous Portera.

Amar, olvidar, dejar ir, reencontrar, superar, disfrutar, aceptar, dejarte amar no como querrías sino tal como llega. El amor implica todas estas cosas y muchas más. El amor de una madre y el amor de un amante. Llevados al extremo, quizá no sean tan distintos. En la película queda patente.

Café de Flore explora un misterio, el de las almas gemelas. ¿Existen? Deja la respuesta en el aire: tú decides. Pero sea como sea, si lo encuentras, cuida ese amor, créetelo, aprovéchalo. Disfrútalo. Mientras dure, que sea eterno. Y ponte canciones, y baila, y tararea. Que para eso está la música, para acompañarte.