Fly me to the moon

La Luna. Así se llama el cortometraje más reciente de Pixar. Hace un par de meses oí maravillas sobre él en Confesiones tirado en la pista de baile, pero no podido verlo hasta hoy. Es precioso. La calidad técnica era incuestionable, al fin y al cabo es de Pixar, pero el encanto de La Luna reside en su pequeña historia.

La aventura de hacerse mayor en clave de leyenda. Tres generaciones de hombres realizan alguna especie de mantenimiento en la Luna (la respuesta llegará en el último fotograma). Nuestro protagonista es el más pequeño de ellos, un niño que empieza a mimetizar gestos de los adultos, pero también tiene despuntes de iniciativa.

Está aprendiendo. A llegar a la Luna, para empezar. Todos hemos intentado alcanzarla con los dedos. Escalón a escalón, él lo consigue. Hay en su peripecia ecos del Viaje a la Luna de Méliès, también se evoca esa reinvención de la realidad de El Principito y, desde luego, a nivel visual la primera referencia que viene a la mente es el videojuego Super Mario Galaxy.

Un cóctel para beber de un solo trago: 7 minutos perfectos. Como esos cuentos que te adormecían de niño, pero en forma de poesía animada para que los adultos vuelvan a abrir los ojos. Porque hacerse mayor es soñar despierto, más y mejor. Multiplicar las estrellas. A martillazos, aunque sea. Gracias, Pixar.

Looper

Los viajes en el tiempo molan. La idea, esa paradoja de que si cambiases el pasado, lo alterarías todo. De Regreso al futuro a Minority Report, pasando por Lost, muchas son las historias que han usado el tiempo como fuente de inspiración. Hasta Oscar Wilde tenía un cuento en el que un hombre sufre por conocer su futuro.

Looper no deja de ser Terminator con pinceladas de Akira y, otra vez, Minority Report (me encanta esta película). En definitiva: no inventa nada, pero maneja sus referentes tan bien que viéndola solo piensas en lo bien que te lo estás pasando. Ni te mueves de la butaca mientras esos dos hombres, que son uno solo, saltan, se enamoran (no entre ellos, claro: sería el incesto definitivo), se enfrentan, colaboran a regañadientes.

El primer tramo es épico, sienta las bases de un mundo que podría ser el nuestro si no fuera porque las motos vuelan. Pero la decadencia, el colapso, el escapismo de las drogas y el sexo y el ocio, el tirar adelante a cualquier precio, rebelándote contra ese futuro que quieren dictarte los mandamases, todo eso lo tenemos ya. Así es la ciencia-ficción: muchas metáforas para disimular el espejo.

Al bajar el telón, Looper deja algunos cabos sueltos, como si en el último momento se lo hubieran pensado mejor y hubiesen optado por una historia más intimista, nada de giros de tuerca destroza-mentes en los últimos cinco minutos. Aunque frene a un paso de la línea de meta, la película es de lo mejorcito del año, al menos en su género. No se convertirá en un clásico pero los homenajea a todos.

Children of the Sun

Supongo que todos lo hacemos. Suena una canción y piensas: sería la banda sonora perfecta para el libro que me estoy leyendo. O caminas por la calle con la música puesta, y de repente, te sientes en medio de un videoclip. No ves las cámaras, pero las escaleras se vuelven escalinatas, haces una aparición estelar a cada paso, caen confettis dorados, la gente te sigue haciendo un divertido flashmob.

Pues bien, el otro día escuché una canción nueva: Children of the Sun de Dead Can Dance, y el impacto fue fuerte. No conocía el grupo, no tenía expectativas. Suena como David Bowie producido por Woodkid. Y lo mejor de todo es que se desplegó en mis ojos una película entera. Ni vídeoclips ni escenas, toda la película ante mis ojos.

Así que pensé que tendría que ponerle banda sonora y me puse a recopilar canciones que encajasen en mi visión. La aventura que yo viviría si la vida fuese una película con monstruos que hay que escalar y niños que vuelan sobre Los Ángeles y relojes que en vez de tic-tac hacen música y príncipes que viven en ruinas escondidas entre las nubes. ¿Cuál es tu película y qué música suena en ella?

Dead Can Dance – Children Of The Sun
Woodkid – Run Boy Run
Brandon Flowers – Playing With Fire
The Black Keys – Lonely Boy
Rufus Wainwright – Sometimes You Need
Emeli Sandé – Read All About It, Pt. III
Lana Del Rey – Born To Die – Woodkid & The Shoes Remix
Natalie Imbruglia – Wild About It
Noah And The Whale – Just Me Before We Met
Saint Etienne – Over The Border
Groove Armada – Hands Of Time
Pet Shop Boys – The way it used to be
The Sound of Arrows – Ruins of Rome
Madonna – Easy Ride
Rebekka Karijord – Wear It Like a Crown

Frankenweenie

«A la gente le gusta lo que la ciencia le da,
pero no las preguntas que plantea.»

Ya tocaba. Llevaba ya un tiempo que las películas de Tim Burton no me emocionaban como antaño. Demasiado Johnny Depp y demasiada Helena Bonham-Carter. Sombras Tenebrosas ni siquiera la vi. Deposité mis esperanzas en Frankeweenie: un perro monísimo, stop-motion, nada de actores fetiche (aunque regresa Winona Ryder).

Todo prometía, y así ha sido. Me he reconciliado con Tim Burton. Veremos cuánto me dura. La película es una versión extendida del mediometraje que le costó su puesto en Disney en los 80… y ahora es una de las apuestas de animación de Disney para el otoño. Las vueltas que da la vida. Nada como triunfar para que te den carta blanca.

Aquí, Tim Burton consigue un equilibrio casi perfecto entre lo tierno y lo macabro. De puro feos, los bichos son adorables. Y hay, sobre todo, muchos, muchísimos guiños al género de terror: Godzilla, la persecución con antorchas de Frankestein, el lavabo de Jurassic Park, las palomitas de Gremlins… ¡Hasta proyectan Bambi en un cine!

Amistad de ultratumba, pero también amor (ya sabes: perro conoce a perra y se chutan la pelota de un lado a otro de la valla). De eso va la película. Y de intentar lo imposible, seguir intentándolo cueste lo que cueste. Pero con intenciones buenas, ojo. Ya que puedes conseguirlo todo, mejor conseguir algo bueno.
Otra virtud del film es su galería de estrafalarios secundarios. El profesor, el amigo jorobado (guiño a Igor, el mayordomo del Doctor Frankestein), la vecina siniestra, la niña cadáver y su gato Bigotitos (#amor) con las cacas-oráculo (#amor2)… Todos tienen su momento en la película. Lo dicho: Tim Burton en estado de gracia.

Técnicamente impecable, de guión algo previsible (o eso crees), con música (claro) de Danny Elfman y un auténtico festival de referencias cinéfilas… lo mejor que se puede decir de Frankenweenie es que me han entrado ganas de volver a leer La melancólica muerte de Chico Ostra. Y eso son palabras mayores.

PD: ¿Soy el único que piensa que la cruz de la tumba es un homenaje a Gaudí?

Friends with benefits

El sábado no me apetecía pensar. Ni pasar miedo. Quería una película entretenida, llevadera y previsible. Nada como una comedia romántica para estos menesteres, siempre están ahí para dejarte con el ánimo feliz, creyendo en todas las cosas bonitas. Que haberlas, haylas. Y hay que atesorarlas, lo dice Friends With Benefits.

No la vi en el cine, me recordaba demasiado a Sin Compromiso, que se estrenó casi a la vez. Y sí, la premisa es la misma: follamigos que pasan a sentir «algo más». Pero Friends With Benefits tiene mejor guión, mejores secundarios, mejor selección musical… y unos protagonistas que convencen. Viva la sexérrima Mila Kunis y viva Justin Timberlake (sobre todo sin camiseta y sin pantalones).

Dejarse llevar y, entonces, atreverte no sólo a sentir, sino a reconocer que sientes. Este proceso atravesarán ambos protagonistas. Cada uno a su ritmo, como tiene que ser. En el ajetreo de Nueva York, contarán con los consejos de Patricia Clarkson (que debería salir más, la adoro desde A dos metros bajo tierra) y de un sorprendente Woody Harrelson (convincente gay promiscuo con un corazoncito escondido).

En fin, película de sábado por la tarde, palomitas, helado y sofá, pero bien hecha. Con escenas para morir de amor, alguna que otra risa agradecida y un final que, dentro de lo previsible, sabe sorprender. La magia de Nueva York. Cuando te apetece contarle a ese alguien especial cómo te ha ido un día cualquiera, cuando escucharle cómo te cuenta el suyo es tu momento más feliz… ¿hay algo mejor?