El lado bueno de las cosas

Todos llevamos equipaje. Pero no siempre nos pesa lo mismo. Hay momentos y momentos, y el que atraviesan los protagonistas de este drama romántico es el momento más bajo de sus vidas. Pero lo bueno de llegar al fondo del pozo es que a partir de ahí ya solo queda una salida: subir. De esa ascensión trata la película.

«Excelsior», lo bautiza Pat. Ver el lado bueno de las cosas, sacarle partido a los obstáculos y tomarse con humor cualquier desaguisado. No es fácil para alguien bipolar como él, con constantes ataques de ira y una medicación que lo deja medio abatido. Pero lo intenta, vaya si lo intenta. Ahí están sus padres para ayudarle. Y una chica. Bueno, La Chica: ya he dicho que esto era una película romántica.

Lo mejor del optimismo que comparten todos los personajes de El lado bueno de las cosas es que te lo crees. No es un optimismo ingenuo de nubes rosas y arcoiris. Es crudo, salvaje, sangra si le golpean. Pero está hecho a prueba de bombas, porque eso de apostar alto tienes que ganártelo. Y sudar, sudar mucho.

Iba con las expectativas muy altas. Avisado también, de que no ésta era una comedia al uso: tiene mucho de drama y flirtea con el indie, el último grito en Hollywood. Yo encantado. Bienvenidas sean todas las películas que se salen de la fórmula y ofrecen protagonistas distintos. Desquiciados casi, en este caso. Y adorables, y guapos. Tan creíbles que hacia el final a punto estuvimos de aplaudir todos.

Alguien que te enseñe a bailar o que como mínimo quiera bailar contigo. Y compartir locuras. De eso se trata el amor. Bichos raros que se topan en el zoológico. Juntos llegarán más allá de las nubes, lugar privilegiado desde donde contemplar ese silver lining del título original y gritar: ¡Excelsior! ¿Ves como merecía la pena buscarlo?

The perks of being a wallflower

«And in that moment, I swear: we were infinite.»

Poco a poco, fiesta a fiesta. Así te adaptabas a la vida de instituto y así te entra esta película. Empieza como una versión muy dramática de Glee pero al final encuentra su sitio contándote una historia de adolescentes que buscan justamente eso: encontrar su sitio. Mirar a alguien mientras suena su canción favorita y sentirse infinitos.

Me la recomendó Fer de Confesiones tirado en la pista de baile y, como es costumbre, acertó. Una historia de superación que crece en el recuerdo, aunque la banda sonora es un triunfo desde el principio: desde Heroes de David Bowie a Temptation de New Order. Así debían de sonar las fiestas de graduación en 1991.

Si bien sorprende (para bien) la actuación de Emma Watson, la Hermione de Harry Potter, yo me quedo con el protagonista y su dosificación de emociones, no es un papel fácil, y también destaco a Mae Whitman, una secundaria brillante en el papel de Mary Elizabeth, la gótica budista del grupo. Un reparto tan joven como sólido.

Vienen bien películas así. Sobre todo hoy en día. Los medios de comunicación y los gobiernos te machacan, no vales nada, tienes que agachar la cabeza, obedecer. Pero todavía queda la rebeldía de ser feliz. Subir la música del radiocasette, levantarte, abrirte de brazos, desafiar el viento, sonreír. Gritar. Podemos ser héroes.

Amor es todo lo que necesitas

«Puedo hacerlo si tú lo haces conmigo.»

Que tome nota Woody Allen, porque esto es lo que esperaba de A Roma con amor. Historias de turistas que descubren el amor por Italia, el punto justo de locura, paisajes deslumbrantes. Susanne Bier aprovecha mejor la localización, el pueblo costero de Sorrento y consigue una comedia que además de romántica es inteligente.

Entre tú y yo, no sabía que el cine nórdico también podía ofrecer comedia. Lo descubrí el año pasado con Siempre Feliz y lo confirmo ahora con esta película. Tampoco evitan el drama, ojo. «La vida es así», parecen decir, pero sin encogerse de hombros. Vamos a salir de ésta, y reforzados, y más sabios. Y más felices, que el ingrediente secreto es fácil, ya lo adelanta el título: amor.

Nada como un entorno bonito para disfrutarlo. ¡Qué paisajes! Acantilados, playas, bosques de limoneros, un pueblo turístico que conserva su encanto, con bares donde antes había iglesias. Sales de la película buscando vuelos y precios de hotel. Atención, por cierto, al uso del color, con rojos, amarillos, verdes y azul muy potenciados, muy en la línea de Almodóvar.

Cada línea de diálogo, cada palabra, define a los personajes. La mujer recién separada y con cáncer que no cree en su potencial, la ejecutiva frustrada que quiere conquistar a su cuñado (ya viudo) a cualquier precio, la novia suspicaz, el marido infiel que se presenta con su secretaria… Gracias a un buen trabajo de guión, a todos los conoces enseguida.

Nadan desnudos porque el agua está buena. Secan la ropa al sol, salen a ese balcón que tan buenas vistas ofrece. Se tumban en el suelo cuando no hay muebles. Se atreven en compañía. Sonríen cuando no queda otra. Es una película, en fin, sobre aprender a quererse y aprender a querer. Viene a ser lo mismo.

A whole new world

Un mundo ideal. Eso nos prometían, ni más ni menos, las películas de Disney. Las antiguas, cuando éramos niños. Mundos mejores donde ser feliz, a veces mediante magia y a veces, simplemente, mirando a tu alrededor con ojos distintos. Todos boquiabiertos delante del televisor, rebobinando una y otra vez la cinta de vídeo.

Querías formar parte de ese mundo. Bajo el mar, volando cometas o dándote un atracón en el castillo. Los vagabundos conquistaban a las princesas y los deshollinadores montaban un espectáculo pirotécnico por los tejados de Londres. No me extraña que tantos gays sean seguidores de Disney, hay mucho de nuestra lucha en esas películas sobre soñar lo imposible.

Ponerte una banda sonora de Disney es un subidón. Alegran cualquier día. Personalmente, me gustan más en inglés, aunque reconozco que con la de Peter Pan se me ha escapado un «volarás, volarás». Estas 13 canciones son solo algunas de mis favoritas. De Aladdin, El Rey León y Mary Poppins pondría los discos enteros. Espero que te guste la selección. Recuerda que también hay colores en el viento.

Aladdin – A Whole New World
The Lion King – Hakuna Matata
Mary Poppins – A Spoonful of Sugar
The Lion King – Circle of Life
The Little Mermaid – Part of Your World
Aladdin – Prince Ali
Mary Poppins – Let’s Go Fly A Kite
Mary Poppins – Chim Chim Cher-Ee
The Little Mermaid – Under The Sea
Pocahontas – Colors of the Wind
The Jungle Book – The Bare Necessities
Peter Pan – You Can Fly! You Can Fly! You Can Fly!
Beauty and the Beast – Be Our Guest

Submarine

Segundo romance hipster del año. Tras ver la maravillosa Moonrise Kingdom, tocaba el debut cinematográfico de Richard Ayoade (uno de los protagonistas de IT Crowd y director de videoclips para gente como Arctic Monkeys, Vampire Weekend o Yeah Yeah Yeahs). La película se estrenó en Inglaterra el año pasado. No es que se haya estrenado tarde en España; es que, como todo, ha llegado cuando tenía que llegar.

Sorprende que sea la adaptación de una novela. Y es que el mundo de Oliver Tate, el protagonista, es tan sumamente visual, que no te la imaginas como un bloque de texto. Bien de filtros, bien de efectos y bien de montaje (ese plano/contraplano en el pasillo). Una sorpresa tras otra. Da gusto pagar por ver delicias así en el cine.

Siempre acompañado por las canciones de su radiocassette, Oliver quiere salvar el matrimonio de sus padres, quiere seducir a una chica… pero descubrirá que tiene que establecer una escala de prioridades para salvar todas esas cosas que le importan. Una flecha no da para mil dianas. Habrá que buscar mejor munición.

Me gusta que los protagonistas no sean perfectos ni guapos. Me gustan los ojos mega-expresivos de él y la sonrisa cabrona de ella. Me gustan las escenas donde solo existen ellos dos, felices al correr por la playa o entre luces de colores. Cuando cogerse de la mano es descubrir el mundo. Un film sobre el amor, sin más. Disfrutadlo.