The city is in love with you

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Dándote la mano redescubro mi ciudad. Al final de nada sirven esos itinerarios que planeé en cuanto supe de tu visita. Me toca improvisar. Tras un largo instante de duda, recuerdo aquel rincón y te llevo. Será justo en la siguiente esquina donde tú admires algo que nadie había visto antes. Contigo las calles son las mismas de siempre, pero la luz es distinta. A ratos, los demás nos permiten estar a solas y hablar como si cada fachada asimétrica y cada puerta verde fueran nuestras. Barcelona: para ti será así como la recuerdes, para mí ya nunca podrá ser igual.

I know the city
The city is in love with you

Fotografía: Théo Gosselin.

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These streets

barcelona

Sin móvil para hacerles fotos, veo todas esas fachadas por primera vez. Aunque estén en la calle de siempre, a mí me parecen nuevas. Sé que, en realidad, los nuevos son mis ojos; esos edificios llevan ahí años, desde mucho antes de que yo naciera. Pero hoy veo, admiro, reconozco. Recuerdo por qué me gusta mi ciudad. Y me da pena no poder sacar una foto de este momento, subirla corriendo a Instagram y perder más tiempo eligiendo filtro que haciendo clic. Me da pena pero también reconozco que, de haber traído el móvil, no habría levantado la vista, tan concentrado en naderías. Me habría perdido las vidrieras de colores, las filigranas en los balcones, las flores abriéndose paso entre el yeso. De vez en cuando hay que desconectar para volver a conectar.

I’m single, bilingual

Ayer me permití ser un turista en mi propia ciudad. Demasiado a menudo olvido que ellos vienen y van pero yo siempre estoy. Que aunque haya calles hasta los topes, también las hay menos transitadas. Desvíos que me llevan adonde siempre había querido, sin saberlo. Caprichos: míos y del destino. Una paella frente al mar, sin ir más lejos.

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Encontrarla no fue sencillo porque en todas partes pedían un mínimo de dos personas. Pero ir solo tiene ventajas a modo de consuelo: no hay que negociar ni rendir cuentas Sigue leyendo

Brunch & Cake

El otro día merendamos aquí. En una mesa junto al ventanal. Por Enric Granados, la gente paseaba cargada con los regalos de Navidad y decidimos refugiarnos en este local. La calidez de la madera contrasta con la frialdad de las baldosas. Pero los camareros, amables, y la vitrina llena de dulces invitaban a sentarse.

Enseguida vi que tenían la tarta Red Velvet. La conocí hace dos años gracias a Starbucks y la he seguido degustando en forma de cupcake, pero nada como un trozo de la tarta original. Y la de Brunch & Cake está buenísima. Ideal para compartir una merienda contundente. La acompañé de una copa de vino blanco. Todavía no había llegado el frío, ahora no me importaría regarla con un chocolate caliente.

Me acordé de las meriendas con mi abuela en el café Montroig de Sitges, viendo pasar la flor y nata del pueblo (los travesti, las señoras enjoyadas, los turistas). Es decir, que estaba a gusto. Estábamos, en plural, porque aquella tarde nos dio por salvar el mundo. Clavando cucharadas en esa tarta esponjosa, mi novio y yo nos inspiramos para sacar todos esos temas de los que solo hablarías sentado cómodamente junto a una chimenea (¡y ojalá tuvieran una!).

Como se puede deducir por la parte “brunch” de su nombre, otra especialidad de este local son los buenos desayunos, con productos salados: huevos fritos, tostadas varias, ensaladas, pizzas, etc. Todo eso lo tengo pendiente, que ya llevo tiempo tras un brunch asequible en Barcelona. Tocrá probarlo pronto, cualquier fin de semana.
C/ Enric Granados 19 (Barcelona)