Me puse a la contra. De primeras, no me gustaba la portada. No me gustaban tampoco las canciones, ni los nuevos sonidos, ni esa voz que antaño me había enamorado. Pero me empeñé en escucharlo en bucle. Algo tenía que tener, algo que yo era incapaz de ver. Y por fin me caló. Bajo la lluvia, me sentí feliz de reencontrarme con él. Como si nada más salir del metro nos diéramos un nuevo primer beso.
No ha sido un camino fácil. Y quizá soy yo, que ahora se me hace largo lo que antes sentía demasiado corto. Todas las reticencias dan igual porque la voz desgarradoramente dulce de Jamie Scott tumba cualquier barrera. Sigue leyendo




