Graffiti6 : The bridge

Me puse a la contra. De primeras, no me gustaba la portada. No me gustaban tampoco las canciones, ni los nuevos sonidos, ni esa voz que antaño me había enamorado. Pero me empeñé en escucharlo en bucle. Algo tenía que tener, algo que yo era incapaz de ver. Y por fin me caló. Bajo la lluvia, me sentí feliz de reencontrarme con él. Como si nada más salir del metro nos diéramos un nuevo primer beso.

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No ha sido un camino fácil. Y quizá soy yo, que ahora se me hace largo lo que antes sentía demasiado corto. Todas las reticencias dan igual porque la voz desgarradoramente dulce de Jamie Scott tumba cualquier barrera.  Sigue leyendo

A new day has come

En los estantes del supermercado nuevo, no tienen algunos productos a los que estaba acostumbrado. Poco o mucho, siempre asusta probar algo distinto. A mí sí, al menos. Pero aunque tenga que cambiar de gel de baño o de marcas de comida, prefiero que me traten bien las dependientas simpáticas. Iba siendo hora de pensar en mí.

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Hay cambios pequeños, hay cambios trascendentales, hay cambios que parecen (solo parecen) insignificantes. Todos dan vértigo y algo de pereza. Todos son necesarios para avanzar. Porque paso a paso, te acercas a esa persona que quieres ser, ese lugar donde quieres estar. No hay prisa pero sí muchas ganas, y las ganas siempre te propulsan más allá. ¿Ya te lo vas creyendo?  Sigue leyendo

If you could read my mind

No comparten sus problemas, los japoneses. Los consideran una especie de enfermedad contagiosa. Al menos, eso me contaron hace unos días. Yo no creo que sea bueno guardarse ciertas cosas para uno mismo, pues se corre el riesgo de estallar, pero sí comprendo el punto de partida.

Y es que a menudo, de tanto compartir dudas, estas crecen, se multiplican. Esperabas el consejo perfecto y solo cavaste una zanja más honda en la que perderte. Causando además preocupación en los demás, preocupación innecesaria si finalmente la tormenta pasa de largo. ¿Sería mejor colocarnos la máscara del «todo va bien» hasta que, de una manera u otra, podamos prescindir de ella? Sigue leyendo

Al filo del mañana

«Centrar el objetivo y disparar. Centrar el objetivo y disparar…», repetía Shinji en Evangelion. Era su entrenamiento. Repetir. Repetir tantas veces que gestos sencillos como centrar o disparar perdían todo significado y emoción. ¿Quién le iba a decir que el aburrimiento fuera la única manera de alcanzar la soltura necesaria?

¿Quién se lo iba a decir también a William Cage, protagonista de Al filo del mañana? Pero tampoco es que le quede otra salida: cada vez que muere en la batalla, reinicia su día, su entrenamiento, su desesperada búsqueda de mejorar y esta vez sí, triunfar. Rebobina como en Atrapado en el tiempo, pero esta vez no está en juego el amor sino la vida.

Cuando a la ciencia-ficción se le añade emoción, algo grande sucede en la pantalla.  Sigue leyendo

10.000 km

«¿Dónde irás si nunca vuelves?», se preguntaban Pastora en la canción 1.000 kilómetros. Los Ángeles está aún más lejos y esos 10.000 km que la separan de Barcelona dan título a una película acerca de la distancia. No solo la distancia física sino sobre todo la emocional, mucho más peligrosa. Esta es insalvable.

Cuando hay pequeñas tradiciones de pareja, no cuesta crear puntos en común. Trincheras donde acomodarse entre las sábanas, puentes de madera. Nexos inestables que la primera borrasca se llevará por delante. El paisaje cambia y entonces, frente a la ventana o la pantalla del ordenador, es cuando te das cuenta de que no hay vuelta atrás. Todos los defectos encantadores se han convertido en molestias; los pequeños esfuerzos, en sacrificios. Sigue leyendo