Elton John vs Pnau – Good Morning To The Night

«I used to know this old scarecrow…»

Hay que confiar en los jóvenes. Contagiarse de su energía. Elton John parece haberlo entendido estupendamente al confiar su repertorio de principios de los 70 para que Pnau lo reinvente a base de samples, mezclando canciones y pasándolas por un refrescante rebozado electrónico. La recompensa: su primer #1 en décadas.

Cuentan que Elton John se enamoró del grupo al escucharlos durante un viaje a Australia. Desde entonces ha intentado promocionarlos, pero fue el otro proyecto de Nick Littlemore, Empire of the Sun, el que acabó despegando en todo el mundo. Y precisamente a Empire of the Sun recuerdan algunos de los cortes incluidos aquí.

No son exactamente remixes. Pnau han unido fragmentos estribillos y sonidos de canciones distintas hasta volverlas irreconocibles. Consiguen que un título como Sad esconda un himno de los que levantan el ánimo. Good Morning To The Night es puro Guetta y Phoenix hay que bailarla manos en alto, mientras que otras dibujan atmósferas futuristas como ciertos momentos de The Sound of Arrows.

Parece que poco a poco van llegando los discos del verano. Éste es tan corto que siempre deja con ganas de más. Suena a Ibiza, a fiesta en la playa, a noche especial, a mojitos recién servidos, a buena compañía, a arena y mar, a ese sol que saldrá pronto en el horizonte violeta. Decirle buenos días a la noche. Hay que hacerlo, sí.

Tengo el presentimiento de que empieza la acción

«Nada se obtiene por las palabras.
He ahí lo esencial de la sinceridad.»
(Jing Le Shi)

Le das importancia a las palabras. Será porque lees tanto, será porque escribes. Desde siempre valoras lo que se dice y, por tanto, también te fijas mucho en lo que no se dice. Lo que te gustaría que se dijera. Como si las palabras se jugasen en Apalabrados y cada una sumase puntos.

Vas aprendiendo que no todo el mundo tiene la misma soltura para las palabras. Que la sinceridad auténtica está en los gestos. Ahí sí que todos nos expresamos con libertad. Sin darnos cuenta a veces: caricia inconsciente que se te escapa, dedos que con cariño tiran de los pelos de una pierna. La amiga que dibuja cuando hablas, el amigo que apaga el móvil. Miradas de reojo.

Otras veces, en cambio, se pone toda la intención en un gesto. Porque para eso existen los gestos. Puedes demostrar que estás a gusto a cada instante. Un beso. Un beso en la discoteca. Un beso en la discoteca antes de iros. Sí: nada mejor que los gestos, los matices, las intuiciones. No suman puntos pero avanzan casillas.

Las palabras se las lleva el viento, dicen. No sabes a dónde se las llevará, pero está claro que no es aquí ni ahora. Aquí quedan los cuerpos y ahora hay movimiento. Sentirte bien con el abrazo fuerte de un amigo cuando viene a recogerte o la forma en que Él alargó su «holaaa» esa noche, al volver. Te quedas con eso.

Jason Mraz – Love Is A Four Letter Word

«If it makes you wanna sing
Just sing it»

Jason Mraz siempre había pululado por mi vida. Estaba presente en playlists y recomendaciones, tenía algún disco suyo. Me gustaba, porque el chico canta bien y es majo. Tiene canciones bonitas de esas que apetece tener puestas de fondo. Y entonces llegó este disco, con ese título y esa portada perfectos.

En la línea de lo que ha hecho siempre: folk pop vitaminado, su voz, una guitarra, orquestra aquí y allá, armónicas, aromas de reggae…. Composiciones recién hechas, cálidas como algo que acabas de sacar del horno. Mira lo que acabo de grabar, te dice el chico con una sonrisa.

«Love…» es mucho más que el disco de alguien enamorado que se declara a esa persona cantándole que para él significa el mundo (The World As I See It). Es el disco de alguien que luchó por encontrar su hogar y ya está en él (93 Miles), que se siente por fin libre y se atreve a cantarlo (The Freedom Song), que tiene muy claro lo que quiere y va a por ello (I Won’t Give Up).

Alguien que vive aquí y ahora (Living In The Moment). Ese estado mental en que todo lo cantarías. Pues Jason lo tiene muy claro: «Si te da ganas de cantar, cántalo», recomienda en Everything Is Sound, una de las canciones más más positivas de un disco que ya de por sí es un subidón. Dicen que el verano es la mejor época. Ya iba siendo hora de ponerle banda sonora a éste.

When there is love, I can’t wait to talk about it
When things get rough, I like to walk with you
Or when it’s night, I like to be the light that’s missing
And remind you every minute of the future isn’t written 
Not yet

Gattaca

«There is no gene for fate.»

«Un futuro no muy distante», reza el primer cartel de Gattaca. Tan poco distante que ya está aquí, porque el único elemento de ciencia ficción de la película es la velocidad de los análisis de ADN. Y ahí radica el encanto de esta obra maestra, en la familiaridad de lo que cuenta.

Vivimos en un mundo que aspira a la perfección. La perfección mediocre, por supuesto. Prefabricada, clónica. Quien no es perfecto, quien no es igual no existe. Se condena la diferencia porque da miedo. La sorpresa da miedo, lo inexplorado. No se deja margen a la improvisación, no vaya a ser que ocurra algo que te rompa los esquemas.

Ha sido un impacto revisionarla tantos años después, puede que 10. Muchas imágenes seguían grabadas en mi inconsciente, tanto es así que alimentaron el imaginario visual de la novela que estoy escribiendo. Verlas en movimiento y no sólo en palabras me ha dado una energía nueva.

Hay gente a la que le prestas tu cuerpo y también hay gente que te presta sus sueños. Les das forma sin que se den cuenta. Pero se darán cuenta. Lo acabarán apreciando. Porque al final siempre lo ves: ves las cosas buenas y te permites volar hasta el espacio. Fluir para volar, no hay otra manera.

Alberto Torres Blandina – Cosas que nunca ocurrirían en Tokio

«Las olas cambian, pero el mar siempre es el mismo.»

Nadie hace nada en los aeropuertos. Esperas, pero no hablas. Miras tiendas por mirar algo. Sin rumbo. Te sientas, picoteas algo, pasas páginas de un libro. Desearías que hubiera alguien como el protagonista de esta novela, que entretiene a los viajeros contándoles historias.

Les habla de los países a los que viajarán, con tanto detalle que se diría que los ha visitado todos. Les habla de códigos secretos. De otros viajeros, de las peripecias en que se vieron envueltos. Amores eternos, fantasías, juegos peligrosos, transformaciones y viajes interiores.

Salvador es operario de limpieza y es sabio. El autor consigue equilibrar su voz para que aprendas con él sin caer en la pedantería. Es un hombre humilde que todo lo resume así: «Hay muchas formas de mirar y muchas formas de ver». Tan sencillo que a veces lo olvidas.

Sus historias siempre quedan incompletas, se retoman capítulos después. Cambian los viajeros, pero Salvador no deja de hablar. Poco importa si lo que cuenta es cierto. Es todo tan fascinante que deseas que sea verdad, que por una vez la ficción supere a la realidad. Y tienes la sensación de que ahora es tu turno. Disfrutar ese amor nuevo, viajar, descubrir algo, contarlo a la vuelta.

«Depende de lo que preguntemos, la respuesta será distinta.»