Pet Shop Boys – The Most Incredible Thing

No pocos se sorprendieron cuando se supo que los Pet Shop Boys iban a componer la música para un ballet basado en una historia de Hans Christian Andersen. Parecía una mezcla imposible. El martes por fin salió a la venta, y me lo compré tras aguantar estoicamente sin escuchar ni los adelantos ni las filtraciones. Me alegro de haberlo hecho. Merece la pena esperar, no escuchar un disco hasta que por fin lo tienes en las manos y puedes hojear el libreto mientras suena la música. Ahí va mi crítica «on the go», escrita escuchando el CD de «The Most Incredible Thing» por primera vez.

ACT ONE
1. The Prologue
Introducción muy de títulos de crédito, muy clásica. Insinúa lo que vendrá después.

2.The Grind
Sorprende un inicio tan electrónico, parece que en cualquier momento vaya a estallar un himno ochentero. Se van sumando elementos orquestrales, la épica va en aumento… Luego se transforma en una especie de swing, un nuevo «Love etc.» o «Can you forgive her (Swing Version)». Neil canta un trozo de la romántica «Baby», pero apenas podemos disfrutar de una estrofa y un estribillo antes de que se reanude la electrónica épica del principio y adopte tintes militares. 7 minutos de sorpresas.

3. The Challenge
Un inicio muy de que se asome un rey al balcón por primera vez, da paso a una sintonía de serie de televisión setentera en versión remix. Interesante es poco.

4. Help Me
Con ese piano, pensaba que empezaba el main theme de «Jurassic Park». Pero no. Después de dos cortes épicos, tocaba algo más intimista. Con leves acompañamientos de cuerda, el piano va desgranando su melodía melancólica. Una preciosidad.

5. Risk
Retomamos la electrónica experimental, esto parece Kraftwerk. Luego la orquestra irrumpe con un ¿vals? Eso parece. Qué momentazo cuando los instrumentos electrónicos repiten la melodía del vals y se empieza a mezclar todo.

6. Physical Jerks
¿Qué sería de Pet Shop Boys sin temas con coros? Parece un desfile militar soviético. Luego la cosa se tranquiliza, pero no sin una explosión final.

7. The Competition
Otro tema variado. Una intro orquestral da paso a otro de esos momentos ochenteros arrolladores, luego tenemos una especie de «New York, New York» donde sólo falta la voz de Frank Sinatra.

8. The Meeting
Una maravilla que, con la voz de Neil, podría haber sido una nueva «You only tell me you love me when you’re drunk». Esa guitarra raspada, ese piano… Muy romántico. Los pelos como escarpias.

ACT TWO
9. The Clock 1-2-3
Por los títulos de esta sección, ya me imaginaba que sería lo más experimental de esta banda sonora. No me equivocaba: sonidos de relojes, ruidos raros, algún momento de orquestra intercalado… Es lo más parecido a lo que compusieron para «El Acorazado Potemkin».

10. The Clock 4-5-6
¿»Tubular Bells»? Coros fantasmagóricos, un arpa, sintetizadores de Vangelis… Parece que estemos adentrándonos en un templo submergido. Suena el reloj y todo cobra vida, en medio de un espectáculo de Las Vegas, un robot canta alguna antigua canción que ya hemos olvidado.

11. The Clock 7-8-9
Al principio, este corte tan orquestral me ha recordado a la película «Fantasía» de Disney. Luego hay un trozo con campanas que parece una boda, se enlaza con un guiño al último Movimiento de la 9ª Sinfonía de Beethoven (la «Oda a la Alegría», vaya) y un final más discreto.

12. The Clock 10-11-12
Una voz robótica inicia una cuenta atrás y luego da instrucciones extrañas sobre una melodía tan misteriosa como urgente. Parece que vaya a despegar un cohete en cualquier momento. La tensión se relaja y empieza una melodía no sé si circense o de baile de gala en un lujoso salón vienés.

13. The Winner
Me imagino esto sonando en una gala de los Oscar mientras hacen alguna retrospectiva de ganadores del certamen. Festiva pero con un toque nostálgico y muy clásico.

14. Destruction
La más siniestra por ahora, lo cual no es raro con ese título. Muy de batalla final de película.

ACT THREE
15. Back To The Grind
Reconstrucción. Es lo que me evoca este tema. Lógico después del tema anterior.

16. The Miracle – Ceremony
Con esos coros, suena a intro de disco, recuerda al «God willing» del disco «Fundamental».

17. The Miracle – Revolution
Las han separado pero en realidad estas canciones forman parte del mismo proceso…

18. The Miracle – Resurrection
Sigue el crescendo, remarcado por una nueva cuenta atrás.

19. The Miracle – Colour And Light
Si eso que suena de fondo no es el «Prologue» de la saga de videojuegos «Final Fantasy», lo parece muchísimo. La escena culminante: después del drama, las cosas se arreglan. Optimismo.

20. The Miracle – The Meeting (Reprise)
Nueva versión de «The Meeting», con la misma magia pero cambiando la nostalgia original por entusiasmo. Suena a la ilusión de un reencuentro.

21. The Wedding
Pocas sorpresas: felicidad, campanas. Y comieron perdices.

Los Pet Shop Boys demuestran que 25 años después, lejos de agotarse su creatividad, siguen tan ambiciosos y con tanto talento como al principio. Algo envidiable. Dice mucho de ellos que todavía puedan sorprendernos con un proyecto de esta calidad. Por mí, que sigan muchos años más lanzando discazos como «Fundamental» y «Yes», alternándolos con experimentos como este ballet.

The Adjustment Bureau / Destino oculto

Que no os engañe el póster y, sobre todo, que no os engañe el terrible título en castellano. Yo también pensé al ver semejante póster: «La enésima película palomitera de acción y persecuciones… qué pereza». Hasta que consultando la cartelera, al no encontrar nada que me llamase verdaderamente la atención, opté por leer las sinopsis de todas las películas y me sorprendió la de «Destino oculto». Así que animé a mi acompañante a verla, y acertamos de pleno. Una buena forma de devolverle el favor de tantas grandes películas que me ha descubierto él a mí.

Para empezar, el film está basado en un relato de Philip K. Dick. Esto ya es sinónimo de un mínimo de calidad para mí, ya que muchas películas que me encantan están basadas en historias suyas: «Blade Runner», «Desafío total», «Minority Report», «A Scanner Darkly».. Y que salga Emily Blunt (la otra secretaria en «El Diablo Viste de Prada») era un plus. Matt Damon ya como que me da un poco más igual, la verdad.

Como os decía, lejos de ser una película de acción sin sustancia, estamos ante una interesante mezcla de ciencia ficción con comedia romántica. Todo empieza cuando David Norris, un joven y prometedor político, tiene un flechazo con Denise, una bailarina. Se encuentran por casualidad en los baños de un hotel: ella no debería estar allí y él, en cierto modo, tampoco. El azar o el destino los ha unido, y los lleva a reencontrarse días después en el autobús.

¿El problema? Que ese mismo destino que los ha unido considera que no deben estar juntos, y hará todo lo posible por impedirlo. Los encargados de torpedear la incipiente relación son «la oficina de reajuste», unos siniestros hombres trajeados que desde la sombra se dedican a modificar las vidas de todos nosotros para que cumplamos con nuestra misión en la vida y no nos desviemos de lo que el destino nos tiene marcados. Pueden prever todos nuestros movimientos y puntos de inflexión, y manipularlo todo a su antojo. Por ejemplo, nos hacen derramar la taza de café para que nos manchemos y tengamos que coger otro autobús, en vez de aquel donde iba la mujer de nuestros sueños. El famoso universo corrector de «Lost» en forma de burócratas.

Destino versus libre albedrío, azar versus causalidad, tomar tú las decisiones o dejarse arrsastrar por la corriente, rebelarte contra la vida que deberías llevar, los peligros de saber por adelantado lo que te espera al doblar la esquina y por tanto, ser consciente de las consecuencias de tus decisiones. A través de la historia de amor de los protagonistas, «Destino oculto» reflexiona sobre muchos temas a los que ya he dedicado otras entradas de blog, porque me fascinan. Qué puñetero es el destino: del mismo modo que puso en contacto a Denise y David, parece que intenta mantenerlos separados a toda costa.

A un desarrollo poderoso y una puesta en escena con las pretensiones justas, se suma la química entre ambos actores, un punto clave en este tipo de películas. Y funciona, funciona muy bien. Es una lástima que el mal trabajo de márketing y la manía de ir a lo obvio al traducir títulos al castellano, hagan que esta película quede tan camuflada en la cartelera. Los amantes de la acción pura y dura se aburrirán mucho; y quienes gusten de la ciencia ficción light o de las grandes historias de amor con un giro interesante, la pasarán por alto. Por mi parte, si sois de los segundos, os la recomiendo. No se convertirá en vuestra película favorita, pero fácilmente será una de esas que os guste recomendar. Yo todavía sigo dándole vueltas a eso de destino versus libre albedrío…

You get what you need

Mi madre tiene un dicho: «Sólo encuentras lo que no buscas». Lo aplica a todo: a la vida en general, pero sobre todo cuando me paso media hora buscando sin éxito algo en la nevera y ella tiene que acercarse diciendo: «Como vaya yo y lo encuentre»… Y ella lo encuentra a la primera, claro. Qué duda cabe, las madres tienen ese extraño poder. Y entonces, como para calmar mi sensación de estar ciego, me repite su mantra: «Bueno, es normal. Sólo encuentras lo que no buscas.»

Y creo que tiene razón. Generalmente, las cosas buenas no las encuentras: te encuentran ellas a ti. Y por algún extraño motivo, sólo van a tu encuentro cuando dejas de buscarlas, cuando te olvidas de ellas. Quizá es porque entonces te relajas y sin darte cuenta dejas la puerta entreabierta, un pequeño resquicio por el que pueden colarse. Últimamente lo he hablado con varios amigos. Es demasiado tentador ponerse a buscar las cosas, pero es mejor dejar fluir.

Es como cuando remueves la habitación entera intentando dar con ese papel donde apuntaste algo importante, y estás seguro de que lo dejaste «ahí», pero no hay manera de que aparezca, ni ahí ni en ninguna parte. Hasta la mañana siguiente, que casi sin pensarlo coges un libro y ahí, justo ahí, está el papel. O como cuando estás buscando el mechero en el bolsillo y de repente das con una moneda de dos euros: los dos euros que te faltaban para comprar tu revista favorita mañana, cuando salgas de casa y pases por delante del kiosko. Da igual de dónde hayan salido esos dos euros. Si los encuentras, no hay que desaprovecharlos. Estas oportunidades sólo se dan una vez. Y eso es lo más bonito.

You can’t always get what you want
But if you try sometimes you might find
You get what you need

What’s there to see if I look closer?

A veces, me gusta imaginar las vidas de cierta gente con la que me cruzo por la calle, el metro o algún bar. No de una forma tan ultra analítica como Sherlock Holmes, que de un botón a medio caer y una mancha entre los dedos es capaz de contarte la vida, milagros y currículum completos de cualquiera, ni tampoco imagino las vidas de todo el mundo, desde luego. Pero de personas con un aura especial sí me gusta imaginar si están casados o tienen pareja, si son felices, de qué trabajan, o quizá qué estudian, qué han comido hoy, adónde se dirigen, su forma de ser, la importancia de sus gestos cotidianos (pestañear, caminar, cortar un bistec, llevarse la mano al bolsillo)… Son gente a la que no llegaré a conocer jamás, pero sin duda habría sido enriquecedor. Supongo que me sirve de entrenamiento para dar más vida a los personajes de mis novelas.

Lo que no me gusta es juzgar. Juzgar me parece mezquino. Hace años sí pecaba de criticón, lo admito, pero con el tiempo me gusta pensar que he madurado. Que he comprendido que nadie es perfecto pero, sobre todo, que todo el mundo es especial a su manera y tiene algo que aportar. Quedarse en la superficie es muy fácil, pero ahondar en una persona y darle una oportunidad resulta mucho más gratificante. Prefiero recordar que ese «viejo loco» dando patadas a una caja de zapatos habrá vivido una vida más intensa que la nuestra y que esa chica aún pintada de estatua humana bebiendo absenta en la mesa de la esquina de un bar conserva todas esas ilusiones que nosotros hemos olvidado. Que en una pareja donde ella es «demasiado mayor» para él y él «demasiado joven» para ella, de hecho ambos estarán gozando y aprendiendo mucho gracias a la edad del otro: esa diferencia de edad es la clave, no un escollo; que dos personas que «no encajan» en realidad están complementándose y dándose el uno al otro justo lo que necesitan, justo aquello que quienes les dicen que «no encajan» no podrían aportarles jamás.

Los seres humanos somos demasiado interesantes y complejos como para quedarse sólo en la fachada. Por eso sigo observando, sigo imaginando y, cuando es posible, conozco a las personas y disfruto de ellas.

Love letter to Japan

Nos creemos los dueños del planeta y para él somos incluso menos que hormigas microscópicas. Nos creemos invulnerables y en cualquier momento un zurriagazo se nos lleva por delante para siempre. Estás, no estás.

Yo, que antaño fui el más rencoroso y mi lema vital era la angustia, voy aprendiendo a perdonar, a dejar ir (en inglés suena mucho mejor: «let go»), a vivir sin remordimientos y a disfrutar. Sólo eso, o sobre todo eso: disfrutar. Quiero ser feliz el día que muera, no tener cuentas pendientes, no guardar rencores absurdos y saber que he saboreado al máximo lo que la vida me ha traído. No es fácil, pero merece la pena. Y estos desastres naturales tan inesperados como devastadores deberían recordárnoslo. Que estar a salvo en nuestra casa con calefacción y conexión ADSL no nos atonte. Hay que vivir cada segundo como si fuera el último y no desaprovechar las oportunidades que se nos presenten.

Sonará como queráis, injusto quizá, pero me ha afectado y conmovido muy especialmente la tragedia en Japón, incluso más que otras más graves (¿cómo se mide esto de la gravedad?). Qué os voy a contar: vivo de ello, mi tienda está completamente dedicada a la cultura japonesa. Es un país al que adoro. Con sus luces y sus sombras, claro, pero lo adoro y necesito volver pronto. Me he emocionado con experiencias del terremoto como por ejemplo la de Héctor García (Kirai). Cosas bonitas pueden surgir incluso en la tragedia más terrible.

Así que desde aquí, envío todos mis ánimos y mi amor y mi cariño a Japón y la gente que allí vive y disfruta y sufre y muere día a día. Estoy convencido de que sabrán salir adelante y reconstruirse pronto, pocos pueblos hay con tal capacidad de recuperación y de recuperar la normalidad.