Top 20 Álbums de 2011

Estos 20 discos me han acompañado de una forma u otra a lo largo de mi 2011. Algunos me han hecho a bailar, otros me han hecho compañía, muchos me han enseñado a crecer como persona, unos pocos me han emocionado de verdad… pero sin todos ellos no entendería este año. Quizá sorprenda la selección. O quizá no tanto si habéis ido leyendo este blog de vez en cuando. Sólo sé que estos 20 álbums definen mi 2011 y por eso están aquí, y no otros. (He creado una playlist de Spotify con la primera canción de cada disco, para presentarlos mejor y de paso acompañar la lectura de la lista.)

Y empezamos ni más ni menos que con…

20. Lady Gaga – Born This Way

«El mejor disco de la década» según Lady Gaga se cuela in extremis en mi top, y es que a pesar de que ella esté empeñada en que la aborrezcamos, es innegable que Born This Way contiene temazos que ya forman parte de nuestra historia. Lástima de portada (se ve que las fotos buenas las dejó para los singles) y sobre todo, lástima de tracklist excesivo. Con una selección exhaustiva que sólo incluyera las 10/11 mejores canciones, el disco habría ganado muchos puntos.

19. Jessica 6 – See The Light

El debut de Jessica 6 no está aquí sólo por temazos sueltos como White Horse o Prisoner Of Love, también por todo el conjunto de canciones. Están producidas con tan buen gusto que no importa escuchar el disco entero de principio a fin. Vamos, lo opuesto al anterior. No sé por qué, la música de Jessica 6 me suena a porno elegante, así que sé que sonarán el día que Alex Pler presente un libro sobre sexo.

18. Roxette – Charm School

Mis suecos favoritos volvían a principios de un año con un disco descafeinado. Dos o tres canciones dignas de sus mejores épocas junto a muchos temas menores. Aún así, les tengo cariño, se les echaba de menos, da gusto escuchar otra vez la voz de Marie y siempre preferiré un disco nuevo que el enésimo recopilatorio. La entrada para verlos por fin en concierto es uno de los mejores regalos que me han hecho este año.

17. Eva & The Heartmaker – Dominoes

Una de esas sorpresas a las que no sabes muy bien cómo llegas pero que te enamoran desde la primera escucha. Clásico ejemplo de participante en programa de televisión musical que se monta un grupo y calla bocas gracias a una buena propuesta. En este caso, pop efectivo con toques de electrónica ochentera. Son de Noruega. Signals y Gone In A Flash se llevan la palma, pero ninguna tiene desperdicio. De haberlos descubierto antes, habrían escalado algunos puestos en el Top.

16. Miranda – Magistral

Siempre tuve la sensación de que Miranda acabaría sacando un disco del que me gustasen muchas canciones, no sólo 1 o 2 singles. Ese disco es Magistral y llegó en el mejor momento, cuando tenía ganas de reír. Destaco Ya Lo Sabía, Ritmo & Decepción y sobre todo Tucán (aún intento averiguar si va, como creo, sobre una polla amarilla) y la pegadiza Puro Talento que cierra el disco de la mejor forma. Hay que saber reírse y relativizarlo todo, y pocos lo hacen como ellos.

15. The Sounds – Something To Die For

Gracias a Scream 4 descubrí esa perfección pop que es Something To Die For, y gracias a Spotify indagué en el grupo y descubrí que tenían varios discos anteriores, pero el que me gusta de verdad es el que han sacado este año. Yo en mi línea de adorar los discos de grupos que añaden sintetizadores a su sonido. Ya la portada avisa de lo que nos encontraremos: pop-rock sueco de factura impecable, contundente a ratos y con colorines aquí y allá.

14. CocknBullKid – Adulthood

Que no os engañe la portada ni la primera escucha: es un discazo. Me lo recomendó mi amigo Agrio y reconozco que después de escucharlo estuve tentado de borrarlo. Me había dejado frío y encima no incluía la excelente I’m Not Sorry, que había escuchado por YouTube. Pero me pasé el disco al mp3 y de vez en cuando me saltaba una canción y pensaba: «¿Qué es este temazo?». Y siempre era CocknBullKid. Un sonido muy peculiar a base de una voz dulce y fuerte, palmadas, percusiones, pianos acelerados, coros y canciones que crecen y crecen. Grower oficial de 2011.

13. Friendly Fires – Pala

La portada más bonita del año acompaña a un disco único. Música de evasión. Sonido interesante, como si a Keane les diera por desmelenarse e irse de carnaval. Entre tambores y sintetizadores, una voz potente y etérea al mismo tiempo. Es tentador pensar que sólo merecen la pena los singles Live Those Days Tonight y Hawaiian Air, pero de repente te descubres adorando locuras como True Love, que te atrapan con su sonido envolvente. Debería estar mucho más arriba en el Top. Gracias a Kadaj por descubrírmelos.

12. Oh Land – Oh Land

Lo de esta danesa es un misterio. Cuando escuché el disco a principios de año, me cautivó. Estaba convencido de que Oh Land daría mucho que hablar, que todas las modernas y todos los maricas se volverían locos con el pop elegante de esta chica. Me equivocaba. El disco es espectacular en cualquier caso: oscuro casi siempre pero con momentos moviditos inesperados, elegante, muy bien producido, con voz angelical que te enamora en los estribillos susurrados de Perfection, Lean o Wolf & I y que también te hace bailar casi sin quererlo en canciones como Sun Of A GunWhite Nights o We Turn It Up.

11. Natalia Kills – Perfectionist

A punto ha estado de colarse en el Top 10 el debut de Natalia Kills. Ella lo da todo para triunfar pero no acaba de conseguirlo, por mucho featuring y muchos vídeos excesivos en plan Lady Gaga que grabe. Lady Gaga es también su inspiración al escribir letras: en casi todos los temas parece que esté intentando emular el famoso «Walk, walk, fashion, baby, work it, move that bitch crazy» de Bad Romance. Lo que parecía una colección de himnos a lo superficial se redime al final con las maravillosas Nothing Lasts ForeverIf I Was God. A este disco, y sobre todo a canciones como Mirrors, he recurrido muchas veces este 2011 cuando necesitaba más determinación y confianza. La chica se da ánimos a sí misma y te lo contagia.

10. Adele – 21

Tenía muchas dudas sobre si incluir a Adele dentro del Top 10, pero también me parecía muy injusto dejarla fuera. Y es que me alegro de que por una vez en el mundo de la música triunfe la calidad, la emoción y el arte. Ya expliqué por qué el vídeo de Someone Like You me parecía el mejor del año. No he escuchado el disco tanto como quisiera por dos motivos: primero porque este 2011 he preferido optar por los pensamientos positivos, y sobre todo porque 21 no está entero en Spotify, que es básicamente donde escucho toda mi música desde hace año y medio. Aún así, Rolling In The Deep y Someone Like You son puro arte y su éxito es merecidísimo, sin olvidarme de otras joyas como Rumour Has It y Set Fire To The Rain. Nadie emociona tanto como la autenticidad de Adele.

9. Noah & The Whale – Last Night On Earth

Desde hace un par de meses, Noah & The Whale me acompañan por las noches cuando escribo. Los descubrí en un episodio de «Cougar Town», pero fue al escuchar entero este disco cuando descubrí la grandeza del grupo. Relajados, optimistas, con ciertos toques folk, lo suyo es hacer introspección pero con la mirada fija en el horizonte que hay por delante. Cambios de vida y personajes en busca de su futuro con la certeza de que todo irá bien. Básicamente han definido mi estado mental este 2011.

8. Pastora – Un Viaje En Noria

El primer disco del año. No es La Vida Moderna, eso está claro, pero las clásicas letras de Pastora (esa mezcla entre cotidiana y críptica) y el enfoque algo más rockero del disco me han venido muy bien. Un Pedazo De Tierra me ha acompañado todo el año y cada vez me cautiva más. Es un disco ideal para caminar de noche por Barcelona, cuando uno vuelve a casa (especialmente Dolços Somnis y Octubre). ¿Y qué haríamos sin un buen Chaleco Salvavidas? Con cada escucha del disco, descubro una nueva canción talismán, descifro una nueva frase mágica, y sonrío. Quizá sean eso los viajes en noria: redescubrir para aprender.

7. Aqua – Megalomania

Mucho se hizo esperar el tercer disco de Aqua. Al final, el resultado -aunque digno- no estaba a la altura de discos pop perfectos como Aquarium y Aquarius. No se trata tanto de que hayan actualizado su sonido como de la pérdida de personalidad. Sí, en algunos casos como Dirty Little Pop Song, Like A Robot o incluso Sucker For A Superstar conservan ese sentido del humor lleno de dobles sentidos sexuales pero en la mayoría de canciones, hablan de discotecas y fiestas banales como en cualquier canción dance del montón, y para hablar de eso hoy en día ya hay gente que lo hace más y mejor. Aún así, no hay nada como caminar por la calle escuchando los mil estribillos de Viva Las Vegas, mientras Playmate To Jesus supo capturar muchas de las cosas que he aprendido este 2011.

6. La Casa Azul – La Polinesia Meridional

Otro disco que se ha hecho de rogar, pero en este caso ha cumplido de largo todas las expectativas. Y no parecía fácil, después de algo tan redondo como La Revolución Sexual. Guille Milkyway vuelve a regalarnos una colección de temazos recién salidos de su baticao de influencias (música disco, J-Pop, eurodance, Eurovisión…). Subidones, palabras que jamás esperarías escuchar en un disco pop, trompetas y sobre todo una retahíla de estribillos certeros que no dan tregua. Cuando crees que tu favorita es ¿Qué Se Siente Al Ser Tan Joven?, entonces irrumpe La Fiesta Universal, y luego levantas los brazos con Sucumbir y sigues flipando con La Vida Tranquila, y así hasta que vuelve a sonar Los Chicos Hoy Saltarán A La Pista y piensas: «Venga, lo escucharé entero una vez más». Dicen que el mundo se acaba, pero con discos así lo haremos bailando sin parar.

5. Florrie – Experiments

Florrie ha sido mi descubrimiento del año. Guapa, con estilazo, cercana, divertida, apañada y ante todo, rebosante de talento. No quiere fichar por ninguna discográfica; ella va grabando música a su ritmo, se financia la gira a base de acuerdos publicitarios con Dolce & Gabbana y mientras tanto va soltando EPs como Experiments, que es simplemente perfecto. 6 temazos, uno tras otro, como si fuera el resumen de algún Greatest Hits. Su concierto fueron los 60 minutos en los que más he bailado en todo 2011. Speed of Light es una locura bailable, Begging Me es igualmente trepidante, I Took A Little Something y What You Doing This For? aportan clase pero es en Experimenting With Rugs donde la inglesa demuestra que va a por todas: letra y producción impecables, frasazas acerca de la independencia encima de una base musical que sería la envidia de New Order. Llega a lanzar un álbum así y no «sólo» un EP y Florrie se alza con el #1 de mi Top.

4. Those Dancing Days – Daydreams & Nightmares

Ya intuía en marzo que este disco acabaría siendo uno de los grandes discos de 2011, y así ha sido. De hecho, junto al EP de Florrie, es el único CD que me he comprado original. Desde ese tremendo inicio con Reaching Forward hasta la mágica One Day Forever, este grupo de cinco amigas suecas consiguen hacernos bailar, cantar, berrear, saltar sobre charquitos de lluvia a lo largo de 11 temas impecables. I’ll Be Yours es un eufórico canto a la compañía (la de un amigo, la de una pareja, la de ese alguien especial, la de un buen familiar), Keep Me In Your Pocket y Can’t Find Entrance hablan de la ambición, del no conformarse con lo mínimo porque soñar despierto es mejor que tener pesadillas. No me decepcionaron en concierto.

3. The Sound of Arrows – Voyage

Tuvimos que esperar dos años y medio para viajar por los paisajes sonoros de The Sound of Arrows, pero mereció la pena. El suyo es un disco atemporal, no suena a los 80 pero es los 80, es Pet Shop Boys, es Vangelis, es synthpop, es la banda sonora de una película ochentera perdida. Pero ante todo es un disco grabado con mucho mimo, y se nota. Puede que no haya canciones tan redondas como Into The Clouds o Magic, pero hay singles pegadizos como Wonders, hay petardeo elegante con Conquest, tenemos la cautivadora Ruins Of Rome y su mezcla de coros infantiles con percusiones militares, los 8 minutos épicos de There Is Still Hope… En casa, este disco os hará compañía; escuchándolo por la calle, creeréis estar a punto de despegar.

2. El Pescao – Un Viaje Nada-Lógico

Llevaban desde el año pasado recomendándome el proyecto en solitario de David Otero, guitarrista de El Canto Del Loco. Llegó la reedición del disco con 4 temas nuevos y empecé a descubrir en Spotify un temazo tras otro, hasta que de pronto me descubrí adorando hasta los bonus tracks, las maquetas y las versiones acústicas. Todo. Te Pido Perdón, pero Como Me Ves Me Voy y por eso Cada Día salgo Buscando El Sol, necesito ver las cosas de Otro Color, para así dejar atrás cualquier Historia De Terror y viajar hasta un Castillo De Arena desde el cual, al anochecer, ya sin mi Máscara De Pena, contemplaré La Luz Oscura Del Mar y descubriré que La Luna Va Y Viene porque ahora sé que era mentira aquello de que No Soy Nadie, ahora sólo me importan las cosas que me llenan, todo lo demás Me Da Lo Mismo. He conectado a tope con este disco, con su filosofía de «optimismo a pesar de todo», de confiar en uno mismo contra viento y marea, de mejorar y dejar fluir; se me ha contagiado esa forma de pensar, de vivir, e incluso he intentado plasmarla en este blog. Quizá por eso le tengo tanto cariño y a punto de cerrar 2011, son tantos los momentos, personas y escenarios a los que me recuerda la música de El Pescao que sé que no ha sido #1 por muy, muy poco. Gracias por este disco, David. Más, por favor.

1. Andrea Corr – Lifelines

Pero si hay un disco que se merecía estar aquí es el de Andrea Corr. Es curioso que sea precisamente un disco de versiones el que me parezca lo más personal y emotivo que se ha lanzado en todo 2011. La cantante de The Corrs lleva sus 11 canciones favoritas a su terreno, y las canta con tanta pasión, entusiasmo, emoción, se lo pasa tan bien grabándolas, el conjunto es tan coherente que te llegas a creer que es una colección de temas escritos por ella misma, sentada al piano en su casita de la campiña irlandesa. Lifelines es una caja de música que me ha acompañado día a día: de camino al trabajo, trabajando, escribiendo, relajándome en la cama, leyendo, volviendo a casa después de una noche de fiesta, en todos y cada uno de mis viajes. Canción a canción, Andrea Corr me cantaba al oído y me hablaba de mi vida y mis sentimientos. Juntos, hemos aprendido,  reído, llorado, añorado, esperado, soñado, sonreído, confiado en el futuro, cantado, escrito, vivido, sobrevivido. Por eso, gracias también a ti, Andrea, por atreverte a grabar y compartir este proyecto. La música como autobiografía y como refugio, sin duda. Más, por favor.

In Time

You saved my life. Now. And every moment since I met you.

Siendo «Gattaca» una de mis películas favoritas, os podéis imaginar las ganas que tenía de ver «In Time», película del mismo director y guionista, Andrew Niccol. No está libre de lagunas (y eso en un primer visionado en el que estás más dispuesto a creértelo todo y dejarte engañar) y confieso que habría preferido otro dúo protagonista, pero pronto te olvidas de Justin Timberlake, de los agujeros argumentales, y disfrutas de una emocionante -y constante- carrera contrarreloj.

Somos tiempo. Vendemos nuestro tiempo en el trabajo para poder comprar tiempo de ocio. Invertimos nuestro tiempo en tareas, gentes, actividades, relaciones. Andrew Niccol lleva este concepto al extremo y nos traslada a un mundo en el que no existe dinero porque literalmente la gente paga con tiempo, y si se les acaba quedan desactivados para siempre. Es un mundo de eterna juventud, donde nadie envejece pasados los 25 años (memorable plano en el que tres mujeres: suegra, esposa e hija parecen idénticas).

La buena ciencia ficción es la que habla de nuestro mundo y nuestro momento, y eso hace «In Time». El discurso de la película no podría sonar más actual. Habla de lo mismo que hablan los indignados y el movimiento Occupy Wall Street. La esclavitud  a una mayoría por parte de una minoría privilegiada, la perversión de mantener las desigualdades porque, dicen, es la única forma de que nuestra civilización funcione. Amanda Seyfried y Justin Timberlake, a modo de Bonnie & Clyde o pareja de Robin Hoods modernos, intentarán dinamitar el sistema desde dentro.

Creo que al final el mensaje de «In Time» no es el de montar una revolución. O sí, pero montando esa revolución a nivel personal. Trabajar en algo que nos guste, compartir momentos con gente que nos enriquezca, avanzar por el día a día más relajados (¿qué prisa hay?), aprovechar cada instante, hacer las cosas que nos gustan. Disfrutar de nuestro tiempo. Acordarnos de vivir.

A Dangerous Method

Sometimes you have to do something unforgivable just to be able to go on living.

Y otra película con la crítica pendiente. En este caso, lo nuevo de David Cronenberg, director al que no sigo todo lo que debería, porque sus películas suelen gustarme más de lo normal (yo lo descubrí con eXistenZ, que era más que interesante). Fui un poco a ciegas, porque creo que la historia no es fácil de contar, y menos en el tráiler que me habían pasado en alguna película anterior. Pasó algo curioso: viéndola no tuve la sensación de que me estaba encantando, pero buena prueba de que me gustó (y mucho) fue que nada más salir del cine corrí a comprarme un libro para ahondar en el pensamiento de Carl Jung.

En la película, Michael Fassbender es Carl Jung y Viggo Mortensen, Sigmund Freud. Lo que empieza como una amistad con tintes paternales (Freud es la estrella y Jung el aprendiz) acaba en ruptura al descubrir ambos que sus métodos, aunque parten de una base similar, no pueden ser más opuestos. Freud sólo quiere descifrar el enigma del paciente, diagnosticarlo y enfrentarlo a un espejo, Jung además quiere ayudarle a tener una vida mejor: la vida que siempre estaba destinado a tener. Sobra decir que me posiciono con Jung.

El personaje de Keira Knightley, la paciente reconvertida en enfermera, es enorme; brilla ya en su primera escena y de hecho sirve de eje central de Un Método Peligroso. Las elipsis y los hechos que se dan por sobreentendidos o que son narrados a modo de vídeoclip mudo mientras una voz en off nos lee las cartas que  se intercambian Freud y Jung, deslucen lo que, con algo más de metraje para ahondar en los personajes, habría sido una gran película.

Filias sexuales y dilemas vitales. Cómo enfrentarse a ellos, cómo afrontarlos. Cómo intentar hacer bien las cosas o, al menos, hacerlas de forma que, al final, sobrevivamos. Destaco las escenas de sexo, son tan frías que golpean el estómago. Muy recomendable.

Stars will show where the waters flow

Algún secreto deben tener los nórdicos, que parecen dar siempre con el estribillo perfecto, la melodía más pegadiza. Roxette no tendrán la trascendencia ni la ambición de otros grupos, pero son unos genios de las melodías pop, sus juegos de voces son efectivos y ya busques baladas melodramáticas o temas alegres para darte un chute de optimismo, ellos te lo ofrecerán. No son mi grupo favorito, pero me encantan, pocos grupos pueden presumir de semejante retahíla de hits. Hoy, después de media vida deseándolo, los veré en directo, así que no hay fecha mejor para hacer otro de mis Top 13+1.

14. Things Will Never Be The Same
Cuando las cosas terminan da mucha lástima; no porque el futuro vaya a ser peor, sino porque será diferente… como también sería diferente si existera otra oportunidad más. Esta canción resume esa sensación perfectamente. Creo que pocos grupos explican las rupturas tan bien como Roxette.
If we changed it back again, things would never be the same.

13. Come Back (Before You Leave)
Vuelve antes de irte. Leyendo la letra, la canción debería ser otro baladón, pero siendo la promesa de cosas buenas por venir, es comprensible que suene alegre, desenfadada y pegadiza. Una de las joyas escondidas en «Tourism».
I haven’t got room for a broken heart.

12. Listen To Your Heart
De esta desgarradora canción siempre me ha fascinado identificar quién se supone que la canta. Teóricamente la amante que se marcha, claro, pero ¿se la canta a sí misma o la canta su propia conciencia? El misterio le añade emoción. Y no falla: esos «oh-oh-oh-oh» finales me ponen la carne de gallina siempre.
The feeling of belonging to your dreams.

11. Crush On You
Me compré «Have A Nice Day» porque Roxette era uno de los grupos favoritos de mi primer amor y en una mixtape me había grabado varias canciones. Puse el CD y este temazo arrollador me golpeó en la cara. Sigo sin entender que no fuera single.
My brain is getting cock-eyed.

10. The Big L.
Roxette son especialistas en escribir canciones sobre la sensación de comerte el mundo que te da un nuevo amor. Estés enamorado o no, te contagian ese chute de optimismo y buen rollo. Ninguna es tan efectiva como ésta. A destacar el juego de voces y el momento armónica.
Waiting to catch the big one.

09. Opportunity Nox
He tenido incontables subidones con esta canción. Buena revisión de su sonido, ideal para un grandes éxitos (y más titulándose «The Pop Hits»… las nuevas canciones del «The Ballad Hits» no les salieron tan redondas).
I’m living in a box but I’m out when opportunity nox.

08. She’s Got Nothing On (But The Radio)
Cuando a principios de año volvieron con este single, sonreí: conservaban aún la fórmula del pop perfecto. Lástima que el resto del disco no esté a la altura pero la canción se convirtió rápidamente en una de mis favoritas del grupo. Es de esas que cuando suenan te hacen sentir en un vídeoclip.
What she got, she got to give it to some contender.

07. How Do You Do!
Pocas canciones tienen una melodía tan pegadiza como ésta. Tonta en su justa medida pero métricamente impecable, la demostración de porqué el inglés es un idioma tan rematadamente perfecto para la música pop.
How do you do, do you do the things that you do?

06. It Must Have Been Love
Caigo en el tópico, lo sé… pero es que es tan bonita. Empezó siendo un villancico que pasó sin pena ni gloria, pero la rescataron para «Pretty Woman» y ahí descubrimos todos lo que es el final del amor. ¿Es posible no llorar escuchándola? (La versión en español no existe, gracias.)
From the moment we touched till the time had run out.

05. The Look
Clásico entre clásicos, y con razón. Ochentera y moderna al mismo tiempo. Qué percusiones, qué estrofas, qué estribillo, qué puente. Y esos «nananana». Todo, vaya.
Walking like a man, hitting like a hammer, she’s a juvenile scam, never was a quitter.

04. Waiting For The Rain
Supongo que sorprenderá encontrar tan alto una canción seguramente desconocida para muchos. Para mí es la mejor balada de «Have A Nice Day», claro que influyen los recuerdos que le asocio. Granada, el primer amor. En cualquier caso, me parece mágica. Empezando por ese piano, ese toque sesentero (casi Beatles), esa melancolía que desemboca en unos coros inesperados… Preciosa.
The time stood still, the time was flying, I wonder why I’m not dying.

03. Sleeping In My Car
Creo que no hay ni un solo segundo de esta canción que no me parezca espectacular. Arranca y no da tregua, te lleva en coche al encuentro de tu pareja, el corazón te va a mil ante la promesa del sexo inminente. Puede que sea la primera vez, puede que sea una de tantas, pero ese polvo en el asiento de atrás Roxette lo convierten en algo épico.
The night is so pretty and so young.

02. June Afternoon
La canción más adecuada para alegrarte el día, cualquier día. No va de amor, no va de nada que no sea ir al parque, comprar un helado, cantar, contemplar a los demás en sus actividades insignificantes, hacer el tonto. No es fácil escribir una canción tan, tan buena sobre algo así. Roxette pueden.
Life’s so very simple, just like la-la-la.

01. Stars
Emocionante y bailable a partes iguales. Electrónica, violines robóticos, coros de niños, mucha letra sobre señales y destino, y un estribillo que crece en cada repetición. Esos son los ingredientes de la mejor canción de Roxette. Y hoy quiero escucharla en directo.
And the sun will glow melting all the snow, knowing all I know that’s where I’ll meet you.

Daniel Glattauer – Cada siete olas

Tú vives tu vida. Yo vivo mi vida. Y el resto lo vivimos juntos.

Contra el viento del norte te deja con ganas de más y por eso lógico que el autor hay decidido continuar la historia. Pero el final del primer libro era tan perfecto que por mucho que quieras saber más de Emmi y Leo, uno se pregunta si realmente era necesario. Y la respuesta es sí y no.

Sí, porque esta historia de amor epistolar se retoma de una forma original, toma rumbos inesperados. Y no, porque buena parte de lo que hacía tan especial el primer libro (esa forma sutil de tratar temas varios como los celos, el proceso de enamoramiento, la idea del otro…) aquí se pierde por completo. Cada siete olas engancha igual, se lee en apenas dos horas porque su ritmo es trepidante, pero la lectura no aporta nada más allá de descubrir qué ocurrirá con estos dos personajes.

Que está muy bien, y el libro se hace ameno, y acaba como tiene que acabar, pero ¿de verdad eran necesarias casi 270 páginas? En fin, una contradicción: ¿puede algo gustarte mucho y resultarte prescindible? Como mínimo Cada siete olas sirve para recordarnos que las cosas pueden ser mucho más sencillos pero nos empeñamos en complicarlas buscando excusas. Y como dice el Hagakure, «los caminos se pierden cuando se ponen excusas».

En definitiva: si os gustó Contra el viento del norte, tendréis que leer esta continuación, pero esperad tan sólo un epílogo algo extenso.

Cada palabra que me escribes es ahora tu olor y tu mirada y tu boca.

Verte: está bien. Verte «una vez más», verte por última vez: ¡mierda! Llevamos un año y medio viéndonos «quizá por última vez», Leo. Llevamos un año y medio despidiéndonos. Parece como si nos hubiésemos conocido con el exclusivo propósito de despedirnos.

Yo quiero lo mejor para ti. Por desgracia no se me ocurrió pensar que pudiera ser yo.