Restless

You can get a lot done in three months.

Se acerca final de año y me gustaría terminarlo colgando algunas críticas pendientes. Restless la vi la semana pasada. Había visto el tráiler, pero (extraño en los tiempos que corren) no cuenta apenas nada, y aún así me llamó poderosamente la atención. Parecía preciosa. Y vaya si lo era. Cuenta una historia de amor, pero no es una película romántica. Y salen muchos funerales a lo largo del metraje, pero tampoco es un dramón.

Restless «sólo» es la historia de cómo a veces, conoces a la persona correcta en el momento oportuno, justo cuando estás perdido y necesitas alguien que te devuelva a la senda de tu propia vida. Sabes que no es una persona que se vaya a quedar eternamente junto a ti, pero en ese poco tiempo compartido te enseña (te recuerda, veces) cosas importantes. Apreciar los pájaros, tocar el xilófono, ir en bici, lanzar piedras, enviar cartas, decir adiós a los fantasmas que te hacían compañía, quererte, reír. En fin: esos amarillos de los que tanto habla Albert Espinosa.

La pareja protagonista son los estupendos Mia Wasikowska y Henry Hopper, que ya encadilan al público desde esa primera mirada en medio de un funeral. Gus Van Sant no apuesta por el melodrama de una historia que se prestaría a ello, sino por ensalzar lo positivo. Prueba de ello es que hasta la escena que parecía más trágica acaba siendo una broma divertida, y se hace un uso excelente de las elipsis para incidir en el efecto vitalista que tienen estos dos personajes, el uno con el otro. Todo adornado con una fotografía cálida y un vestuario de modernos que estuve deseando tener una escena tras otra. Qué bien les queda todo y cuánto me gustaría tener la ropa de él en el armario.

¿Sabéis esas peliculitas que sin ser ninguna maravilla, os emocionan y os cuentan cosas? Pues eso es Restless, ni más ni menos. Corred a verla si aún la encontrais en cartelera. Y enviad vuestras cartas pendientes mientras haya tiempo. Siempre. Que no queden cosas por decir.

You see?

Anoche mientras volvía a casa encogido de frío y pensando en mis cosas, iba a tirar el envoltorio de la crepe de chocolate blanco que acababa de comerme, cuando de repente me saltó en el mp3 Drowned World / Substitute For Love. Es mucho más que la mejor canción del mejor disco de Madonna. Es mágica.

Siempre suena cuando tiene que sonar. Siempre me evoca algo nuevo y poderoso su letra acerca de la fama y el amor y la soledad y el aprendizaje. Los versos son siempre los mismos, claro, pero cada vez interpreto sus palabras de una forma más nueva, más intensa, más decidida (me gustaría creer que también más sabia). Las canciones crecen con nosotros, sobre todo las que son así de personales. Las hacemos nuestras.

Colgué la canción en mi muro de Facebook y luego recordé que contiene un sample de un tema poco conocido, Why I Follow The Tigers; de hecho, según aseguran sus autores, Drowned World también comparte temática con su canción. Así que busqué la letra. Y la encontré. Y sonreí. Las piezas encajaron.

WHY I FOLLOW THE TIGERS

You see, it’s this way
I don’t chase the tigers, I follow them
Through their forests, down their beaches, to their lairs
Why?
Well, why do people look after parades
And dance at discotheques?
They’re all trying to come in from being alone
They want to be part of the crowd
Not me exactly
I just don’t want to be alone anymore
But I don’t want to be part of anybody’s crowd
Tigers, they don’t bunch up
Still, they’re not alone
I’d sure as hell rather run with tigers than hide out with a goldfish

Leyendo este auténtico poema, confirmé que Drowned World / Substitute For Love es mágica. Sí. Por eso sigo a los tigres. This is my religion.

Top 20 Canciones de 2011 (On The Floor)

La ley antitabaco ha traído muchas cosas buenas. Para mí, sobre todo, el poder salir de noche sin que me lloren los ojos, y luego volver a casa con la ropa aún oliendo a mi colonia, y no al tabaco de los demás. Ha sido una suerte, porque sino habría acabado con los ojos ahumados: este año lo estrenaba junto con la soltería, y por eso las salas de baile me han visto más en 2011 que en los 28 años precedentes.

He descubierto que podía bailar, que podía pasármelo bien, que podía hacer muchas cosas que jamás pensé que haría. Además, noche tras noche, a base de reencuentros y descubrimientos, hemos construido un grupo de amigos fantásticos, con nuestros rincones fetiche, nuestras charlas profundas pre-baile, nuestras copas ya clásicas y nuestros bailoteos petardos. Por todo ello, para despedir este año, además del tradicional top de canciones (que llegará la semana que viene), también voy a hacer este otro top de canciones de baile. Son las que más me han hecho sudar este 2011. (Como siempre, acompaño la entrada con una lista de reproducción de Spotify.)

20. The Young Professionals – D.I.S.C.O.
De Israel llega este dúo con un bombazo cuyo estribillo homenajea (¿samplea?) a un clásico de la música disco. Si sabéis de algún lugar donde la pinchen, avisadme, porque sé que tendrán buen gusto e iré de cabeza. Di-ai-es-si-ou.

19. Ricky Martin – Más
Hubo una época que esto sonaba cada noche en Átame y yo le preguntaba a mi amigo Jose: «¿Qué es esto? Me encanta». Y siempre era Ricky Martin. Qué tiempos aquellos en que iba al instituto y me compraba sus maxis con remixes de Pablo Flores. Ahora le bailo en antros gays. La vida y sus vueltas.

18. Alexandra Stan – Mr. Saxobeat
Quizá soy el único que adora esta especie de remix del villancico catalán «Fum, Fum, Fum» (un minyonet ros i blanquet, ros i blanquet, ros i blanquet). Una canción divertida, intrascendente, sin más.

17. M. Pokora – Oblivion
El «francés» más guapo (con permiso de Guillaume Canet) me ha viciado a dos canciones este año. Ésta es una de ellas, una evolución relativamente elegante de su sonido Timbaland. Gana con cada escucha y me quedo con las ganas de bailarla.

16. Calvin Harris feat. Kelis – Bounce
Los británicos están de suerte y pueden disfrutar del poligonerismo con (cierta) clase gracias a Calvin Harris. Aquí no lo pondrán nunca si no canta Rihanna o Kylie encima. Me conformo con dar saltos por mi casa mientras suena este temoto. Hands to the sky and throw your head back.

15. Melanie C – Rock Me
Empezaba el verano y Melanie C nos despistó a todos con dos primeros singles tremendos (Think About It y éste) que poco o nada tenían que ver con el resto del disco. Lástima, porque Rock Me, sobre todo en su versión dance, me parece arrolladora.

14. Black Eyed Peas – The Time (Dirty Bit)
Escucharla no es lo mismo que bailarla. No descarto que sea efecto del alcohol, pero este 2011 ha sido algo mejor gracias a sus explosiones. Siempre consiguen colarnos alguna canción redonda.

13. Sak Noel – Loca People
All day, all night… Lo curioso de esta canción es que me recuerda a una noche mágica que de repente me encontré bailando yo solo en DBOY, y digo curioso porque fue precisamente una de las pocas noches de este verano en que no la escuché. Me suena a los 90, porque sólo en los 90 se hacían canciones así (en el sentido más amplio de «así»). Al indagar, me sorprendió descubrir que era de 2011, pero no por ello me gustó menos, claro.

12. Snoop Dogg vs. David Guetta – Wet (Extended Remix)
La existencia de los samples quedaría justificadísima ya sólo con este remix. Coger trozos de otras canciones para llevar un tema menor hasta la estratosfera. Éxtasis. Tell me baby, are you wet?

11. Bob Sinclar & Raffaella Carrà – Far L’Amore (Club Mix)
No sé qué tiene este «remix» que, aun reconociendo la horterada suprema que es, me vuelve loco ya desde las primeras notas, y cuando el petardeo explota después del segundo estribillo no puedo parar. Pensaba que nos lo machacarían mucho más, pero hasta en los locales gays lo que ha triunfado ha sido Danza Kuduro.

10. Alexis Jordan – Happiness
Mi guilty pleasure personal. Doy las gracias a Museum por descubrírmela. La chica será una one hit wonder en mi vida, pero con esta canción que tan buen rollo me da siempre, ya se ha ganado el cielo.


9. Britney Spears – I Wanna Go / Till The World Ends
Britney es la única que consigue colocar dos canciones en mi top. I Wanna Go es 100% pop, y es mi favorita con diferencia para bailar y escuchar y todo, pero también tengo que acordarme de Till The World Ends porque la asocio a Toni Alonso y tiene sabor de blue tropic.

8. David Guetta feat. Sia – Titanium
Incluso mientras escribo estas líneas no sé si esta canción debería estar aquí o mejor reservármela para el top de canciones «normales» que colgaré la semana que viene. No he podido bailarla mucho, pero es un chute de energía increíble que me ha amenizado más de un paseo. Sia a por todas, y bien por ella.

7. Rihanna feat. Calvin Harris – Where Have You Been
We Found Love parecía insuperable y entonces llegó su hermana chunga para obligarnos a darlo todo. Una locura sucia y basta que lo peta. Poligonerismo reloaded. Where have you been all my li-i-i-ife?

6. Lady Gaga – Born This Way
No fue hasta el capítulo de Glee que le encontré cierto gusto a esta versión de Express Yourself de Madonna. De todos modos, baile a baile, he terminado cogiéndole cariño porque me recuerda a muchas personitas y buenos momentos de 2011. (Cien bailes después, sigo sin ejecutar bien la coreografía.)

5. Aqua – Like A Robot
Cuando se filtraron las primeras grabaciones en directo, pensé que iría directa a mi #1. No fue así, porque la versión estudio no es tan cañera. Aún así, esto son los Aqua que quería escuchar en 2011: actualizando su sonido pero conservando sus letras sexualmente gamberras.

4. Maroon 5 feat. Christina Aguilera – Moves Like Jagger
Adictiva como pocas, aún recuerdo el día que la pusieron en Spotify y la escuchaba en bucle porque el final y el principio se encadenan a la perfección. Buen rollo, autoafirmación, petardeo. Siempre suena cuando estamos a punto de irnos de la discoteca y siempre consigue lo mismo: que nos quedemos, porque hay que bailarla.

3. La Oreja De Van Gogh – La Niña Que Llora En Tus Fiestas
Jamás hubiera dicho que una canción de La Oreja De Van Gogh entraría en uno de mis tops, y ya no digamos si el top encima es de música de baile. Pero La Niña Que Llora En Tus Fiestas es un auténtico pelotazo que se merece este tercer puesto. ¡Mírame!

2. Natalia Kills – Mirrors
No es que esta canción la haya bailado en todo 2011, pero sí me ha acompañado cada noche, de camino a la Xalupada, y horas más tarde en el Nitbus, de vuelta a casa. Y por ello le tengo tanto cariño y la asocio tanto a las discotecas de Barcelona. Sigo sin entender de qué va realmente la canción pero no me importa, yo tengo mi propia interpretación, y con eso me basta y me sobra. The mirror’s gonna fog tonight.

1. Jennifer Lopez feat. Pitbull – On The Floor
Recuerdo perfectamente la noche de Enero en que se filtró y la escuché por primera vez. Le dije a mi amigo Coque: «¿Con esto pretende volver? Es un horror». Doce meses después, On The Floor será la canción que más recuerde de 2011. El grupo de amigos que hemos ido formando, los findes locos, los jueves en Aire, las ganas de vivir, los «Así me gusta» entre risas: todo son buenos recuerdos con On The Floor.

Ride the pain into the pleasure

Ayer me llegó el libro póstumo de un autor al que adoro, David Foster Wallace. Su mastodóntica La broma infinita me salvó del aburrimiento en muchos trabajos basura y con sus libros de relatos y ensayos no pude parar de reír: La niña del pelo raro, Entrevistas breves con hombres repulsivos, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer… Era un autor especial, desbordante y excesivo pero meticuloso como pocos. Sabía sacar lo extraordinario de lo vulgar porque prestaba atención como nadie a los detalles.

David nos dejó en Septiembre de 2008, suicidándose tras una depresión que duraba décadas. Gran escritor hasta el final, preparó cuidadosamente el manuscrito de la novela en la que estaba trabajando, para que lo encontrasen y pudiésemos leerlo. Apenas 250 páginas en limpio, y montones de borradores, anotaciones, pruebas, ideas, etc, que hubo que descifrar y ordenar. Tengo muchas ganas de sumergirme en este libro. Seguramente sea mi última lectura del año y creo que será especial. Definitiva.

El extracto de la contraportada no podría ser más prometedor:

Resulta que el éxtasis -un placer sentido segundo a segundo y acompañado de gratitud por el don de estar vivo y de ser consciente- se encuentra al otro lado del aburrimiento absolutamente letal. Presta atención a la cosa más tediosa que puedas encontrar (las declaraciones de la renta, el golf retransmitido por televisión) y un aburrimiento como no hayas visto nunca se te echará encima en oleadas y a punto estará de matarte. Si consigues capear esas olas, será como si pasaras del blanco y negro al color. Como encontrar agua después de pasar varios días en el desierto. Un éxtasis constante en todos y cada uno de tus átomos.

Me fascina (de una forma triste, pero esperanzada al mismo tiempo) que alguien que terminó suicidándose fuera capaz de escribir algo tan positivo. A él no le sirvió, yo no dejaré que sus consejos caigan en saco roto. A por el éxtasis. Hay que encontrarlo. Esta noche empiezo a leer El rey pálido.

Hermann Hesse – Siddhartha

Quiero aprender de mí mismo, ser mi propio discípulo, conocerme y penetrar en ese enigma llamado Siddhartha.

Esbocé una sonrisa al leer en la contraportada de este libro la frase «influido por el pensamiento junguiano». Pues claro: tantos años queriendo leer este libro, era lógico que por fin llegase a mis manos justo la semana en que tras disfrutar en el cine con «Un método peligroso», me interesé por las teorías de Carl Jung.

Siddhartha habla de la insatisfacción de un hombre, esa insatisfacción que le empuja a la perpetua búsqueda de la felicidad. La busca en la religión, el ascetismo, la vida errante, el trabajo, el amor, la contemplación, la familia… La busca de todas las formas posibles. Siddhartha busca, busca y nunca encuentra, porque se dedica a buscar, no a encontrar. Me fascina que cada capítulo gire alrededor de una forma distinta de acercarse a la felicidad.

Cómo son los prejuicios, que me esperaba un libro críptico, espeso, nada fácil de leer… y en absoluto: está tan bien escrito que se lee como el agua, como el agua de ese río al que Siddhartha va a parar una y otra vez a lo largo de su vida. Tanto es así, que casi lo devoré en un sólo día mientras estaba de viaje, luego me relajé y saboreé uno a uno los capítulos que me quedaban por delante.

Mientras lo fui leyendo, sabía que el libro era decisivo en mi vida. No ya por su mensaje o por mi forma de pensar y sentir, que al fin y al cabo siguen siendo las mismas que antes de la lectura; fue, sobre todo, porque me inspiró a la hora de estructurar ciertos capítulos de la novela que estoy escribiendo, me dió alguna idea, me ayudó a entender de qué va realmente mi libro. La importancia de «Siddhartha» se me confirmó al llegar al último capítulo. Ahí volví a esbozar una sonrisa. No, tampoco había sido casualidad que el día antes de leer este libro, le dijera a alguien que, en adelante, me deje libros de «encontradores», porque de buscar yo ya había tenido suficiente. Todas las piezas encajan cuando les das la vuelta.

Buscas demasiado y a fuerza de buscar ya no encuentras. (…) Encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos.