Montoto – De regreso a mi planeta

El impacto que te produce revisitar un disco. Ese que te gustaba tanto hace años. Un día lo vuelves a escuchar y parece grabado para tu yo actual. Es como si ya entonces, cuando lo escuchabas al principio, intuyeras en quien te acabarías convirtiendo. Y quien dice un disco, dice también una película o un libro. Por una asociación de ideas, el otro día me acordé del debut de este chico. Sólo recordaba el título de su single El movimiento, pero claro; ponte a buscar eso. Algo habré aprendido de Sherlock Holmes, porque finalmente di con el disco. Y pude redisfrutarlo en Spotify. Cuando le di al play, me sentí como en casa.

De regreso a mi planeta. No hay mejor título para un disco que habla justamente de superar todos los obstáculos, superar todas las crisis, reencontrarte y encontrar nuevamente tu lugar. Ahí te quedas. Me gusta que la portada sea naranja porque es mi color favorito. Mi planeta sería naranja, eso lo tengo muy claro. Naranja debe ser también ese optimismo que recorre los doce cortes del disco, un sentimiento de que todo saldrá bien mientras cruzas el espacio negro. El disco es un viaje.

Las canciones siguen sonando frescas gracias a una mezcla acertadísima: las composiciones guitarra en mano de Diego Montoto (un cantautor cantando sobre relaciones que terminan y corazones que se expanden) con la producción de Carlos Jean. Algo tenía este hombre hace 6-7 años, que nos regaló discazos como éste o los mejores de Fangoria. Los momentos electrónicos son sutiles, pero ahí están, haciendo que flote la letra de Mientras La Vida Te Sonría, obligándote a bailar en El Movimiento desde su intro funky hasta su outro épica, o transportándote al futuro en la mágica Cuál Es Tu Animal, que suena a una especie de híbrido de los discos Ray Of Light y Arquitectura Efímera.

No todo es etéreo en el disco, ojo. También está la autoafirmación cañera de Mi Forma De Hablar. Y Montoto demuestra que sabe sacar las uñas sin perder la compostura en No Me Toques. Al escuchar esta canción, no sé por qué, he pensado en los indignados y he recordado que este es un año de cambios. En realidad todos lo son. Aunque no nos demos cuenta, de todo aprendemos, siempre estamos avanzando hacia ese momento único que se llama ahora.

Y de eso va el disco, creo: de esa mirada retrospectiva y esperanzada a la vez. Es una sensación extraña, una como una cápsula del tiempo que viaja a la vez al pasado y al futuro. Regresas a tu planeta y vuelves a la casilla uno, eres principiante de nuevo. En ese sentido, me recuerda a la película Beginners. Para decirlo de una vez: Montoto lanzó en 2006 el disco que a mí, hoy, me gustaría ser capaz de grabar. Desde aquí le doy las gracias por enseñarme entonces lo que sólo ahora puedo saber.

Tú sabes muy bien
Cuál es tu ciudad
Has visto una luz
Te has dejado llevar

Ya empiezas a ver
Cuál es tu animal
Dale caza y verás
Tu piel descansar

Y sabrás lo que es vivir
Y podrás sobrevivir

Vicente Haya – El espacio interior del haiku

«El laberinto tranquiliza nuestras ansias de estar avanzando
pero en el fondo nos deja atados al lugar.»

Así, aquí, ahora. Los haikus son chispazos. Son ese momento en el que algo perfectamente normal te deja maravillado y con la boca abierta de par en par. Son dejar atrás lo aprendido y lo prejuzgado para confiar ahora en tus sentidos, en tu intuición, en lo que percibes directamente. De Vicente Haya ya recomendé hace un tiempo Haiku-dô, libro en el que desplegaba una selección de haikus nada fáciles de traducir. El espacio interior del haiku es anterior pero comparte su filosofía: ahondar en qué hace a un haiku ser un haiku.

Vicente Haya acierta en sus métodos para que sientas muy cercana un tipo de poesía que a menudo parece demasiado críptica (tres líneas no deberían dar para mucho, piensas). Él desmenuza no tanto el significado como el valor de las imágenes con que los poetas decidieron capturar un instante. El mero impacto de la imagen por encima de los adjetivos con que la adornaríamos. Y te invita a coger la pluma tú mismo: ver y escribir. Poema a poema, te da las claves para hacerlo.

En este libro no sólo lees poemas contundentes (escritos por haijins de todas las épocas: clásicos como Issô, Buson o Bashô, pero también gente anónima); además, conoces mejor la peculiar sensibilidad de Japón. Pero sobre todo, das un golpe de timón a la forma de recorrer y apreciar tu día a día. Después de leer un buen libro de haikus, sales a la calle con otra mirada: el mundo parece más fresco. Más lleno. Es una experiencia que recomiendo a cualquiera que quiera romper la rutina, convertir los días grises en otra cosa.

La iniciación en el haiku puede resultar decepcionante para algunos. Porque van a notar cómo paulatinamente sustituyen el sabor edulcorado de las cosas, que es a lo que estamos acostumbrados, por el auténtico sabor del mundo: mariposa, comida, silencio, ruido… No estamos acostumbrados al sabor de las cosas; lo que paladeamos del mundo es lo que nosotros mismos le añadimos para poder asimilarlo.

Mientras me reñían
por haber cogido el girasol,
yo miraba la flor

Ah, la luna con su halo de niebla…
Esa noche me quité los pantalones
a golpe de piernas

Así es la alondra:
una voz que cae en picado
y, cuando la busco, nada

Ryuichi Sakamoto – La música os hará libres

Antes de este libro, no conocía a Ryuichi Sakamoto todo lo que me gustaría, básicamente canciones sueltas, sobre todo de bandas sonoras, como por ejemplo Forbidden Colours de la película Feliz Navidad, Mr. Lawrence. Pero sabía que con ese título tan potente, La música os hará libres, no podía fallarme. 270 páginas para disfrutar de todas las vivencias y reflexiones que comparte con sus lectores un hombre único.

Y lo de único no lo digo gratuitamente. No es fácil encontrar a un hombre tan independiente, tan templado y apasionado a la vez, tan agradable, tan culto, tan ajeno a las modas (aunque consciente de ellas), tan intuitivo.   El adjetivo «interesante» a menudo se sobreutiliza para al final no decir nada, pero a Ryuichi Sakamoto esa definición le sienta como un guante. Es un tipo interesante. Alguien con quien te gustaría tomarte un café tranquilamente, intercambiar opiniones, y sobre todo escucharle. Da gusto leerle, así que escucharle ya debe ser el orgasmo.

Sakamoto repasa aquí sesenta años de vida, salta de un episodio a otro, y no siempre con conexiones lógicas. Sucesos importantes los resume en dos líneas y otros en apariencia menores los disecciona con intensidad a lo largo de varias páginas. Pero precisamente esa sinceridad a la hora de abordar todas las cosas que cuenta (un padre que no le miró a los ojos hasta que fue adolescente, una chica que se suicidó, las revueltas estudiantiles de los años 70, los atentados del 11-S…) dice mucho de él. Habla de lo que le interesa, y de lo que aprendió y sintió en cada episodio. No da lecciones, sólo comparte: «me pasó esto y pensé esto otro».

Sakamoto habla, por supuesto, de sus influencias musicales a lo largo de los años. De cómo descubrió los acordes de novena gracias a los Beatles y a Debussy, sin ir más lejos. De su obsesión por mezclar pop y música clásica y vanguardia. Pero también habla de sus influencias personales, sobre todo de hombres y el impacto que produjeron en su vida. Sorprende oírle hablar con tanta naturalidad de la belleza masculina y de cómo se enamoró de algunos de esos hombres, los describe con más detalle que a sus novias y esposas.

Al pensar en cualquier artista, es tentador pensar en talento innato. Sakamoto le da la vuelta a la tortilla: el músico y la estrella pop en que se convirtió fue un cúmulo de casualidades y de decisiones no siempre conscientes. De crecerse en las dificultades, porque él no las ve como retos o limitaciones sino como una oportunidad para mejorar. De eso trata La música os hará libres, de un hombre inconformista buscándose siempre a sí mismo, saltando de prueba en prueba y de error en error para encontrar su lugar en el mundo. Echar la vista atrás y descubrir el camino que te ha traído hasta donde estás ahora.

Esta autobiografía es accesible para todo tipo de públicos, conozcan o no al músico, porque consta de capítulos muy breves que agilizan la lectura, y el lenguaje, incluso cuando Sakamoto se mete a hablar de aspectos más técnicos, es sencillo (que no simple).  En definitiva: una lectura amena, instructiva y más que recomendable. Si os gustan las personas que desprenden un magnetismo único, no dudéis en echarle un vistazo al libro.

Vivía haciendo solo lo que me gustaba. Era una vida de color de rosa. Por supuesto, escuchaba música, leía libros, y también fue la época de mi vida en la que vi más películas. Y salí por primera vez con una chica, y fui a manifestaciones y asambleas. Hacía constantemente novillos en el instituto, pero, no sé por qué, me parecía que estaba muy ajetreado.

Pet Shop Boys – Format

Tenía su encanto aquello de rastrear las tiendas de música de Barcelona (bendita calle Tallers), ir a Ferias del Disco con la ilusión casi infantil de «a ver qué encuentro» y dejarte un dineral sólo porque en ese CD o vinilo concretos salía una canción, a veces incluso un remix, que te faltaba. Ahora, con internet, eBay coleccionar música es mucho más fácil y cómodo. Por raro que sea, cualquier formato está a un click de distancia.  Pero reconozco que con Pet Shop Boys sigue gustándome probar suerte, acercarme a Discos Revolver y sonreír cuando encuentro el nuevo single de importación en la estantería.

En Format, Pet Shop Boys recopilan a lo largo y ancho de dos CDs (casi) todas las caras b que han acompañado sus singles de 1996 a 2009. Escucharlo ha sido una experiencia muy distinta a cuando me compré su anterior recopilatorio de rarezas, Alternative (que sigue siendo uno de sus discos más interesantes), porque entonces acababa de hacerme seguidor del grupo y para mí eran simplemente un montón de canciones nuevas. Ahora no, ahora se trata de tener juntas un montón de canciones que me gustan pero que nunca he escuchado tanto como las los álbums. Y es que por buena que sea una cara b, hasta el punto de que a veces llegas a decir que es una de tus canciones favoritas, la realidad es que -por propia comodidad- siempre las escuchas menos que las «importantes», las que por X razones sí pasaron el filtro y se incluyeron en los discos.

Desde el Hi-NRG de la pegadiza The truck driver and his mate al petardeo elegante de Up and down, se pueden encontrar en este nuevo recopilatorio 38 temas únicos, grabados con la libertad que da no el no tener que pasar cuentas con nadie, ni siquiera con la discográfica. Hay algún tropiezo como The former enfant terrible pero lo que abunda es la calidad: temas como Sexy Northener (y sus percusiones hipnóticas) o I didn’t get where I am today (rock psicodélico con irresistibles hey-hey-hey) podrían haber sido singles.

A ratos, Format es un recorrido por los últimos 15 años de música pop, ya que hay canciones herederas de la época en la que se grabaron (las percusiones Max Martin de The ghost of myself o las influencias latinas de mediados de los 90 en The boy who couldn’t keep his clothes on), aunque también hay anacronismos como el homenaje a los Bee Gees en Nightlife o la descaradamente ochentera The Resurrectionist. Y como siempre, Pet Shop Boys demuestran ser los reyes de las baladas emocionantes, ya sea en las que rebosan florituras electrónicas como Always (fácilmente una de sus canciones más bonitas) o las que se acompañan solo de un piano como Friendly Fire.

Sorprenden también la variedad de temas tratados. Las buenas letras siempre han sido marca de la casa, muy por encima de cualquier disco pop medio, y aquí se permiten hablar de temas más arriesgados, y no me refiero sólo al sexo: las fantasías de un dictador en Delusions of grandeur, la espera antes de que salgan las listas de ventas de tu último disco en The calm before the storm, las citas concertadas por internet cuando ya pasó tu momento de esplendor en Gin and jag, el control excesivo y la vigilancia a que estamos sometidos con la excusa de defendernos del terrorismo en We’re all criminals now o la relación entre dos terroristas en la gran ausente, Fugitive.

Ya conocía las 38 canciones que incluye y aún así, escuchándolas una tras otra, aun con sus altibajos, Format me ha dejado con la boca abierta: incluye evolución, variedad, originalidad y calidad. Para eso sirven estos recopilatorios, para reivindicar un catálogo incomparable. Y encima, con un packaging cuidado y un libreto en el que explican cada canción incluida. Qué bien le iría a la música si los «grandes» discos de mucha gente se editasen con el mismo mimo y estuvieran a la altura de los recopilatorios de caras b de Pet Shop Boys.

Graffiti6 – Colours

Now I can dance.

En un desván polvoriento, alguien debió de encontrar un baúl con una vieja colección de vinilos. Le llamó la atención uno de soul. La portada estaba ya descolorida, pero aún podía verse la sonrisa del cantante. Al ponerlo en el tocadiscos, la aguja despertó una voz de terciopelo, que daba ánimos y ofrecía su compañía a través del altavoz. Sonaba tan atemporal que ese arqueólogo musical decidió remezclar el disco para hacer bailar a la gente, porque no hay nada mejor que bailar con sentimientos.

Esta podría ser la historia de este disco. Pero no: aquí no hay remixes de un disco soul, sino 12 canciones nuevas, fruto de la colaboración del cantante Jamie Scott y el productor TommyD, que en 2008 se juntaron para crear música juntos y dos años después debutaban en Inglaterra con este disco, que ahora se reedita en Estados Unidos. Benditas reediciones. A veces parece que no tenga mucho sentido volver a lanzar un disco que ya está a la venta desde hace tiempo, y menos si lo haces sin canciones nuevas. Pues mira, por ejemplo sirve para que vuelvan a hablar de ti y algunos afortunados por fin te descubramos.

Y Colours no podía llegar en mejor momento: para estrenar Febrero y darle la bienvenida al frío con su pop luminoso, de ese que trae calorcito a cualquier día. Lo de pop es un decir. En otra crítica los definían como folktronica. A mí, ya lo decía al principio, me suenan a un disco de soul clásico remezclado. Moby subido de revoluciones en un día optimista. No es de extrañar que la mayoría de temas del disco hayan aparecido en todo tipo de anuncios y series (CSI, One Tree Hill, Anatomía de Grey…).

La cosa empieza fuerte con Stone In My Heart, que a ratos recuerda al próximo single de Madonna, pero hecha con mejor gusto, con momentos cercanos al drum’n’bass y esa voz cálida que te acompañará a lo largo de todo el disco. Continúa la euforia con Annie You Save Me y Stare Into The Sun, esa clase de canciones que querrías escuchar por la calle mientras una cámara graba el vídeoclip y así treparías por las farolas y saltarías de coche en coche entre lluvias de globos.

Luego el disco se vuelve más intimista, y ahí encontramos maravillas como la emocionante Free (¡que alguien abrace a este chico ya!) y Colours, una especie de trip-hop poético que resumen en 5 minutos la magia del enamoramiento. Volvemos a mover los pies con Never Look Back, que casi suena a Tarantino, hasta que esas palmadas te transportan a una fiesta de fin de curso de los años 60 en la que no te van a proclamar rey del baile pero da igual, porque piensas bailar mejor que nadie. El álbum se cierra con Over You, una preciosa canción casi acapella: sólo de vez en cuando suenan un piano y unos coros, Jamie Scott se despide del amor porque ha aprendido que solo también se puede sobrevivir. Now I can dance, susurra.

Que ese es otro de los encantos del disco: las letras. Ambientadas todas después de la tormenta, hablan de esperanza e ilusiones recobradas. A veces sobrevives solo y a veces alguien te ilumina. En cualquiera de los dos casos, sigues adelante sin mirar atrás. Este disco es la banda sonora de ese momento en el que sales a flote, te apartas el pelo de la cara, y descubres que a tu alrededor siempre hubo luz y colores y música. Más, por favor.

With a fire in my heart
I stood up and I am strong

And it makes me stronger
Makes me wiser
It makes me stronger
Makes me wiser