Touch the clouds (Taste the ground)

Canciones. Canciones que saltan para alegrarte la tarde. Una infusión con un poco de miel. La tomo en el simpático juego de té que iba a tirar mi compañero y que yo rescaté. Una infusión y una manta y un capítulo nuevo de mi serie favorita. La encimera reluciente de mi piso cada viernes, después de la limpieza.

Cuando sale el sol a media tarde después de una mañana nublada. Recibir un «te quiero» antes de irme a dormir. Esa sonrisa extraña, mezcla de orgullo y pudor, al releer un texto mío que me gusta. Los clientes que saben de libros y con los que da gusto hablar; no buscan consejos milagrosos, solo comparten, aprenden, señalan.

El olor de la pizza saliendo del horno cuando ya está casi hecha. Cocinar algo para alguien y que quiera repetir. La admiración hacia la gente que capaz de hacer cosas. Tumblr y su extraña capacidad para que casi siempre su primera foto sea la indicada. Son momentos de inadvertida felicidad y hacen que todo merezca la pena.

Hay un universo de pequeñas cosas

«Tanta belleza, y solo te fijas en el problema». Esta frase soltaba el otro día Ryan, protagonista de Go On. Qué certera. Parece que ahora, con How I Met Your Mother acercándose a su final, son muchas las series que toman el relevo para ofrecerme capítulos y frases a modo de faros en la tormenta. Y yo tan contento.

Así somos a veces. Tan preocupados por la lluvia que no tenemos tiempo de admirar todos esos paraguas de colores que se abren gracias a ella. Paseando por el bosque solo somos capaces de fijarnos en la hoja podrida, y en cambio no disfrutamos los cientos de árboles y flores y plantas y animales y riachuelos y piedras y caminos. Las pequeñas cosas que la vida va repartiendo aquí y allí. Miguitas de pan para orientarnos, alimentarnos en el laberinto.

Hasta que un día te echas en la hierba y te dejas abrazar. Simplemente eso. Que te abracen. Ese placer olvidado. El silencio de las hojas, los perfumes que te acerca el viento, el calor del sol. Todavía miras el móvil, todavía te impacientas. Poco a poco, sin embargo, la respiración va cambiando. Se acomoda. Y piensas que podrías acostumbrarte a esta felicidad. Sí. Bastaba con un cambio de perspectiva.

«El negro cuervo que siempre desdeñé
Y sin embargo, ante la nieve
Al amanecer…»
(Bashô)

Let’s get together

Hay un tipo de clientes que me llaman mucho la atención. Se les reconoce enseguida. Entran a la tienda y jamás tocan nada, se mantienen a una distancia prudencial de mesas y estantes. Sabes muy bien que no van a comprar. Es como si flotasen por la tienda. Miran sin mirar, en realidad. Se marchan tan vacíos como han entrado.

No sé si les puede el miedo o la timidez. Si confiaban, quizás, que un libro saltaría por arte de magia hasta sus manos y las páginas les entrarían por los ojos. Pues no. Hay que tocar. Acercarse a las cosas y tocarlas, chapotear en la arena, con brío. Ser como Céline en Antes del amanecer y decirle que sí a Jesse, bajarte con él en Viena.

Nada de historias incompletas o por empezar. En los libros, las historias arrancan en cuanto los abres.Así creaba Bastian La Historia Interminable: se había atrevido a hacerse con el libro, a leerlo. Cuando entiendes eso, tu poder creador, que está bien pedir pero también tienes que poner de tu parte, actuar, entonces, un día te asomas a la ventana y te das cuenta de que puedes explorar todas esas rutas secretas.

Let’s go fly a kite

Sopla el viento en Barcelona. Enérgico, sacude las ramas y la banderola de las tiendas, mueve puertas, te convierte a ti en la vela de un barco para que surques tu ciudad. Es un viento de cambios. Mi 2013 va a traerlos, lo intuyo. Los primeros, de hecho, ya llegaron a lo largo del año pasado, y los abracé, y los sigo disfrutando.

Y me acuerdo inevitablemente de Mary Poppins. De la veleta del Sr. Bitácora que, entre cañonazo y cañonazo, marcaba la dirección del viento. «Me quedaré hasta que cambie el viento», les decía Mary Poppins a los niños. A mi mente infantil le impresionaba el poder del viento, sobre todo en la última escena de la película, cuando gracias a él, echaban a volar decenas de cometas en el parque.

Y así me siento ahora mismo. En el sótano, arreglando la cometa. Nervios e ilusión a partes iguales. Ya tengo muchas cosas buenas, pero todavía quedan otras pendientes, y también las quiero. Como mínimo: el libro, la decoración de mi propio espacio, aprender algo nuevo. Teatro, japonés en serio, repostería, ya veremos. Si los cambios significan cometas volando sobre el parque, bienvenidos sean.

Let’s go fly a kite
Up to the highest height
Let’s go fly a kite and send it soaring
Up through the atmosphere
Up where the air is clear
Oh, let’s go fly a kite

Brunch & Cake

El otro día merendamos aquí. En una mesa junto al ventanal. Por Enric Granados, la gente paseaba cargada con los regalos de Navidad y decidimos refugiarnos en este local. La calidez de la madera contrasta con la frialdad de las baldosas. Pero los camareros, amables, y la vitrina llena de dulces invitaban a sentarse.

Enseguida vi que tenían la tarta Red Velvet. La conocí hace dos años gracias a Starbucks y la he seguido degustando en forma de cupcake, pero nada como un trozo de la tarta original. Y la de Brunch & Cake está buenísima. Ideal para compartir una merienda contundente. La acompañé de una copa de vino blanco. Todavía no había llegado el frío, ahora no me importaría regarla con un chocolate caliente.

Me acordé de las meriendas con mi abuela en el café Montroig de Sitges, viendo pasar la flor y nata del pueblo (los travesti, las señoras enjoyadas, los turistas). Es decir, que estaba a gusto. Estábamos, en plural, porque aquella tarde nos dio por salvar el mundo. Clavando cucharadas en esa tarta esponjosa, mi novio y yo nos inspiramos para sacar todos esos temas de los que solo hablarías sentado cómodamente junto a una chimenea (¡y ojalá tuvieran una!).

Como se puede deducir por la parte «brunch» de su nombre, otra especialidad de este local son los buenos desayunos, con productos salados: huevos fritos, tostadas varias, ensaladas, pizzas, etc. Todo eso lo tengo pendiente, que ya llevo tiempo tras un brunch asequible en Barcelona. Tocrá probarlo pronto, cualquier fin de semana.
C/ Enric Granados 19 (Barcelona)