How I Met Your Mother

No sé si soy o no soy fan de las sitcoms. Porque vale, me encantaban Roseanne y Alf y Tinc dos pares y Boig per tu y Las chicas de oro, pero más allá de eso siempre he pasado bastante de este género, sobre todo de esa avalancha noventera por parte de TVE, Tele 5 y Antena 3: Cosas de casa, Los problemas crecen, El príncipe de Bel Air, Cosas de hermanas, Padres forzosos, Aquellos maravillosos años…  Nunca he adorado Friends, serie que aún siendo entretenida me parece totalmente sobrevalorada (suerte de Phoebe y Monica).

Y sin embargo, aquí estoy, enganchadísimo a Cómo conocí a vuestra madre. Cuando, hace unos años, Enric me habló de ella pensé «otra sitcom más». Y en cierto modo, así es.
Pero el carisma de sus cinco personajes (adorables todos ellos), el original uso y abuso de los flashbacks y de la voz en off (un recurso que, mal usado, lo detesto) y un humor inteligente, que no necesita de chascarrillos burdos, consiguen diferenciarla de la mayoría de sitcoms.
No es fácil hacerme reír a carcajadas, y HIMYM lo consigue capítulo tras capítulo. Si el momento cumbre de Friends fue la llamada de Phoebe a un servicio de atención al cliente, en HIMYM destacaré por siempre jamás la persecución del jorobado enano y cojo.
Hemos aguantado estoicamente, sin bajarnos nada ni informarnos, hasta que han salido en España los packs de la segunda y tercera temporadas. En un fin de semana ya nos hemos ventilados 2 DVDs, quedan 4 por delante para disfrutar del ingenuo Marshall, la inestable Lily, la independiente Robin, el enamoradizo Ted y el crápula Barney. ¡Y con cameos de Enrique Iglesias y Britney Spears incluidos!

Yasutaka Tsutsui – Hombres salmonela en el planeta porno

A la altura de Haruki Murakami, Yukio Mishima y Yasunari Kawabata, hoy por hoy uno de mis autores japoneses favoritos es Yasutaka Tsutsui, y eso que sólo he leído dos libros suyos (los dos que han salido en España): Hombres salmonela en el planeta porno y Estoy desnudo.

Sus historias rebosan ironía, coquetean con la ciencia ficción y la sexualidad. Están protagonizadas por gente normal, anodina, que de repente se encuentran en la situación más absurda posible por culpa de las normas y las costumbres de la sociedad. Un trabajador que de la noche a la mañana, y sin saber porqué, ve cómo todas sus intimidades se exponen y comentan en la prensa y los altavoces del metro y la televisión y los paneles publicitarios. Un grupo de mujeres que se emperra en construir una isla artificial con millones de bolas de pachinko como base. Un fumador que se convierte en la última persona que fuma en el mundo, al estar su actividad perseguida bajo pena de muerte. Unos científicos que tienen que adentrarse en un planete inhóspito de fauna ninfómana. Un hombre que por una serie de desgracias acaba desnudo y sin dinero en medio de una gran metrópolis. Etc.
Tengo ganas de que traduzcan alguna de sus novelas, porque de momento sus dos libros de relatos me han parecido extraordinarios. Una mirada corrosiva al mundo actual con un estilo ágil y un lenguaje fresco.

Hero For 30 Sec.


Falta menos de un mes para que salga en Japón el que pronto será mi nuevo juego favorito de PSP, «Yuusha 30», cuyo título provisional para USA y Europa es «Hero For 30 Sec.»

Es un juego de rol frenético, no da truega al jugador. Las partidas duran 30 segundos, durante los cuales tienes que explorar una isla, mejorar tu equipo, subir de nivel a tu personaje, luchar contra diferentes bichos, hacer misiones secundarias y derrotar al enemigo final.

Todo, envuelto de una adorable estética 8-bits que nos retrotrae a principios de los 90, cuando jugábamos a la Master System manejando a un Alex Kidd hecho con cuatro píxeles, sin necesidad de complicarse la vida.

Para complementarlo, habrá otros 3 modos de juego (disparos, acción y estrategia), todos compartiendo mecánica frenética y aspecto retro. Hoy en día, no siempre tienes tiempo de dedicarle una tarde entera a un RPG, género de por sí tan envolvente como exigente. Así que los chicos de MMV tuvieron un golpe de genio al decidir mezclar algo tan lento como un juego de rol con los minijuegos rápidos tipo Wario Ware.

Una interesante propuesta cuyas demos, por ahora, han batido récords de descargas en Japón. Por cierto, para amenizar la espera, he añadido a la derecha del blog un reloj protagonizado por el adorable Hero 30.

Stieg Larsson – Los hombres que no amaban a las mujeres

Yo creo que hay un antes y un después de leer (y disfrutar) a Haruki Murakami. A partir de ese momento, ya no te asustarán los libros en los que no ocurre nada. Es decir, historias en las que ocurren cosas, sí, pero en el interior de los personajes, cambios y evoluciones que suceden de forma sutil, narraciones dónde lo importante no es sólo lo que se dice, sino también cómo se dice, hechos que no serían nada sin una cuidada ambientación y unos personajes humanos y carismáticos. Estamos tan acostumbrados a las orgías frenéticas de las películas y los bestsellers estadounidenses que a veces estas historias de ritmo pausado pueden hacerse difíciles de digerir, pero llenan (y alimentan) mucho más.

Los hombres que no amaban a las mujeres es el primer libro de la saga Millenium de Stieg Larsson, una saga de diez libros planeados que al final se ha quedado en trilogía, al morir el autor con sólo tres libros escritos.

Si empezáis a leerlo, no hagáis caso de las críticas y frases publicitarias y comentarios. Aparcad todos esos «ritmo trepidante», «trama llena de acción y misterio y crímenes», «novela negra que te deja sin respiración», «investigación que te atrapa desde la primera página», etc. Es mentira. Es como cuando intentan vender todos los libros de Stephen King como si fueran de terror (tema que trataré en otra entrada). Puro marketing.

Los hombres que no amaban a las mujeres no es una novela policíaca. O no es sólo eso. O es mucho más que eso. Es la historia de dos personas solitarias en un punto crítico de sus vidas; necesitan un cambio; no se conocen, pero se necesitan el uno al otro. Es la historia del éxito y el fracaso y las miserias de una familia. Es la historia del retiro voluntario de un periodista en una diminuta isla del nordeste de Suecia, aislada del mundo, durante un invierno helador. El periodista intentará resolver un antiguo caso, pero en el fondo está intentando reencontrarse a sí mismo. Los hombres que no amaban a las mujeres no es un capítulo de CSI, sino una excelente muestra de cómo nos refugiamos en las cosas más absurdas para sobrevivir en un mar de hielo, pero sobre todo de cómo en esas cosas absurdas descubrimos una brújula, vieja, oxidada y medio rota, pero esperanzadora.

Mi salsa es caliente

Todos estaremos de acuerdo en que Gloria Estefan es uno de los seres más odiables del planeta. Es fea, es enana, es derechona, apenas sabe pronunciar el inglés, saca más recopilatorios que Roxette, contrata a transexuales para que hagan de ella en las sesiones de fotos, tiene un marido más peor que ella, vive anclada en los 90 y se cree que los ritmos latinos todavía están en pleno apogeo. Uno se pregunta porqué no se va a darle la vara a Horatio en CSI Miami y nos deja en paz al resto de la humanidad.

Pero anoche, ahondando entre mis archivos de iTunes, volví a descubrir esa joya de disco que es «gloria!». Y es que, por alguna extraña razón, hasta los cantantes más odiables son capaces de sacar un disco memorable a lo largo de su carrera insalubre.

Cuando ves esa portada en plan hada afro ya sabes que estás ante algo grande (aunque confieso que me gusta más la portada USA, con la ex-cubana escondiéndose tras un vinilo muy azul). Un homenaje a la música discotequera de los años 70, con el inevitable toque latino, pero consiguiendo una mezcla no sólo soportable, sino también magistral. Y adelantándose a Madonna, las 11 canciones del disco son totalmente bailables, tienen bajones, explosiones y se entrelazan unas con otras en plan sesión non-stop (y lo hacen de formas mucho más originales que los «engancho unos violines con otros» del Confessions On A Dance Floor).

Heaven’s What I Feel es una de esas canciones tan 90s que a ratos es balada, a ratos mediotiempo y a ratos bailable, con coros omnipresentes, violines que van y vienen y melodía en permanente crescendo. Ya no se hacen canciones así.

Don’t Stop nos engaña con un inicio lento para enseguida estallar en himno electrochochi, como si de una canción de la Naranjo se tratase.

Oye es la más conocida, pero no la mejor. O sí. Va a días. El caso es que sólo ella (gracias a sus contactos mafiosos) puede conseguir lanzar una canción con la frase «mi salsa es caliente» mientras en el vídeo mil bailarines se frotan unos con otros bajo una lluvia sospechosa y que no se lo censuren en MTV. A día de hoy, el mejor testamento del Spanglish.

Real Woman vendría a ser el «I feel love» del disco en clave latina. Es una mezcla muy extraña que a veces odio y a veces adoro. El final bakala es lo mejor.

Feelin’ es lo más cercano a una balada que tiene el disco, un mediotiempo blandengue si no fuera por ese permanente scratch de fondo.

Don’t Release Me tiene la primera mitad más soporífera y escalofriante de todo el álbum, con Wyclef Jean tirándole los trastos a Gloria Estefan y ella lamentándose de su desgracia. Y entonces, cuando ya no puedes más, estalla la típica canción hortera con toques carnavaleros de los 90, ese género que tan bien se les daba a las Spice.

Don’t Let This Moment End es La Canción del disco. Es la hermana gemela guapa y de vuelta de todo de «Heaven’s What I Feel». Cambios de ritmo constantes, más coros, más violines, más bajones, más explosiones, más gritos, más pianos, más de todo. La canción exigía un Thunderpuss remix apabullante, pero los Thunderpuss no habían nacido todavía. Ni siquiera tuvo un Pablo Flores Mix o Love To Infinity Mix (que remezclaron todos los demás singles).

Touched By An Angel es un coñazo (las canciones 8 de los discos suelen serlo), está dedicada a su marido y encima viene después de la mejor. No hay que añadir nada más.

Lucky Girl nos hace creer que no le interesa el dinero de su marido. Afortunadamente, entre solo y solo de guitarra española, tenemos unas percusiones atronadoras en plan Tony Moran Mix y unos puentes frenéticos indescifrables.

I Just Wanna Be Happy es la secuela de «Party Time». Carnaval. Hortera como ella sola, pero de esas canciones que no puedes evitar bailotear y tararear. Un bajo contagioso, un bajón en plan «Follow the leader» y un crescendo rebosante de coros gospel.

Cuba Libre es una canción protesta, pero discotequera y por si fuera poco de derechas. Menuda mezcla. Un estudio filosófico sobre el significado de esta bebida (producto 100% cubano + producto 100% americano). Y me encanta, aunque siempre preferiré la «Cuba Libre» de Aqua.

Redondeando el disco, venían 5 remixes excelentes. Lo dicho: más allá de lo odiable de su interpréte, es uno de esos discos que todo el mundo debería tener. Hortera, supergay, exagerado, pretencioso, épico y divertido.