Don’t be a drag, just be a queen

Leo estupefacto la letra de «Born This Way», el próximo single de Lady Gaga. Pero más estupefacto me dejan los comentarios en Twitter, tildándola de magistral, fresca, original, inspiradora, brillante, trascendente, rompedora, comprometida con la actualidad (!!! – es que menciona a un libanés, ¿sabes?) y mil calificativos de admiración más… Debo haberme perdido algo, porque no es más que un refrito de todas las frases que podrías encontrar en el libro de autoayuda más cutre de la pila de saldos de cualquier hipermercado. (Como mis entradas de blog últimamente, vaya.) Aunque supongo que pedirle al fan medio de Lady Gaga que sepa lo que es un libro de autoayuda es pedirle mucho. Pero ojo, leer sí saben, que han leído la letra de «Born This Way» y les ha cambiado la vida.

Y tampoco es que Lady Gaga haya sido jamás una gran letrista. Las letras de su primer álbum no distaban mucho de la cantante de pop media: baile, fama, chicos, dinero, fiesta, yuju. Sólo en «The Fame Monster» se empezaban a intuir atisbos de talento: la forma de narrar esa relación obsesiva de «Bad Romance» (frases demoledoras como I want your revenge y expresiones icónicas como la de I’m a free bitch, baby), las letras de «Dance In The Dark», «Alejandro», «Speechless», «Monster»… No eran poesía, pero al menos eran diferentes, con algo de personalidad. Es lo que me llamó la atención y me hizo disfrutar de ese EP, cuando temas como «Just Dance» o «Poker Face» me dejaron más frío que otra cosa.

Pero es que lo de «Born This Way» es de traca, y más después de toda la expectación que está causando y de asegurar cosas como que lanzará el mejor álbum de la década. Es como una parodia de lo que tanto critiqué de su concierto: esos discursos de autoayuda en plan «quereos, que nadie os cambie ni os diga lo que tenéis que hacer, creedme, que yo era fea y sea reían de mí». Y así 20 veces para rellenar 2 horas de concierto. Y ojo, que todas las actuaciones me parecieron fantásticas, la puesta en escena espectacular, el vestuario deslumbrante, las pantallas muy resultonas… En los momentos de música, me lo pasé genial. Pero los discursitos me sobraban, ya lo dije en su día y lo reitero.

Y «Born This Way» no deja de ser un discursito de esos condensado en 3-4 minutos (aunque lo mismo la canción al final dura 7 minutos, porque ella hace arte). «Dios me ha hecho así», «Quiérete a ti mismo», «Seas del color que seas», «Sea cual sea tu sexualidad», «Quiere a tus amigos», «Me gusta mi vida», «Nací para sobrevivir», «Mantén la cabeza alta y llegarás lejos», «Sé tú mismo»… Por favor, hay canciones benéficas con menos tópicos por metro cuadrado en la letra, seguro.

Lo único que me ha hecho gracia ha sido el verso: «Don’t be a drag, just be a queen». Simple, pero mira, bastante ingenioso. Eso sí, estoy convencido de que cuando salga la canción, me encantará y la bailaré y la cantaré como el que más. Segurísimo. Con lo que me gusta el petardeo… Pero por favor, que no me vendan la moto de que la letra es magistral, trascendente o life-changing, que por ahí no paso.

El mérito que sí le reconozco a Lady Gaga es conocer a su público principal y cuidarlo al máximo, darle exactamente lo que esperan de ella. Adolescentes marginados, críos que descubren su sexualidad, crías que buscan su lugar en el mundo, personas en definitiva que se sienten inseguras y necesitan que les digan que no, que todo irá bien y hay sitio para ellos en la vida… Ya que no van a leer un libro de autoayuda, ella es generosa y se lo resume. «No sois raros, sois especiales«. Mientras otras les darían la enésima canción de amor o de emborracharse en la discoteca, Lady Gaga les ofrece un himno para subirles la autoestima. Y mientras otras cantantes con mayoría de fans gays sacan perfumes para chica o ropa para chica, Lady Gaga lanzará un perfume con olor a sangre y semen. Bravo. En este sentido, me quito el sombrero ante su habilidad mercantilista: está superando ampliamente a Madonna.

Paz y amor, little monsters. Escribid vuestro propio destino.

BORN THIS WAY
WRITTEN BY: LADY GAGA
PRODUCED BY: LADY GAGA, FERNANDO GARIBAY, DJ WHITE SHADOW
MIXED AND ENGINEERED BY: DAVID RUSSEL
INTRO:

IT DOESN’T MATTER IF YOU LOVE HIM, OR CAPITAL H-I-M

JUST PUT YOUR PAWS UP
‘CAUSE YOU WERE BORN THIS WAY, BABY
VERSE:
MY MAMA TOLD ME WHEN I WAS YOUNG
WE ARE ALL BORN SUPERSTARS
SHE ROLLED MY HAIR AND PUT MY LIPSTICK ON
IN THE GLASS OF HER BOUDOIR
“THERE’S NOTHIN WRONG WITH LOVIN WHO YOU ARE”
SHE SAID, “‘CAUSE HE MADE YOU PERFECT, BABE”
“SO HOLD YOUR HEAD UP GIRL AND YOU’LL GO FAR,
LISTEN TO ME WHEN I SAY”
CHORUS:
I’M BEAUTIFUL IN MY WAY
‘CAUSE GOD MAKES NO MISTAKES
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY
DON’T HIDE YOURSELF IN REGRET
JUST LOVE YOURSELF AND YOU’RE SET
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY
POST-CHORUS:
OOO THERE AIN’T NO OTHER WAY
BABY I WAS BORN THIS WAY
BABY I WAS BORN THIS WAY
OOO THERE AIN’T NO OTHER WAY
BABY I WAS BORN-
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY
DON’T BE A DRAG -JUST BE A QUEEN
DON’T BE A DRAG -JUST BE A QUEEN
DON’T BE A DRAG -JUST BE A QUEEN
DON’T BE!
VERSE:
GIVE YOURSELF PRUDENCE
AND LOVE YOUR FRIENDS
SUBWAY KID, REJOICE YOUR TRUTH
IN THE RELIGION OF THE INSECURE
I MUST BE MYSELF, RESPECT MY YOUTH
A DIFFERENT LOVER IS NOT A SIN
BELIEVE CAPITAL H-I-M (HEY HEY HEY)
I LOVE MY LIFE I LOVE THIS RECORD AND
MI AMORE VOLE FE YAH (LOVE NEEDS FAITH)
REPEAT CHORUS + POST-CHORUS
BRIDGE:
DON’T BE A DRAG, JUST BE A QUEEN
WHETHER YOU’RE BROKE OR EVERGREEN
YOU’RE BLACK, WHITE, BEIGE, CHOLA DESCENT
YOU’RE LEBANESE, YOU’RE ORIENT
WHETHER LIFE’S DISABILITIES
LEFT YOU OUTCAST, BULLIED, OR TEASED
REJOICE AND LOVE YOURSELF TODAY
‘CAUSE BABY YOU WERE BORN THIS WAY
NO MATTER GAY, STRAIGHT, OR BI,
LESBIAN, TRANSGENDERED LIFE
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN TO SURVIVE
NO MATTER BLACK, WHITE OR BEIGE
CHOLA OR ORIENT MADE
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN TO BE BRAVE
REPEAT CHORUS
OUTRO/REFRAIN:
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY HEY!

Before Sunrise / Antes del amanecer

Una pareja discute en un vagón de tren. Gritan tanto, que obligan a una de las pasajeras (Céline) a cambiarse de sitio para poder continuar su lectura con tranquilidad. La causalidad la lleva a sentarse cerca de otro pasajero (Jesse) que también intenta leer. No pueden evitar mirarse, como diciendo: «vaya par de locos, cómo gritan». Pero basta esa mirada para que entre Céline y Jesse haya una conexión instantánea.

Así empieza «Antes del amanecer» y así la empecé a ver, no sin cierta incredulidad, en TV3 una noche de domingo a finales de los 90. Me esperaba la típica comedia romántica pastelosa (y yo encantado, oye… no le hago ascos a nada si me entretiene) y en cambio me di de morros con una de las películas que más me han impactado, marcado y fascinado en toda mi vida. Así que ya tocaba rendirle un pequeño homenaje en este blog. (Y aviso, no me voy a ahorrar spoilers, así que si todavía no la habéis visto… corred al videoclub, o miradla en YouTube, que está entera.)

Después de charlar un rato y comprobar que esa conexión no era imaginaria, Jesse le propone a Céline una locura: bajarse con él en Viena y pasar el resto del día juntos, para hacer tiempo hasta que salga su avión a la mañana siguiente. Que se conozcan durante unas horas más, sin ataduras, que compruebe que es un tío como otro cualquiera y así dentro de 40 años ella no tenga que lamentarse «¿Y si aquel tío del tren hubiera sido el hombre de mi vida?». En la vida real, ni de coña haríamos caso a un desconocido (por mucho que se parezca a Ethan Hawke) pero la magia del cine es así.

El resto de la película es nada más y nada menos que el proceso de enamoramiento de Jesse y Céline por las calles de Viena, siempre con el peso del reloj sobre sus cabezas. Superada la confusión inicial («¿y ahora qué hacemos?»), la química entre Julie Delpy y Ethan Hawke es tan brutal que consiguen que olvides que estás ante una película y ante dos actores. Cada mirada, cada gesto, cada sonrisa son perfectamente naturales, espontáneos. Nada falta, nada sobra. Estás viviendo la primera y última cita de una pareja que podría ser perfecta pero está condenada a separarse. Apenas puedo describir lo que transmiten escenas como la de la cabina: en dos minutos, sin intercambiar palabras, los personajes dicen y se dan cuenta de tantas cosas…

Pero si algo brilla en la película son los diálogos. Guiados por las gentes variopintas que pueblan las calles de Viena (actores estrambóticos, poetas vagabundos, adivinas…), Jesse y Céline saltan de un tema a otro de forma casi esquizofrénica: anécdotas de infancia, la vida y la muerte, lo humano y lo divino. A un mal chiste lo sigue una disquisición trascendente. Sus puntos de vista son habitualmente opuestos pero, al mismo tiempo, muy cercanos. Todas las frases están perfectamente medidas para que tú mismo te enamores de esos dos extraños, con sus estridencias, sus virtudes, sus ingenuas ganas de cambiar el mundo. En el fondo, todos hemos sido así de idealistas, de románticos; todos hemos sentido esas ganas de compartir nuestra opinión con alguien que no nos juzgará.

Sientes en primera persona la angustia de ver cómo se les agota el tiempo, cómo se saltan una regla tras otra para intentar convertir en eterno algo que sólo debía durar unas horas. La separación final es desgarradora, dejándote con esa incertidumbre: ¿se reencontrarán o preferirán guardar el buen sabor de boca de unas horas perfectas? Bueno, al menos la incertidumbre existió en su época: ahora ya hay una secuela (de la que hablaré otro día, porque también es maravillosa) que rompe parte del encanto.

Cuando termina, no puedes evitar sorprenderte: la película es todo diálogo, no ha pasado casi nada. Y sin embargo, sí han pasado muchas cosas. El ritmo está cuidadísimo: no es trepidante, pero sí fluido, cada escena se enlaza con la anterior como un beso se funde con otro. No hay enredos amorosos, ni gags, ni persecuciones, ni actuaciones musicales, ni cameos famosos, ni artimañas made in Hollywood para animar el cotarro. En ese sentido, «Antes del amanecer» se acerca más a una obra de teatro que a una película. Hay que tener mucho arte para conseguir que no te aburras con hora y media de diálogos incesantes sobre todo y nada entre un chico y una chica perdidos en Viena.

Es brutal cómo esa pareja ilumina todos los rincones de la ciudad, y qué vacíos parecen esos mismos rincones en la última secuencia, cuando Céline y Jesse ya se han separado y se suceden planos de todos los lugares en que habían estado. Llegas a preguntarte si las calles y plazas y parques de cualquier ciudad, que tan anodinos parecen cuando pasas por delante en tu camino a la rutina diaria, no habrán vivido en realidad miles de historias similares.

Muy pocas películas consiguen emocionarme con cada revisionado como la primera vez. Ésta es una de ellas. De hecho, diría que lloro incluso más, y sé que no soy el único. Como decía, la magia del cine es así: todos querríamos sentir esa conexión instantánea con un extraño, todos querríamos tener el valor de bajar del tren, todos querríamos evadirnos en una noche inolvidable de agradable conversación y no menos agradable compañía, sin preocuparnos del pasado o el futuro.

A la hora de la verdad, si algún día llegas a sentir esa conexión (eso que si nos ponemos cursis llamamos flechazo o amor a primera vista), seguramente te ocurrirá en el peor momento posible y además, con toda seguridad, te ocurrirá en el lugar menos idóneo para dejar que el romanticismo siga su curso. Problemas y preocupaciones varios impedirán que te bajes del tren con tu Jesse o tu Céline particular. No te puedes permitir aparcar tu vida sólo porque sientas que esa persona podría ser La Persona. Hay otros asuntos que resolver antes, hay otra gente a la que atender primero. Y bastante tienes en la cabeza como para intentar averiguar si esa persona ha sentido lo mismo. Te consuelas pensando que seguro que no, que sólo tú has sentido ese magnetismo, sólo en tu interior ha girado esa pieza (click) para avisarte de que el destino siempre está al acecho. Lo jodido vendrá después: los remordimientos ante una ocasión única que se ha evaporado. Cuánta razón tenía Jesse: «Así no tendrás que preguntarte si yo era el hombre de tu vida». Y qué bien hizo Céline bajándose del tren.

Y creo que por eso impacta tanto la película: nosotros nunca bajaríamos de ese tren.

En fin, que si ésta no es una de las escenas más románticas de la historia del cine, no sé cuál lo será…

Ogai Mori – El ganso salvaje

No sé si será gracias al Book Journal que me autorregalé en Navidad, pero llevo un mes en el que no dejo de devorar libros. Siempre digo que desde que tengo la librería, leo menos que nunca; increíble pero cierto. Y aún así, me las apaño para recomendar títulos (y acertar a menudo). Ahora, quizá será por la chorrada de que me hace ilusión completar la ficha de los libros que leo, pero por fin he retomado un buen ritmo de lectura. Desde cuentas pendientes como «Un mundo feliz» o «La isla del tesoro» a apuestas personales como este «El ganso salvaje» que hoy voy a comentar, de Ogai Mori (autor japonés de principios del siglo XX que personalmente desconocía).

El libro es nada más y nada menos que la disección de una oportunidad perdida. Qué se esconde detrás de un hombre y una mujer que se enamoran a través de una ventana pero nunca llegan a conocerse. Dos personas a quienes la vida, tan casualmente como los juntó, los separa. No estoy soltando spoilers, ojo: esta oportunidad perdida es el eje de toda la narración.

Conocemos la historia a través de un personaje externo, un mero espectador que se limita a aportar objetivamente toda la información que ha llegado a sus oídos a lo largo de los años. No hay lugar para sentimentalismos ni drama, que es lo primero que podríamos pensar al leer la sinopsis. El testigo nos habla de las vidas de esas dos personas (y de la gente que los rodea), nos describe su día a día, su rutina y sus pequeñas miserias, nos desgrana cómo un cúmulo de casualidades une y separa a ese estudiante a punto de graduarse y a esa mujer, amante forzosa de un usurero.

De una sencilla imagen (una mirada cómplice en un Japón donde las apariencias y los roles establecidos lo son todo), acaba surgiendo un estudio desapasionado (pero no por ello menos conmovedor) sobre las pasiones humanas y sobre cómo nos enfrentamos a la necesidad de sentirnos menos solos: mientras unos están dispuestos incluso a pagar por un amor fingido, otros nunca se atreverán a decir un simple «Hola».

No negaré que el libro me ha impactado muchísimo. En cierto modo, es la cara negativa de una de mis películas favoritas, «Antes de amanecer» donde los dos protagonistas, tras tener un flechazo en el tren, sí se atreven a conocerse aunque sólo sea durante unas horas.

Bret Easton Ellis – Suites Imperiales

Bret Easton Ellis me parece un escritor fascinante. Más allá de las polémicas que siempre lo han acompañado (especialmente, por culpa del libro destroyer «American Psycho»), es un autor que se ha creado un mundo propio al que te arrastra para que convivas con una serie de personajes que se relacionan entre ellos de una novela a otra, todos antipáticos, nihilistas y al borde de la autodestrucción, pero no por ello menos atractivos o carismáticos: al contrario, los adoras. Su estilo es de frases glaciales y una minuciosidad quirúrgica que asusta y hace reír a partes iguales. No hay piedad en sus palabras: Easton Ellis desnuda el alma humana y la coloca ante un espejo despiadado.

Después de la joya que fue «Glamorama» y el bueno pero mejorable «Lunar Park», tenía ganas de ver con qué nos sorprendía esta vez. Así que este verano, en cuanto vi «Imperial Bedrooms»en la FNAC poco antes de irme a Chicago, no me resistí al impulso de comprarlo. Era el primer libro de Easton Ellis que disfrutaba en inglés, y su estilo gana tanto que, ya en Chicago, me compré «American Psycho» también en inglés, para volver a descubrirlo (de hecho, es como un libro totalmente distinto).

«Imperial Bedrooms» (Suites Imperiales en su traducción al español) es una especie de segunda parte de «Menos que cero», el libro con el que debutó a principios de los 80. Los mismos personajes, pero 30 años después, y flirteando con la realidad (mencionan, por ejemplo, que se hicieron un libro y una película sobre ellos, lo cual es cierto). Pero no se conforma con ser una secuela: en realidad es un «grandes éxitos» de toda la obra de Easton Ellis, ya que incluye elementos de todos sus libros: el ambiente de famoseo de «Glamorama», los momentos escabrosos de «American Psycho», la atmósfera de peligro inminente de «Lunar Park», etc.

Es un libro melancólico, muy triste y emotivo, lo cual puede chocar en un autor así (aunque «Lunar Park» ya tenía trozos que te dejaban con la lágrima asomando, no en vano era parcialmente autobiográfico), pero se entiende mejor al leer su biografía: en la última década han muerto su padre y su novio. Es lógico que estas vivencias hayan afectado a su narrativa.

«Suites Imperiales» nos habla de vidas malgastadas, de gente encallada en un día a día que detestan pero del que no saben (o no quieren) salir, de los engaños y las vías de escape que buscamos ante la rutina que nos asfixia… Todas las páginas están impregnadas con el aroma del final de una época. Lees este cóctel de sexo, drogas, desesperación, violencia, paranoia y apartamentos tan amplios como vacíos con la sensación de que algo termina.

Esta vez, Easton Ellis se reserva las escenas más truculentas para el final, y lo cierto es que están narradas con desgana. Un aburrimiento seguramente intencionado, como si el autor quisiera despedirse de la violencia y la polémica pero fuera muy consciente de que, para bien o para mal, forman parte de su éxito.

En definitiva: un libro sorprendente, muy emotivo, muy crepuscular, que se disfruta más si conoces los libros anteriores del autor pero que en caso contrario, te servirá perfectamente como toma de contacto con su peculiar estilo.

Lo malo es que ahora toca esperar otros 5 años hasta su próxima maravilla.

Brandon Flowers – Flamingo

En mi blog no suelo hacer críticas de discos. Sólo de aquellos que me impactan y que de verdad recomiendo. Por eso, hoy toca review de «Flamingo», el debut en solitario de Brandon Flowers (vocalista de The Killers). Parecía que nunca se filtraría, y de hecho realmente no se ha filtrado: ayer ya estaba a la venta en algunos sitios. No sé si todo esto demuestra medidas efectivas de protección o poco interés en el álbum. Da igual: lo importante es que el CD merece la pena.


Íntimo, pequeño y melancólico, incluso arenoso, pero espectacular en cualquier caso. Me ha enamorado desde la primera escucha y la semana que viene tocará comprar la edición especial, que incluye 4 bonus tracks en ciertos casos mejores que temas del propio álbum.



Welcome To Fabulous Las Vegas
Me gustan los discos que no empiezan con la mejor canción del disco (o al menos la que entra más fácil), sino con un tema que sólo pretende introducirte en la atmósfera y la temática del CD. Y así es «Welcome…». Estamos en las Vegas, hemos dejado atrás las arenas del desierto y nos damos de morros con una ciudad que debajo de sus brillantes neones esconde miles de historias de desesperación.
9/10
 
Only The Young
Ya os avanzo que es mi favorita del álbum. Empieza pequeña, como una nueva toma de «Read My Mind». La voz de Brandon cantando en el desierto. Y poco a poco se van añadiendo unas percusiones potentes, sonidos del espacio y unos gritos en falsete que me desgarran el alma. Perfecta. (El otro día hablé de ella con más profundidad.)
10/10
 
Hard Enough
Precioso dueto que nos retrata el reencuentro de una pareja. El difícil proceso de pedir perdón por los errores cometidos y confesar que a pesar de todo, sigues queriendo a la otra persona. La desesperación por perdonar y ser perdonado antes de que sea demasiado tarde. La voz femenina es Jenny Lewis y dulcifica la canción, sirviendo de contrapunto perfecto a Brandon Flowers. Con su mensaje tópico (el amor está por encima de todo), seguro que será la banda sonora de muchas reconciliaciones futuras (o así debería ser).
10/10
 
Jilted Lovers & Broken Hearts
Mediotiempo con percusiones casi de remix. Los ocasionales guitarreos y algunos sintetizadores esporádicos nos evocan a The Killers, pero la canción no acaba de convertirse en el himno que debería. Una lástima, porque el material de temazo estaba ahí y no lo han aprovechado.
8/10
 
Playing With Fire
Tema intimista donde los haya. Brandon nos la canta de noche, en la oscuridad de una habitación de hotel, las luces de los coches se escurren por las cortinas. Los remordimientos, las ganas irresistibles de tomar el camino equivocado a pesar de que todo el mundo te ha advertido de sus peligros. La canción va ganando en emoción e intensidad. Si al final no os entran ganas de abrazar a Brandon es que sois de piedra.
9/10
 
Was It Something I Said?
A pesar de un título que podría augurar tragedia, nos encontramos con uno de los temas más desenfadados del álbum (al menos en cuanto a sonido). El estribillo parece sacado de «Hot Fuss» de The Killers. La letra es simpática, nos habla de esa típica historia de amor que acaba mal por ningún motivo concreto: siempre te quedas con la duda. Que le den a Valentina, Brandon.
10/10
 
Magdalena
Castañuelas y guitarras para un tema que sin ser gran cosa, hay que reconocerle que te transporta al lugar del que habla. Me gusta especialmente el cambio en el último tercio de canción, más enérgico y con los necesarios «oh-oh-oh» rematando el estribillo. A ratos recuerda al último single navideño de The Killers, «Happy Birthday Guadalupe».
8/10
 
Crossfire
Visto con perspectiva, esta canción fue el single perfecto para presentar el disco. Ya nos advertía que no esperásemos música de baile, sino todo lo contrario. Empieza pequeña, mágica y desemboca en un estribillo épico que te sorprende cada vez que llega y cuyos últimos versos son tan tristes como adorables. Lay your body down, lay your body down…
10/10
 
On The Floor
Este tema ya lo habíamos escuchado en una versión más «sureña» como cara b de Crossfire. La versión del álbum es parecida, pero sin ese toque de vinilo antiguo que me enamoró. Una canción sobre la fe. Al principio te deja indiferente, pero cuando irrumpen esos coros como un chorro de luz, también te caerás de rodillas.
9/10
 
Swallow It
Título polémico al margen, Brandon se despide oficialmente del álbum con unacanción extraña, nunca sabes muy bien qué esperar de ella. ¿Es una nana? No, pero tampoco es exactamente rockera. Y la voz se vuelve loca por momentos. Se supone que Brandon pretende que no te pisoteen y de paso subirte la autoestima. Es tu momento, disfrútalo, tómate el tiempo que necesites… pero ojo: sin dormirte en los laureles. Supongo que refleja sus sentimientos al dejar de lado temporalmente la banda The Killers.
9/10
 
The Clock Was Tickin’
Empezamos la ronda de (inexplicables, por buenos) bonus tracks con un tema muy rock’n’roll. Personalmente me recuerda (en sonido y en letra) a ciertos temas de los inicios de David Bowie. A la mitad, todo se viene abajo y se convierte en una balada country y poco a poco va recuperando ritmo. Casi se diría que intenta homenajear a «American Pie».
8/10
 
Jacksonville
La canción más extraña de todo el pack y, quizá por ello, una de mis favoritas. Me habría gustado que formase parte oficialmente del álbum (de hecho, creo que habría sido un cierre perfecto). Percusiones muy marcadas, unos samples en plan exótico, un bajo sutil pero potente, arrugas, coros, pianillos… Es un crescendo perpetuo que nunca acaba de explotar, pero me da igual. Y la outro es maravillosa.
10/10
 
I Came Here To Get Over You
Parece un cover de algún clásico rock (hasta su escasa duración recuerdas a aquellas canciones que no llegaban a los 2 minutos), pero en principio no, es un tema original. Ni rastro de Brandon o The Killers. No es algo malo. Mucha guitarra que ataca y se entrecorta, ritmo cambiante… La típica canción que te encanta sin saber muy bien porqué.
9/10
 
Right Behind You
Una canción que te va conquistando segundo a segundo. Es romántica y siniestra a partes iguales, suena a créditos de película con final abierto. A Brandon no le importa que no le quieras, siempre estará detrás de ti, a punto de cogerte en sus brazos si te tropiezas. Y oye, se agradece.
9/10
 
On The Floor 2.0
Personalmente, prefiero esta versión a la del álbum. Le han aplicado filtros para que suene a vinilo rescatado de un baúl de recuerdos. Al ponerlo en el tocadiscos te llega la voz única de un cantante que seguramente ya haya fallecido. Te canta de su época, de su gente, de cómo vivía la fe. Puedes oler la arena del desierto filtrándose por los tablones de la casa de madera y casi oyes el perro ladrando en el porche. Te sorprenderás adorándola.
10/10



También os recomiendo la review de Tidusin, más currada que la mía, con versos destacados y capturas de las primeras impresiones en Twitter.