Ogai Mori – La bailarina

Al mirarme, leí en sus ojos una irresistible petición de ayuda. ¿Era ella consciente del efecto que sus ojos tenían en mí? ¿No había ninguna intención oculta en ellos?

Después de una pequeña joya como El ganso salvaje (libro con el que además inauguré la nueva etapa de este blog), tenía ganas de leer algo más de Ogai Mori. Nos llega de la mano de la editorial Impedimenta, que después del éxito de los libros de Natsume Sôseki, últimamente está apostando por publicar autores japoneses menos conocidos. Sus ediciones dan gusto: portadas bellísimas con un tacto muy peculiar.

La bailarina es la historia de una traición. Una traición a la persona amada pero, sobre todo, una traición a uno mismo. La narración funciona gracias a la prosa de Ogai Mori, al mismo tiempo delicada e implacable: como la marea, te va arrastrando sutilmente hasta el inevitable desenlace. ¿Qué ocurre cuando te dejas llevar por las circunstancias, cuando te excusas en los demás pero la única realidad es que tú mismo no intentas cambiar las cosas? Es el peligro de depositar tu libertad en factores externos (nuevo país, nuevo trabajo, nuevo amor): las cosas cambian, vienen y se van. Y sólo quedas tú como responsable, víctima y verdugo.

Por eso, hay que evolucionar siempre a partir de uno mismo, cultivar cambios internos, lograr ser autosuficiente para mantener siempre esa iniciativa y esa libertad bajo cualquier circunstancia. El protagonista del libro lo descubre demasiado tarde. Es curioso, pero en las dos novelas de Ogai Mori que se han publicado en España parece que se repite ese patrón de personajes que abren los ojos demasiado tarde. ¿Tendrán algo de autobiográfico? ¿Nos estará instando el autor a aprovechar el momento? Actuar cuando aún estamos a tiempo.

Cuando llegué por primera vez a Alemania, pensé que había descubierto mi verdadera naturaleza y me juré no dejarme utilizar nunca más como si fuera una simple marioneta. Quizás fuese sólo el orgullo de un pájaro al que han dejado en libertad el tiempo suficiente para que pueda batir sus alas un par de veces mientras sigue atado por las patas.

Super 8

Bad things happen. But you can still live.

Super 8 es un homenaje al cine de los 80, cuando las películas palomiteras se entendían de otra forma. Eran películas más artesanas, más humanas; también eran espectaculares, sí, pero no se perdían en los efectos especiales. Tampoco temían gastar la primera mitad de la película en presentarte bien a los personajes, su día a día, sus conflictos, su personalidad, sus relaciones. El tono de esas películas tan llenas de matices lograba mantener el equilibrio entre la emoción cursi, la ingenuidad, la crudeza y el humor; eran familiares cuando tenían que serlo pero sin renunciar a los puñetazos psicológicos en el estómago. Entre aventura y aventura, mostraban la fealdad del mundo si era necesario.

Es algo que se echa de menos en el cine actual: las películas de ahora son excesivamente planas y rara vez te permiten encariñarte de los personajes. Antes, además de entretener y recaudar, también importaba explicar una buena historia (muy a menudo con moralina incluída, es cierto). Los que crecimos en aquella época recordamos con nostalgia títulos como E.T., Los Goonies, las trilogías de Indiana Jones y Regreso al Futuro, Gremlins, Cortocircuito… y, ya en los 90, Parque Jurásico, que sirvió de despedida por todo lo alto a una forma de entender el género de aventuras.

Y Super 8 no engaña. Más que ofrecer algo nuevo, pretende deleitarnos con una película ochentera en esencia, una historia de amistad y perdón, de dejar ir para poder avanzar. Ya el póster es toda una declaración de intenciones, con los retratos de los personajes dibujados. También el plantel de actores está muy bien elegido y si no fuera por Elle Fanning, que es más conocidilla, casi podría jurar que han secuestrado a un auténtico grupo de amigos de finales de los 70 para encarnar a estos niños que juegan a hacer cine y se dan de bruces con la realidad. Puedes palpar la amistad de estos críos; como la de los Goonies, es férrea incluso en los momentos más tensos, ni siquiera en una zona de guerra pierden el buen humor.

La película sólo trastabilla cuando hace concesiones a los clichés de hoy en día. El monstruo es un monstruo de esta generación y ni su aspecto ni su actitud encajan en la historia que nos están contando. Los militares también son dignos de las americanadas actuales (cargándose ellos solos una escena que apuntaba maneras, con tintes de aquella otra dentro del coche de Parque Jurásico). Detalles que, sin embargo, no empañan un resultado redondo. Cada minuto, cada plano está impregnado de nostalgia y encanto, la música (Michael Giacchino homenajeando al mejor John Williams) te pone en situación, los niños viajan en bicicleta y en cualquier momento esperas que echen a volar.

En fin: no lo dudéis, si echáis de menos el cine ochentero, hay que ver Super 8. Cuando los blockbusters también eran buenas películas.

Bridesmaids / La boda de mi mejor amiga

This didn’t happen because of Helen. This happened because you didn’t get your daylights fixed. It’s pretty simple.

Que no os engañe el póster ni ese título en castellano. Bridesmaids es una comedia romántica, sí, pero también es una película muy gamberra, tiene mala leche, da la vuelta a los clichés del género, sorprende y emociona a partes iguales. No se conforma con ser un «Resacón en Las Vegas» de chicas. Y es que además de hacerte reír a carcajadas, tiene mensaje (que no moralina).

Lo que debería ser la típica comedia sobre los caóticos preparativos de una boda acaba siendo el descenso a los infiernos de la protagonista, Annie. Una espiral de autodestrucción en la que descubrirá que no tiene sentido proyectar sus frustraciones en los demás y ver enemigos donde no los hay, porque la solución a sus problemas reside en ella misma. Aquí debo decir que el final me sabe a poco y hay cierto tema decisivo de la vida laboral de Annie que dejan abierto y que deberían haber resuelto(¿recorte de última hora en la sala de montaje? …esperaremos al DVD).

Hay momentos de humor zafio y chistes bastante brutos que jamás esperarías ver en una «película de chicas» pero nunca se pierde el estilo. Se nota que parte de los responsables de Saturday Night Live están detrás: no pretenden sólo enlazar un chiste tras otro, también hay escenas delirantes, concebidas casi como gags independientes. Por cierto, a destacar los papeles secundarios de buenos cómicos británicos (Matt Lucas de Little Britain y Chris O’Dowd de IT Crowd), que suben aún más el listón del plantel.

Si por algo conquista Bridesmaids es por sus personajes: muy bien definidos, muy humanos. Empatizas con todos: desde esa novia tan entrañable hasta la «mala» (que nunca ves tan mala, porque no lo es). El más trabajado es, por supuesto, la protagonista. Con sus contradicciones, su vulnerabilidad, su ternura. Acompañándola en su viaje de autosuperación, no sólo ríes y sufres, también te das cuenta de que ya va siendo hora de ir al taller a arreglar esos faros rotos.

Agradezco a todos aquellos que me animaron a verla, dejando a un lado los prejuicios que despierta la campaña de márketing. Sin duda, una de las grandes comedias del año. Es divertida, inteligente, emocionante e invita a la reflexión. No se puede pedir más.

You are your problem. But you are also your solution.

Yayoi Kusama

En mi vida cada día hay una novedad y seguiré produciendo para buscar el amor y la paz y los presentaré al mundo. Ese es el placer de mi vida.

En mi último viaje a Madrid, tuve la suerte de visitar la retrospectiva que el Museo Reina Sofía ha dedicado a Yayoi Kusama, un imprescindible recorrido por los trabajos camaleónicos de esta artista japonesa. Colores, puntos, formas fálicas, repeticiones, espejos, mundos infinitos… La suya es una obra optimista y angustiosa a la vez. Una niña luchando en un mundo que le exige ser adulta, una mujer enfrentándose a todos sus miedos y obsesiones, sobreviviendo únicamente a través del arte.

Se diría que busca la libertad a través de la exploración indiscriminada con múltiples estilos y técnicas. Cuando ya ha agotado todas las posibilidades, rompe con ello y sigue huyendo hacia adelante. A menudo dicen que su arte parece extraterrestre, y algo de eso hay. Las gigantescas bolas rojas con topos blancos que abren la exposición no sabes si han salido de algún manga o de otro planeta pero, en cualquier caso, te dan la mejor bienvenida posible al mundo de Yayoi Kusama. Te teletransportan al amplio rincón creativo de su mente. «Juega conmigo», parecen decir. Y recorriendo los pasillos del Reina Sofía, juegas.

Diagnosticada de cenestopatía (una enfermedad mental), en la actualidad la artista vive voluntariamente en un hospital de Tokyo situado a poca distancia del estudio donde sigue creando. Hasta el 12 de Septiembre, tenéis tiempo de visitar el Reina Sofía y alucinar con sus pinturas, ilustraciones, collages, esculturas, fotografías, instalaciones, proyecciones… Os dejo con una pequeña muestra de lo que podéis encontrar en la exposición.

50 First Dates / 50 primeras citas

¿Me das un último primer beso?

Puede que «comedia romántica protagonizada por Adam Sandler y Drew Barrymore» no sea la mejor carta de presentación, pero decidí fiarme del criterio de mi consejero oficial de cine, que tan buenas películas me ha recomendado, y nos animamos a verla. Drew Barrymore interpreta a una chica con pérdida de la memoria a corto plazo: ella cree estar viviendo siempre el mismo día de hace un año, justo antes de su accidente de coche. Todo lo que ha vivido desde entonces, lo olvida en cuanto despierta al día siguiente. Tras conocerla y vivir una cita perfecta con ella, Adam Sandler intentará conquistarla.

Así pues, podría decirse que 50 primeras citas riza el rizo del planteamiento de Atrapado en el tiempo: un protagonista atrapado en días que se repiten una y otra vez, mejora su conducta con el método de prueba y error, hasta romper por fin el bucle. No son pocas las obras que parten de este esquema (ejemplos más o menos recientes: un capítulo de «Supernatural» y la película «Código Fuente»), pero no por ello pierde encanto.

¿Cómo conquistar a alguien que se olvida de ti después de cada cita? La base de cualquier tipo de relación es la acumulación de recuerdos conjuntos. Sin esos recuerdos, es imposible construir un vínculo, un cariño. Cada cita y cada beso serán los primeros, y por muy romántico que eso suene, por desgracia también serán los últimos. La resolución al problema es original; afortunadamente, no está cogida con pinzas ni tampoco recurre al previsible «se da otro golpe en la cabeza y todo solucionado».

Me gustó que la mejor cita sea la primera, cuando Adam Sandler es él mismo, no fuerza la situación sino que habla y actúa naturalmente, improvisa, deja fluir. A menudo, metemos la pata al sobreanalizar las situaciones, al intentar reproducir cuidadosamente todo lo aprendido. Mejorar uno mismo está muy bien, pero nunca hay que perder ese punto de espontaneidad, de frescura. Hay que lanzarse más.

Cuando estás receptivo, incluso de películas en apariencia tontas como ésta puedes no sólo disfrutar, también aprender. Recomendable para acompañar esas tardes de verano, tirados en el sofá tomando un buen té helado.

Wouldn’t it be nice if we could wake up
In the morning when the day is new
And after having spent the day together
Hold each other close the whole night through

Happy times together we’ve been spending
I wish that every kiss was neverending
Wouldn’t it be nice