M. Pokora – A La Poursuite Du Bonheur

La búsqueda de la felicidad. Menudo título el del nuevo álbum del francés más guapo (con permiso de Guillaume Canet). Bueno, supongo que el título significa eso; no sé francés aunque últimamente me está entrando el gusanillo de aprenderlo. Y quizá por eso, por no saber francés, le hice más caso al único disco que Matt Pokora sacó en inglés, años ha. Eso sí, un temazo lo reconozco sea cual sea el idioma, y el año pasado su himno A nos actes manqués se coló en mi top de mejores canciones de 2011. Tuve la intuición de que el nuevo disco seguiría por esos derroteros.

Y efectivamente: A La Poursuite Du Bonheur hace justicia a su título. Una colección de canciones muy luminosas que dejan de lado las composiciones urban y r’n’b tan características de Pokora, apostando claramente por el pop veraniego. Bien de guitarritas, bien de percusiones y bien de coros. A veces parece que esté Martin Solveig de por medio intentando grabar una canción del verano.

Dale al play. Sonreirás desde la desenfadada Juste Un Instant, que abre el disco con una fiesta en la playa en la que bailas con los amigos y esa persona que te gusta, hasta la triunfal On Est Là, donde el despelote y el alcohol ya han hecho acto de presencia, alguien ha improvisado una batucada y tú saltas, ¿qué otra cosa puedes hacer cuando eres feliz? Pues saltar y gritar y mover las caderas y dar patadas a la arena.

Canciones como Cours y la preciosa Reste Comme Tu Es bajan el ritmo ligeramente: Pokora prueba otra ruta, persigue tu sonrisa en otro rincón del paisaje, pero incluso los medios tiempos tienen el mismo sabor a arena y sal marina que las demás. Las pocas baladas están bien repartidas para que no corten la fiesta. Con Mon Evidénce parece que estés en una colchoneta, alejándote poco a poco de la orilla hacia aguas mejores.

También hay momentos de baile intenso, claro. En la parte más nocturna y discotequera del disco, destacan Encore + Fort (tiene cierto regusto a lo que hizo con Timbaland) y Danse Sur Ma Musique (tralla al estilo de David Guetta: sonidos hipnóticos que crecen y crecen). Bailar hasta sudar es otra forma de buscar la felicidad. Y Pokora es buen bailarín, qué duda cabe. Seguro que sudar también lo hace muy bien.

¿Sabes cuando viajas a una ciudad que te encanta y en todas partes suena cierta canción que parece perfecta para definir tus vacaciones? No sabes cómo se titula, pero escucharla te hace sonreír en tus paseos y tus compras y tus cenas. Pues eso es lo que transmite, canción tras canción, A La Poursuite Du Bonheur. Es ideal para ponértelo en modo aleatorio, para salir de casa estrenando una camiseta nueva cada mañana y gritarle hola al sol aunque llueva. ¡Toca sonreír!

Il nous disais hors jeu
Nous pensés plus du tout du moment
On fait parti de ceux qui ne savent qu’aller aller de l’avant
On est là
Pour mener la danse

Les herbes folles

«One’s whole life revolves around a chance meeting», leía ayer poco antes de entrar al cine. Era una frase de Neil Tennant, cantante de Pet Shop Boys. Razón no le falta. En su caso, ese encuentro casual fue con Chris Lowe, la otra mitad del dúo, en una tienda de instrumentos electrónicos. Buena parte del cine y la literatura que me gusta gira alrededor de estos encuentros casuales. El de Las malas hierbas, para muchos la despedida del cine de Alain Resnais (Hiroshima mon amour), empieza con una casualidad tonta, como todos: a Marguerite le roban el bolso y Georges encuentra su cartera. «Todo empieza por alguna razón», dirá luego la colega de la protagonista.

Dos personajes tan peculiares estaban destinados a encontrarse. Excéntricos y hasta neuróticos, Marguerite y Georges sienten que no encajan en sus vidas y buscan vías de escape. Pilotar aviones, por ejemplo. Atención a la presentación de Marguerite, sin enseñarnos su cara parece que ya la conocemos de toda la vida. Las primeras frases que oíremos: «Ella tenía unos pies fuera de lo común. Por ese motivo, se veía obligada a ir a sitios a los que no habría ido de tener unos pies normales». Como para no enamorarse de alguien así. Es lo que deberíamos hacer todos: usar nuestras diferencias a nuestro favor. Somos únicos.

Las malas hierbas trata del deseo de deseo. La necesidad de la que hablaba ayer. Esa necesidad atrae tensión e historias irreales a las que uno se agarra porque no tiene nada más. Asistes desconcertado a este duelo titánico entre dos extraños (en todos los sentidos de la palabra). No es que estén locos o no entiendas nada: es que la película se atreve a trasladar en imágenes lo intangible: las idas y venidas, las actitudes contradictorias, el pánico que produce el vacío que descubres al ver tu reflejo en el otro. «El oponente existe porque nosotros estamos presentes.»
Una película extravagante que condensa muchas de las cosas que venía comentando en el blog estos días. Gracias a Alain Resnais por está lección de cine valiente. Sales del cine descolocadísimo, pero con la sensación de que, más allá de todas esas transiciones imaginativas y tantos planos espectaculares (con más de uno estuve a punto de aplaudir), la película te ha hablado. Señales, como siempre. ¿Subirás al avión? Yo prefiero comprarme otros zapatos para mis pies poco comunes.

Natsume Sôseki – Haikus zen

Ha tenido que llegar este libro, el segundo de Sôseki que leo, para descubrir que este autor promulgaba un tipo de individualismo muy parecido al que defiendo yo en este blog. No es que los poemas vayan de eso (¿de qué va un poema? ¿merece la pena descubrirlo o es mejor hacerlo tuyo, sentirlo?), es algo que se menciona en el prólogo y en lo que ahondaré con otros libros suyos. Pero empiezo a entender por qué fue uno de los primeros autores que descubrí a principios de año. Me ponía en la casilla de salida.

Haikús zen es un libro pequeñito, tan bien editado y atractivo como todos los que publica Olañeta, una editorial cuyos títulos da gusto toquetear, exponer en la estantería. Diría que éste es su primer libro íntegramente de haikus, la poesía japonesa más universal: tres versos breves que capturan la emoción de un instante. Sôseki lo hace con especial sensibilidad, a veces con un sentido del humor chocante, como si estuviera profanando un género. Y al mismo tiempo es muy fiel: los haikus deberían recoger una estación, y los suyos tienen el sabor indudable de cada una. La edición la acompañan dibujos y caligrafías del autor.

El «zen» del título no viene muy a cuento, porque todos los haikus deberían serlo ya de por sí. Escribir haikus es comprender que no hay mejor momento que éste en el que estás ahora mismo. Es abrir la boca y los ojos extasiado por una libélula que cruza el aire, es saltar al vacío sabiendo que siempre podrás agarrarte a una rama desde la que, colgado, contemplarás la luna llena. Siempre digo que terminas de leer haikus y sales a la calle con otra mirada. Y es verdad.

El gato en celo
ha adelgazado tanto
es solo ojos
Arroyo primaveral
que fluye
abrazando la roca
Con una mano
no bato palmas, pesco
un pez en el reflujo
Volviendo a ver las cosas
al subir y bajar como antes
el monte de otoño es nuevo
Ahora me atrevería
a entrar en la cueva del tigre
esta mañana de intensa nevada

Madonna – MDNA

MDNA es un buen disco. Partamos de ahí. Madonna no ha acertado con la promoción: había canciones más representativas que los singles elegidos, se podría haber mejorado el orden y la selección de temas, algunos productores no parecen los más acertados para producir ciertas canciones… Fallos de principiante, casi. Parece que estar encorsetada en Warner podía reportarle ciertos beneficios. Pero volvamos a la sorpresa inicial: contra todo pronóstico, MDNA es un buen disco.

En muchos sentidos, es un recorrido por la carrera de Madonna: su ADN, entendemos. Recién liberada (atrás quedan Guy Ritchie y su discográfica de toda la vida), toca exorcizar demonios. «¿Y ahora qué?», se pregunta sola en medio de la pista de baile. Pues ahora el dance desinhibido de sus inicios que ya revisitó en Confessions On A Dance Floor, ahora la rabia y la frustración de Erotica, ahora la desorientación post-divorcio de Like A Prayer, ahora la esquizofrenia musical de American Life y Music, ahora la ingenuidad de True Blue, ahora las concesiones comerciales de Hard Candy y Bedtime Stories, ahora la sinceridad y la búsqueda de Ray Of Light (pero sin el misticismo: es todo más descarnado).

Eso sí, MDNA no tiene La Canción. Ese tema que justifica toda una era, que arrasa en las listas, que todo el mundo adora porque llega acompañado de un vídeo que impacta. Te podrán gustar unas canciones u otras del disco, pero aquí no hay un Like A Prayer, un Vogue, un Frozen, un Music, un Hung Up, nada que se le acerque remotamente. Por suerte, como conjunto, el disco funciona muy bien.

¿Y cómo definir cuál es ese conjunto? Demasiadas canciones, cambios en el tracklist a pocas semanas del lanzamiento, ni siquiera queda muy claro cuál es la portada del disco (la que todos recordaremos y se utilizará dentro de un años en las retrospectivas de Madonna). ¿Qué sentido tiene que se promocione más la portada de una edición deluxe que, como tal, debería ser limitada y dirigida solo a los fans?

Al disco no le ha beneficiado esta ausencia de organización, de sentido y dirección claros, y por eso, aunque suelo disfrutar los discos de principio a fin, tal y como fueron concebidos, en este caso defenderé que cada cual se confeccione su propio MDNA. Escuchas todas las canciones, te quedas con las que te gustan, descubres qué historia explica para ti este disco, lo haces tuyo, y en base a ello le encuentras una estructura. Esta crítica va a ser la de mi MDNA. Os invito a descubrir el vuestro.

1. I’m Addicted
Madonna en medio de la discoteca. Va tan puesta de todo que hasta la voz se le distorsiona. Un clásico techno-bakala sobre flechazos bajo las luces estroboscópicas. Ese instante que dejas de prestar atención a todo lo que te rodea, a la canción que suena incluso, porque notas la pistola del otro apretándose contra ti. No es Impressive Instant ni llega al nivel de trallerismo de Where Have You Been de Rihanna, pero esos «M-D-N-A, M-D-N-A» son irresistibles.
I’m willing to take this chance, I need to dance!

2. Gang Bang
Co-escrita por Mika, Gang Bang es lo más cerca que llega MDNA de conseguir La Canción. Oscura, hipnótica, amenazante. Creo que cualquiera que haya pasado por una ruptura se sentirá identificado, pero pocos se atreverían a poner en palabras esa rabia contenida. Madonna sí, menuda es ella. Egoísmo irracional: desearías que la vida del otro se detuviera, ser tú el único que sigue adelante porque eres el único que lo merece. Dita sigue viva y se ha comprado una escopeta.
How could I move on with my life if you didn’t die for me baby?


3. I’m A Sinner
William Orbit es consciente de lo que muchos esperaban de él: reciclar Beautiful Stranger de forma que suene fresca. Y no defrauda. El desparpajo sesentero queda perfecto para una canción tan hedonista. Digan lo que digan, asegura Madonna, todos somos pecadores. Disfrutémoslo.

Saint Sebastian, don’t you cry, let those poison arrows fly.


4. Girl Gone Wild
Algo pasa con esta canción. Como single no le veo la fuerza suficiente, pero como canción de disco es espectacular. Así supera Madonna la ruptura: volviendo a nacer, orgullosa de desfasarse ahora que ya no tiene quien la rectifique. Brazos al aire, boa de plumas, Tanqueray en vena, ye-ye-ye.

My inhibition’s gone away, I feel like sinning.

5. Turn Up The Radio
Coges el coche, no le dices a nadie a donde vas, ni siquiera tú lo sabes, pones música, el volumen al máximo, pisas el acelerador, las ciudades desaparecen, los paisajes se desdibujan, el rugido del motor ya se confunde con la música, el sol se pone, se encienden los focos, termina la carretera pero sigues conduciendo, sigues adelante, sigues y sigues, el mundo desaparece, solo quedas tú, sonríes al reconocerte en el retrovisor. Por primera vez en mucho tiempo sabes quién eres.
Turn down the noise and turn up the volume.

6. Some Girls
Sigue el revival noventero con una canción extrañamente adictiva. En cierta manera me recuerda a Scheiße de Lady Gaga, pero afortunadamente sin las mismas pretensiones de hacer arte. Reafirmarte bailando: sabes que eres único, el mejor, y que bailas como nadie. Y llega quien lo aprecia.
Some girls are not like me, I am better than you will ever be. 

7. Beautiful Killer
El encantador de serpientes, el escorpión con carita de ángel, el asesino disfrazado de Armani. Es guapo y su mirada hipnotiza. Quieres que te abrace y quieres que te mate. Nada de eso ocurrirá. Lo sabes muy bien, es una historia que se repite. Y por eso cantas. Adoro ese interludio con los violines recreando la melodía del estribillo, tiene un sabor clásico, de película francesa. Grower oficial.

Can’t really talk with a gun in my mouth.

8. Masterpiece
Lo dije en su momento y me reitero: To Have And Not To Hold 2.0. Se compuso para la película W.E. pero encaja sorprendemente bien en un disco que al fin y al cabo trata de lo que pierdes y lo que encuentras cuando las historias terminan: ventanas que dan a otras puertas. Para mí, Masterpiece va dedicada al Beautiful Killer de la canción anterior. Por fin consigues pasar página y solo puedes sentir lástima por esa persona que posa haciéndose el inalcanzable.
‘Cause after all nothing’s indestructible.
9. Love Spent
El juego de palabras del título es múltiple, como múltiples son los estribillos y los recovecos de esta canción juguetona. Banjos, samples de ABBA, abusos de vocoder y un crescendo muy cañero que refuerza el significado de este disco: nunca es el final, sino un nuevo principio.

I guess if I was your treasury, you’d have found the time to treasure me.

10. Best Friend
La letra más sincera del disco. Madonna recita todo lo que echa de menos de Guy Ritchie y reconoce que, aunque haya quitado su fotografía de la pared, a partir de ahora todos los hombres tendrán que compararse con él. Toda la sinceridad queda escondida bajo una producción electrónica y traviesa: los sonidos vienen y van, camuflan la voz, la transforman en algo frívolo, como si a estas alturas ya poco importase lo que se puede decir o callar.

Still I have no regrets, ‘cause I survived the biggest test.

11. I Fucked Up
De la sinceridad, pasamos a la humildad. Otro lado poco habitual de Madonna: ni en Ray Of Light llegó al extremo de pedir perdón a nadie. Si en su disco más místico Madonna se reconciliaba con el mundo, en MDNA se reconcilia con ella misma. Se reconoce humana y pasa página.

You wanna know how to make God laugh, tell him your plans.

12. Falling Free
¿A quién le canta esto Madonna? ¿Al pasado o al futuro? No importa. Ha sobrevivido, ha aprendido, ha crecido, tiene la llave que abre todas las puertas. Es libre.

When I let loose the need to know, then we’re both free, we’re free to go.

The Ides of March

Estoy desconectado de la política. Ya he dicho alguna vez que prefiero no ver telediarios ni leer la prensa. Se vive más feliz así. No se trata de ignorancia si no de buscar vías alternativas para informarte: foros, Twitter… De lo importante te acabas enterando. De todo lo demás, todo ese relleno con que los medios de comunicación solo pretenden asustar, controlar, indignar a la población, domándola gracias al estado de apatía en que la sumergen, no me entero. Políticos corruptos a los que no les pasa nada, por ejemplo.

Con este punto de partida, imaginaréis que una película sobre las turbiedades de la política y su trastienda no era lo que más ilusión me hacía. Por suerte, en Los Idus de Marzo, ese mundo de los políticos corruptos y toda la gente que se dedica a cubrirles las espaldas y limpiar o silenciar sus desaguisados, es solo el atrezzo. La excusa para hablarnos de la transformación de un hombre, Stephen, que durante una campaña de primarias perderá la inocencia. Cambiará el lirio en la mano por un instinto de supervivencia casi darwinista.

Los Idus de Marzo resulta al final muy interesante: por temática (ver desde dentro algo que aquí nos parece lejano como las primarias estadounidenses, un tipo de proceso en teoría mucho más democrático pero que conlleva una lucha de poder sin precedentes), por evolución del personaje principal (Ryan Gosling, que proyecto tras proyecto se está convirtiendo a paso agigantados en uno de los grandes actores de su generación), por puesta en escena (hay secuencias magníficas: las conversaciones encadenadas en tres despachos distintos, el backstage, la tensa espera en coche para conocer la decisión del gobernador…).

«Tienes que pensar en ti» fue el mejor consejo que me dieron el año pasado. Algo parecido acaba descubriendo Stephen. Si no te cuidas a ti mismo y piensas que los demás siempre estarán apoyándote y protegiéndote, acabas tirado en la cuneta o -peor todavía- traicionando tú mismo tus ideales. Lucha por lo que crees y cuida de quienes merezca la pena hacerlo, pero primero lucha siempre por ti.