I couldn’t hide from the thunder in a sky full of song

Después de aquello, empecé a aprovechar cada mañana. Aprendí a gustarme sin temer antes disgustar a otros. Y no lo eché en falta como pensé que ocurriría porque por fin tuve horas para no hacer nada. Para cocinar, para leer, para ver las películas pendientes prestándoles atención. Algo nuevo recuperado. Me dije que no volvería a caer y dejé de entender que los demás estuvieran tan pendientes. Pero no importaba. Cada cual, me dije, acabará encontrando su ritmo. Después de aquello, desapareció la sed. Ya no inventaba historias, ahora las creo. Tiempo para mí, tiempo ganado.

Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Florence + The Machine.

Cross your mind

Viajamos lejos en busca de cosas bonitas mientras olvidamos las maravillas que esconden calles por las que pasamos cada día. Apenas les presto atención a mis edificios favoritos, atento como voy al móvil o a mis pensamientos; de otras fachadas no sé qué detalles recordaría si mañana desaparecieran. ¿Recordaría algo siquiera? Quizás merezca la pena detenerse de vez en cuando, como un turista más, contemplar, sacar fotos, entrar si surge la oportunidad. Aprovechar lo que tengo al alcance, dando las gracias por no tener que salir a buscarlo. Recordar que las aventuras también pueden surgir en mi barrio, paseando sin aviones.

Fotografía: Cain Q.
Banda sonora: Sabrina Claudio.

There’s a light

Estos días vuelvo a cultivar esa paciencia que no tengo. Estoy dejando reposar el manuscrito de mi próxima novela para revisarlo más adelante, con la debida distancia. Mientras tanto, avanzo poco a poco en otro proyecto y también me he prometido escribir un texto cada mañana, mientras desayuno. A nadie le importaría que no lo haga, pero me gusta. Me relaja; empiezo el día con más ganas. Ahora, además, espero al mejor momento para escuchar los nuevos discos: paseando el sábado por la tarde sin rumbo, por calles donde nadie me conoce. O volviendo a casa despacio, ya de noche. Ya no me enfado si alguien no responde. Voy entendiendo que si algo ha de llegar, llegará, y que sino no pasa nada. Todavía hay momentos en que daría más de un portazo, sí, pero cada vez son menos. Estos días ya no digo que sí por compromiso y solo leo los libros que me apetecen, incluso aprovecho para releer algunos, unas pocas páginas antes de dormir y así cerrar los ojos tranquilo.

Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Jonathan Wilson.

Ship to shore

Ahora procuro centrarme en las cosas menos importantes. Hoy, por ejemplo, me he preparado un desayuno de domingo aunque no sea domingo. Resulta que los miércoles también hay fresas. Vuelvo a hacer las cosas a mi aire, sin reservármelas: una exposición de fotografía donde encuentro vidas que ya fueron o una comida para uno en una mesa al sol, atendido por el camarero mejor tatuado. Que me guiñe el ojo al traer el postre no significa nada pero me gusta. Mentiría si dijera que nunca te echo de menos pero sé que cuando todo haya pasado, volverá la calma como si nada hubiera ocurrido. Me aferro a eso.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.
Banda sonora: Stars.

I’m not a disco

No sé si nos lo estábamos pasando bien o si así de bien era cómo queríamos pasárnoslo. En mitad de la pista nos veía desde fuera y no era capaz de distinguirlo. Bailábamos todas las canciones, incluso las que no nos gustaban, nos reíamos cuando no entendíamos algo, a ratos salíamos a descansar y ahí las conversaciones parecían más profundas por el alcohol pero pronto nos salvaba alguna broma, volvíamos arriba donde la gente se drogaba un domingo por la tarde, la sonrisa fija, otro trago que matará el hambre, un salto cuando por fin sonaba nuestra favorita, la huida fugaz de mirar el móvil y enseguida esconderlo, disfrutar a pesar de todo porque para eso habíamos venido. Solo supe ver lo evidente después, al salir del metro y girar la última esquina húmeda antes de llegar a casa. Bailando intentábamos despedirnos de ese algo que nos perseguía.

Fotografía: Luz natural.
Banda sonora: Maja Francis.