7 años. Son muchos años, pero también pasan volando, sobre todo si es junto a la persona con la que vas a compartir toda tu vida. Enric y yo nos conocimos hace 7 años, ni más ni menos. La conexión fue instantánea y desde entonces lo hemos compartido todo. Videojuegos, música, películas buenas, películas malas, series, viajes, sexo, libros, internet, conciertos, anécdotas, todo. Desde cualquier chorrada hasta nuestra pasión por Chris Evans. O Bob Esponja. Qué os voy a decir que no sepáis ya por Facebook.
No es fácil encontrar a alguien que además de tu pareja pueda ser tu mejor amigo. Alguien con quien compartir y disfrutar la vida con naturalidad, alguien a quien llegas a conocer tanto que basta una mirada para saber qué piensa o qué va a hacer. Es tópico, pero es verdad. Y hasta que no lo vives en primera persona, no te puedes creer que exista tal grado de conexión con otra persona.
No todo han sido rosas, por supuesto. A menudo creo que de cara a la galería damos la impresión de ser la pareja más empalagosa ever. Y puede que a ratos sea así, pero también tenemos nuestras discusiones y malos momentos y baches. Días en los que piensas que el mundo se viene abajo. Como todas las parejas del mundo, vaya. Pero cuando se tiene claro que el objetivo común es pasar la vida juntos, de estas crisis la relación siempre sale reforzada. Porque es sano confiar el uno en el otro y trabajar juntos para que la pareja funcione.
El 7 es un número bonito. No es nuestro favorito (que es el 13), pero sí es el número de cosas que nos vuelven locos como Final Fantasy VII o Ray of Light. Así que espero muchos momentos buenos de este séptimo año juntos. Y los que quedan por venir.
He pensado mucho en qué canción debía poner hoy. Y tras darle muchas vueltas, he optado por un tema que para mí supone muchas cosas. Es de Freddie «Dios» Mercury, la letra es tan bonita como significativa, está dedicada a nuestra ciudad y además me parece el mejor dueto de la historia. Todos la asociamos a las Olímpiadas y por eso puede sorprender que la utilice, pero en realidad es una declaración de amor: a una ciudad y a la persona que cambió tu vida.
beautiful life
It all returns to nothing
Adiós, Lost
(No creo que sea necesario pero por si acaso… SPOILERS DE LOST, DE PRINCIPIO A FIN.)
Una isla. Mágica, dicen. Guarda nada menos que la luz de la vida, la muerte, la reencarnación, el conocimiento, el tiempo. Mantiene la existencia tal como la conocemos. Podría decirse que incluso es el eje de la existencia, del universo. Está claro que algo tan importante necesita protección. El problema es que tienen que protegerla seres humanos. No hay dioses. Pero los humanos son imperfectos por naturaleza. Ignorantes, tramposos, asesinos, mentirosos, torpes, egoístas. Al final, se vuelven locos si tienen que estar solos en una Isla durante siglos, quizá milenios. ¿Quién puede culparles?
La historia de Lost parte de un grave error. El error de una mujer, guardiana de la Isla, que en su egoísmo para librarse de su carga, mata a una madre y le roba sus dos bebés recién nacidos para que uno de ellos sea su sucesor. Pero no es capaz de formar una familia sana, no es capaz de educar correctamente a sus hijos «adoptivos». Muere asesinada por Hermano, el gemelo sin nombre. De esta forma, Madre consigue librarse de su puesto como guardiana pero a cambio, Jacob y Hermano acaban enfrentados para siempre, con el agravante de que no pueden matarse el uno al otro, pues así lo decidió su «Madre», convencida de que era la mejor forma de mantener unidos a ambos hermanos. Madre no sabía establecer lazos afectivos con otros humanos, sólo utilizar su magia, pues era lo único que conocía.
Como venganza por el asesinato de Madre, Jacob lanza a su hermano al mismo pozo de luz que tiene que proteger. Dado que está prohibido que Hermano muera en sus manos, Jacob provoca una paradoja: Hermano muere físicamente y al mismo tiempo permanece vivo como una entidad que conocemos como Humo Negro (¿su espíritu quemado por la luz, un demonio, un trozo de sombra?). Hermano sufre lo que ya les había advertido Madre: un destino peor que la muerte. Este es el pecado de Jacob: crear un ser aparentemente inmortal, enloquecido, con sed de venganza y destrucción, atrapado en una Isla de la que quiere huir aunque eso suponga acabar con ella. Y para intentar repararlo, Jacob iniciará una catastrófica cadena de errores durante los siguientes 2000 años.
Y la gente siempre atrae a más gente. Los misterios de esa Isla remota atraen como un imán a aventureros y a buscadores de tesoros, pero también a compañías como Iniciativa Dharma, quienes experimentan con lo que ellos llaman electromagnetismo, y lo aplican a la biología, a los viajes temporales, a la sociología, a la climatología, a las matemáticas, a la zoología… Jacob permite que toda esa gente llegue y se quede en la Isla, porque sabe que tarde o temprano, su hermano encontrará una forma de romper el bucle y matarle. Y para entonces, Jacob necesitará haber encontrado otro guardián que le sustituya. Siempre elige gente solitaria, con vidas mediocres. Gente que huye de algo y que quizá encontrará en la Isla su salvación. Gente como él. Porque alguien con una vida plena fuera de la Isla, no querría quedarse a protegerla. Es, por supuesto, una actitud egoísta. Jacob sólo quiere reparar su error, aún a costa de cientos, miles de muertes y desgracias. Es irónico, porque su misión era mantener la Isla aislada, pero su obsesión hace que la Isla siempre esté habitada, que siempre haya gente que la localice y la ponga en peligro. Sin embargo, Jacob confía en que habrá alguien que consiga redimirle, demostrarle que tiene razón, que los humanos también pueden ser buenos y sacrificarse por el bien común. Alguien que se convierta en el buen guardián que él jamás pudo (o no supo) ser.
Un día cualquiera, el avión Oceanic 815 con destino Los Ángeles cae sobre la Isla. Quizá por culpa de un cúmulo de casualidades, quizá por esa fuerza que llamamos Destino. De entre los supervivientes del vuelo, Jacob había elegido con anterioridad a varios candidatos, como llevaba haciendo desde hace siglos. Un cúmulo de casualidades provocan que Desmond esté destinado a no pulsar el botón del Cisne a tiempo, y el avión caiga. Otro accidente rutinario en la larga trayectoria de la Isla.
Lost es la historia de estos supervivientes. Es la historia de su vida anterior fuera de la Isla, donde sus equivocaciones, miedos y frustraciones les han llevado a huir de todo, incluso de ellos mismos. Suben a ese avión para escapar. Y así se convierten involuntariamente en otras piezas en el tablero de la Isla. Las circunstancias y la lucha ancestral de dos hermanos les han llevado hasta allí. Pero eso sólo es la excusa para conocer a estos personajes, indagar en qué les llevó hasta aquel avión. Flashback a flashback, vamos comprendiendo los motivos de su huida; al ahondar en los secretos más íntimos de su pasado, descubrimos también porqué actúan como actúan en la Isla.
Y ante todo, Lost es la historia de la redención de estos supervivientes. Porque su estancia en la Isla les transforma a todos. Las aventuras, las experiencias. La gente que conocen. Sus sacrificios, sus decisiones. Paso a paso, sin darse cuenta, van librándose de todo aquello que les torturaba. Se enfrentan a sus miedos. Ya no quieren huir: ni de su pasado, ni de la Isla, ni de sí mismos. Consiguen estar orgullosos de ser quienes son. Hacer algo importante en su vida, por poco que sea. Se redimen. Todos, juntos o individualmente, aportan su granito de arena para romper el ciclo vicioso que crearon Madre y Jacob hace tantos siglos.
Forjan su propio destino (a veces literalmente, aunque no lo sepan: viajan al pasado para provocar el Incidente que, con el tiempo, haría caer el avión en el que viajaban). Cada muerte, cada sacrificio es una baldosa más en el largo camino que nos acerca al objetivo. Finalmente, los supervivientes acaban con el Humo Negro, mantienen la Isla a flote y como colofón encuentran al candidato perfecto para protegerla: Hurley, generoso, amable y bonachón. Alguien que, al contrario que Jacob, le pide ayuda a su antiguo enemigo, Ben, para proteger juntos la Isla. Con la buena fe de uno y la experiencia del otro, sabes que se abre una nueva etapa para la Isla. Se acabaron las reglas absurdas, los sacrificios inútiles y egoístas. Redimiéndose, los supervivientes consiguen reparar el pecado de Jacob. A pesar de todo, Jacob tenía razón. La Isla está a salvo, la Humanidad también.
Lost, finalmente, es la historia de cómo estos personajes mueren en paz, cada uno en su momento, cuando les llega la hora. Aceptan sus errores, cierran viejas heridas, sueñan con aquello que podría haber sido y no fue, comprenden que han vivido la única vida posible, y que así tenía que ser. Se examinan por última vez en el espejo del tiempo. Sólo cuando comprenden y aceptan cuánto les cambió la vida la Isla, para bien y para mal, cuánto les marcaron las personas que allí conocieron, sólo entonces están preparados para avanzar. Reencontrarse. Dar juntos el último paso. No les quedan rencores ni remordimientos. ¿Es el purgatorio? ¿Es el último viaje en la barca de Caronte? ¿Es la vida entera pasando ante sus ojos momentos antes del final inevitable? ¿Son fantasmas a punto de traspasar el portal al otro mundo? ¿Se reencarnarán en una vida mejor? Cada religión, cada persona tiene sus propias creencias acerca de cómo son los segundos previos a la muerte, y de qué es la propia muerte (ahí está ese detalle brillante de una Iglesia con iconografías de las principales religiones: cristianismo, judaísmo, budismo, taoísmo, islam, hinduismo).
Lost nos ha hablado de fe y ciencia, del bien y el mal, de mitologías extrañas y de inexplicables misterios, de la humanidad, de la vida, de la muerte, de relaciones personales, de ciencia ficción, de casualidad y Destino. Pero siempre desde la óptica de sus personajes. Por eso, al final lo realmente importante es que los personajes de Lost se despiden de la vida (la suya y la nuestra) acompañados por la gente que más ha significado para ellos: los demás supervivientes. Sus compañeros de viaje. Gente con la que, fuera de la Isla, cuando huían y se creían solos en el universo, ya estaban relacionados de alguna u otra forma, pero a la que no conocieron realmente hasta encontrarse juntos, por casualidad y por Destino, allí. Y, precisamente porque aprendieron y evolucionaron juntos, juntos aceptan la muerte y acogen con una sonrisa lo que sea que les espere después. Hemos llorado, sufrido, disfrutado y reído con ellos, pero toca despedirse. Ya no son fugitivos, ya no están solos.
Porque al final del día, en realidad no buscamos grandes respuestas sino pequeños consuelos. Por encima de todo lo que nos ocurra en la vida, muy por encima de todos nuestros problemas, vivencias, preguntas sin resolver, dudas, logros, pequeñas aventuras, disgustos, satisfacciones… en el fondo lo que todos queremos, lo que todos necesitamos es no morir solos, morir en paz, sentir que la vida ha merecido la pena.
Y mirad cómo sonríen todos, abrazados a su constante, mientras la luz les rodea. Mirad cómo sonríe Jack, acompañado por el fiel Vincent, al ver un avión sobrevolando sin problemas la Isla que él acaba de salvar. Ha merecido la pena. No hay lugar a dudas.
Adiós, Lost.
Paolo Giordano – La soledad de los números primos
Este Sant Jordi, Enric me regaló dos libros. Como siempre le cuesta elegir uno para mí (como librero que soy, él sabe que libro que quiero, libro que cojo), esta vez el que más quería («Henders») me lo compré yo mismo y a él le di un montón de libros que me apetecían, para que de entre todos ellos eligiera uno y así fuera relativamente sorpresa. Y me sorprendió con sus dos elecciones: «Un mundo feliz» (que siempre he querido leer, este tipo de ciencia ficción con futuros distópicos me encanta) y «La solitud dels nombres primers».
Mi historia con este último libro es curiosa. Salió el año pasado, en Marzo, cuando yo ya empezaba a preparar los pedidos de ese Sant Jordi. No conocía el libro (es imposible seguir la pista ante la contínua avalancha de novedades), me lo presentó un comercial y me pareció interesante, así que lo pedí. En Italia había arrasado en crítica y público y la historia prometía. Un chico y una chica solitarios, condenados a encontrarse y desencontrarse a lo largo de su vida.
Al principio, nadie le hacía mucho caso. Ahí estaba, en el escaparate, solo y acumulando el polvo de los coches. Cogí un ejemplar para mí, y empecé a leerlo en casa. Tuve tiempo de leer apenas tres o cuatro capítulos (que me entusiasmaron), porque de repente la gente se interesó por él, nos quedamos sin ejemplares en la tienda y la primera tirada estaba agotada, así que bajé el libro otra vez a la tienda para tener alguno que vender. Al final en Sant Jordi recibimos muchos más y vendió bien, aunque quedó a la sombra de Millenium y otros libros más mediáticos. Una lástima.
Recuerdo que una de las chicas que lo compró fue por recomendación mía. Ella quería un libro para regalar a su exmarido, con el que deseaba reconciliarse a pesar de los problemas que habían tenido (infidelidades por parte de ella y demás). Y mi intuición me llevó a recomendarle éste. Ahora mismo no sé si hice bien. En el fondo, sospecho que sí. No creo que se reconciliasen, pero el libro era el adecuado.
Desde entonces, otras lecturas se han cruzado en mi camino y en todo un año no he podido retomar el libro. Así que cuando Enric me lo regaló hace una semana, sentí que el círculo se había cerrado. Lo volví a empezar lentamente, poco a poco me fui enganchando, y entre ayer y hoy me he leído las últimas 150 páginas.
A lo largo de mi vida, habido muchos libros que me han gustado, bastantes que me han entusiasmado, y sólo unos cuantos de los que no me desprendería jamás. Pero en realidad, muy pocos me han agarrado el corazón, estremeciéndome con esa dulce congoja página tras página, cada frase un nuevo pinchazo que podrías haber escrito tú pero no lo has hecho, cada palabra una botella que alguien te manda desde su propio abismo. Libros con los que conectas porque te conocen y hablan de ti, de tus miedos e inseguridades, de tus sueños, de tu futuro y de tu pasado. Libros que sabes que revisitarás a lo largo de los años y siempre te provocarán la emoción de un nuevo primer amor que no acabó bien.
Con un estilo casi clínico, que sugiere más que describe, a través de sus gestos y de lo que no dicen, vamos conociendo a estos dos inadaptados (o mejor dicho: adaptados a su propio mundo), les vemos crecer y aprender a vivir (o intentarlo, al menos). Hay escenas durísimas (la de la cena y el baño, por ejemplo); no es un libro que recomiende a todo el mundo, porque no a todos les gusta sentir el corazón en un puño, no todos entenderán la humana torpeza de estas dos personas que chocan una y otra vez con los muros de su propia angustia. Pero para quién sepa apreciarlo, esta sensación de comprender a Mattia y Alice será espléndida.
Y sólo puedo darle las gracias a Paolo Giordano por haber escrito esta pequeña maravilla. Espero con ansias su siguiente obra.











