«Hasta luego», me dijo el otro día un chico que no conocía al cruzarnos por la calle. Su naturalidad me hizo dudar por un segundo pero no: me acordaría. No nos conocíamos. En fin, confusiones del día a día, saludos «por si acaso». Mientras seguía mi camino, me di cuenta de que no nos conocíamos, es cierto, pero podríamos habernos conocido, podemos acabar conociéndonos. Nuestra vida, nuestros círculos de amistades y de conocidos no dejan de ser fruto de la casualidad.
Creo que, en parte, si disfruto tanto de lo que estoy viviendo ahora mismo, es porque soy consciente de que he tenido la suerte de nacer donde nací, y he ido siguiendo pasito a pasito el camino que me ha traído hasta este piso diáfano, este trabajo que me llena, estos amigos que me hacen feliz. Pero me gusta pensar que, de haber nacido en otro tiempo u otro lugar, en Sidney por ejemplo, o en la Alejandría de Cleopatra, también habría encontrado un camino, otro, muy distinto, pero también dirigido hacia una vida satisfactoria y llena de gente interesante.
Me hace gracia cuando la gente habla de medias naranjas y almas gemelas. Por supuesto: a veces hay personas con las que, por X razones, conectas más y junto a quienes te sientes mejor. Es tan fantástico como lógico. Con 6.000 millones de habitantes, está claro que el mundo es un naranjal enorme, un campo de almas virtualmente infinito. Creer que no encontrarás nuevas personas con las que compartir tu vida en un mundo tan habitado es muy triste. Todo merece la pena vivirlo y recordarlo, pero nada es insustituible. Cada día te cruzas con gente que, en otras circunstancias, habría sido tu familia, una de tus amistades o incluso otro de tus grandes amores. De hecho, la vida da tantas vueltas que quizá acaben siéndolo, ¿quién sabe? Los flechazos en el metro pueden repetirse en otras circunstancias que propicien algo más sólido, en el futuro quizá acabes formando parte de esa conversación que oyes en la mesa de al lado, o puede que acabes viviendo en la otra punta del planeta y allí encuentres a alguien que siempre debiste conocer aunque hasta entonces os separasen miles de kilómetros.
Esto es lo que hace tan grande la vida: siempre hay nuevas oportunidades, nuevas posibilidades. Que ahora no tengas algo no significa que no te lo encuentres mañana. Que ahora no conozcas a alguien no significa que no acabe formando parte de tu vida. Sigue buscando, sigue caminando. Tienes la suerte de tener tu vida de ahora; con otras circunstancias y otras elecciones podrían haber existido millones de vidas distintas: ¿qué importa? No desistas. Sigue explorando todas esas variables sin dejar de disfrutar lo que sí has tenido la suerte de encontrar. Y siempre saluda, por si acaso. Ese «Hasta luego» puede acabar haciéndose realidad.









