«Si algo no te gusta en tu vida, tienes la libertad de intentar cambiarlo», reza el nuevo anuncio de Aquarius. Adoro el mensaje. Consumo poca publicidad (el efecto de encender la tele sólo para DVDs y videojuegos) pero reconozco que entre chorrada y chorrada, a veces se cuelan frases magníficas como ésta.
Me gusta que incentiven a la gente a arriesgarse. Cambiar tu nombre por uno menos convencional: cambiarlo como metáfora de tomar la iniciativa, elegir la ruta secreta, desoír las advertencias, apostar por lo desconocido. A la gente le da miedo el cambio. Adoramos a quienes se arriesgan (o venden la imagen de arriesgarse) pero a la hora de la verdad, nos asalta el vértigo si tenemos que tomar decisiones. Aunque sea para vendernos un producto, Aquarius nos recuerda que tenemos el derecho (¿o la suerte?) de elegir.
Llama la atención que estos anuncios tan vigorizantes suelan ser los de bebidas. Y es que quizá sean las bebidas el mayor icono de liberación, ocio, felicidad -a solas o con los amigos-, fiesta, verano, cambio, color. Cuando viajo al extranjero, tengo la secreta costumbre de probar las bebidas más raras que se me crucen: Coca-Cola de vainilla, Fanta de melón (la cosa más refrescante del mundo, pero sólo se vende en Japón), Mountain Dew de lima, etc. Impresiona la variedad que te puedes encontrar, y rara vez están malas. A veces te asustan esos envases con ciertos nombres y ciertos colores, pero no hay mayor satisfacción que atreverse a comprarlas y dar ese primer sorbo.
Capítulo aparte merecen los anuncios buenrollistas que anuncian cerveza, especialmente en verano. Suponen la idelización de esas vacaciones que a todos nos gustaría tener pero nunca nos atrevemos a hacer realidad. También es cierto que a veces aspiramos a demasiado. Damos vueltas y vueltas, esperamos que pasen trenes dorados y dejamos escapar los de plata y bronce porque no brillan tanto. Por eso me gusta el eslógan de Estrella Damm de este año, ligeramente irónico después de tantas imágenes bucólicas: «Las cosas normales pueden ser extraordinarias». Decidir cambiar y aceptar los resultados: no hay más.
¿Cuáles son vuestras frases fetiche?











