Crystallizing galaxies spread out like my fingers

¿Y sabes qué? Luego el mundo te premia. El universo conspira a favor de los que lo mueven. (…) ¿Tú quieres mover el mundo o que te mueva?
(Albert Espinosa, “Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven.”)

Ahora es el momento, se titulaba el libro de la estantería que me había llamado la atención por tener un lomo idéntico (color salmón con una franja blanca para el autor y el título, clásico diseño de la editorial Mondadori) al de uno de mis libros favoritos, La broma infinita. Me parecía muy curioso que esa persona tuviera entre sus escasos libros precisamente éste de un autor tan minoritario como David Foster Wallace. No fue así. Se trataba de otro libro, y yo ni siquiera lo conocía.

Pero no sentí decepción alguna. “Ahora es el momento” sonaba poderoso. Sonaba casi como lo opuesto a La broma infinita: se rompe el círculo, ahora importa el presente, lo real. Supe que el libro estaba diseñado así para atraer mi atención, para llevarme a cogerlo de aquella estantería justamente esa mañana, y no otra. Había sido una semana intensa, de muchos cambios, de vértigos y sorpresas y alguna que otra duda. Con su título, el libro misterioso me corroboraba lo que ya intuía. Que avanzo por la senda correcta. Que, efectivamente, ahora es el momento. Y lo es.

En otra época de mi vida, habría devuelto el libro a la estantería nada más descubrir que no era el mismo que yo creía. Ni siquiera le habría prestado atención al título. Lo habría guardado y habría salido de allí con la cabeza gacha y media sonrisa, sin confiar en mí ni en mis posibilidades. Ahora no. Ahora me quiero y tengo energía y soy capaz de hacer las cosas que me gustan. Y las hago. Ahora sé que cuando crees en señales y estás receptivo a ellas, éstas van apareciendo de la nada para guiarte. Abres los ojos y ves ese camino oculto.

Cuando pierdes el pasaporte la misma mañana en que debías coger un avión, puedes estresarte y agobiarte en vano o bien puedes pensar que quizá no debías coger ese vuelo, que en contra de lo que pensabas nada positivo te esperaba en tu destino. Cuando en la tienda se ha agotado el producto específico que ibas a buscar, puedes lamentarte de tu mala suerte o bien darte cuenta de que justo al lado de ese espacio vacío, en el mismo estante, hay otro producto parecido, pero mejor (quizá incluso más barato).

Cuando te toca trabajar un día que creíste que tendrías fiesta, puedes refunfuñar o bien considerar que será un día especialmente productivo en el trabajo, que quizá un extraño te sonreirá de camino al autobús. Cuando conoces a alguien en circunstancias muy curiosas -tantas casualidades que casi parece una película- pero no sientes ningún flechazo, puedes cerrar los ojos y alejarte rápidamente, o bien puedes decirle a ese nuevo amigo: “Gracias. Más, por favor” y confiar en que esa persona acabará (a)trayendo algo muy bueno a tu vida.

No es que todo esté escrito. El destino es un libro, sí, pero sus páginas están en blanco y sólo tú tienes el bolígrafo. Escribir (o no) a partir de las ideas, inspiraciones y señales que acuden a tu mente será siempre decisión tuya. Si piensas que nada ocurre gratuitamente, si estás convencido de que todo tiene un motivo… entonces pierdes el miedo a escribir. Y llegan las mejores páginas. Todo se alinea a tu favor.

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s