Tourists

Quieres hacer un viaje. Coger un mapa, señalar un punto al azar y ponerte en marcha. Tienes los días, tienes el dinero, tienes la posible compañía. Sólo falta el  destino. Tampoco pides mucho, aceptarías repetir una ciudad que ya conoces, porque ahora todo te parece nuevo. Cualquier rincón servirá mientras tenga magia.

Es decir: callecitas empinadas por las que dejarse perder, rincones y fachadas que capturar con la cámara, un restaurante con un romántico reservado, vistas desde un mirador que tendremos que alcanzar escalando, plazas donde desayunar bollería recién hecha, fuentes perdidas y un paseo para bordear el mar o el río o la montaña.

Conversaciones y mucho tiempo compartido, porque en los viajes las horas parece más largas, o será que cunden más cuando damos pasos. Risas, dedos que señalan, el crujido del mapa desplegable y el móvil apagado, el hotel como refugio. Conocerse mejor explorando la ciudad, como en una secuela de Antes del amanecer.

Lo normal, vaya. Cerrar los ojos cuando el avión despegue y llegar. No contar el tiempo que queda para volver, olvidarse del calendario por tres días o un fin de semana. Disfrutar cada esquina, apoyarse en cada barandilla templada. Sí, este verano quieres hacer un viaje y que el azar te señale.

Feel the magic

«You point, I’ll drive.»

«¿Cómo lo has hecho?» Me miras en el metro con cara de eso. No es incredulidad porque tenemos las entradas, lo has visto. Es curiosidad, quizá un punto de admiración y diversión. Como quien observa boquiabierto un truco de magia que no comprende, pero ya le gusta no entenderlo. No teníamos entradas y entonces llegaron dos pases VIP. La magia de la magia es que sorprenda.

Ya lo decían en la película Beginners. Hay quien cree que las cosas no funcionarán y hay quien cree en la magia. Es lo bueno de ser distintos, que nos complementamos. Me dices: «Yo tengo los pies en el suelo pero hazme volar, y volaré». Te respondo: «Pues yo vuelo, así que tendrás que recordarme que hay un suelo en el que aterrizar contigo».

La magia está en todas partes si estás dispuesto a creer en ella. Y aun así, alucinas. Puedes despertarte justo cuando recibes un mensaje de buenas noches / buenos días: tenías el móvil en silencio pero te has despertado. Puedes acercarte a la nevera de un amigo que tiene imanes con palabras, y coger al azar las palabras que, de algún modo, te llaman y elaborar con ellas un poema nuevo que siempre estuvo ahí.

Puedes decir que cierta imagen será la portada de tu libro. Que tendrás una casa en el Caribe con un porche y unas tumbonas. Puedes decir muchas cosas, escribirlas en un cuaderno, pero luego tendrás que ponerte en movimiento. El mago no deja la varita y el sombrero encima de la mesa. Los coge, los mueve, los utiliza a su favor. Esconde el truco pero hace que la magia sea posible.

Never win

Nunca ganaba al Scrabble. Siempre se me atravesaba una Q o me perdía tanto en buscar las mejores combinaciones que al final, para no perder el turno, tenía que conformarme con colocar deprisa y corriendo otras no tan buenas. Por poner algo, más que nada. Así que, aunque me gustaba, prefería otros juegos.

El otro día, durante una comida familiar, insistieron en jugar al Scrabble. Yo estaba tan feliz, había tenido una velada de cumpleaños tan buena la noche anterior, que acepté jugar. Sonreía. Será por eso que no me concentré en lograr las mejores jugadas. No necesitaba ganar, no tenía que demostrar nada colocando fichas, porque ya estoy en paz en muchas facetas de mi vida. Así que llegaba mi turno y ponía letras.

Pero curiosamente, se me ocurrían buenas palabras, ganaba muchos puntos, me llevaba el bonus por quedarme sin fichas. Estaba tan en racha que durante el turno de los demás jugadores, les ayudaba. Les animaba a reordenar sus letras para que obtuvieran más puntos, y me daban las gracias. Al final fue la partida en que más puntos nos llevamos todos. Y la primera que gané yo.

Me considero individualista. Pero me gusta pensar que defiendo un individualismo colectivo. No creo en los sacrificios abnegados, pienso que primero tienes que estar tú bien para ser capaz de ayudar a los demás. La partida de Scrabble me lo confirmó. Ser feliz y contagiárselo al resto. Así se aprende a ganar.

Let’s do the things we normally do

Te acomodas. Piensas que por haber brillado una vez ya brillas siempre, y no. Hay que trabajar para mantener eso que hizo que deslumbraras la primera vez. ¿Qué fue? Quizá no lo recuerdas, o nunca lo supiste. En realidad no era nada concreto. Eras tú en movimiento. No dejes de hacer cosas.

Ayer, por ejemplo, tenía que ir a una cena familiar. Tenía tiempo por delante, así que en vez de coger el metro, que era lo más fácil y más rápido, me desvié y fui dando un paseo por el centro de Barcelona, por esas calles que no quedan tan lejos de mis rutas habituales pero que no piso a menos que sea estrictamente necesario. En las ciudades ya pasa: tienes tus recorridos, y de ahí que no te saque nadie.

Paseando, recordé ese edificio modernista que hace esquina y que a mí me gusta tanto aunque ni siquiera tenga nombre. Vi tiendas nuevas, puertas abiertas que daban a patios tan bonitos que costaba ubicarlos en mi ciudad. Descubrí personas que me inspiraron historias, nuevos capítulos. Un parque que siempre estuvo allí. Y la Sagrada Familia, otra vez.

No hice fotos porque tampoco era tan importante. Se trataba de lo que me aportaban esas imágenes. Cené y repetí el paseo a la inversa, por otras aceras y atajos. Intuí tu casa a lo lejos, en lo alto. Me creí perdido pero en realidad estaba al lado de mi casa, en una zona donde las calles cambian de nombre.

Llegué a casa y escribí mucho y seguí leyendo ese buen libro que me regaló el chico de la cámara y escuché un disco nuevo y pensé que merece la pena estar en movimiento, aunque sea con cosas pequeñas, porque la propia inercia te lleva hacia adelante, hacia el siguiente objetivo y sin darte cuenta luces una sonrisa muy ancha, y la espera se hace más corta porque piensas menos y disfrutas más.

Hoy daré otro paseo.

Hold the rush of a life

«No se pueden apuntalar las nubes.»
(Alain)

Eres un coleccionista de momentos. Siempre pensando en la siguiente adquisición, preocupado por ese futuro que sientes que te pertenece, valorando las posibilidades y los caminos que te llevarán a él, los senderos a evitar. Tan obsesionado por el calendario que te olvidas de disfrutar de lo que ya tienes ahora.

Nunca satisfecho porque ningún día que vivas será ese mañana que ansías. Siempre te pondrás nuevos objetivos. Como si hoy no fuera suficiente porque puede dejar de ir tan bien. Pero hoy es todo lo que has logrado, lo único tangible. Lo que está en pie. Una sonrisa ahora es mejor que una hipotética sonrisa en el futuro. Y ahora hay sonrisas, así que únete a ellas, empápate de ellas, acéptalas, bésalas.

Y la perspectiva, recuérdala. Hace dos meses y medio, estabas tan lleno de dudas que no te veías capaz de llegar hasta aquí. Y sin embargo, has llegado. No lo veías, pero era un camino en línea recta. Tan fácil como caminar. Pasos largos o pasos cortos, lo bonito es que con todos avanzas: de un momento al siguiente, de un paraíso en la cama a un mirador nocturno. De ayer a ahora. Así ocurre siempre.

Eres un coleccionista de momentos. Tienes esa suerte. Puedes decir que estás viviendo una historia. Escribiéndola. Llenándola de momentos. Todavía no sabes qué pondrás en las próximas páginas, pero la página actual tiene tantas mariposas que ya es la mejor historia del mundo. Es tuya y la compartes. Ahora eres feliz, sonríamos.