Before we run

No dejaban de hablar. Estaban en un concierto y no dejaban de hablar. Poco les importaba que sus amigos les lanzasen alguna que otra mirada o que de vez en cuando las reprendieran. Ellas hablaban en su esquina de la barra, de espaldas al escenario, ignorando al grupo, al que por cierto conocían. Estábamos un concierto íntimo, en un bar de Gracia. Me había invitado una amiga y me daba lástima verlas hablar tan sonrientes. No he comprendido exactamente por qué hasta esta mañana.

«Antes de acumular recuerdos, hay que vivir.»

La frase la he escuchado en el cine. Un anuncio de coches, claro, porque solo los anuncios de coches tienen que recurrir a hablar de cosas profundas. Pero eso era justamente, lo que pensaba anoche al verlas. No estaban disfrutando del concierto, no acumulaban recuerdos, no vivían. Estaban ahí sin estar. Como yo a veces.

Y es una pena hacer las cosas solo a medias. Vas a un concierto para escuchar la música, pides un helado para comerte algo más que la galleta. No es lo mismo tomar el sol en césped artificial que sentir cómo se te hunde un poco el cuerpo entre la auténtica hierba. Quien lo ha probado lo sabe. Hay que vivir, lanzarse, no solo estar dispuesto a empaparte: hacerlo de verdad. Así, gozo a gozo, creces.

Maybe in our wildest moments

¿Cómo se escribe un libro? O cómo consigues terminarlo. Me lo han preguntado un par de personas estos días y no sabía qué responderles, porque nadie tiene fórmulas mágicas, creo. Y ésa es la magia de los libros. Que te sientas a escribir y, tecla a tecla, tus personajes respiran. No hay más secreto: escribir cada día y sin excusas.

Pero tiene que haber algo más. Yo me propuse, por ejemplo, crear el libro que a mí me gustaría leer. Fue un consejo que encontré en este blog inglés que recoge citas y trucos para inspirar a los escritores. Recomiendo seguirlo en Twitter, sus frases siempre llegan cuando las necesitas.

Volviendo al consejo, seguro que admiras a varios escritores y hay muchos tipos de libros que te gustan: historias de terror, comedias románticas, viajes a países exóticos, aventuras medievales, crímenes, ensayos sobre música. Pero ninguno lo conglomera todo. Ese libro es el que te está esperando a ti. Los demás ya están escritos.

Es una experiencia curiosa, atreverte a soltarlo todo, sinceridad absoluta porque, como decían en Aullido, hay que contarles a las musas lo que solo le contarías a tu mejor amigo. Nadie dejaría leer a otro su diario, pero si escribes, quieras o no, es para que otros te lean. Apechuga.

Llegará ese día que terminarás el libro y se lo mandarás a alguien y te entrará pánico escénico esperando un veredicto. Tantas horas a solas y por fin te expones. Qué ocurrirá. Por no morderte las uñas, hojearás tu libro. Con espiral y tapa de plástico. Y entonces, en la portada, además del título, verás tu nombre. Sonreirás, satisfecho. ¿Cómo lo has logrado? ¿Cómo se escribe un libro? Ni idea, pero aquí está el tuyo.

Mals hàbits

Me propuse tener un libro publicado con 30 años. Y luego llegaron los 30 años y yo seguía sin terminar de escribir ninguno. Me propuse acabarlo antes de 2013, al menos. Y creí haberlo logrado, pero todavía faltaba el imprescindible proceso de revisión y reescritura. Me propuse tener el manuscrito definitivo para Sant Jordi. Y pasó Sant Jordi. Pero dos semanas después, un día por fin lo terminé y lo llevé al registro y pude compartirlo con los amigos cercanos.

Doy gracias a esas fechas de entrega que yo mismo me puse y nunca cumplí porque ellas me pusieron en marcha. Cada página escrita me acercaba un paso más, aunque no siempre viera el horizonte. Ahora sé que es necesario fijarse fechas, proponerse objetivos, servirse de cuantos amuletos quieras (yo usé un Daruma). Todo ayuda.

Abril fue un mes intenso de cambios y por suerte también mucho trabajo. Aproveché esa energía para escribir. Solo tuve que recortar tiempo del blog, que hoy retomo. Se cierra una nueva etapa y empieza otra. He llegado a la orilla, ahora toca explorar la isla entera, encontrar una editorial que confíe en mi obra. Pero ya puedo decirlo: me llamo Alex Pler, soy escritor y mi primera novela se titula «El mar llegaba hasta aquí».

El tiempo pasará

No lo dejes para mañana. La vida es corta. Aprovecha el momento. Son frases que todos sabemos, te las enseñó no sabes quién cuando eras muy pequeño, o quizá fluctuaban por el aire y sin querer te empapaste de ellas, asumiéndolas como ciertas. Pero mientras creces, sientes, trabajas, vives… el horizonte siempre queda lejos: Colón convencido de que si seguía navegando, llegaría a la India.

Sabes que el año que viene será tarde pero piensas que la semana que viene todavía estarás a tiempo. Y entonces llega un día, de repente, la verdad. Lo que no hayas hecho hoy, algún día no volverás a hacerlo. Y lo que ahora no te apetece, seguirá sin apetecerte mañana. Todo lo demás son excusas.

Lo ideal sería hacer las cosas como si fuera la última vez pero, como es lógico, no puedes pasarte cada instante despidiéndote de todo. Puedes poner orden, al menos. Friega ahora esos platos que tanta pereza te dan y después te pones a escribir el capítulo que bulle en tu mente. Te sentirás mejor y serás más productivo así que no escribiendo con la imagen de los platos sucios aún en la cocina. Hacer las cosas, una por una. Hacerlas en serio y seguir haciéndolas mientras puedas.

Dance in the dark

La persona más triste que conoces es la misma que a todos nos hace reír. Es un chico ocurrente. A todo lo negativo le saca punta, incluso a su soledad y a sus complejos. Siempre tiene el chiste adecuado en la boca y los enlaza con una facilidad que te desarma. Al menos se lo toma con humor, pensabas al principio, es fuerte.

Pero a menudo, este chico se autolamenta fúnebremente. Tú dejaste de reír al ver la oscuridad que había detrás de cada broma. Tampoco podías ayudarle porque del «Esto es así y así va a ser siempre» no lo sacarías. Lo de sus sentimientos destructivos es una parte de la que nadie habla, como esas nubes que amenazan las vacaciones. No lo sabes, quizás haya que conocer la tristeza para hacer reír a los demás.

Lo que sí sabes es que durante mucho tiempo creíste que solo se podían escribir textos lúgubres. Revolcarte en tu dolor para que otros se revolcaran en el suyo. Hasta que cambiaste el chip. Algunos dijeron que ahora escribías peor, nuevos lectores llegaron. Qué curiosa la vida: si proyectas luz, atraes luz. Ojalá algún día ese chico dé con el interruptor. Sus chistes serán igual de buenos pero con ellos construirá cosas.