Before we run

No dejaban de hablar. Estaban en un concierto y no dejaban de hablar. Poco les importaba que sus amigos les lanzasen alguna que otra mirada o que de vez en cuando las reprendieran. Ellas hablaban en su esquina de la barra, de espaldas al escenario, ignorando al grupo, al que por cierto conocían. Estábamos un concierto íntimo, en un bar de Gracia. Me había invitado una amiga y me daba lástima verlas hablar tan sonrientes. No he comprendido exactamente por qué hasta esta mañana.

“Antes de acumular recuerdos, hay que vivir.”

La frase la he escuchado en el cine. Un anuncio de coches, claro, porque solo los anuncios de coches tienen que recurrir a hablar de cosas profundas. Pero eso era justamente, lo que pensaba anoche al verlas. No estaban disfrutando del concierto, no acumulaban recuerdos, no vivían. Estaban ahí sin estar. Como yo a veces.

Y es una pena hacer las cosas solo a medias. Vas a un concierto para escuchar la música, pides un helado para comerte algo más que la galleta. No es lo mismo tomar el sol en césped artificial que sentir cómo se te hunde un poco el cuerpo entre la auténtica hierba. Quien lo ha probado lo sabe. Hay que vivir, lanzarse, no solo estar dispuesto a empaparte: hacerlo de verdad. Así, gozo a gozo, creces.

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