Ariel A. Almada – Los cerezos en diciembre

“Cuando vayáis a disparar,
no podréis elegir las condiciones externas.
Tan sólo aceptarlas, dejarlas entrar en vuestro interior
y actuar en consecuencia.”

Tenía que ocurrir. Si La ley del espejo llegó en el momento oportuno, su secuela espiritual (así la promocionan, al menos), también tenía que venir al rescate. Y así ha sido. Ni antes ni después: ahora. Directa como una flecha, novelita corta que en sus 70 páginas encierra mucho más de lo que parece.

En esta fábula, enriquecida con cuentos de regusto zen, asistes a un entrenamiento. El de Saki y el tuyo. Fijar el objetivo, coger el arco, tensar la cuerda, apuntar, disparar. Por este orden. Qué fácil, piensas. La vida a veces se muestra así: simple, bonita. No cuentas con el viento, la inclinación del terreno, tu pulso. Todas esas pequeñas cosas que desviarán la flecha.

Los cerezos en diciembre insiste en la importancia de focalizar. De dar la vuelta a las dificultades, crecer con ellas y utilizarlas a tu favor. Atreverte a disparar siempre, pero con una dirección clara. Alimentar la pasión, la entrega, la acción. Más que una enseñanza, cada capítulo es un descubrimiento.

El libro se lee en apenas una hora. No lo habrás terminado que ya estarás pensando en recomendárselo a dos o tres amigos. Disparadores de arco que aún no saben que lo son. Como tú, que un día te encontraste con tu arco y tu flecha en las manos y pensaste ya está, ya lo tengo todo. Te faltaba lo más importante, el objetivo. Zas.

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