Gracias, Glee

De pequeño me apunté a clases de teatro. Tenía 10 años, acababa de llegar a ese colegio y pensé que gracias a aquella actividad extraescolar conocería a gente afín con la que sentirme un poco más ubicado. La primera tarde esperé y esperé, y no llegó nadie, ni siquiera el profesor. Habían cancelado el taller porque sólo yo estaba apuntado. No consideraron oportuno avisarme. Casualidad o no, desde entonces me encerré en mí mismo, en mis lecturas.

Comprendí que estaba solo. Tendría que sobrevivir por mi cuenta, soportar las burlas como quien limpia el barro de los pantalones después de un día lluvioso. Empecé a escribir porque eso lo hacía para mí, era mi refugio. Qué distintas habrían sido las cosas si alguien más se hubiera apuntado a teatro. Quizá ahora seríamos actores. Pero estoy orgulloso del camino recorrido. Primero tuve que ser un chico introvertido para acabar convirtiéndome en alguien capaz de dar saltos.

Glee es irreal, un cuento de hadas pop, exagerado, entrañable. El Edén de los desubicados. Es esa clase de teatro que te gustaría haber tenido, ese lugar en el que podrás ser tú mismo. Y reinterpretarte, redescubrirte. Porque no eres quien te dicen que eres, un poca-cosa al que lanzar batidos, eres esa persona que deslumbra en un escenario. Subes y cantas los temas pop que te gustan y lo haces con un vozarrón y algún día te enamorarás y llegarás a Broadway y te aplaudirán. No mereces menos.

Sí, me gusta Glee. Me gusta que reinvente el sueño americano en su vertiente más Disney y marica. Seas gordo, gay, judía, paralítico, bailarín cuando los demás cantan, maniática compulsiva, negra, libanesa, pobre, estés embarazada, pretendas combinar el futbol con el canto, pienses que nadie te va a querer jamás, creas en los unicornios, prefieras las mujeres mayores o tu imagen en el espejo… En el instituto McKinley hay un pequeño auditorio donde otros te escuchan. Y cantan contigo.

No hay serie de televisión que haya hecho más por la normalización ni (más importante) por dar cobijo. Que te sientas acompañado, que sonrías cada semana, canción a canción. Saber que en alguna parte hay más desubicados como tú y que acabarás conociéndoles. En la adolescencia esto parece una quimera. It gets better, todo es posible, pero mientras tanto ven con nosotros.

Para mí Glee termina aquí. Yo ya sé lo que me esperaba después del instituto. Sé que hay vida. Pero me alegro de que para otros la serie siga adelante. Deseo que gracias a Glee se atrevan a cantar, se apunten a teatro, escriban, arriesguen, se acuesten con quien de verdad les gusta (y siempre hay alguien que de verdad nos gusta). Ser uno mismo, siempre y en abierto: no existe otra forma de sobrevivir. Después de muchos tumbos, al final todos llegamos a nuestro Nueva York particular.

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2 comentarios en “Gracias, Glee

  1. Fan total tuya. Fan total de glee. Fan total de las frases de Brittany, habría que escribir un libro con ellas. Mi favorita: “¿Y qué si tú eres libanesa y yo soy bicuriosa?”

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