The stars and the sun dance to your drum

Todos tus mañanas podrían ser así. Hundirías las manos en botes de pintura y esparcirías los colores alrededor, convertirías tu mundo en un cuadro de Pollock, un vídeoclip de MIKA. Saltarías de charco en charco. Todas tus tardes podrían ser así. Fotografiarías cada puesta de sol dorando los tejados, dorando aquella azotea con plantas exóticas que algún día compartiremos. Viajarías, volarías, merendarías cada tarde algo distinto. Todas tus noches podrían ser así. Especiales como las noches de verano, cuando solo importan los mojitos y la música del concierto al aire libre y el escalofrío de la brisa y el mimbre clavándose en los lugares que luego habrá que acariciar. Toda tu vida podría ser como te gusta, sí. Hay algo que te frena. Tú.

Ayer salí a hacer fotos. Estrenaba una cámara analógica, de las de carretes de 36 fotos. Me la regalaron hace ya año y medio y todavía no me había atrevido a usarla. Tenía pensadas mil fotos que haría pero siempre pensaba: ¿y si no pongo bien el carrete, y si me equivoco con la configuración, y si al reverlas salen todas blancas? Yo, que de pequeño me encargaba de la cámara familiar y cambiaba carretes con toda soltura, ahora prefería esperar. A aprender por arte de magia o a que alguien me enseñase, un tutorial como colofón de una cita más o menos romántica.

Sí. Ayer salí a hacer fotos y eso fue lo que hice. Fotos. Por instinto. Sin pensar en el revelado futuro. Riéndome de la posibilidad de que hubiera colocado mal el carrete y por tanto no hubiera fotos que revelar. Daba igual. La tarde de Barcelona invitaba a quitarse la chaqueta y el sol resaltaba detalles nuevos en cada rincón. El placer de cada click. Disfrutar la ciudad con ojos de turista, cruzarla entera, desde mi barrio hasta el mar. Y me sentí bien. Por fin lo hacía, por fin me atrevía.

También me compré unas gafas de sol. Las primeras de mi vida. Siempre pensaba: “Algún día encontraré unas gafas de sol que me queden bien”. Pero a todas les ponía pegas. En verano iba con el ceño fruncido y uno de los ojos medio cerrado. Pero ayer las vi. Mis gafas, molonas como ellas solas, y las compré. Hay que hacer las cosas que te gustan. Sin esperar a que llegue el momento perfecto, porque el único momento es ahora. “La felicidad no existe. Solo existe ser feliz cada día”, dice Albert Espinosa, y he comprendido que tiene razón. Todo lo demás son excusas y a mí no me interesan. Mueve los pies. Primero uno, luego el otro: ya has dado un paso. Ya estás junto al bote de pintura. Ahora ábrelo, a ver qué pasa.

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6 comentarios en “The stars and the sun dance to your drum

  1. Confieso una cosa: mientras leia el primer párrafo pensaba que ibas a acabar haciendo una apología de las drogas o algo parecido! XDDD
    Lo de que nunca antes hayas tenido gafas de sol de verdad que es in-creible!
    Eres un artista escribiendo!

  2. ¿Te imaginas? Jajajaja… Pues lo de las gafas de sol es tal como lo cuento. Bueno, de crío me regalaron unas pero me las puse un día. Por fin tengo unas que me gustan ^___^

  3. pues darling, otra cosa no, pero yo como personal shopper no tengo precio.
    Que se lo pregunten a NoChu
    Así que la proxima vez salimos de tiendas y volverás con gafas de sol, monóculo y lentillas de lady gaga si hace falta!
    😛

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