I just want to give you the best version of me

¿Mejoramos para nosotros o para los demás? Perfectionist, el notable disco debut de Natalia Kills, funciona especialmente bien porque, después de tantas canciones frívolas enumerando todo lo que le gusta y en todo lo que se gasta su dinero, presumiendo de lo materialista y guapa que es y de cuánto seduce a los hombres con su mediocridad… en la última canción, If I Was God, la chica se quita la máscara y admite que todo era mentira, una imagen prefabricada por temor a no gustar de otra manera.

Es curioso. Nos machamos en el gimnasio y nos embarcamos en toda clase de actividades culturales no tanto para estar sanos o culturalizarnos como para inscribirnos en el resto de la masa. Sentimos que debemos presumir de ser como los demás. O eso nos enseñan. Como esos anuncios de grandes marcas que te instan a ser “diferente” comprando el mismo producto que otros tantos millones de personas.

Al conocer a alguien nuevo tenemos miedos de destacar (¿le cohibiremos, le espantaremos? ¿pensará que somos ridículos?), por eso luchamos por lucir una máscara perfectamente normal. Nos han programado para entender nuestras peculiaridades como defectos y no como todo eso que nos hace únicos. Una nariz prominente, una afición por el cine gore, una preferencia por los colores fluorescentes, una cierta habilidad al tocar el violoncello. Son esas cosas las que nos distinguen y las que nos empeñamos en limar, no vaya a ser que el otro se piense que somos extraterrestres.

Pero, ojo, que también sería peligroso el sabernos tan, tan diferentes al resto que de ninguna manera podemos encajar en nuestro entorno. Despreciar a los demás por no ser como nosotros, ansiar otra ciudad, otra época donde las cosas serían diferentes y donde podríamos ser y mostrarnos tal como somos sin sentirnos culpables. Esta necesidad de ir contracorriente se convertiría en un ahogo, nos empujaría a una huida muy urgente sólo para descubrir, al final del camino, ya estrellados, que no hay lugar posible para tanta rebeldía sin causa, para tantas ganas de ser únicos.

Somos seres sociales y, mal que nos pese, para no enloquecer, necesitamos un poco de esa pátina de mediocridad. A menudo olvidamos que, debajo de tanto disfraz y tanta máscara, los demás también pueden ser únicos a su manera y quizá se camuflan con el resto sólo para sobrevivir, como todos. Como nosotros. Saber amoldarnos en sociedad pero no tener miedo de quitarnos la máscara cuando merezca la pena. Quizá reside ahí la tan ansiada perfección.

I’m scared to disappoint you
All I really got is a
Heartbeat, soul, honest
Heartbeat, soul, honest

It’s a secret me
I never showed nobody, no
That everything I wanted
Isn’t pathological

I wish it was real
I wish I had everything
I dream of while I’m in bed
Don’t let me wake up
The fear of emptiness
Just let me believe it

If I was God, what would I change?
Should we keep on or should we throw me away?

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13 comentarios en “I just want to give you the best version of me

  1. Hola,

    Un post muy interesante, y tienes mucha razón cuando comentas que a veces no sabemos si “mejoramos” pensando en nosotros mismos en los otros puesto que lo que siempre estamos buscando es la integración dentro de un determinado grupo social, puesto que el hombre como bien apuntas, nos guste o no es un ser social.

    Además, los medios de comunicación ya se encargan de crear una “opinión mayoritaria pública” que parece la verdad universal: unos valores muy profundos, una forma de vida, unos principios, unas “necesidades”… y ya se encargan también de de etiquetar de “freak” o “raro” al clavo que sobresale sobre los otros clavos.

    Aunque sigo tu post habitualmente, soy más de mantenerme en silencio (porque además estoy bastante de acuerdo con lo que escribes), pero este artículo en concreto me ha llamado especialmente la atención, puesto solo unos días atrás yo hablaba del mismo tema en mi blog.

    Por si quieres darle un vistazo: http://gentedigital.es/comunidad/mundopiruleta/2011/10/09/nadar-a-contracorriente/

    Saludos,

    Neus

  2. Interesante,

    ¿Lo hacemos por nosotros o por los demás?

    Creo que en realidad es un punto intermedio. Por un lado queremos hacer cosas interesantes que nos gusten, nos motiven y nos hagan entretenernos… pero por otro lado queremos caer bien a los demás, necesitamos la aprobación, que nos quieran…

    El problema como bien se dice en el post y en la primera respuesta es que los medios de comunicación ya no nos venden que haya que gustar a los demás: nos venden la perfección y eso provoca frustración.

    Hay que aceptarse uno como es, con sus cosas buenas y malas, y tratando de cambiar pero por nuestro propio bien porque debemos de saber que a todo el mundo no vamos a gustarle, ni vamos a caerle bien.

  3. Neus: blog leído, disfrutado y contestado. Me gusta mucho cuando ocurren estas sincronías bloggeras. 🙂

    Fernando, supongo que es cierto eso del punto intermedio. Intentamos encontrar un equilibrio entre ese gustar a los demás y gustarnos a nosotros mismos, y lo hacemos lo mejor que podemos en medio de esa histeria por la perfección y esa rebeldía estandarizada que nos venden.

    Dan… 😉

  4. Qué gran verdad lo de las máscaras, pero a tí quién te dijo que la gente va al gimnasio por pasar desapercibida? Y un cuerno, creo que se va para destacar! jajajaja, y si la gente no se pone a vestirse como lady gaga -esa sí que es una máscara en sí misma!- es porque gusta destacar pero no que se rían de uno o que la señora de al lado le proteste al revisor porque le has manchado su bolso de Chanel de imitación con el jugo de la carne que te has vestido, jajajaja.

  5. Ese debate lo he tenido tantas veces… ¿Serán los Dioses de la mediocridad felices e incluso ricos en su pobreza??? La respuesta es sí y lo que recibo de esa postura vital es algo que me hacer quitar transcendencia a “mi mundo” y a las cosas que hago, como un equilibrio natural y sano que me empuja a considerar el “otro lado” como otra verdad igual de digna y necesaria que la mía. Comulgo con tu reflexión. Un abrazote.

  6. Pues Melvin, en parte te envidio porque a mí me cuesta mucho más lidiar con la mediocridad. Me siento cada vez más “elitista”.

    Ahora mismo, en mi Twitter: yo hablando de literatura, y la gente de Ana Obregón. Lo siento… pero no.

  7. Por el párrafo en el que mencionas lo de desear vivir en otra ciudad, otro entorno u otra época, me ha recordado a la película Midnight in Paris, donde demuestran que obsesionarse con eso puede llegar a ser muy peligroso. Es normal, porque solemos centrarnos en las cosas mejorables de nuestra vida, no en las que ya son mejores de por sí.

    Eso nos impulsa a pensar cómo sería si estuviéramos en otra ciudad, en otro trabajo o incluso con otra persona. Y esos pensamientos, en parte, nacen por lo que comentáis: el bombardeo constante de cómo debería ser nuestra vida en todos los medios habidos y por haber. A la que algo no encaja con lo que nos venden, lo queremos cambiar. Por descontado hay ocasiones en las que no es así y el motivo nace en nuestro interior, bien porque el trabajo nos agobia o bien porque conoces de golpe a alguien que es mucho más afín contigo de lo que es otra persona.
    Pero volviendo al tema, el discurso general existirá siempre, ya sea a través de los medios de comunicación hoy día o de las misas en las iglesias de hace siglos. Cada uno en su contexto y con su impacto, han moldeado a la sociedad durante generaciones. Intentar ir a contracorriente es algo necesario, pero que tampoco debería rozar lo obsesivo, o caeremos en lo que cayó el protagonista de Midnight in Paris, viviendo su propia fantasía solo para esta le “traicionara” también.

    Para encajar, para “mingle” (gran verbo inglés que me encanta para definir esto y que no tiene correspondencia en castellano, porque “mezclarse” no lleva la misma connotación que incluye “mingle”… pero estoy divagando) nos ponemos esas máscaras que mencionas. Pero iría más allá.
    No son solo máscaras para encajar en la sociedad y en la opinión mayoritaria las que nos ponemos cada día. También las hay para encajar en nuestra propia vida. Es obvio que no somos los mismos con la familia, con la pareja, con los amigos o con los compañeros de trabajo. Con la gente realmente cercana sí somos los mismos de base, pero aún así habrá pequeños matices que nos diferenciarán cuando estamos con uno o con otro. No somos el mismo ni siquiera cuando estamos con varios amigos o con uno solo, es algo innerente a la necesidad de vida social que mencionas: hay que adaptarse para sobrevivir socialmente, y eso implica un grado de maleabilidad innato.

    (se ve que he escrito un comentario demasiado largo y no me deja colgarlo. Lo divido en dos para que salga, lamento el texto tan largo que ha quedado…)

  8. (y aquí la segunda mitad del comentario)

    En mi caso me pasa un poco como a ti, cada vez soy más “elitista” (aunque no me gusta la connotación que trae consigo esta palabra), porque cada vez soporto menos conversaciones vacías, superfluas o superficiales, no me gusta perder el tiempo con cosas que sé que a otros les encantan (y que bien las disfruten ellos!) pero que a mí no me llenan. Esto, que en teoría y per se debería ser malo, porque el ser humano es un animal sociable y esto no ayuda de cara a la integración social de la que estamos hablando, en la práctica no lo es. Me siento mucho más cómodo y feliz pasando el mayor tiempo posible con aquellas personas que sí me llenan o que me complementan de alguna manera, que no hablando de Ana Obregón, por citar el mismo ejemplo.

    Aquellos que disfrutan con su máscara genérica, los que viven y respiran el día a día con comentarios de Ana Obregón, sin embargo no entienden que otros disfruten más hablando de Kenzaburo Oé. Y entonces es cuando atacan y etiquetan, por no ir con la mayoría. Para mí no hay ningún problema en que cada uno disfrute de lo que quiera como quiera. Pero la opinión mayoritaria de los medios ya se encarga de etiquetar a lo diferente.

    Si no has leído a Dan Brown o Zafón, te miran raro, pero el mismo efecto se produce si has leído 40 libros en lo que va de año (y ninguno empieza por Crepúsculo, Catedrales o Códigos). Los dos extremos son igual de etiquetables y atacables por la mayoría, lo que ha acabado por empujarme a vivir mi día a día bien tranquilo, aprovechando los momentos de soledad y disfrutando de la compañía de aquellos que de verdad me aportan.

    Sin embargo, y en sintonía con lo dicho al principio, aunque comparta la vida con amigos que de verdad me aportan, eso no implica que no deba llevar máscaras también, aunque sean máscaras que igual no cubren tanto, pero moldean de todas formas una imagen necesaria para sobrevivir socialmente. Lo bueno es que estas máscaras las he modelado yo mismo tras aprender día a día con mi propia opinión, no me han venido dadas en la cadena de montaje de los medios de comunicación.

    Necesitamos vida social, aunque para tenerla a veces debamos crear otra para nosotros mismos.

  9. “Midnight In Paris” lleva todos estos días resonando en mi cabeza. Hasta estuve a punto de volver a verla en el cine, aprovechando que sigue en cartelera (me alegro del exitazo, por cierto). Pero ¿de verdad el mensaje de la película es conformarse con lo que tenemos? No lo creo. Más bien es aceptar que nuestro tiempo es el presente, y dentro de ese presente, luchar por la vida que nos gusta. En el lugar y con la compañía que deseamos.

    Y de ahí mi angustia: sé que ahora, en 2011, puede haber un lugar en el que encaje, en el que no me sienta como un extraterrestre al comprobar actitudes, comportamientos, pensamientos de la gente de mi edad, del que debería ser mi entorno y por tanto, son también lo que se espera de mí, y no puedo. Quizá es que le doy muchas vueltas a todo.

    Otro día quería hablar de cómo cambiamos según con quien estamos, esas minimáscaras de quita y pon. Lo has explicado a la perfección. ¿Y no te pasa que a veces alguien que adoras, en según que compañías o situaciones lo detesta, porque notas esa máscara?

    Deberías abrir un blog, compartir todos estos pensamiento con la gente, a mí me ayudan y estoy seguro de que a más de uno le interesarían.

    Gracias por una respuesta tan extensa, interesante y bien escrita. Un placer leerte.

  10. Gracias por tus palabras sobre el comentario. No eres el primero que, después de hablar de según qué temas, me dice que abra un blog (¿verdad, Neus?) pero no creo que lo haga, al menos ahora mismo. Prefiero ser visitante que anfitrión, se podría decir. Aún así, gracias.

    Sobre Midnight in Paris, no quería dar a entender que el mensaje fuera conformarse con lo que tenemos, sino más bien saber sacar provecho del presente que tenemos y no obsesionarnos con un pasado ya inalcanzable. Y el pasado que nos representan en la película es metáfora de la obsesión que podemos alcanzar por algo que nos gustaría tener pero que nos resulta imposible lograrlo. En lugar de martirizarnos por ello solo hay dos opciones: o lanzarte a por ello con el riesgo que conlleva (de ahí las escenas que cierran la película) o si no, saber sacarle el provecho a lo que tienes para disfrutar y ser feliz, sin repetirte continuamente la pregunta de “¿y si…”? (algo que el protagonista finalmente no hace).

    Sobre las minimáscaras, como las nombras, sí que me ha pasado lo de estar con gente que a solas es de una manera y, cuando interactúa con según quién, se vuelve detestable. Imagino que si eso me pasa con alguna gente, a lo mejor a alguien le pasa lo mismo conmigo. Sería realmente curioso vertea ti mismo con los ojos de los demás aunque solo fuera un momento, no por cambiar la manera de actuar, pero sí por simplemente verte a ti mismo y saber qué opinarías de ti.

    Yo también suelo analizarlo todo demasiado, tanto por los comportamientos, comentarios o entornos de mi alrededor, así que entiendo lo que dices. Darle demasiadas vueltas a las cosas es tan bueno como malo a veces. Sin embargo, por muy malos ratos que pueda llevar darle tantas vueltas a todo, lo prefiero a no darle vueltas a nada.

    Esperaré con ganas ese post sobre las minimáscaras, ahora que lo has mencionado.

  11. Pues claro que siempre te digo que abras un blog, con el rollo que tienes 😉

    Estoy de acuerdo con lo que dices que no vale la pena darle vueltas al “y si…” e intentar se feliz con lo que uno tiene, pero también creo que se debe intentar cambiar las cosas de uno mismo o de nuestra vida que nos molestan… el conformismo no mola, y no puede llevar nunca nada bueno. A pesar como tu bien dices que a menudo tirarse a la piscina conlleva cierto riesgo.

    Tu caso es muy curioso, pq yo puedo ver como te “muestras” delante el mundo mundial y puedo afirmar que no tiene nada que ver en como eres en realidad.

    Y ya para terminar. Está bien pensar sobre las cosas, pero analizarlo TODO es peligroso y poco saludable!

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