We are all made of stars

“Buenos días”, me gusta decir a los clientes que entran a mi tienda. Muchos responden al saludo o sonríen. Pero hay un número importante que casi se asusta: “¿Puedo mirar?”, preguntan, casi excusándose por haber entrado. Me gusta ser amable con todo el mundo, compren o no. Con esta gente tan sorprendida porque los hayan recibido con un “Buenos días” siempre me pregunto qué cara pondrían en Japón, que en cualquier establecimiento te reciben inclinándose con un sonoro “Irasshaimase!!!” (bienvenido), y si les respondes, repiten su recibimiento aún más fuerte. Son serviciales y quieren que lo sepas.

Yo mismo me llegué a sentir incómodo ante la innata amabilidad japonesa. Y sé cuál es el problema. Nos hemos acostumbrado a las cadenas, las grandes superfícies y los centros comerciales, esos sitios donde sólo somos consumidores: números haciendo cola. Sus dependientes llevan el nombre en una chapa pero no por ello son menos anónimos; sólo te miran al final, con un amago de sonrisa para devolverte el cambio, cuando ya has comprado. Antes, si les preguntas por algún producto, te lo darán perdonándote la vida o te señalarán una estantería que está en la otra punta: “Pregunte allí”. Y repetimos: seguimos comprando en estos sitios por más colas, molestias, bufidos o mal servicio que suframos. Un camarero del bar de moda nos estampa las coca-colas contra la mesa y aún así le dejamos propina porque es lo que se espera de nosotros.

Nos hemos creído que tanto anonimato y tanta comodidad son la mejor opción. Nos lo hemos creído tanto, que me pregunto si esta progresiva deshumanización de los servicios no será el verdadero motivo de que, en nuestras vidas, toleremos que nos traten como meros objetos. Aceptamos desplantes, vejaciones de todo tipo. Aceptamos que los políticos nos vean como meras estadísticas, votos potenciales antes que ciudadanos. Nos enganchamos a gente que no nos quiere ni respeta porque hemos olvidado que ante todo somos personas (o peor: creemos que sólo tenemos identidad teniendo a alguien). Coleccionamos conocidos, contactos y tendemos a criticar a los demás con demasiada facilidad porque, en la mayoría de casos, la implicación emocional es cero. Ya no exigimos respeto, así que tampoco lo tenemos nosotros. Los demás sólo son números, como nosotros.

Rechazaremos unos brazos acogedores y una sonrisa porque nos han programado para desconfiar de ellos. Vamos perdiendo la costumbre de aceptar que alguien pueda ser amable con nosotros sin buscar nada a cambio. “La amabilidad algo esconde”, pensamos. Tan inconcecible nos parece ya ese concepto. Es triste. ¿Habrá marcha atrás? Quiero creer que sí, que algún día, muy pronto, volveremos a mirarnos al espejo con orgullo, y al salir a la calle diremos unos “Buenos días” que serán respondidos sin sorpresa. “Buenos días”.

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6 comentarios en “We are all made of stars

  1. Yo, por ejemplo, he dejado de leer los comentarios que deja la gente en las noticias de los periódicos. Independientemente de la ignorancia que desprenden, la mala educación, el desprecio, la chulería y lo chabacano de las palabras que utilizan me repugna. Ahora estoy aprendiendo a no irritarme con la mala educación de los demás, al fin y al cabo el problema lo tienen ellos, yo no.

  2. Yo es que lo de que para los políticos somos estadísticas ya lo aprendí hace diez años… jajaja.

    Pero fuera de bromas si, se han perdido las formas, ahora la sorpresa es cuando alguien es educado, majo, simpático… cuando eso debería ser la tónica general.

    Pero lo entiendo, más a estas alturas que estamos en estos años: hay desesperanza, desazón, cabreo… yo a veces me tengo que contener cuando creo que he sido siempre bastante educado, pero supongo que llega un punto de “salto de chip” en el cerebro… No sé.

  3. Yo esas formas en las tiendas/bares las achaco a los muy mejorables horarios y salarios que tiene este sector en España.
    He trabajado en una taquilla y mis compañeros me decían ¿por qué eres tan amable?, si total!. XDDD
    Seguro que en Japón tienen mejores condiciones, y por eso se pueden permitir ser más amables, porque son más felices.

    También me ha pasado ir a un pueblo y que todo el mundo te saluda por la calle sin conocerte de nada. Y tú no sabes que decir, ya estás programado xD.

    Y hay una cosa que me incomoda, cuando te saludan al entrar en un ascensor, cuando en cualquier otra circunstancia ni te mirarían. Es como, “te saludo para que no me apuñales” o algo, es lamentable.

    Diría que estoy medio programado y quiero creer que sí hay vuelta atrás.

    Cuánta razón Lleonard!. Muy buena entrada.

  4. Nochu, me apunto tu frase: ” el problema lo tienen ellos, yo no”. Muy buena. Y sí, hay cosas que mejor ni leerlas. Bueno, es que ya dije en una entrada anterior que en general procuro leer poco la prensa, excepto con las cosas “importantes”, me informo por otros medios para evitarme úlceras.

    Fer, también hay que decir que en Cataluña ya de por sí somos muy fríos en el primer contacto, así que para nosotros esa amabilidad que debería ser tan lógica es doblemente marciana.

    Oscar, pues no sé las condiciones laborales que tendrán en Japón, pero es que allí todo el mundo es servicial al máximo, te ayudan y no te sueltan hasta que confirman que han solucionado tu problema. Lo del pueblo que comentas me pasó este verano y alucinaba. Allí aún no ha llegado la deshumanización de las ciudades, supongo. PD: Intento no subir jamás en ascensor, y menos si es con otra persona desconocida. xD

  5. Muy buena reflexión, comparto hasta la posición de las comas que has colocado.

    Yo le doy un giro de tuerca a todo lo que has comentado. Probablemente, la deshumanización en el trato de las personas en un entorno empresarial sea un feedback que se retroalimenta constantemente. Los clientes “somos” muy déspotas y nos creemos con derecho a todo (y más) sólo porque estamos comprando algo. Hemos “aceptado” la situación: el cliente es prepotente y el dependiente (curioso nombre) debe hacer malabares para sortear con elegancia ese pisoteo.

    Es bastante complejo. Tuve la suerte de pertenecer a la multinacional PC City España hasta el día de su quiebra, y mi filosofía era la de tratar a personas como PERSONAS, dentro de un juego psicológico importante para lograr los objetivos de ventas establecidos. Una balanza muy difícil de equilibrar. El problema es cuando las multinacionales (las cabezas ¿pensantes?) tratan a las personas como números y, sobre todo, como idiotas. Mal camino.

    Te recomiendo dos entradas de mi blog relacionadas tanto con mi comentario como con tu post. La primera de ella provocó un terremoto en el seno empresarial e Internet por su rápida propagación.

    http://www.proximoplaneta.com/2011/04/especial-pc-city-todo-lo-que-nunca.html

    http://www.proximoplaneta.com/2011/04/especial-pc-city-2000-2011.html

    Enhorabuena por el blog!

  6. Lamentablemente somos esclavos de un “nuevo civismo” basado en la individualidad, el culto a la inmediatez y la aspereza en el trato. Como buen viajante he podido comprobar que la hospitalidad en cada cultura es un universo a descubrir. Me quedo con “los irlandeses” que aunque aderecen la comitiva con su habitual nariz roja y tufillo a whisky… se desviven por cuidar y acoger al visitante. Los suecos, el pueblo más civilizado que jamás he visto, excelentes anfitriones. En Malta les faltó escupirme a la cara y en Bulgaria el grito es la tónica general en cualquier diálogo (especialmente en aduanas). No es tan costoso ser acogedor y agradable, pero a veces cosas como la territorialidad, el egoísmo o la inseguridad hacen que el ser humano se comporte como un auténtico capullo. Pues ea, ahí queda eso jejeje… Un abrazote.

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