Craig Silvey – Jasper Jones

Si las balas no te pueden hacer daño, ¿qué tiene de valiente ponerse delante?

Aún tenía pendiente de leer el último de mis autorregalos de Sant Jordi. Otro de esos libros comprados casi por instinto, tras leer una buena crítica y sentir la atracción de su portada. Me ha costado terminarlo, casi un mes entero, y eso que tampoco es tan largo (no llega a las 400 páginas). No sé si será su ritmo pausado o una traducción extraña (¿sabéis esa sensación cuando las palabras no encajan y te cuesta creer que sea culpa del escritor?), pero algo de este libro no me ha terminado de atrapar. Una lástima, porque la historia que cuenta es muy buena y cuando por fin conecté con sus personajes, devoré la última mitad en apenas dos días, después de tantas semanas alargando la lectura.

La frase publicitaria en la portada (cuánto daño han hecho y qué poco me gusta que vaya imponiéndose esta costumbre norteamericana) habla de “novela de aventuras” y del “poder de la amistad”. Lo primero no es del todo exacto: el protagonista (Charles Bucktin) apenas vive aventuras porque lo principal aquí es asistir a la evolución, las reflexiones y el desarrollo de este crío después de descubrir ciertos hechos; todo lo importante del libro ocurre a nivel interno, mental. Y en cuanto a lo segundo… hay amigos, claro, pero no considero que la novela gire alrededor de esas amistades.

Jasper Jones habla sobre todo de la carga de saber. De ese momento en que las verdades del mundo te golpean con toda su crudeza y te obligan a salir de la burbuja en que tus padres y tus profesores te habían intentado aislar. Entonces pasas de una sempiterna sonrisa infantil a un suspiro acompañado de “La vida no es justa”. Y desearías con todas tus fuerzas no saber, dejar de saber, reconstruir la burbuja. Pero es no es posible, descubres que no hay marcha atrás y, poco a poco, aprendes a convivir con esta nueva visión del mundo, buscas en ese mundo de repente anómalo una forma de hacer lo correcto, un camino hacia la felicidad. La pérdida de la inocencia duele, pero es inevitable; es el primer paso en la dirección correcta.

Craig Silvey levanta la alfombra para mostrarnos qué se oculta debajo de la aparente tranquilidad de un pequeño pueblo de Australia. El odio, las rencillas, los engaños, los terribles secretos familiares, la incomunicación, el racismo también. Un cóctel explosivo que nunca a llega a ser la novela redonda que pretende ser. Quizá la sombra de Huckleberry Finn sea demasiado alargada y por querer forzar ese paralelismo el libro se adentra en terrenos espinosos (empezando por el propio título, que no hace justicia al profundo contenido de sus páginas). En cualquier caso, merece la pena acompañar a Charles Bucktin en su aprendizaje vital. Lo que descubre le marca a él mientras a nosotros nos recuerda todo aquello que alguna vez nos marcó.

La vida puede ser más sencilla si uno cede un poco, pero es mejor si se aferra a algo con la suficiente fuerza para que no se le escape.

Cuando ves la perfección ante ti, no puedes evitar darte cuenta.

No saber cómo van a salir las cosas no es razón para no hacer algo.

Quizá no se trata de no tener miedo. Quizá se trata de lo bien que uno sepa sobrellevar ese peso. (…) Dar con una forma honesta de actuar, ése es el truco.

Retener algo no significa hacerlo tuyo. En un momento dado, te das cuenta de que en realidad lo estás reteniendo para ti mismo, pues está intentando soltarse con la misma fuerza.

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