¿No tienes la sensación de que la vida solo les ocurre a los demás? Ellos se casan o tienen hijos o cambian de piso o experimentan nuevas sensaciones mientras tú continúas un viaje lento, sin rumbo ni tiempo para un descanso, entre halls anodinos y siempre saludando con una leve inclinación de cabeza a desconocidos, por cortesía o por tener una fugaz sensación de compañía.
Y es que uno puede sentirse solo incluso en lugares maravillosos. Dan igual las vistas y las ciudades. Te asomas a una panorámica exótica mientras el sol se pone y se escuchan unos cánticos a lo lejos. En ese momento mágico, aunque haya más gente en las otras mesas, nadie te habla. Sigue leyendo
