Avicii : True

Todas las canciones de True podrían ser singles. Y es posible que acaben siéndolo, como con el 18 months de Calvin Harris. Avicii se lanza a la piscina con un primer disco que ha tardado más de la cuenta en llegar. Y tan seguro está de sí mismo que ni siquiera recurre a sus primeros éxitos. Es un nuevo inicio. Ya tocaba.

En el fondo, el sueco no inventa nada. Ni falta que le hace. Le basta con llevar a su terreno lo que siempre fue bueno. La música de baile en todas sus vertientes. Voces elegantes que por arte de magia encajan, guitarras country o elementos soul pasados de revoluciones. Tantos estilos y un único hilo conductor: fiesta con sin fin.

El ritmo se mantiene pista tras pista y este chico de 24 años consigue que una y otra vez lo sientas como algo nuevo. Que los bajos palpiten como tus latidos. Que en cada subidón creas ser tú el que asciende hacia un nuevo estado y levantes las manos para rozarlo. La pista de baile es por un momento nuestro paraíso.

Reconozco que True es ese disco que ahora escucharemos a todas horas para animar los últimos estertores del verano, pero que lo olvidaremos enseguida, en cuanto lleguen otros favoritos. Hasta que dentro de unos meses, ya en plena desidia de enero, montemos una fiesta; entonces saltará de la nada una canción con la que bailaremos más animados que con las anteriores y alguien preguntará: «¿Pero qué es esto?». Y será Avicii.

Barcelona

«Qué bonita es Barcelona», dijo un amigo. Como si de repente fuéramos turistas. Volvíamos a casa, ya de noche, y los edificios se deslizaban por las ventanillas del coche como una proyección mientras en la minicadena sonaba una canción de Robyn. Tras aquellas palabras, los tres asentimos con una sonrisa. Seguimos disfrutando de las fachadas iluminadas que asomaban entre los árboles, los edificios modernistas alternándose con hoteles de diseño.

Tom Daley a punto de zambullirse en Barcelona.

Me gusta Barcelona de noche, cuando la Torre Agbar se pinta de neón y las calles invitan a pasearlas despacio, a solas y en paz, escuchando música que da sentido a las esquinas anchas y los portales de hierro. Me gusta aún más Barcelona de día, porque entonces se levanta orgullosa y enseña cada edificio como si estuviera recién construido, las piedras acabadas de colocar para que les hagas una foto. Aguántame el helado, que la subo a Instagram.

Y sobre todo, me gusta Barcelona en verano. Gracia, mi barrio, en verano vive sus mejores días. Se acercan las fiestas y ya hay cables colgando de lado a lado de los balcones y pronto colgarán guirnaldas de ellos. Estos días de preparativos, tengo que abrirme paso entre los tablones que pronto serán escenarios donde habrá conciertos. Pero estoy tranquilo, sé que cuando tenga que enseñar las calles adornadas, trazaré nuevas rutas donde todo estará conectado. Disfrutaremos de nuestra ciudad transformada y entre cerveza y cerveza asentiremos: «Qué bonita es Barcelona».

I had this perfect dream (Un sueño me envolvió)
This dream was me and you (Tal vez estás aquí)
I want all the world to see (Un instinto me guiaba)
A miracle sensation
My guide and inspiration
Now my dream is slowly coming true

This is not a love song

No sabíamos que nos íbamos a encontrar. Misterioso título el de la última exposición de la Virreina. El subtítulo aclara un poco más: «Influencias entre artes visuales y música pop». La primera sala, que realmente era la última, pero es por donde entramos nosotros, ya indicaba por dónde iban los tiros. Televisores con una selección de vídeoclips de todas las épocas y géneros (de David Bowie a Fatboy Slim, pasando por Madonna, Michael Jackson y tantos otros).

El pop, quizá por su elevado presupuesto o por la necesidad de destacar entre mil competidores, siempre ha buscado nuevas formas artísticas. No son pocos directores de cine que empezaron rodando vídeos pop o fotógrafos que han acabado probando suerte con las imágenes en movimiento. La exposición es un recorrido por esas inquietudes, esa zona de nadie y de todos donde el pop también es arte. Instalaciones multimedia que te cautivan, como esa sala flowerpower dedicada al Walking On Thin Ice de Yoko Ono.

Pero la mejor instalación llegó casi al final. Three love songs, una sala con 3 pantallas simultáneas donde 3 cantantes de diferentes épocas se turnan para cantar. Te sientas y las escuchas cantar su amor…

…¿o no son canciones de amor? Porque enseguida te das cuenta de que hablan de guerras, ejércitos, líderes. Con esta creación, Abel Abidin nos enseña tres canciones pop encargadas por Saddam Hussein para ensalzar su regimen. Los dobles sentidos de los vídeos pop llevados al extremo, como recordatorio de lo poderosa que es la música por su capacidad de llegar a la gente.

Porque el pop provoca ese sentimiento de acceder a algo superior cuando en una discoteca o en pleno concierto suena La Canción que tanto significa para ti y todo el mundo a tu alrededor se emociona, salta, la corea. Y esto, en buenas manos, siempre será una herramienta para un mundo mejor. ¿Qué haríamos sin música?

Palau de la Virreina
La Rambla, 99 (Barcelona)
Hasta el 29/09/13.

Capital Cities : In a tidal wave of mystery

¿Qué se esconde tras una de las mejores portadas del año? No solo unos cuantos animales ambiciosos, desde una ballena voladora hasta una grulla hecha de estrellas. También uno de los discos del verano. Y un grupo con ganas, muchas ganas de que su público se lo pase bien. Hay palmeras en el espacio.

Ya lo demostraron en su concierto en Razzmatazz, donde incluso la gente que no los conocía alucinaba con la fiesta que traía desde California este grupo. Han subido las revoluciones con respecto al EP de su debut. Tienes las cosas claras y disfrutan más que nunca con canciones que no dudan en hacerte bailar entre trompetas y palmadas y gafas de sol gigantes.
Como adelanto del disco, estrenaron un nuevo vídeo para Safe and Sound. Tan festiva como el primer día, sigue siendo su mejor canción. A los temas ya conocidos, se suman, entre otros, el dueto Chasing You y una sorpresa: Origami. Como una figura de papiroflexia, empieza plana, pero va tomando forma hasta convertirse en un humilde himno, Boney M con xilofóno y vocoder. 
Y este efecto, el de mejorar con las escuchas si le das una oportunidad, lo tiene la segunda parte del disco. Así que paciencia. No hay prisa. Te tumbas en la colchoneta mecida por las olas, disfrutas de la puesta de sol y de tu piña colada mientras las canciones van sucediéndose en el stereo. Para cuando te des cuenta, tú también llevarás una florida camisa hawaiana. Con ellos las cosas se ven de otra manera.

La prima estate

A veces no entiendes nada. Barullo de voces y ruidos, caos de días yendo y viniendo en metro o solapando turnos. Después del relax, toca volver a ser responsable y todo eso. Y a veces, en medio de ese no entender nada, el mar deposita en la orilla frase o una canción para darle sentido a todo. Escapismo que todo lo ordena.

Justo lo que ha ocurrido con La prima estate, el nuevo single de Erlend Øye, miembro de Kings of Convenience. La canción, a medio camino entre La Casa Azul y un tema euriovisivo de los años 70, la canta en italiano. Su estancia en Sicilia ha dado frutos. Escuchándole, viajas a Italia, a una isla, a una playa, a algún lugar no demasiado escondido donde la vida es más fácil y todo, simplemente, ocurre.

Desde ya, es uno de los temas de este verano. Gafas de sol, descapotable, comida rica y buena compañía. No necesitas mucho más para llegar al fin del mundo.