Kishi Bashi – 151a

«If all the stars aligned we could have solved the mystery»

Disfrutar el momento presente. Eso se esconde tras el curioso título del disco con la portada (por ahora) más bonita del año. 151a es la trasliteración de la frase hecha japonesa «ichi-go-ichi-e», literalmente «una oportunidad en la vida». Se usa en el zen, en los entrenamientos de artes marciales, incluso en el día a día. Hace referencia a esos momentos irrepetibles que, como tales, hay que atesorar. Ser feliz aquí y ahora. Acción/contemplación.

El debut de Kishi Bashi, japonés afincado en Estados Unidos, suena a J-Pop tras una inundación de violines, recuerda a ratos a los Beatles más naïf y psicodélicos, sorprende una canción tras otra porque ninguna se parece a la anterior. El hilo conductor: la atmósfera de sueño y las ganas de pasárselo bien que transmite este músico, hambriento de cosas nuevas. Ha colaborado con varias bandas y por fin se lanza a la piscina en solitario. Ahora va a por todas.

Baladas reflexivas sobre escribir libros «porque a todo el mundo le gusta escribir un buen libro (Manchester), explosiones de country psicodélico como Chester’s Burst Over The Hamptons (dan ganas de emborracharse y calzarse botas y gorro de vaquero para bailar esta locura como se merece), viajes a los años 60 de la mano de las armonías vocales de Beat The Bright Out Of Me, las percusiones de It All Began With A Burst son ideales para empezar el día dando palmas, los experimentos atmosféricos como Atticus, In The Desert invitan a cerrar los ojos y saltar dentro del cuadro… Y siempre, esos títulos que parecen contener un secreto para ser más felices. Habrá que descifrarlos.

Es un disco de contrastes, un poco como su portada: sofisticado, pero pintado con plastidecors. Quizá me gusta tanto porque me recuerda al impacto del primer disco de MIKA. Esa sensación de no haber escuchado nada igual pero sentirte como en casa. Y es que el mundo necesita más canciones como Bright Whites. Superada su intro en japonés, te encuentras un himno sobre las mariposas en el estómago, ese primer beso mientras florecen los cerezos, los primeros rayos de sol en la cara, el pelo al viento, como los pétalos, otros brazos que levantan los tuyos, simpáticos monstruitos que saltan a vuestro alrededor, y entonces te sueltas y sigues el ritmo. Ese ritmo, nuevo y joven y encantador. Es un momento irrepetible. Esta felicidad te pertenece y piensas disfrutarla. Ichi-go-ichi-e!

Take one look to find my eyes
Safety’s in your inner thigh
Well you know, I’ll have to see
If all the stars aligned we could have solved the mystery
It’s a partial fantasy
We’re living in a land that went astray from history

Freddie Mercury. Su vida contada por él mismo

«En todo lo que hacía había sexo.»

Llevaba tiempo mirándome desde la estantería, este libro. Su lomo blanco esperaba a que llegase el momento de leerlo. Al final, curiosamente, he acabado alternando entre dos lecturas: las biografías de dos de los personajes que más me inspiran: Terenci Moix y Freddie Mercury. Para mí, los reyes en lo suyo. Ambas biografías son muy diferentes, pero la del cantante es especialmente atípica, ya que los editores se han encargado de organizar decenas de entrevistas del propio Freddie para que sea él mismo, sin intermediarios, quien nos cuente su vida.

Han ordenado sus reflexiones cronológicamente y por temas (la creación de Queen, la fama, la composición de canciones, las amistades en un mundo de hipocresía, la búsqueda de la felicidad, el amor y la compañía, su sentido de la moda y la estética, etc). Es un privilegio tener por un momento sentado junto a ti a un hombre tan inquieto y arrolladoro, se ha tomado un respiro para saborear un café desde el otro lado de la mesa y compartir contigo estos momentos de reflexión, plagados de humor, emociones, sinceridad a menudo contradictoria.

Freddie se muestra ocurrente, picante y explosivo como esperarías que lo fuera. Es el personaje permitiendo que te asomes un momento a la persona que hay debajo del maquillaje y la ropa. Te contagia su confianza en él mismo. Está convencido de que si no crees en ti mismo y en lo que haces, nadie lo hará. Tienes que ser tu primer fan. Lo repite constantemente a lo largo de todo el libro, como si fuera su único secreto.

El propio formato del libro conlleva que no se ahonden en las intimidades de la persona, ya que Freddie era muy reservado y de hecho concedía pocas entrevistas, no le gustaban. Pero por eso mismo es tan valioso tener al alcance de la mano un resumen de lo que sí contó. Y hay que darles las gracias a los editores y al propio Freddie, poque leyendo cualquiera de las páginas del libro, se te queda grabada esa sensación: «Voy a comerme el mundo». ¡Buen provecho!

Realmente, no quiero cambiar el mundo. Para mí la felicidad es lo más importante, ser feliz y pasarlo bien. Si soy feliz, eso se aprecia en mi trabajo. Tomo nota de todo, pero al final hago las cosas tal y como lo siento. Escucho los consejos, pero no puedo escuchar a todo el mundo, ya que de lo contrario dejaría de ser yo mismo. Al final tú eres tu propio jefe y quien demuestra lo que vales, lo cual te pone en una situación muy vulnerable. Ésta es mi vida, soy quien manda en ella y, para mí, ésa es la única manera de ser.

Roxette – Travelling

Travelling es el sucesor de Tourism, disco que el grupo lanzó en el intérvalo entre Joyride y Crash! Boom! Bang! Lo que en teoría tenía que ser un mero disco de rarezas (demos, canciones inéditas, maquetas grabadas en habitaciones de hotel y algunas versiones en directo) acabó conteniendo temas tan clásicos del grupo como How Do You Do, Queen Of Rain o Come Back (Before You Leave). Claramente fue su época más inspirada. Ahora repiten fórmula: canciones grabadas sobre la marcha. ¿No pueden parar de crear o pura maniobra para sacarles dinero a los fans?

Las dudas se disipan con el potente arranque: la cañera Me & You & Terry & Julie y la redonda Lover Lover Lover parecen grabadas por los Roxette de los 90. Si en Charm School sonaban encorsetados por la presión de sacar un disco a la altura del regreso, aquí Marie y Per suenan a todo lo contrario: sonrisa en la cara y a grabar. El poder de los viajes: inspiración, renovación, emoción, suerte. Un chute de energía que se contagia a la música.

Se lo están pasando bien, están inspirados y se les nota hasta en los títulos: Excuse Me Sir, Do You Want Me To Check On Your Wife?, por ejemplo. Esta canción, además, emociona como ninguna del disco anterior, y es que las baladas fueron la asignatura pendiente. Seguimos sin otro Listen To Your Heart, claro, pero aquí se resarcen con canciones tan bonitas como Perfect Excuse o Turn The Tide.

Los directos sirven de recordatorio de los mejores momentos de su última gira: cuando Marie de repente recobraba su voz y su fuerza y te rendías a sus pies. Me quedo con la prueba de sonido de Stars, es la primera vez que escucho una grabación de este tipo, y encima es de mi canción favorita de Roxette, y la que más eché en falta en Barcelona. Pero ojito al directo de It Must Have Been Love, la canción la han sobreexplotado y aun así consiguen sorprender con una versión espectacular.

Angel Passing es otra maravilla: pequeña y desnuda, típica canción de final de disco que no necesita de grandes arreglos y escucha a escucha se acaba convirtiendo en una de tus favoritas. Y por supuesto, a lo largo de todo Travelling, Roxette siguen demostrando esa habilidad para los estribillos pop perfectos y luminosos. El primer single It’s Possible da buena fe de ello en cualquiera de sus dos versiones (la bailable y la veraniega con guitarrita). Será verdad que viajando todo es posible.

M. Pokora – A La Poursuite Du Bonheur

La búsqueda de la felicidad. Menudo título el del nuevo álbum del francés más guapo (con permiso de Guillaume Canet). Bueno, supongo que el título significa eso; no sé francés aunque últimamente me está entrando el gusanillo de aprenderlo. Y quizá por eso, por no saber francés, le hice más caso al único disco que Matt Pokora sacó en inglés, años ha. Eso sí, un temazo lo reconozco sea cual sea el idioma, y el año pasado su himno A nos actes manqués se coló en mi top de mejores canciones de 2011. Tuve la intuición de que el nuevo disco seguiría por esos derroteros.

Y efectivamente: A La Poursuite Du Bonheur hace justicia a su título. Una colección de canciones muy luminosas que dejan de lado las composiciones urban y r’n’b tan características de Pokora, apostando claramente por el pop veraniego. Bien de guitarritas, bien de percusiones y bien de coros. A veces parece que esté Martin Solveig de por medio intentando grabar una canción del verano.

Dale al play. Sonreirás desde la desenfadada Juste Un Instant, que abre el disco con una fiesta en la playa en la que bailas con los amigos y esa persona que te gusta, hasta la triunfal On Est Là, donde el despelote y el alcohol ya han hecho acto de presencia, alguien ha improvisado una batucada y tú saltas, ¿qué otra cosa puedes hacer cuando eres feliz? Pues saltar y gritar y mover las caderas y dar patadas a la arena.

Canciones como Cours y la preciosa Reste Comme Tu Es bajan el ritmo ligeramente: Pokora prueba otra ruta, persigue tu sonrisa en otro rincón del paisaje, pero incluso los medios tiempos tienen el mismo sabor a arena y sal marina que las demás. Las pocas baladas están bien repartidas para que no corten la fiesta. Con Mon Evidénce parece que estés en una colchoneta, alejándote poco a poco de la orilla hacia aguas mejores.

También hay momentos de baile intenso, claro. En la parte más nocturna y discotequera del disco, destacan Encore + Fort (tiene cierto regusto a lo que hizo con Timbaland) y Danse Sur Ma Musique (tralla al estilo de David Guetta: sonidos hipnóticos que crecen y crecen). Bailar hasta sudar es otra forma de buscar la felicidad. Y Pokora es buen bailarín, qué duda cabe. Seguro que sudar también lo hace muy bien.

¿Sabes cuando viajas a una ciudad que te encanta y en todas partes suena cierta canción que parece perfecta para definir tus vacaciones? No sabes cómo se titula, pero escucharla te hace sonreír en tus paseos y tus compras y tus cenas. Pues eso es lo que transmite, canción tras canción, A La Poursuite Du Bonheur. Es ideal para ponértelo en modo aleatorio, para salir de casa estrenando una camiseta nueva cada mañana y gritarle hola al sol aunque llueva. ¡Toca sonreír!

Il nous disais hors jeu
Nous pensés plus du tout du moment
On fait parti de ceux qui ne savent qu’aller aller de l’avant
On est là
Pour mener la danse

Madonna – MDNA

MDNA es un buen disco. Partamos de ahí. Madonna no ha acertado con la promoción: había canciones más representativas que los singles elegidos, se podría haber mejorado el orden y la selección de temas, algunos productores no parecen los más acertados para producir ciertas canciones… Fallos de principiante, casi. Parece que estar encorsetada en Warner podía reportarle ciertos beneficios. Pero volvamos a la sorpresa inicial: contra todo pronóstico, MDNA es un buen disco.

En muchos sentidos, es un recorrido por la carrera de Madonna: su ADN, entendemos. Recién liberada (atrás quedan Guy Ritchie y su discográfica de toda la vida), toca exorcizar demonios. «¿Y ahora qué?», se pregunta sola en medio de la pista de baile. Pues ahora el dance desinhibido de sus inicios que ya revisitó en Confessions On A Dance Floor, ahora la rabia y la frustración de Erotica, ahora la desorientación post-divorcio de Like A Prayer, ahora la esquizofrenia musical de American Life y Music, ahora la ingenuidad de True Blue, ahora las concesiones comerciales de Hard Candy y Bedtime Stories, ahora la sinceridad y la búsqueda de Ray Of Light (pero sin el misticismo: es todo más descarnado).

Eso sí, MDNA no tiene La Canción. Ese tema que justifica toda una era, que arrasa en las listas, que todo el mundo adora porque llega acompañado de un vídeo que impacta. Te podrán gustar unas canciones u otras del disco, pero aquí no hay un Like A Prayer, un Vogue, un Frozen, un Music, un Hung Up, nada que se le acerque remotamente. Por suerte, como conjunto, el disco funciona muy bien.

¿Y cómo definir cuál es ese conjunto? Demasiadas canciones, cambios en el tracklist a pocas semanas del lanzamiento, ni siquiera queda muy claro cuál es la portada del disco (la que todos recordaremos y se utilizará dentro de un años en las retrospectivas de Madonna). ¿Qué sentido tiene que se promocione más la portada de una edición deluxe que, como tal, debería ser limitada y dirigida solo a los fans?

Al disco no le ha beneficiado esta ausencia de organización, de sentido y dirección claros, y por eso, aunque suelo disfrutar los discos de principio a fin, tal y como fueron concebidos, en este caso defenderé que cada cual se confeccione su propio MDNA. Escuchas todas las canciones, te quedas con las que te gustan, descubres qué historia explica para ti este disco, lo haces tuyo, y en base a ello le encuentras una estructura. Esta crítica va a ser la de mi MDNA. Os invito a descubrir el vuestro.

1. I’m Addicted
Madonna en medio de la discoteca. Va tan puesta de todo que hasta la voz se le distorsiona. Un clásico techno-bakala sobre flechazos bajo las luces estroboscópicas. Ese instante que dejas de prestar atención a todo lo que te rodea, a la canción que suena incluso, porque notas la pistola del otro apretándose contra ti. No es Impressive Instant ni llega al nivel de trallerismo de Where Have You Been de Rihanna, pero esos «M-D-N-A, M-D-N-A» son irresistibles.
I’m willing to take this chance, I need to dance!

2. Gang Bang
Co-escrita por Mika, Gang Bang es lo más cerca que llega MDNA de conseguir La Canción. Oscura, hipnótica, amenazante. Creo que cualquiera que haya pasado por una ruptura se sentirá identificado, pero pocos se atreverían a poner en palabras esa rabia contenida. Madonna sí, menuda es ella. Egoísmo irracional: desearías que la vida del otro se detuviera, ser tú el único que sigue adelante porque eres el único que lo merece. Dita sigue viva y se ha comprado una escopeta.
How could I move on with my life if you didn’t die for me baby?


3. I’m A Sinner
William Orbit es consciente de lo que muchos esperaban de él: reciclar Beautiful Stranger de forma que suene fresca. Y no defrauda. El desparpajo sesentero queda perfecto para una canción tan hedonista. Digan lo que digan, asegura Madonna, todos somos pecadores. Disfrutémoslo.

Saint Sebastian, don’t you cry, let those poison arrows fly.


4. Girl Gone Wild
Algo pasa con esta canción. Como single no le veo la fuerza suficiente, pero como canción de disco es espectacular. Así supera Madonna la ruptura: volviendo a nacer, orgullosa de desfasarse ahora que ya no tiene quien la rectifique. Brazos al aire, boa de plumas, Tanqueray en vena, ye-ye-ye.

My inhibition’s gone away, I feel like sinning.

5. Turn Up The Radio
Coges el coche, no le dices a nadie a donde vas, ni siquiera tú lo sabes, pones música, el volumen al máximo, pisas el acelerador, las ciudades desaparecen, los paisajes se desdibujan, el rugido del motor ya se confunde con la música, el sol se pone, se encienden los focos, termina la carretera pero sigues conduciendo, sigues adelante, sigues y sigues, el mundo desaparece, solo quedas tú, sonríes al reconocerte en el retrovisor. Por primera vez en mucho tiempo sabes quién eres.
Turn down the noise and turn up the volume.

6. Some Girls
Sigue el revival noventero con una canción extrañamente adictiva. En cierta manera me recuerda a Scheiße de Lady Gaga, pero afortunadamente sin las mismas pretensiones de hacer arte. Reafirmarte bailando: sabes que eres único, el mejor, y que bailas como nadie. Y llega quien lo aprecia.
Some girls are not like me, I am better than you will ever be. 

7. Beautiful Killer
El encantador de serpientes, el escorpión con carita de ángel, el asesino disfrazado de Armani. Es guapo y su mirada hipnotiza. Quieres que te abrace y quieres que te mate. Nada de eso ocurrirá. Lo sabes muy bien, es una historia que se repite. Y por eso cantas. Adoro ese interludio con los violines recreando la melodía del estribillo, tiene un sabor clásico, de película francesa. Grower oficial.

Can’t really talk with a gun in my mouth.

8. Masterpiece
Lo dije en su momento y me reitero: To Have And Not To Hold 2.0. Se compuso para la película W.E. pero encaja sorprendemente bien en un disco que al fin y al cabo trata de lo que pierdes y lo que encuentras cuando las historias terminan: ventanas que dan a otras puertas. Para mí, Masterpiece va dedicada al Beautiful Killer de la canción anterior. Por fin consigues pasar página y solo puedes sentir lástima por esa persona que posa haciéndose el inalcanzable.
‘Cause after all nothing’s indestructible.
9. Love Spent
El juego de palabras del título es múltiple, como múltiples son los estribillos y los recovecos de esta canción juguetona. Banjos, samples de ABBA, abusos de vocoder y un crescendo muy cañero que refuerza el significado de este disco: nunca es el final, sino un nuevo principio.

I guess if I was your treasury, you’d have found the time to treasure me.

10. Best Friend
La letra más sincera del disco. Madonna recita todo lo que echa de menos de Guy Ritchie y reconoce que, aunque haya quitado su fotografía de la pared, a partir de ahora todos los hombres tendrán que compararse con él. Toda la sinceridad queda escondida bajo una producción electrónica y traviesa: los sonidos vienen y van, camuflan la voz, la transforman en algo frívolo, como si a estas alturas ya poco importase lo que se puede decir o callar.

Still I have no regrets, ‘cause I survived the biggest test.

11. I Fucked Up
De la sinceridad, pasamos a la humildad. Otro lado poco habitual de Madonna: ni en Ray Of Light llegó al extremo de pedir perdón a nadie. Si en su disco más místico Madonna se reconciliaba con el mundo, en MDNA se reconcilia con ella misma. Se reconoce humana y pasa página.

You wanna know how to make God laugh, tell him your plans.

12. Falling Free
¿A quién le canta esto Madonna? ¿Al pasado o al futuro? No importa. Ha sobrevivido, ha aprendido, ha crecido, tiene la llave que abre todas las puertas. Es libre.

When I let loose the need to know, then we’re both free, we’re free to go.