Gossip – A Joyful Noise

«It’s not perfect but it’s getting closer.»

Éste es el disco rock que Madonna debería haberse atrevido a grabar. Esto leía en la crítica de la BBC; y sí, algo de eso hay. Perfect World te la imaginas perfectamente cantada por ella, madura y etérea, reinventada y segura de sí misma. Convincente, cantando sobre un mundo perfecto que no lo es todavía (We can be more than before), y esas baterías que insisten, que te atrapan como el mejor de los abrazos, y las florituras de synthpop sutil acariciándote, y los gorgoritos místicos mientras cae la ropa al suelo. En el fondo es normal que Gossip grabasen el vídeoclip en una iglesia, porque hay algo de sagrado en la canción.

Beth Ditto asegura que durante un año sólo escuchó a ABBA para inspirarse. No se nota esa inspiración, pero sí que el grupo se ha mantenido al margen de las modas. Ante todo, el suyo es un disco atemporal. Así se explica una canción como Get A Job, que empieza como algo chungo de los 90, a medio camino entre rap y techno, acaba convirtiéndose en el clásico himno para veinteañeros cabreados, para luego caer en un interludio que podría ser un sample de Lady Gaga. Esta mezcla extraña ocurre más veces a lo largo del disco. Y funciona, igual que funcionan canciones más convencionales como la casi-balada Casualties Of War.

Brian Higgins ha hecho los deberes. Sabe revitalizar el sonido de Gossip sin que dejen de sonar a ellos; camufla sus trucos y sus loops bajo un sonido de banda, envuelve de plástico las guitarras para crear canciones pegadizas y sofisticadas al mismo tiempo. Get Lost, además de ser una joya con un estribillo noventero, en el fondo no suena tan diferente a Pop Goes The world. El bajo de I Won’t Play es hipnótico. Los mejores versos del disco llegan con el desgarro digno de Involved: casi te imaginas a Freddie Mercury cantando eso de «I’m not in love with you, I’m just involved». Y si con el final épico de Love In A Foreign Place no te entran ganas de saltar al vacío es que estás muerto.

La declaración de intenciones llega sin duda con Move In The Right Direction. Quizá titular así el disco habría sido una sobrada pero no había título más definitorio. La canción es enérgica, bailable sin ser facilona, futurista, con palmadas (siempre bienvenidas) y el punto justo de descaro. Se lo están pasando bien y quieren que te unas. Será single: tan seguro como que acabará convirtiéndose en tu favorita. Porque transmite confianza absoluta en ese futuro al que, paso a paso, día a día, te acercas. En la dirección correcta, ahora sí.

Never say never, starting over 
It’s not perfect but it’s getting closer 

I will hold back tears 
So I can move in the right direction 
I have faced my fears
Now I can move in the right direction 

I’m doing fine
One step closer, every day at the time

King Charles – LoveBlood

«If your beauty is a fortress then my love will be the boat.»

Amigo de Noah And The Whale, comparaciones con MIKA y portada daliniana con pájaros (flamencos) en la cabeza. Me lancé de cabeza a escucharlo. Y me encantó, pero me pasa con King Charles un poco como con Lana del Rey: el concepto es tan bueno, el disco es tan homogéneo en sonido y letras, los vídeos son tan redondos y el personaje está tan bien definido que no sé si el proyecto dará para más que esta joya. Por ahora, disfrutemos la escucha.

El disco te saluda con una reverencia contenida en su primera canción, LoveBlood. Tiene algo retro: no sé si son esos coros femeninos o ese puntilleo de adolescente que imita a Queen en su habitación. Tiene sobre todo un optimismo que late a lo largo de todo el disco. No es casual el título: el amor en la sangre como generador de positividad y energía. Incluso en canciones sobre amores a medias, como Mississippi Isabel, notas a King Charles feliz. Él da las gracias por ese beso bajo la lluvia, son momentos que valora más allá de cualquier desenlace.

«Treasure every beating heart that sets your soul on fire.»

Hay otro lado del disco, el desatado, el de los cánticos imparables de Bam Bam, el MIKA pasado de vueltas, unos Cartoons menos rockabilly y más anuncio de coches a cámara rápida. Es un rey enamorado lanzando sonetos encendidos a su Isabel particular. El mismo King Charles operístico de Polar Bear tan pronto usa violines y pianos y desgarro como convierte el reggae en una fiesta callejera (Ivory Road). Todo vale para cantar su amor. Es un auténtico Carnaval barroco, y divierte, y agota, y emociona, y te hace dar palmadas ante todos los colores que ofrece la corte y este cortejo.

A ratos, más que un disco, dirías que es una declaración de amor privada. Algo que no deberías de estar escuchando pero que él comparte contigo con toda la tranquilidad. Como si eso le diera sentido o lo consolase. Un poco de todo, supongo. King Charles es un trovador vestido con todos los artificios del pop para así desnudar su alma. Y en el fondo es lo que hacen todos los artistas.

I want your love in my blood ‘cause I need you in my veins
I know you’ve got enough love ‘cause there’s the give and the take
Well, I’ve got love in my blood and I’ve got you on my brain
I haven’t got enough blood, I cannot love you enough.

Imperial Teen – Feel The Sound

Feel The Sound da ganas de enamorarse. De que la primavera surta efecto, de que te invadan otra vez esos nervios tontos antes de una cita, de que puedas ir de la mano bajo el sol y la lluvia, cantando los dos porque qué otra cosa se puede hacer cuando solo te apetece cantar la misma melodía una y otra vez. Tiene la frescura de un primer disco pero ya es el quinto del grupo, y en el fondo se nota el buen hacer de quien tiene muchas tablas.

Suenan a grupo de chicos y chicas recién salidos del instinto cuando en realidad son cuatro integrantes ya entrados en la cuarentena. Estos intentos de sonar juveniles suelen notarse forzados (Megalomania de Aqua, ciertos momentos del MDNA de Madonna…) pero a Imperial Teen les sale todo tan natural que ni siquiera viendo fotos de los miembros del grupo se rompe el hechizo. «Seguro que son los padres», piensas negando la evidencia. Será ese punto de ingenuidad, esas ganas de jugar a badminton, esos chapoteos en la playa, los estribillos perfectos o los juegos de voces en la mejor tradición pop. El caso es que funciona, y de qué manera.

It’s You es atemporal como la canción del tráiler de una buena comedia romántica. Es inevitable querer comerte el mundo mientras escucho Runaway, la fuerza juguetona se contagia. No Matter What You Say sonará pronto en un anuncio, es de justicia, y sino ya lo rodaré yo: parece poca cosa, pero entonces llega el estribillo y los pies se te van con ellos. Digas lo que digas, te apetece bailar. Over His Head me ha recordado a The Sounds, y lo digo como piropo, tiene algo de esa contundencia sueca. El disco pasa muy bien porque la mayoría de las canciones rondan los 3 minutos y medio (una ni siquiera llega los 3 minutos) y todas comparten esa atmósfera de estar flotando, de revivir tras el invierno.

Feel The Sound es, en definitiva, la banda sonora oficial de la primavera: escúchalo si estás enamorado, pero escúchalo también si quieres estarlo: con estas canciones luminosas sonando en tu reproductor, alguien llegará seguro. Alguien que te cogerá sin previo aviso y levantará el vuelo contigo para dibujar las nubes. Y te sorprenderás cantando Don’t Know How You Do It. Tu mundo se habrá trastocado, no entenderás qué ocurre, por qué las cosas funcionan de una manera nueva ni por qué ésa sonrisa te llena tanto. Quizá sea porque la has provocado tú. Tendrás que admitirlo: el chico te gusta. La canción podría alargarse hasta la eternidad, y no te cansarías. Porque, a veces, para sentirte vivo basta con tararear unos simples «da-dara-dara, da-dara-dara».

Rufus Wainwright – Out Of The Game

«Sometimes you need a stranger to walk with.»

«No te vayas», susurras con el emocionante crescendo de gaitas que despide el último tema, Candles. Todo el disco sirve de escenario para la batalla dulce entre los holas y los adioses. Conseguir lo que querías y estar a punto de perderlo. Saberte muy frágil porque por primera vez en mucho tiempo te sientes invulnerable. ¿Cuánto durará? No lo sé, pero no te vayas. Ya has perdido antes, ahora quieres ganar, ya te toca: que cada encuentro suene tan triunfal como Welcome To The Ball.

El título del álbum no podría ser más irónico. Rufus Wainwright está aquí totalmente dentro del juego, consciente de la calidad del material que ofrece, amo y señor de su talento, como en la portada. Lo ha vendido como su disco más pop, yo opino que esa definición solo es una máscara. Porque ni la producción de Mark Ronson, a ratos gospel (Jericho, sobre todo), a ratos soul de local polvoriento, y a ratos casi synth-pop, puede esconderlo: éste es el disco más sincero del cantante. Por eso su voz suena menos teatral que otras veces. Le basta con sentir las letras.

Tenía muchas expectativas puestas en este disco, después de que la canción Out Of The Game fuera la banda sonora oficial de mi viaje por Granada. La primera escucha me dejó descolocado. Sí pero no. De igual modo que hay personas de las que no te prendas hasta la segunda vez que los ves («¿pero cómo no me fijé en lo guapo que era antes de ayer?»), el álbum me conquistó a la segunda escucha. Los coros fueron abrazándome, las letras fueron calando, los sonidos se tornaron cálidos, llegó la conexión, los brazos desconocidos que se rozan en la penumbra. Rufus sonrió y yo con él. Os invito a sentir lo mismo.

Se le nota enamoradísimo en canciones como Respectable Dive (lanzarse a la piscina pero con cabeza, vestido de gala) o sobre todo Song For You: viene a ser el Your Song de Rufus, una declaración de amor en toda regla: «podría escoger muchas letras, pero solo hay una canción para ti». Tiene algo de créditos finales de una película romántica. Casi todo el disco suena así, en realidad: pomposo pero con los brazos abiertos. La sinceridad inspira ternura.

También hay cápsulas del tiempo: Montauk es una carta para su hija sobre las futuras visitas que hará a sus dos padres cuando sea mayor y se haya emancipado. Perfect Man llega directa de los años 40, y no es la única. El tiempo deja de tener sentido porque Rufus Wainwright solo quiere compartir su felicidad actual, recién casado y con una hija. Hubo pérdidas pero él ha ganado (solo así se comprende que una canción titulada Bitter Tears suene tan victoriosa). Tiene zapatos nuevos y un traje nuevo y hasta un bastón que en realidad no necesita. Canción a canción, comparte viñetas de su presente a las que te permite asomarte.

Para cuando llega Sometimes You Need, descubres una necesidad que guardabas muy dentro, tan enterrada que ni siquiera sabías que la tenías. Rufus te comprende, se ha metido en tu cabeza y lo saca todo a flote. Y querrías llorar. Un abrazo eterno, de los que ahogan, para no ahogarte. En este momento, en este abrazo que podría durar horas, eres feliz. El sofá es un océano para nosotros. Sin soltarte, Rufus susurra un Quédate en Madrid a la inglesa: «Let’s get lost in Los Angeles». Nada más romántico. Y crece la música, como en los cuentos de hadas, crece y crece porque te has quedado.

Perdernos por el guiri con una historia fácil

Pastora son hoy por hoy mi grupo español favorito. Y es curioso, porque no tengo ningún disco original de ellos ni he ido a un concierto suyo, todavía. Sus canciones fueron llegando con cuentagotas: una terracita de verano (Lola), una mañana de 2005 en la FNAC (Invasión), una mixtape sobre echar de menos (1000 Kilómetros), un enlace de YouTube (Un Pedazo De Tierra). Pasaron los años (tienen esa manía) y entonces exploré Spotify y los encontré enteros y sus discos se convirtieron en refugio insustituible.

La Vida Moderna es perfecto de principio a fin, un tesoro que atesoro, pero Circuitos De Lujo y Un Viaje En Noria no se quedan atrás. Pastora los asocio con la noche, con Barcelona, con la soltería, con las ganas, con el tirar p’alante, con camisas que se desabrochan y manos que se alzan al aire antes de tirarse a la piscina. Tienen canciones para todo. Y sobre todo hacen mucha compañía. Hacía tiempo que deseaba rendirles homenaje con una playlist que resumiera todo lo que me transmiten. Gracias, Pastora.

13. Chaleco Salvavidas
Pastora dan siempre en el clavo con sus metáforas. Nada transmite mejor las ganas de vivir a tope que ese «Me compré un chaleco salvavidas y lo rompí para sentirme viva». Desde Mecano creo que no había ningún grupo en español tan hábil con el lenguaje. El lenguaje cotidiano, las palabras tontas que, de repente, cobran sentido.
Si me sentí sola, me pido perdón.

12. Lola
Pastora suenan a despreocupación de verano. Esas noches que tus amigos y tú bailáis muy sueltos en una terraza y la brisa os despeina. Mojito en mano, te salen frases graciosas. Confidencias y bromas privadas que alguien sube luego a YouTube. Pastora suenan así de espontáneos, canciones hechas como sin querer, por el mero hecho de pasarlo bien, que es como hay que hacer las cosas. Sin preocuparse, dejándose llevar, buscando follón. La felicidad está tras esa esquina.
Las cosas no se hacen solas, que pa’ tenerlas hay que querer.

11. Mundo Interior
Pastora exploran los mundos interiores. Las cosas que no expresarías y las que te gustaría saber del otro. «Esto lo podría haber escrito yo.» Dan forma a lo que tú también pensaste una vez y lo expresan con la misma complicidad que habrías usado para contárselo a un amigo («piropo», «pa’ fuera», «muy, muy, muy hondo»). Quizá por eso consiguen que siempre te sientas en casa, buceando en tu sofá.
Siento meterme en tu mundo interior pero no vale la pena tener un mundo interior y no sacarlo pa’ fuera.

10. Octubre
Pastora retratan la fuerza que se esconde detrás de la fragilidad. Seguir caminando a pesar de que te tiemblen las piernas, porque sabes, o intuyes, que es allí, en el horizonte, a lo lejos, donde está el futuro. Sus canciones son ideales para recordar tu dignidad. Hay más gente que se sintió pequeñita y por eso creces. Así que sigues buscando. Se lo debes a ellos, te lo debes a ti. Esta canción es una buena muestra de todo esto.
No sabía que si quería podía tener lo que quería.

9. Cósmica
Pastora contraatacan siempre con una canción desconocida. Aquella a la que no le hacías caso y que de repente te parece la mejor del disco, o casi. Cósmica, por ejemplo. Otras las tenía muy claras pero ésta ha llegado en el último momento, y podría haber sido cualquiera de sus tres últimos discos. Cósmica también es un buen ejemplo de esos pedazos de historia que entreves en sus canciones: querrías saber más de esos personajes.
Jugaba a ganar, ganaba jugando y cuando perdía se disfrazaba de cheque sin fondos.

8. Cuánta Vida
Pastora huele a sexo. El sexo indeciso y el sexo eufórico. La química desatándose, las sábanas convertidas en torbellino, revolcones místicos, alfileres que cosen heridas. Convierten en trascendente el día a día. Cualquier instante es mágico para Pastora, en una mirada intensa tienen material para veinte canciones.
Una mano que salta y me cubre la espalda, dónde me llevará.

7. Archivo De Palabras Tristes
Pastora son especialmente certeros hablando del desamor. Sin dramas, ojo. No hay desgarro en Pastora porque solo cantan las cosas tal y como ocurrieron. Pero esa sinceridad hace que sus canciones sean más punzantes. «Que no cunda el pánico: todo mereció la pena», parecen susurrarte al oído. Cápsulas del tiempo que se pierden en el espacio. Silbidos de despedida antes de cerrar el álbum de fotos.
Se llevó el sabor de las ganas de querernos, se llevó un amor que un día creí que era eterno.

6. Desolado
Pastora te acompañan siempre en tus paseos por Barcelona. Así es cómo hay que escuchar esta canción: de noche paseando por las calles húmedas de Barcelona. No ves los semáforos ni los coches, los árboles son solo sombras, y los labios se mueven solos: «¿Dónde vas?». Tendrás al grupo detrás, cantándote allá donde vayas, tendiéndote una mano invisible cuando estés a punto de tropezar. Y sin darte cuenta, te conviertes en el protagonista de un libro que emocionará a la gente.
Solita por la calle desidia, que es donde se pierden las niñas que van de excursión.

5. Dolços Somnis
Pastora te susurran nanas al oído. Da igual dónde o cuándo escuches Dolços Somnis. Estarás a punto de dormirte, ese momento dulce cuando ya piensas en el despertar, cuando nada más abrir los ojos, verás un espejo. Es la canción que me suelo poner volviendo de fiesta, el trayecto entre el baile y la cama. Reconforta.
I que t’estimin així, com és, i que al matí puguis tenir la pell radiant. Parlava tranquil·la, calmada, infinita, somiava serena, pausada, dormint.

4. Grandes Despedidas
Pastora le dan la vuelta a la tortilla. Convierten las despedidas en himnos. El tiempo se detiene en sus canciones, como si se recreasen en ese instante que ya no hay marcha atrás porque los átomos chocan y se muestran desnudos, tal como son. La épica de un día cualquiera. Ése parece el lema de Pastora.
Miradas de reojo buscando el cerrojo que abre tu boca.

3. Runner Tiempos Más Buenos
Pastora hipnotizan. Sus ritmos electrónicos vienen y van de un altavoz a otro, suben y suben para transportarte al futuro. Son viajes, sus canciones. La vida asfaltada y las canciones atravesándola beat a beat. Así que no te sueltes. Y hazles caso, porque acabarás descubriendo que Pastora siempre tienen razón.
Y llegarán hombres más tiernos, juntito a ti puedo flipar, y llegarán noches más negras, noches pa’ dejarse llevar, y llegarán veranos con soles, y nuevas vistas que disfrutar, y llegarán.

2. Un Pedazo De Tierra
Pastora buscan islas en las que recalar, como náufragos expertos. La mayoría de sus canciones hablan de esa búsqueda. Tablas en el mar a las que abrazarse, faros en la tormenta que se iluminan en el último momento. Ya en la playa, te das cuenta de que las caídas son trampolines. El vértigo desaparece escuchando a Pastora porque sus protagonistas siempre sobreviven.
Un primer amor, luego llega el cuarto. Y te sientas cerca, con lo que has sudado.

1. Invasión
Pastora son fuente inagotable de canciones fetiche. A veces jurarías que en cualquier momento romperá a llover o te atropellará un coche, y entonces salta una canción de Pastora, Dolo suelta una frase talismán, y sonríes. Son canciones que se adaptan a tu momento, evolucionan contigo, enigmas que siempre significan algo distinto, pero siempre hacen que todo encaje. Por la calle, por las noches, por la cama, por los placeres más buenos que llegarán. Y llegan.
Quiero hacer un viaje y que el azar me señale de buenas, que me traiga algún placer aunque sea por pena.