Mathias Malzieu – Metamorfosis en el cielo

¡Abrir de nuevo el abanico de posibilidades, bailar para siempre, volar, aunque sea un poco, aunque sea mal!

Éste es el libro más poético pero también más críptico del autor. Si La mecánica del corazón trataba de la búsqueda del amor aun a sabiendas de que te romperá el corazón y La alargada sombra del amor lidiaba con la ausencia de un ser querido, tras la primera lectura de Metamorfosis en el cielo no queda claro qué nos explica Mathias Malzieu a través de esta fábula, fiel al imaginativo estilo timburtionano marca de la casa.

Reflexionando sobre el libro un par de días, saqué mi interpretación. Que no tiene porqué ser válida, o como mínimo no la única válida. Creo que esta vez Mathias Malzieu ha sido intencionadamente ambiguo para que cada cual interprete a su conveniencia la bonita historia de amor entre un hombre enfermo y una mujer-pájaro.

Para mí, Metamorfosis en el cielo nos recuerda que a veces nos abandonamos a nosotros mismos hasta el punto de casi destruirnos: lo hacemos porque los demás nos aplauden, porque nos empeñamos en que seguir así es lo mejor, lo que queremos, a pesar de los moratones que poco a poco van cambiando el color de nuestra piel hasta hacernos irreconocibles.

Y siempre, llega el amor como redención. El poder de curación del amor, de transformación incluso. Llegar a ser más uno mismo que nunca a través de las enseñanzas de otro. Aprender, evolucionar gracias a eso. Pero agotado el proceso, hay que saber pasar página.

Todo ello, narrado con la magia de Mathias Malzieu, en un mundo donde es normal construirse unas alas mecánicas para cumplir nuestro sueño de volar, los pájaros siempre son rojos y la mujer amada es «un pastel de nata con botas» (adoro sus expresivas metáforas). Lo dicho: el libro más poético del autor, que ya es decir. Bellísimo.

Terenci Moix – El día que murió Marilyn

La vida es un regreso constante a lugares que nos contuvieron una vez suprema, estigmatizante, definitiva.

Éste es el libro más bonito que existe. Bonito y triste, por sincero. La melancolía impregna sus páginas como una lluvia muy cálida. No engañan frases como «La felicidad de los primeros días, cuando todavía no pensábamos en el tiempo y un hoy no quería decir asesinato del ayer sino principio del mañana». Pero es una nostalgia que no supone tanto querer volver al pasado como honrar los momentos, las experiencias que te formaron como persona.

También es un libro muy valiente: aunque décadas después Terenci añadiría párrafos enteros que se había autocensurado, ya en la edición original de 1969 se habla claramente de temas políticos y sexuales (también homosexuales) poco habituales en la época.

«El desorden» era el título original de esta novela en su primera redacción en castellano. Luego Terenci la reescribió en catalán, así se publicó y así se hizo famosa y acumuló premios, si bien la edición de 1998 que el autor consideró «definitiva» volvió a ser en castellano. Y de desorden trata el libro. El desorden de una época (la posguerra), el desorden de una clase social (la clase media antes pobre y que empieza a ser rica) y el desorden de una generación muy joven, atrapada en una educación y unos valores que no pueden sentir como suyos. Uno de los personajes es muy tajante al recomendarle a Jordi, amigo del protagonista: «Tu orden es el caos. Ve hacia tu orden y, por lo menos, procura dignificarlo.»

La novela es sobre todo la búsqueda de la propia identidad en medio de ese desorden: ¿quién eres, la educación que te han inculcado, la historia que te han enseñado sesgadamente, los valores que te han impuesto, el legado que se espera que perpetúes? ¿O la persona que sientes que podrías llegar a ser si te liberas de toda esa carga? «Tú no puedes ser tu verdad, sino tu búsqueda. Si tú, sólo tú, fueras tu verdad, el mundo se convertiría en una limitación monstruosa». Y cuando no quieres renunciar a ser auténtico, la única solución, claro, es la huida.

La huida como única forma de encontrarse a uno mismo. La huida que lleva, siempre, al inevitable retorno. El retorno de Bruno (el protagonista absoluto del libro) a Barcelona y a Sitges. La novela es también un homenaje a esos lugares -mis lugares-, siendo lo mejor que se ha escrito sobre ambos. Mientras otras novelas se limitan a hacer listas de calles y plazas, Terenci Moix te hace sentir la vida en el día a día de Barcelona y los veraneos de Sitges.


Recuerdo cómo hace 12 años temblaba al leer «El día que murió Marilyn» por primera vez. Descubría así que alguien podía sentir el mismo amor que yo por Sitges, por Barcelona, por sus piedras y sus gentes. Es un amor impregnado de cierto odio, también; algo inevitable cuando entre esos muros has sufrido y sufrirás, y aún así querrás volver a abrazar esas calles.

En fin: un libro precioso, nostálgico, imprescindible, el mejor libro del autor (y tiene muchos libros buenos). Confío que pronto se reedite con una edición magnífica que le haga justicia. Cierro mi crítica con uno de mis fragmentos favoritos, cuando el desengañado Andreu empieza a despedirse de su amante Jordi. Sintentiza muy bien de qué trata «El día que murió Marilyn»:

Quiero que sepas lo que es tu ciudad y que un día llegues a amarla no sólo por uno de sus distritos (por elegante que sea), no por uno de sus hombres, no a través de las cosas que se han escrito sobre ella, sino por todo lo que ha sido y será en tu vida y en tu amor. Porque, fíjate, al amarla no amas solamente una piedra o un conjunto de casas, sino que nos amas a todos. (…) Cuando vuelvas a tu ciudad, cuando hayan pasado los años y llegues por el muelle y bajes de un barco enorme y la Rambla vuelva a abrirse ante ti, entonces (…) nos sentirás a nosotros, a todos, latiendo en el fondo de cada recuerdo tuyo, y también nuestros rinconcitos, nuestras casas ya envejecidas, donde un día fuiste feliz; me sentirás a mí, recordarás estas palabras, aquel arco roto; recordarás a tu madre, de joven, en su piso del Ensanche; a Bruno y la calle donde nació…

Lao Tse – Tao Te King (El libro del Tao)

Críptico y claro, ambiguo y preciso. Si os gusta creer en vosotros mismos y confiáis en un mundo un poquito mejor, el Tao Te King es lectura recomendada. No contiene respuestas, pero hay caminos.

El exceso de palabras agota a la inteligencia.
Es mejor aferrarse a lo esencial.

Treinta radios se unen en el cubo de una rueda;
del vacío del cubo surge la utilidad de la rueda.
Forma una vasija con arcilla;
del vacío de la vasija surge su utilidad.
Abre puertas y ventanas en las paredes de una casa;
del vacío de las aberturas surge la utilidad de la casa.
Así pues, con la existencia de las cosas nos beneficiamos,
y la no-existencia de las cosas nos es útil.

La gente necesita aquello en lo que puede confiar:
revela tu yo simple y natural,
abraza tu naturaleza original,
controla tu egoísmo,
restringe tus deseos.

Habita en el fruto
y no en la flor.

Tapa las aberturas,
cierra las puertas,
suaviza los bordes,
deshaz los enredos,
atenúa el resplandor,
confúndete con el polvo.

Aborda lo difícil cuando todavía es fácil.
Aborda lo grande cuando todavía es pequeño.

El Tao es llano y fácil de seguir,
pero la gente prefiere los senderos.

Stéphane Hessel – ¡Comprometeos!

Podemos decirnos: «Comprendemos cosas, debemos transformarnos, podemos abordar una nueva fase de la existencia de la especie humana sobre este pequeño planeta que aún puede ofrecernos maravillosos horizontes».

De ¡Indignaos! critiqué su tratamiento superficial. El libro tenía un título con gancho y muy buenas intenciones detrás, pero se quedaba en nada. También noté cierta desconexión con ese público joven, esas nuevas generaciones a las que Hessel quería dirigirse. Pero me alegré del éxito comercial. Cualquier cosa que levante conciencias, bienvenida sea. Ahora quería comprobar si en ¡Comprometeos! el autor repetía los mismos errores pero, para mi sorpresa, los soluciona todos.

El formato funciona: asistimos a un diálogo entre el veterano diplomático Stéphane Hessel y el joven escritor y activista social Gilles Vanderpooten. Ese necesario puente generacional -necesario para transmitir la sabiduría y la experiencia a una generación más joven y con más energías- surge de forma natural entre los dos interlocutores. Hessel consigue conectar así con su público objetivo y Vanderpooten a su vez logra sacar provecho de la voz de un personaje tan excepcional como humilde.

Pero, además, el abanico de problemáticas que se abordan en la conversación es mucho más amplio, más en sintonía con lo que puede preocupar a la juventud europea actual (desafección política, derechos laborales y sociales, los Derechos Humanos, ecología, economía globalizada…). Los temas se tratan en mayor profundidad, Hessel expone perfectamente su punto de vista gracias a lo que ha aprendido de primera mano a lo largo de su vida. Y lo hace de forma clara, concisa, pero en absoluto superficial. A la hora de proponer soluciones (o vías de trabajo), también es mucho más elocuente.

Con todo, la lectura de ¡Comprometeos! resulta tan amena como la del libro anterior, pero sin duda más satisfactoria. Y aunque Hessel está preocupado por el presente, tiene plena confianza en que se pueda trabajar por un futuro mejor. Sigue haciendo gala de un optimismo incondicional del que todos deberíamos aprender.

Resistir supone negarse a dejarse llevar a una situación que cabría aceptar como lamentablemente definitiva.

Creo que vivimos en un mundo de interdependencias en el que los cambios sólo pueden darse todos juntos.

La historia puede producir suerte: es lo que podemos llamar optimismo. (…) Si mi vida constituye para mí la confirmación de que es la suerte la que domina, eso me permite decir que si bien nos enfrentamos a retos cada vez más graves, la posibilidad de superarlos victoriosamente es también cada vez mayor.

Musashi Miyamoto – Libro de los cinco anillos

El yo de hoy vence al de ayer.

Después de varios textos sobre artes marciales, quedaba pendiente este clásico. De Musashi Miyamoto ya conocía el Dokkôdo, un compendio de 21 frases fascinantes. Reconozco que su  Libro de los cinco anillos no me ha calado tanto, aunque hoy al volver a hojearlo para escribir esta crítica, la sensación era extraña, de «reencuentro».

Y es que al contrario que el Hagakure de Yamamoto Tsunetomo, el texto de Musashi sólo será plenamente útil a quienes pretendan empuñar una espada. El libro reúne lecciones sobre adoptar un buen kamae (posición de apertura en un combate), conocer los tipos de golpes, cómo darlos y enlazarlos, prever los envites del enemigo, mover los pies, elegir la mejor arma, etc.

El estilo de Musashi es escueto y didáctico, menos críptico que el de otros autores y quizá por eso en una primera lectura cuesta encontrar el mismo trasfondo filosófico de otros textos sobre la guerra y las artes marciales. De todos modos, este libro en Japón es un manual de referencia para los hombres de negocios, al igual que El arte de la guerra. El propio Musashi nos advierte al principio del capítulo Libro del agua: «Hay que evitar considerar el contenido de este libro de forma literal. Al contrario, todo lo que se dice en él hay que tratar de adaptarlo a nuestro propio cuerpo».

Los samurais entendían el combate como actitud vital absoluta, y quizá gracias a eso en sus textos siempre se descubren frases inspiradoras; Libro de los cinco anillos no es ninguna excepción. Os dejo mis favoritas:

El espíritu que vence a un solo enemigo es el mismo que vence a mil o a diez mil.

Cuando uno no avanza por el camino verdadero, las pequeñas desviaciones del comienzo se convierten más tarde en grandes desviaciones.

La mano que se aferra mucho es una mano muerta. La mano que no se aferra es una mano que vive.

Incluso un camino de mil «ri» se ha de caminar paso a paso.

Lo importante en la táctica es ser consciente del sable del adversario, pero no mirar en absoluto ese sable adverso.

Ten la firme voluntad de atravesar la corriente en los momentos de crisis.

La acción de un experto parece lenta, pero nunca se aparta del ritmo.