«Para que una historia no termine, nunca debe empezar.»
Esta película es como la típica fiesta que piensas que será un coñazo, un cúmulo de tópicos sin gracia, y de golpe no solo te lo pasas bien: además conoces a alguien que te remueve. Y todos te lo notan al día siguiente. En este caso, solo fui a verla porque era francesa y salía París, para mí motivos suficientes para pasar un buen rato en el cine. Y lo pasé, pero además me gustó mucho.
A ratos rodada como un vistoso vídeoclip, esta historia no es exactamente la que te venden en el póster. Qué raro, ¿verdad? Sigue leyendo
