Gran película. Para mí, de las mejores del año sin duda alguna. Del año y, quizá, del cine español. Una vez más, Amenábar demuestra que es un extraterrestre en la industria cinematográfica de nuestro país. Y aún así, cuidado, varias advertencias: no es una película para todos los públicos y desde luego, el hype que han creado con todo el tema de ser una superproducción jugará en su contra, y mucho. Lo más importante de la película no son su ambientación ni su puesta en escena (aunque redondeen el producto), lo más importante «sólo» es su mensaje: valiente y muy necesario.
Decepcionará a quienes busquen una película épica llena de acción, pero tampoco gustará a quienes esperen una clase de Historia fidedigna. No es ni lo uno ni lo otro. Aburrirá a quienes prefieran ritmos trepidantes y hará bostezar a quienes imaginasen un biopic hollywoodiense de Hipatia. Tampoco pretende serlo. Y, desde luego, en ciertos sectores la odiarán y levantará muchas ampollas (no me extraña que no haya encontrado distribuidor en USA, por ejemplo). Como digo, es una película minoritaria. Intimista, incluso.
«Ágora» es ante todo un recordatorio de las consecuencias del fanatismo ciego, una reflexión sobre el eterno choque raciocinio vs. fe. La incomprensión de lo diferente, la devastación que causan las ideas absolutas, los genios obligados a la marginalidad, la intolerancia, las miserias humanas, el «venderse» para sobrevivir. Como digo, un mensaje muy valiente hoy en día, con tanto fanático religioso, pero también tanto fanático político. Demoledora.
Me quedo con dos planos muy simbólicos: el giro de la cámara cuando toman la Biblioteca y, justo después, las «hormigas» humanas. Sin olvidarnos de la espléndida y emotiva secuencia final.
Gracias, Amenábar.






Cuando fuimos a Japón, Enric y yo lo único que dominábamos de J-Pop era Ayumi Hamasaki y Utada Hikaru, que es como decir las Madonna y Britney japonesas. Y compramos muchas cosas de ellas, además de conocer otras joyas como Perfume, Koda Kumi…


