Ogai Mori – El ganso salvaje

No sé si será gracias al Book Journal que me autorregalé en Navidad, pero llevo un mes en el que no dejo de devorar libros. Siempre digo que desde que tengo la librería, leo menos que nunca; increíble pero cierto. Y aún así, me las apaño para recomendar títulos (y acertar a menudo). Ahora, quizá será por la chorrada de que me hace ilusión completar la ficha de los libros que leo, pero por fin he retomado un buen ritmo de lectura. Desde cuentas pendientes como «Un mundo feliz» o «La isla del tesoro» a apuestas personales como este «El ganso salvaje» que hoy voy a comentar, de Ogai Mori (autor japonés de principios del siglo XX que personalmente desconocía).

El libro es nada más y nada menos que la disección de una oportunidad perdida. Qué se esconde detrás de un hombre y una mujer que se enamoran a través de una ventana pero nunca llegan a conocerse. Dos personas a quienes la vida, tan casualmente como los juntó, los separa. No estoy soltando spoilers, ojo: esta oportunidad perdida es el eje de toda la narración.

Conocemos la historia a través de un personaje externo, un mero espectador que se limita a aportar objetivamente toda la información que ha llegado a sus oídos a lo largo de los años. No hay lugar para sentimentalismos ni drama, que es lo primero que podríamos pensar al leer la sinopsis. El testigo nos habla de las vidas de esas dos personas (y de la gente que los rodea), nos describe su día a día, su rutina y sus pequeñas miserias, nos desgrana cómo un cúmulo de casualidades une y separa a ese estudiante a punto de graduarse y a esa mujer, amante forzosa de un usurero.

De una sencilla imagen (una mirada cómplice en un Japón donde las apariencias y los roles establecidos lo son todo), acaba surgiendo un estudio desapasionado (pero no por ello menos conmovedor) sobre las pasiones humanas y sobre cómo nos enfrentamos a la necesidad de sentirnos menos solos: mientras unos están dispuestos incluso a pagar por un amor fingido, otros nunca se atreverán a decir un simple «Hola».

No negaré que el libro me ha impactado muchísimo. En cierto modo, es la cara negativa de una de mis películas favoritas, «Antes de amanecer» donde los dos protagonistas, tras tener un flechazo en el tren, sí se atreven a conocerse aunque sólo sea durante unas horas.

Top 20 Canciones de 2010

Nadie puede negar que este 2010 ha rebosado de buena música. Prefiero hacer tops de 10 canciones, pero esta vez me ha sido imposible, y aún ampliándolo a 20, he tenido que dejar fuera muchas de las melodías que me han acompañado a lo largo del año. Demasiado temazo, demasiada canción bonita. Lo siento por Ellie Goulding, lo siento por Marina & The Diamonds, lo siento por Hej Matematik, lo siento por mucha gente. Shakira que se joda, aunque a punto ha estado de entrar con su «Addicted To You» (y esa lefa verdosa).

Podéis escuchar cada canción en Spotify una por una, o bien suscribiros a la lista que me he currado con los 20 temas.

20. Eminem feat. Rihanna – Love The Way You Lie
En Chicago y Nueva York ponían la cancioncita de marras en cada maldita esquina, así que durante ese viaje quise odiarla. Fue inútil: volví adorándola. La versión de Rihanna es más bonita y más perfecta, pero no por ello mejor. ¿Por qué nos gustará tanto el drama?

19. Mark Ronson & The Business Intl – You Gave Me Nothing
Ante la duda de qué canción poner de un disco que considero el mejor hilo musical ever (en el buen sentido, ojo), recurro a Last.fm y para mi sorpresa, ésta es (con diferencia) la que más he escuchado. Y yo encantado.

18. Robbie Williams – Heart And I
Mientras el mundo enloquecía con «The Flood» (he tardado meses en cogerle el punto) y todos bostezábamos con «Shame», yo flipaba con la otra canción nueva del inexplicable recopilatorio de Robbie. Ya sabéis cómo me pierden estas baladas uptempo.

17. Cheryl Cole – Promise This
Yo mismo estoy sorprendido de tener que incluirla en el top, pero por suerte o por desgracia, Last.fm no engaña. Todo lo que tengo que decir: alouette-ette-ette, alouette-ette-ette, déployer l’aile.

16. N.E.R.D. – Hypnotize U
«Hot’N’Fun» quizá sea más divertida, pero yo siempre seré defensor de las causas perdidas. La adoré desde la primera escucha, gracias a esos susurros, esas percursiones ahogadas, esa cuenta atrás… todo.

15. Ana Torroja – Tu Habitación Helada
Si no existiera Amaia Montero y Marta Sánchez se quedase afónica, Ana Torroja sería sin lugar a dudas la cantante española más insoportable. Y a pesar de ese rollito infumable de «mujer solidaria en un mundo injusto» que se trae ahora, no sé cómo, pero ha conseguido brindarnos uno de los temas más bonitos de 2010. Destaco esos sonidos de videojuego y ese puente.

14. Sharon Corr – Everybody’s Gotta Learn Sometime
La hermana mayor de los Corr no estaba dispuesta a que su hermana Andrea flopease sola, así que ni corta ni perezosa se metió en el estudio para grabar descartes de The Corrs y un dúo con (horror) Alex Ubago. En realidad, el disco no está tan mal, y este single, aún siendo un cover, me parece una cucada.

13. Ayumi Hamasaki – Sexy Little Things
Ayumi es la Madonna, la Lady Gaga, la Britney, la Kylie y la Robyn del J-Pop. «Sexy Little Things» es un tema tan excéntrico como atemporal. Podría ser de 1997, 2010 o 2035, y eso es bueno, muy bueno.

12. Kylie Minogue – Get Outta My Way
Ahora todos la adoran, pero a mí ya me enamoró en cuanto se filtró el álbum. Esto es lo que esperaba de una Kylie asesorada por Stuart Price, no «All The Lovers». Dicen que si intentas cantarla entera, mueres asfixiado. En un mundo ideal, estaría mucho más alto en el top.

11. Katy Perry – Teenage Dream
Después del horror de «California Gurlz», me juré odiar a Katy Perry para siempre. Y al final la hija de puta casi se cuela en el Top 10. Pero es que «Teenage Dream» es preciosa, y más desde esa versión acapella en Glee. Eso sí, sufro cada vez que la chica intenta cantar You think I’m pretty y You’ll be my Valentine, Valentine.

10. Robyn feat. Snoop Dog – U Should Know Better
Entramos en materia. Pues al final ni «Dancing On My Own», ni «Hang With Me», ni «Indestructible». Todas ellas me encantan (de hecho, podría hacer un Top 20 entero con el proyecto Body Talk), pero la que más he escuchado y la que más loco me vuelve es este desenfreno pop. Gwen Stefani debe revolverse en su tumba por que se la hayan robado. Even the French know better than to fuck with me.

9. Scissor Sisters – Invisible Light
Ni «Fire With Fire», ni «Any Which Way», ni «Something Like This», ni pollas en vinagre. ÉSTE es el temazo del disco. Una canción épica e hipnótica que quizá debería estar (aún) más alto en el top, pero bastante me ha costado ya ordernarlo… At the doors of Babylon, you are my Zion.

8. Swedish House Mafia feat. Pharrell – One (Vocal Mix)
En el fondo, nunca dejaré de ser un poligonero. Los 90 me hicieron así. Descubrí muy tarde este tema machacón, pero ello no ha impedido que lo disfrute una y otra vez, para desgracia de los clientes de mi tienda. Una letra escasa pero efectiva que unida a una base irresistible nos lanza al éxtasis sin remedio. Y nada de radio edits, a mí dámelo todo. Could you at least do that?

7. Lady Gaga – Alejandro
Iba a poner «Bad Romance» pero me ha parecido excesivo porque ya estuvo en mi Top 10 de 2009. Me he dado cuenta de que ya se ha convertido en uno de los temas de mi vida. La asocio a muchos momentos buenos, otros estupendos, otros no tan buenos y algunos incluso malos. Pero al final me decanto por poner «Alejandro», que también la adoro y su vídeoclip es uno de los highlights de mi 2010. Tanto adorar a Ace of Base no podía caer en saco roto. Los 90 volverán con fuerza. She hides her love en su bolsillo.

6. Hurts – Wonderful Life
Me gustaría ser pedante y poner un tema del disco que no haya sido single, pero lo siento, soy así de simple: llevo adorando «Wonderful Life» desde que me la descubriera Cobraestilo el año pasado. Perfección pop que recoge lo mejor de las 3 últimas décadas y lo condensa en otra balada uptempo de las que me pierden, con coros y mucha melancolía. So she throws him at the wall and kisses burn like fire.

5. Pet Shop Boys – Together
Y si hay algo mejor que una balada uptempo, es un tema 100% dance con una letra feliz sólo en apariencia, ya que «Together» esconde la triste historia de dos personas que mueren juntas. No queda claro si son dos amantes en un pacto de suicidio, o un loco enamorado y su víctima. En cualquier caso, los Pet Shop Boys siguen al pie del cañón 25 años después. Together, I’ll die with you.

4. The Ting Tings – Hands
Si este temazo fuera un indicativo de lo que está por venir, está claro que el 2º disco de The Ting Tings sería desde ya uno de mis más esperados de 2011. Pero sé que al final pasará como con el primero: 3 temas buenos y el resto, morralla. Por ahora, me conformo con esta maravilla de ritmo adictivo y letra tonta. Clap your hands if you’re working too hard.

3. Ke$ha – We R Who We R
Empecé el año odiando a Ke$ha y lo termino rendido a sus pies por sacarse de la manga esta bomba. Es más de lo mismo pero mejor, muchísimo mejor. Tonight we’re going hard, ha-ha-ha-ha-hard.

2. Kelis – Acapella
Cuando se filtró a finales del año pasado, supe que sería uno de mis temas favoritos de 2010. No me equivocaba. Sólo podía salir algo bueno de mezclar una letra poética con un ritmo machacón hasta el exceso. «Acapella» está llena de esas frases que escribías en las carpetas y las agendas de tus amigas, frases de amor dulzonas que suspirabas por decirle a alguien de verdad. Y sientes la felicidad de Kelis al cantarlo sinceramente: por fin se siente así. Ni David Guetta puede destrozar la magia de esta canción. Now a symphony’s the only song to sing.

1. Brandon Flowers – Only The Young
Pero si hay un tema que me ha enamorado este 2010 es «Only The Young», que me cautivó desde ese misterioso instrumental que sonaba de fondo en la web oficial. De hecho, el CD del mormón de Las Vegas es mi disco del año, muy por encima del resto. «Only The Young» consigue sonar a Ryan Tedder pero sin dar asco gracias a la cuidada producción de Stuart Price. Etérea y contundente, la canción mantiene el misterio: ¿es optimista o maníaco-depresiva? Quizá ambas cosas. Sólo sé que esos grititos lanzados al espacio (ha-ha-ha-ha…) son lo más bonito que he oído en muchos años. Yo le abrazaría. And the sun will shine again.

You know we’re superstars

Odio a Ke$ha, no me trago su pose de borracha arrastrada divertida, su voz me saca de quicio en canciones como ‘Your love is my drug’… pero menudo temazo se ha sacado de la manga para la reedición / EP con 8 nuevas canciones de su álbum «Animal» (ahora «Animal + Cannibal»). ¿Me pasará como con Lady Gaga, que su 1º disco me aburrió pero tuve que rendirme ante el poderío de ‘Bad Romance’, ‘Alejandro’, ‘Telephone’ y ‘So Happy I Could Die’?

No se acaban aquí las similitudes con Stefani Germanotta, ya que viendo que la italoamericana le toma la delantera en fama, en excentricidad y en seguidores gays, Ke$ha se ha atrevido a comentar esto sobre un tema de tontipop como es ‘We R Who We R’:

Ke$ha penned the topical tune in the wake of the news about bullying that has led to multiple suicides of gay youth lately. She hopes that the song, in particular, will be a pride anthem. “I wanted to inspire people,” she says, “to be themselves. It’s a celebration of any sort of quirks or eccentricities.”

Atrevida.

¿Lo próximo será un vídeoclip peñazo de 10 minutos con un copy-paste del estribillo de la canción y un vestido de carne humana? Espero que no.

The Thin White Duke from Mars

Le robo a Enric la idea de hacer una lista de Spotify para reivindicar la carrera de algún cantante de capa caída. Y la primera la hago de David Bowie. Porque si Michael Jackson y Madonna fueron el Rey y la Reina del Pop, David Bowie siempre será el Rey de la Música. Ha tocado casi todos los géneros, saltando de la música casi hippie de sus inicios al glam-rock que le hizo famoso, luego saltó al soul, a la electrónica experimental, al dance, al R&B, al rock industrial, al drum & bass, al brit-pop y un largo etcétera… Todo lo que se le ha cruzado por delante, no siempre con éxito pero sí con resultados como mínimo interesantes.

Tampoco se queda corto con las colaboraciones: Lou Reed, John Lennon, Iggy Pop, Brian Eno, Queen (para crear una de mis canciones favoritas ever, «Under Pressure»), Tina Turner, Mick Jagger, Pet Shop Boys, Nine Inch Nails… Todos han pasado por su cama musical.

Este espíritu camaleónico (no sólo a nivel musical, porque Bowie también suele crear «personajes» y estéticas para identificar cada disco), esta reinvención contínua e incansable han inspirado a artistas de todo tipo, desde Madonna a Marilyn Manson. Y también a Lady Gaga, claro, que al fin y al cabo no ha inventado nada.

Ya de pequeñajo me fascinó en Dentro del Laberinto, tanto por sus canciones como por ese peinado imposible, esa actitud de diva cabrona y esas mallas que marcaban un paquete mastodóntico. Supongo que fue uno de mis primeros mitos eróticos junto a Indiana Jones. Lo sé: así he salido. Y luego ya con los años descubrí que no sólo era actor, también era cantante, y un buen día me compré en la FNAC su recopilatorio por 8€ y aluciné con todas las canciones, hasta el punto de que me vi obligado a hacerme con toda su discografía (dejándome un dineral porque el buen hombre es bastante prolífico).

Su voz es muy peculiar, inimitable. Canta con una teatralidad que a ratos raya en la esquizofrenia, pero ese distanciamiento y esa frialdad consiguen que te metas en su mundo y, si es necesario, te emociones. Es como un extraterrestre aprendiendo a vivir en la Tierra, descubriendo la diversión y el amor.

Desde 2003, una salud delicada mantiene a Bowie alejado no sólo de los conciertos, también de los estudios de grabación. Y me da rabia porque parece que haya que esperar a que se muera para reivindicar una carrera espectacular: 21 álbums de estudio, 108 singles y decenas y decenas de temazos.

Para esta lista, he intentado ser muy selectivo (representando todos los discos, pero sin excederme -demasiado- con ninguno), y aún así me han salido 65 canciones. Más de 4 horas de buena música que espero que disfrutéis y os sirvan para conocer o disfrutar a un artista único.

Que os guste:

Bret Easton Ellis – Suites Imperiales

Bret Easton Ellis me parece un escritor fascinante. Más allá de las polémicas que siempre lo han acompañado (especialmente, por culpa del libro destroyer «American Psycho»), es un autor que se ha creado un mundo propio al que te arrastra para que convivas con una serie de personajes que se relacionan entre ellos de una novela a otra, todos antipáticos, nihilistas y al borde de la autodestrucción, pero no por ello menos atractivos o carismáticos: al contrario, los adoras. Su estilo es de frases glaciales y una minuciosidad quirúrgica que asusta y hace reír a partes iguales. No hay piedad en sus palabras: Easton Ellis desnuda el alma humana y la coloca ante un espejo despiadado.

Después de la joya que fue «Glamorama» y el bueno pero mejorable «Lunar Park», tenía ganas de ver con qué nos sorprendía esta vez. Así que este verano, en cuanto vi «Imperial Bedrooms»en la FNAC poco antes de irme a Chicago, no me resistí al impulso de comprarlo. Era el primer libro de Easton Ellis que disfrutaba en inglés, y su estilo gana tanto que, ya en Chicago, me compré «American Psycho» también en inglés, para volver a descubrirlo (de hecho, es como un libro totalmente distinto).

«Imperial Bedrooms» (Suites Imperiales en su traducción al español) es una especie de segunda parte de «Menos que cero», el libro con el que debutó a principios de los 80. Los mismos personajes, pero 30 años después, y flirteando con la realidad (mencionan, por ejemplo, que se hicieron un libro y una película sobre ellos, lo cual es cierto). Pero no se conforma con ser una secuela: en realidad es un «grandes éxitos» de toda la obra de Easton Ellis, ya que incluye elementos de todos sus libros: el ambiente de famoseo de «Glamorama», los momentos escabrosos de «American Psycho», la atmósfera de peligro inminente de «Lunar Park», etc.

Es un libro melancólico, muy triste y emotivo, lo cual puede chocar en un autor así (aunque «Lunar Park» ya tenía trozos que te dejaban con la lágrima asomando, no en vano era parcialmente autobiográfico), pero se entiende mejor al leer su biografía: en la última década han muerto su padre y su novio. Es lógico que estas vivencias hayan afectado a su narrativa.

«Suites Imperiales» nos habla de vidas malgastadas, de gente encallada en un día a día que detestan pero del que no saben (o no quieren) salir, de los engaños y las vías de escape que buscamos ante la rutina que nos asfixia… Todas las páginas están impregnadas con el aroma del final de una época. Lees este cóctel de sexo, drogas, desesperación, violencia, paranoia y apartamentos tan amplios como vacíos con la sensación de que algo termina.

Esta vez, Easton Ellis se reserva las escenas más truculentas para el final, y lo cierto es que están narradas con desgana. Un aburrimiento seguramente intencionado, como si el autor quisiera despedirse de la violencia y la polémica pero fuera muy consciente de que, para bien o para mal, forman parte de su éxito.

En definitiva: un libro sorprendente, muy emotivo, muy crepuscular, que se disfruta más si conoces los libros anteriores del autor pero que en caso contrario, te servirá perfectamente como toma de contacto con su peculiar estilo.

Lo malo es que ahora toca esperar otros 5 años hasta su próxima maravilla.