A Roma con amor

Roma queda muy lejos de París. Eso ya lo sabía, pero aquí se confirma. El año pasado, Midnight in Paris fue mi película favorita, y este 2012 ya la he visto otras 3 veces. Sigue pareciéndome tan mágica como la primera vez. A Roma con amor no tiene esa magia, ni siquiera te apetece viajar a Roma después de verla.

Para empezar, el título puede ser engañoso. De las cuatro historias que conforman la película (cuatro al principio, aunque se desperdigan), sólo dos giran entorno al amor. Las otras hablan de la fama involuntaria. Y es un amor de parejas en crisis. Se encara esta situación desde la comedia, pero el trasfondo no es cómodo.

No es el Woody Allen más inspirado, los mejores diálogos son los suyos pero casi parecen un añadido de última hora. La verdadera lástima es que la historia que protagonizan Alec Baldwin, Jesse Eisenberg y Ellen Page, con algo más de desarrollo habría sido una buena película por sí misma. Tendríamos así un producto certero.

Pero la película es la que es, no la que te gustaría. Así que sin moverte de la butaca, ríes y disfrutas. En el fondo, de eso se trata. Desearías encontrarte menos recovecos pero es lo que tiene Roma. Ruinas y callejuelas no siempre luminosas que al final desembocan en una plaza con una fuente bonita. Las crisis existen, pero se superan.

Enjoy the ride

No siempre recuerdas que las cosas son fáciles. O más fáciles de lo que a veces te da por pensar. Fluir en el presente, sentir sin pensar, dar gracias por lo que ya tienes, abrazarlo, empaparte. Un viaje en bicicleta, un chapuzón, el universo en tu toalla. No hay más que eso. El trampolín eres tú.

Las canciones inspiran. Te recuerdan que a veces basta con sentirse feliz, a gusto. Hacer las cosas por el placer de hacerlas. Darte un baño con sales y velas, o sentarte en el sillón a leer un buen libro, encender tu incienso favorito, pasear por la ciudad a esa hora en la que ves otras cosas que no están en tu ruta habitual.

Disfrutar del paseo, tan sencillo como eso. Remar al ritmo del agua. Las 69 canciones de la playlist me inspiran todo eso. Relajación, instinto, centro. Para hacer compañía o disfrutarla. Hoy me apetecía compartirlas. Espero que encuentres como mínimo una que te invite a aceptar el mundo tal cual es.

Carry on smiling and the world will smile with you
Take me on a train ‘cos I’m not flying 
Everyday I walk away with the feeling that I’m center stage
Mejor si estás encima, mejor escuchar al pumpum, pumpum
And now I know the truth that anything could happen 
I’m breathing new air, can I take this all in? 
Don’t get lost in heaven 
What is there to know? All this is what it is
Sky fits Heaven so fly it
Decide something less decisional 
Strange things will happen if you let them come around and stick around
You’ve gotta seize the moment before it’s gone

Woodkid – Iron / Run Boy Run

El domingo disfruté del concierto de Woodkid. Gratuito (este año es el que más conciertos habré visto pero también el que he gastado menos dinero), en plena plaza Reial de Barcelona. Los arcos de la plaza parecían sacados de las proyecciones que, sobre el escenario, acompañaban unas canciones dignas de banda sonora.

Y es que las composiciones de este francés está barnizadas con un halo épico. Ya se notaba su gusto por la grandilocuencia del cine en sus vídeoclips para Lana del Rey, por ejemplo. Esto fue a más con el estreno de Iron, single con el que presentó su primer EP. La conquista del paraíso en clave indie. Enarbolar la bandera para liderar una revolución, la de «Aquí estoy yo».

En Barcelona se le notaba con ganas de ser adorado por el público. Y lo conseguía, claro. No sólo es sexy, ese vozarrón profundo lo motiva todo. En las canciones más íntimas, como Brooklyn, Woodkid enamoraba. Una balada sobre la distancia y las cosas buenas que echas de menos bajo un París lluvioso. O Baltimore’s Flies, con ese piano que poco tiene que envidiar al de Someone Like You.

El piano y las trompetas, otra de las marcas de la casa. Qué intensidad la sección de viento. Pero todos estábamos esperando el pelotazo: Run Boy Run y sus percusiones sin tregua. La sorpresa es que muchas canciones del futuro disco, previsto para 2013, tenían tambores igual de apoteósicos o más. Safri Duo con alma, lo definimos. Será candidato a disco del año cuando salga. Saltos y emoción a partes iguales.

Run Boy Run! This world is not made for you
Run Boy Run! They’re trying to catch you
Run Boy Run! Running is a victory
Run Boy Run! Beauty lays behind the hills

I follow rivers

Este verano crucé un río. No sé si era el primero que cruzaba, no recuerdo otros pero pudo haberlos. En todo caso, lo sentí como algo nuevo, excitante. Cruzar un río. Descalzo, haciendo equilibrios, ver el caudal de agua desde el centro como a medio camino de un paso de cebra ves al fondo el Arco del Triunfo. Llegar a la otra orilla.

 
El río había aparecido de repente. Paseaba por el bosque y allí estaba. Había visto otros ríos antes, claro, pero ninguno tan ancho. Tan cruzable. Así que bajé la pendiente, esquivé los matojos, me descalcé sin titubear y empecé a cruzarlo. Como si tuviera un mapa del tesoro y la X estuviera al otro lado.

Pero no tenía mapa, y eso lo hacía más emocionante. A la aventura. Fluir, esa palabra que tanto me gusta. Fluir como el propio río, fluir con él. Llegar a algún lado. Algunas piedras resbalaban. Tuve que aprender a apoyar los pies. A no ir demasiado deprisa. Caminar hacia adelante aunque tuviera que dar algunos rodeos donde el suelo del río era más firme. El agua estaba fría, pero eso mejoraba la circulación de los pies.

Ya en la otra orilla, me senté a descansar en una piedra. Era más alta que el resto. Todas las piedrecitas a mis pies. Sentí que había conquistado algo, por insignificante que fuera. Sobre todo disfruté de la sensación de estar allí, por fin, al margen de todo, bajo el sol. Estaba allí y estaba vivo. No podía pedir más. Sí, este verano crucé un río.

Alphabeat – Express Non-Stop

Enciendes la radio. Una canción que no conoces te dibuja una sonrisa. Al segundo estribillo ya la tarareas. Esa canción se va tal cual llegó, empieza otra. Nunca sabrás su título pero recordarás la felicidad que te dejó. Pues bien, Express Non-Stop es como un recopilatorio de esas canciones. A tu alcance siempre que quieras que salga el sol, bailar o creer en el amor.

Pop luminoso, optimista, eufórico, enamoradizo. Ya desde su primer disco, es lo que mejor se les da a los daneses de Alphabeat. Pero es que aquí ponen toda la carne en el asador del pop más desenfrenado. El título lo deja bien claro: que la fiesta no pare. Quieren que muevas los pies, y lo haces.

No hay baladas. Desde himnos al poder rejuvenecedor del amor (Younger Than Yesterday) hasta la locura impredecible de Show Me What Love Is, el álbum es un viaje por lo mejor del pop de las últimas décadas. Hay incluso algún momento muy sesentero, como Mad About You, con sus uh-uh-uh, palmadas y shoop-shoop. Pero ellos consiguen que todo suene coherente. Y actual.

No es que el amor sea el tema más original en la música. Alphabeat lo llevan al extremo y todas las canciones de Express Non-Stop hablan de ese sentimiento. De la energía que te da. De los nuevos comienzos que provoca. Así que anímate. Ellos lo llaman Love Sea y suena como la secuela del How Will I Know de Whitney. Ponte tus mejores galas y baila en esta fiesta de promoción perpetua. Te van a coronar.

 
We’ll be hanging out somewhere in the clouds forever
Be my parachute, let’s set by the Moon together
As good as it feels, can’t be real
Too good to be true
I was coming down, I was in the dark til the summer