Friends with benefits

El sábado no me apetecía pensar. Ni pasar miedo. Quería una película entretenida, llevadera y previsible. Nada como una comedia romántica para estos menesteres, siempre están ahí para dejarte con el ánimo feliz, creyendo en todas las cosas bonitas. Que haberlas, haylas. Y hay que atesorarlas, lo dice Friends With Benefits.

No la vi en el cine, me recordaba demasiado a Sin Compromiso, que se estrenó casi a la vez. Y sí, la premisa es la misma: follamigos que pasan a sentir «algo más». Pero Friends With Benefits tiene mejor guión, mejores secundarios, mejor selección musical… y unos protagonistas que convencen. Viva la sexérrima Mila Kunis y viva Justin Timberlake (sobre todo sin camiseta y sin pantalones).

Dejarse llevar y, entonces, atreverte no sólo a sentir, sino a reconocer que sientes. Este proceso atravesarán ambos protagonistas. Cada uno a su ritmo, como tiene que ser. En el ajetreo de Nueva York, contarán con los consejos de Patricia Clarkson (que debería salir más, la adoro desde A dos metros bajo tierra) y de un sorprendente Woody Harrelson (convincente gay promiscuo con un corazoncito escondido).

En fin, película de sábado por la tarde, palomitas, helado y sofá, pero bien hecha. Con escenas para morir de amor, alguna que otra risa agradecida y un final que, dentro de lo previsible, sabe sorprender. La magia de Nueva York. Cuando te apetece contarle a ese alguien especial cómo te ha ido un día cualquiera, cuando escucharle cómo te cuenta el suyo es tu momento más feliz… ¿hay algo mejor?

Anything could happen

«¿Llegarás hasta ese árbol?», preguntó mi amigo. El árbol estaba a pocos metros, en el mismo paseo por el que íbamos comiendo un helado. Enseguida llegaríamos a su altura. «Claro», dije. «No, no lo sabes», contestó él, con razón. En realidad, podía ocurrir cualquier cosa. Hasta que no llegásemos no sabríamos si, por ejemplo, alguien chocaba con nosotros, nos manchaba de helado y teníamos que tomar otra ruta.

La incertidumbre al pasar de página. Esa sensación perseguías de pequeño al comprarte los libros de Elige tu propia aventura. Pensabas que el autor hacía trampas, quién iba a adivinar que abriendo la trampilla del sótano en vez de la puerta dorada darías con un tesoro. Pero algo tenían aquellos libros: siempre volvías a ellos.

A veces intentabas encontrar todos los recorridos, leer el libro desde el final para desentrañar sus misterios, recomponer las elecciones que te llevarían al mejor desenlace. Pero hacerlo así no era tan divertido. Lo entendiste rápido: no conviene adelantarse. Tu propia aventura, página a página, momento a momento.

Fluir es más que explorar. No avanzas hacia el árbol para saber si llegarás, sino para continuar con tu paseo. Mucho antes de dar con el segundo sabor, al helado ya le habrás dado cucharadas deliciosas. Lametones y risas. Por eso, el mejor momento es ahora. La emoción irrepetible de dar cada paso sin saber dónde te llevará. Si prefieres dejar espacio para las sorpresas, pasa a la página 13.

I was so lucky

Luck is an attitude. Lo dice ese anuncio de Martini que ya lleva meses circulando por ahí. Y tiene toda la razón del mundo. La suerte es una actitud, sí. O como dice esa frase del Hagakure que siempre acaba apareciendo en este blog: «Hay que ganar desde el principio para salir victorioso siempre.»

Los anuncios de Martini siempre los recuerdo ofreciendo «algo más». Por ejemplo, la erotización del hombre en una época en la que parecía que sólo las mujeres podían ser objetos sexuales. Yo encantado de tener a un guaperas poniendo morritos en pantalla, claro. No sé si lo notarían en las ventas. Quiero decir, en Carnaval todo mi instituto se disfrazó de chicos (y chicas) Martini pero no era esa bebida la que pedíamos, entonces éramos de Malibú con piña. Luego ya nos pasamos al vodka.

Este año han optado por un chico Martini menos maromo, más natural. Pero lo interesante del anuncio es cómo muestra muy visualmente, gracias a una pantalla partida, algo que, de tan obvio, la gente a menudo olvida. Tal como sales de casa es tal como va a ser tu día. Si te encoges de hombros, no sólo te mojarás, además resoplarás y renegarás. Pero si sonríes y te lanzas a la lluvia, pasarán cosas.

Antes, yo era el típico que llegaba a la barra del bar y los camareros me ignoraban, no me servían hasta que ya no quedaba a nadie más por servir. Normal: me quedaba en un rincón, agazapado detrás de anchas espaldas. No digo que ahora me sirvan el primero, pero al menos, desde que me inclino en la barra y sonrío, he conseguido volver antes a la pista de baile con mi copa. Para seguir bailando.

Activé los engranajes. Poniendo de mi parte. Dejando de esperar que el mundo en algún momento me prestase atención. La reclamé yo, esa atención. Y esa suerte y ese amor y todas las cosas que, estaba convencido, yo me merecía. La vida no es más que eso: creerte afortunado. Saberte afortunado. Y actuar como tal.

Take you higher

Algo no funciona. No puede ser que los mismos políticos que luego piden tu voto, estén insultándote cada día. Por catalán o por parado. Por enfermo, por la edad que tienes, por lo que quieres estudiar, por tu sexualidad. Por parásito. Si de verdad sirvieran al pueblo, no legislarían contra él. Tan sencillo como eso. Los políticos deberían mejorar la sociedad, levantarla. Y están haciendo justo lo contrario.

No leo la prensa (y soy mucho más feliz así) y en este blog no suelo hablar de estas cosas. Pero eso no significa que viva en la parra. ¿Hasta cuándo aguantaremos? Me lo pregunto. Quiero creer que es como cuando un amigo te falla. Siempre está de morros, se enfada y no te lo dice, causa malentendidos en el grupo de amigos. Le defiendes porque es tu amigo hasta que un día dices: hasta aquí.

Las relaciones están para mejorarnos. Los amigos, las parejas, los políticos con el pueblo. Si no me vas a tratar bien, no te necesito en mi vida. Lo contrario es masoquismo. Tengo a medio escribir una novela que trata de eso, de cómo social y personalmente se permiten ciertas situaciones por no darte cuenta de que las riendas las tienes tú. Que te den por culo, sí, pero eligiendo con buen gusto quién lo hace.

Hay que tener en la vida sólo a esa gente que te aporta energía positiva. Los amigos que te escuchan y te abrazan, los novios que se acuerdan del vino que te gusta, los contactos de las redes sociales que te inspiran. La gente que sólo sabe quejarse, fuera. Los políticos que atentan contra el pueblo al que dicen servir, fuera. Que te traten bien es fácil: basta quererlo, pedirlo, invitarlo. Y ofrecer lo mismo.

The School – Reading too much into things like everything

Llevo unos días muy prom night. Me imagino mi baile de graduación con la música de un grupo de chicas cantando a coro. Armonías, trajes de topos, movimientos de manos, diademas y mucha laca. El año pasado estuve en una fiesta donde actuaban tres chicas en este plan y fue memorable su actuación de Oh Johnny Oh.

El caso: que The School suenan así. The Pipettes con un punto melancólico. Esa melancolía se nota sobre todo en la preciosa It’s Not The Same, balada otoñal donde las haya. Todo el disco es un poco como el sol en octubre, cuando entra por la ventana: calienta la mesa un rato. Luego apoyas los brazos y lo agradeces.

Para que no busques significados ocultos en los títulos, éstos son largos, lo cuentan todo desde el principio. The Grass Is Always Greener On The Other Side no por típico me gusta menos, es una de las canciones más bailables de un disco breve y siempre optimista. Deja fluir, no analices, disfruta lo que sientes justo ahora.

Me gustan estos discos actuales que podrían haberse grabado hace 40 o 50 años. Esa atemporalidad no es fácil, y estos galeses (cuatro chicas y cuatro chicos) la han conseguido. Regreso al futuro: montas tu Delorean y vas a la fiesta de graduación de tus padres para asegurarte de que se casen y no desaparezcas de la foto.

Y es que a veces, las cosas más improbables salen bien. La soleada Never Thought I’d See The Day, carne de anuncio con sus guitarritas y esas estrofas que con toda naturalidad se transforman en estribillos, da prueba de ello. Los triunfos existen. Basta con apostar a caballo ganador.

Oh here they come
Those feelings I have dreams about for so long
Each stop I make my head spin around
I never thought I’d see the day or hear the sound
Of your voice calling my name