I’m so excited

Callé a tiempo. Qué horror de tráiler, qué horror de looks, qué horror de póster… Todo eso pensaba de cierta película pero me contenía de soltar en Twitter todas las frases más o menos ingeniosas que se me iban ocurriendo. Lo curioso es que, al final, de alguna manera, he conectado con la película y su propuesta.

Ahora tengo tantas ganas de verla que no paro de tararear la canción que suena en el tráiler. Todo un viaje: de la aversión al entusiasmo. Y quizá sea eso lo que ocurre cuando dejas que el tiempo actúe y la lluvia te vaya calando. Que gota a gota, te conquista. Amor a segunda vista. La recompensa de alimentar la paciencia.

«No tomes decisiones precipitadas», decía mi horóscopo el otro día. Y yo, que ni creo ni dejo de creer, me reí porque acababa de tomar una decisión radical: en vistas que no llegaba un libro imprescindible para cierto proyecto que me hace mucha ilusión, había decidido cortar de raíz. Abandonaba. Y justo entonces, llegó el libro. Pude salvar los trastos y continuar a bordo del proyecto.

Cuántas veces tiré la toalla demasiado pronto, cuántas cosas a medias por ser tan drástico. Y todo lo que no estaría disfrutando ahora si, poco a poco, no virase hacia un modo más relajado. Dejar espacio a la sorpresa, callarte los despotricamientos para acabar disfrutándolos, y sino, no pasa nada: ya llegarán cosas que te exciten.

El Atlas de las nubes

«You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one»

Soy talifán de los Wachowski, vaya eso por delante. Menos Lazos ardientes, que no la he visto, todas sus películas me han dejado clavado al asiento y, lo que es más importante, me han hecho pensar una vez fuera de la sala de cine. Bueno, Speed Racer no tanto, pero la trilogía Matrix y «su» V de Vendetta sí.

Ahora tocaba Cloud Atlas. Ni siquiera después de ver el tráiler sabía muy bien qué esperar. Película de época y ciencia ficción, los mismos actores en papeles totalmente distintos, comedia, espionaje, acción, amor eterno… parecía un cóctel con muchos ingredientes, demasiados. Y dura 3 horas, nada menos.

Ya en el cine, el desconcierto todavía duró 5 minutos. Y entonces conecté. Me olvidé de todo, disfruté, ni por un momento se me ocurrió mirar la hora. En la pantalla se sucedían las espectaculares vistas de una Seúl futurista con las cartas que escribe un pianista enamorado de otro hombre, saltábamos de un thriller sobre una central nuclear a un grupo de ancianos planeando su fuga de un asilo.

Si en Matrix o V de Vendetta los Wachowski alentaban la rebeldía contra el sistema, aquí apuestan en cambio por los pequeños gestos individuales. Cada crimen o cada acto de bondad acabará decidiendo el futuro, no el nuestro, sino el de la Humanidad entera: una red de conexiones invisibles. Piedrecitas que desencadenan avalanchas.

Me ha sorprendido, sobre todo, que sea una película tan intimista. Más allá de toda la parafernalia, de los efectos especiales, de su peculiar narrativa con historias entrecruzadas a lo largo de varios siglos, película cuenta la historia (las historias) de seis héroes y las personas que les rodean en el momento más crucial de su vida. Sus sentimientos y sus dudas ante la encrucijada: ése es el eje de Cloud Atlas.

Entiendo que no tuviera éxito en Estados Unidos. Lo entiendo y me da mucha pena, porque es una película necesaria. Tú también puedes ser un héroe, parece decirte. Alguien al que futuras generaciones recordarán como fuente casi divina de inspiración. No hacen falta grandes gestas. De tus decisiones depende: firmar o no firmar un contrato, componer una canción, ayudar a unos desconocidos, valorarte a ti mismo. Quizá nuestras pequeñas revoluciones sean las más importantes.

We mapped the world

Al final será verdad aquello que decían en Love Actually. «El amor, en realidad, está en todas partes.» Buceando por Tumblr he encontrado esta serie de fotos. Cuánta magia con pocos ingredientes. Sale una pareja, él es el fotógrafo y ella, de espaldas a la cámara pero siempre cogiéndole la mano, le guía por rincones de todo el mundo.

 
 

La idea es del fotógrafo Murad Osmann y recoge bien lo que es el amor: sed de experiencias, aventuras compartidas, evolución. Aladdin tendiéndote la mano desde su alfombra mágica: «¿Confías en mí?» Perder en compañía el miedo a volar. Siempre adelante, la siguiente casilla a la que viajemos también merecerá la pena.

Hemos nacido en la era punk

Anoche envidié a Madonna. Estábamos en Razzmatazz dándolo todo, se acercaban las 4 y yo solo pensaba en mi cama. Asumí de repente que ya no soy el joven que podía empalmar dos días sin dormir. Y envidié, sí, a Madonna y sus giras de actuaciones casi diarias durante meses, a ella y a tantas personas que parecen conservar su energía a pesar de los años. A los amigos que nos siguen el ritmo.

Siempre creí que sería algo progresivo. Y no. Nada de años saliendo cada mes un poquito menos, porque ya no te apetece tanto como antes. Tampoco se construye ladrillo a ladrillo esa barrera entre las canciones de hoy y las canciones de «tus tiempos». Llega de golpe. Chocando con ella, te das cuenta de que tú también fuiste un veinteañero bailando Saturday Night con las canciones de tus padres.

Lo más curioso es que, por encima del cansancio y de la certeza de que ahora tienes la que edad que tienes (no tendría que chocarte tanto que la hija de un cliente te llame «señor»), por encima de todo estaban las ganas de seguir bailando. Y en eso pensaba yo cuando ha llegado a mí una frase, «Bailaremos hasta el final», y una canción: La Era Punk. El nuevo single de Algora, cuya letra lo resume todo muy bien.

Bailemos, pues.

Tarde o temprano desaparecerá la rabia
Dando a paso al conformismo y la levedad
Así que si no queda nada más detrás del valle
Bailaremos hasta el final

Alessandro Baricco : Mr Gwyn

«Se percataba de que estaba desnuda
solo cuando estaba sola, o cuando él no la miraba.»

El libro ha llegado a mis manos de forma tan accidental como puntualísima. No ha tenido tanta repercusión como otras obras de este autor. De acuerdo, no llega a la perfección de Seda, pero comparte lirismo a pesar de ser una novela muy urbana. Un Londres reconocible donde los personajes buscan nuevas oportunidades.

Mr Gwyn enlaza sorpresa tras sorpresa: se vuelve thriller, novela romántica y viaje de autodescubrimiento. Es muchas cosas, pero sobre todo es un libro de esos que recomiendas y de los que no paras de subrayar frases. Frases que siempre vuelven, como un perfume o el calor intenso de aquel abrazo en una habitación a oscuras.

Lo que más me gusta de Alessandro Baricco es cómo retrata los complejos sentimientos humanos con frases sencillas. Despojando las frases de adornos y adjetivos superfluos, con cada breve capítulo logra emocionarte como el mejor de los poemas. Aquí vuelve a conseguirlo. Cuatro pinceladas y ya conoces a sus personajes: cómo son, cómo sienten. Me quito el sombrero.

Recuperar el gusto por la escritura, la escritura como pasión y no como trabajo mecánico. Recuperar el gusto por dejarse conocer, dejarse contemplar: amar, en definitiva. Olvidarse de las metas y sencillamente sentir. Disfrutar en todas y cada una de las facetas de tu vida: una defensa de eso, ni más ni menos.

Nos quedamos parados en la idea de ser un personaje empeñado en quién sabe qué aventura, aunque sea sencillísima, pero lo que tendríamos que entender es que nosotros somos toda la historia, no solo ese personaje. Somos el bosque por donde camina, el malo que lo incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa, el color de las cosas, los ruidos. ¿Lo comprende?