Say hello to your life… now you’re living

«¿Qué te apetece hoy?»

Las palabras mágicas. Podría decírtelas si te acercases. Podrías decírmelas tú a mí si me acercase. Pero no me atrevo. Pero nos conformamos con mirarnos. Por turnos, claro. A ratos te miro yo y a ratos me miras tú; lo descubro cuando ya terminas, cuando devuelves la mirada a tu amigo, o acompañante, o lo que sea. En ese instante mínimo que nuestros ojos se cruzan, sonríes. Y yo me esfuerzo por sonreír rápido, para que te des cuenta. Llevamos ya un tiempo así, pero todavía no nos acercaremos, porque incluso un simple «hola» conllevaría ya cierto compromiso. Por ahora somos libres. Sigue el juego.

«¿Qué te apetece hoy?»

Te lo ha preguntado el panadero italiano, desplegando sus manos para que te fijes en el mostrador, rebosante de dulces y pastas recién salidas del horno. Te apetecería todo, y él lo sabe, y por eso sonríe. Quizá por eso te enseña también sus manos, piensas ahora, porque al fin y al cabo lo ha amasado todo él mismo. Es de esas pocas panaderías en las que todavía preparan y hornean los productos en vez de comprarlos pre-congelados.

Te decides por fin: una caña de crema. El panadero italiano (lo llamas así aunque en realidad no tienes ni idea de si es italiano; lo único cierto es que habla perfectamente el catalán) te cobra y te ofrece tu pasta. Hasta el precio es original: 1,42€, no redondea. Sus gestos son más amanerados de lo que te habían parecido hasta ahora. Claro que tampoco es que te hubieras fijado mucho. Un año pasando por delante de camino al trabajo y solo ahora que has entrado y le has comprado algo empiezas a conocerle. Sabes que es honrado. Se le nota en los precios y también en su sonrisa. Volverás.

«¿Qué te apetece hoy?»

Con esta pregunta deberían empezar todos tus días. Hoy te apetece saltar de charco en charco. Hoy te apetece comer solo postres. Hoy te apetece llevar la ropa que nunca te pones. Hoy te apetecen tantas cosas que las harás todas, una por una. Hoy te apetece decirme hola. Por eso, será lo que te pregunte la próxima vez que nos veamos. ¿Qué te apetece hoy?

L’amour à la française

Llevo un tiempo muy francés. Películas como Pequeñas mentiras sin importancia, grupos como Cocoon… Lo cierto es que desde que vi la mágica Midnight In Paris, es como si Francia hubiera irrumpido en mi vida. Y recibo puntualmente numerosas señales que me recuerdan que tengo que volver a París. Abro mi Tumblr y siempre hay una foto de esa ciudad; leo un libro, veo una película o una serie y París me guiña un ojo desde sus páginas y fotogramas.

Me apetece viajar a París solo. La gente me dice que cómo me voy a ir solo a la ciudad del amor, y yo les digo que cómo no iba a hacerlo. París ya la conozco, fui hace 8 años, y ahora me apetece explorarla a solas. Es una ciudad que me gusta tanto que estando allí solo cogí el metro una vez. Cada calle era tan bonita que merecía la pena cruzar a pie la ciudad entera, de punta a punta. Esta vez haré lo mismo, pero me empaparé de cada rincón. Y como el protagonista de Midnight In Paris, me dejaré guiar por la magia.

Estoy tan afrancesado que llevaba tiempo dándole vueltas a crear una playlist con canciones en francés. Algunas de mis favoritas y otras recién descubiertas. Hay, por supuesto, cantantes y grupos autóctonos como Serge Gainsbourg y Air pero también artistas invitados como Rufus Wainwright o Pink Martini, hay incluso actrices metidas a cantantes (Julie Delpy y Mélanie Laurent). Por supuesto, hay clásicos inevitables como La vie en rose o Voyage, Voyage pero también el inesperado pastilleo de Encore Une Fois o la atmósfera envolvente de Jamais Dû. Disfrutad de París, de Francia y del amor a la francesa.

Air – Sexy Boy
Alice Gastaut et Adrien Antoine – Je ne peux plus dire je t’aime
Alizée – Hey! Amigo!
Carla Bruni – Le Toi Du Moi
Céline Dion – Incognito
Christophe Maé – Je Me Lâche
Christophe Willem – Jamais Dû
Desireless – Voyage, Voyage
Dionysos et Olivia Ruiz – Tais-Toi Mon Coeur
Edith Piaf – La vie en rose
Etienne Daho – Au Commencement
Fatals Picards – L’amour à la française
Françoise Hardy – Celui Que Tu Veux
Guillaume Grand – Toi et moi
Julie Delpy – Je T’aime Tant
M. Pokora – A nos actes manqués
Marc Lavoine et Souad Massi – Paris
Mélanie Laurent – En t’attendant
MIKA – Elle Me Dit
Mylène Farmer – C’Est Une Belle Journée
Mylène Farmer – Je Te Rends Ton Amour
Noir Désir – Le Vent Nous Portera
Pink Martini – Sympathique
Rufus Wainwright – Complainte De La Butte
Sash! – Encore Une Fois (Future Breeze Radio Remix)
Sébastien Tellier – L’Amour et la Violence
Serge Gainsbourg – La Javanaise
Shy’m – Prendre L’Air
Valérie Donzelli et Jérémy Elkaïm – Ton grain de beauté
Yelle – Que Veux-Tu
Zaz – Je Veux
Zazie – Un Point C’Est Toi – Extended Remix

Won’t break me down, won’t brick me up, won’t fence me in

Te educan para ser empalagoso. Te quiero, no sé vivir sin ti, sin ti no soy nada. Mensajes con los que, desde que naces, te machacan una y otra vez las canciones, las películas, los libros, la televisión. Y cuando te enamoras, los repites como un autómata. Te quiero, no sé vivir sin ti, sin ti no soy nada. Te hablan de medias naranjas y almas gemelas para que te sientas incompleto. Siempre te falta algo. No quieren personas felices y autosuficientes, por la sencilla razón de que esas personas consumen menos.

Me asustan todas esas parejas que están todo el día uno encima del otro, dedicándose a diario y en público frases ñoñas, poesías y fotos de animalitos. Y es que yo fui así hasta no hace tanto. Cuando estás enamorado todo parece eterno. Lo que he aprendido es que si te acostumbras a que tu felicidad dependa única y exclusivamente de otra persona, te vuelves frágil y vulnerable. Todo puede tumbarte. Cuando todo falle, serás un náufrago en un mar helador, sin tablones a los que agarrarte. Y así veo a esas parejas, como futuros náufragos a la deriva. Es de cajón: si no sabes estar solo, tampoco sabes estar contigo mismo. Admiro en cambio a las pocas parejas que saben darse su espacio. No es que no quieran al otro, es que también se quieren a sí mismos. Y eso es muy importante.

No estoy desencantado del amor. Sé que volveré a enamorarme, sólo faltaría. Lo que no sé es si encontraré a alguien capaz de entender mis nuevas reglas. Alguien que comprenda que no querré convivir con él porque disfruto estando solo. Que no querré casarme ni ataduras de ningún tipo (y no me refiero al sexo). Que por estar con él no dejaré de ir solo al cine (menos, supongo, pero lo haré: así las películas te empapan completamente). Que no le regalaré cosas por San Valentín (aunque sí por Sant Jordi, porque creo que un buen libro es el mejor regalo). Que no le prometeré amor eterno ni le diré todas esas cosas bonitas que tanto endulzan los oídos y que nos hacen sentir especiales.

No somos especiales. O sí, sí lo somos, pero no no porque alguien nos quiera, sino por ser únicos. Me imagino mi cara hasta hace año y medio si alguien me hubiera dicho «te quiero, pero con estas reglas». Habría huido. Supongo que habrá alguien que lo entienda, que acepte o comparta esta independencia, pero no será fácil. Ya me está bien, tampoco tengo ninguna prisa. Los amigos, los libros y la música también son compañía. Elton John resume perfectamente lo que espero del amor futuro en su canción I Want Love.

I want love on my own terms
After everything I’ve ever learned
Me, I carry too much baggage
Oh man I’ve seen so much traffic

So bring it on, I’ve been bruised
Don’t give me love that’s clean and smooth
I’m ready for the rougher stuff
No sweet romance, I’ve had enough

Jeux d’enfants

Vale, lo reconozco. Siempre digo que el amor eterno no existe, pero era porque no había visto esta película, que en España se estrenó como Quiéreme si te atreves. Una historia de amor eterno llevado hasta sus últimas consecuencias. Ni Romeo y Julieta llegaron tan lejos. Gracias una vez más a David por acertar de lleno con sus recomendaciones cinematográficas.

No sé qué tendrá el cine francés que últimamente me gusta tanto. Y Jeux d’enfants no es una excepción. La presencia de Marion Cotillard siempre ayuda, claro, y ya no digamos la de Guillaume Canet, chico todoterreno que tan pronto me enamora en Last Night como me sorprende dirigiendo la monumental Pequeñas mentiras sin importancia.

Ésta es la historia de dos amigos que desde la infancia juegan a desafiarse mútuamente. Todo vale: mearse delante del director, ir en ropa interior a un examen, robarle los pendientes a una chica, decir «no» el día de tu futura boda. ¿Capaz o no? Les preocupan tan poco las consecuencias que nadie puede comprender la gracia de ese juego. Un juego que, ya de adultos, se vuelve demasiado peligroso porque ellos en ningún momento pierden la crueldad de los niños.

El género de la comedia romántica, y ya no sólo comedia (porque en muchos momentos, Jeux d’enfants no pretende hacernos reír): cualquier historia acerca de dos personas que se enamoren, es un tema tan explotadísimo que se agradecen soplos de aire fresco, amoríos extraños y otras formas de narrar. En algunas escenas, esta película puede rallar lo pretencioso. Pero casi siempre, el director Yann Samuell te sorprende: teatrillos en movimiento, sueños que cobran vida, un montaje arriesgado, gente que vuela, efectos especiales aquí y allá para llevar el humor al extremo, planos homenajeando al expresionismo alemán… Los Fesser dirigiendo una película romántica, algo así parece a ratos.

Y algo que me fascinó de veras fue que la mayor parte de la banda sonora conste de diferentes versiones de La Vie En Rose. Versiones de Louis Armstrong, Donna Summer, Zazie, Trio Esperança y, por supuesto, también la original de Edith Piaf. No sé si era ésa la intención, pero al no acompañar la película con la típica selección de canciones bonitas sino elegir una sola, y además tan emblemática, para mí se refleja perfectamente la obsesión casi enfermiza de Julien y Sophie a lo largo del tiempo.

Y nada puede prepararte para ese finalazo. Ya estaba encantado con Jeux d’enfants, pero entonces llegué a sus últimos cinco minutos y tuve que aplaudir. En el cine me habría levantado de la butaca. Artista es el que arriesga, y para acabar así tu película hay que tenerlos muy buen puestos. Será que al final no estaban tan locos, Sophie y Julien. Gracias a todos los que me vais recomendando estas películas únicas. Más, por favor.

Víctor Balcells Matas – Yo mataré monstruos por ti

«Y me besabas en todos los sitios menos en la boca,
porque no sabíamos que las bocas servían para besar.»

Quise comprarlo el viernes, y allí estaba. Encima del mostrador de la primera librería en la que entré. Descubrí la existencia de «Yo mataré monstruos por ti» en la reseña que le dedicó el blog Deborahlibros, recuerdo que sentí ese «Tengo que leer este libro y no otro» revoloteando en el estómago, sensación que precede siempre a los buenos libros. Después corroboré esas vibraciones al flipar con el relato «Pizarnik», transcrito aquí. Pasaron los meses y al final el libro apareció cuando tenía que aparecer. El viernes, ya lo he dicho. Día 13. Claro.

Tenía pensada la crítica perfecta mientras lo leía este fin de semana. Pensaba: diré que en el amor somos como esta portada, que nos creemos todopoderosos, capaces de matar monstruos con nuestros bíceps transparentes. Diré que el libro habla de un primer amor, luego llega el cuarto, como Pastora en Un pedazo de tierra. Porque el título está extraído de una canción de Love of Lesbian pero yo pensaba en Pastora. Archivo de palabras tristes, Desolado, No entiendo el mapa. Y es que estaba maravillado ante el arte -a veces poético, a veces sucio, pero siempre arte- que desborda de cada página de este libro. Diré tantas cosas. Hablaré de ese desfile de amores corruptos, luminosos, divertidos, trágicos, monstruosos.

Y entonces llega el último relato, el que comparte título con el libro, y Víctor Balcells Matas te desmonta una vez más. La definitiva. Como estás en público, intentas no llorar. Así que era eso. ¿Y ahora qué puedes decir? ¿Qué coño escribes? Pues por ejemplo, que cada página de «Yo mataré monstruos por ti» está llena de poemas disfrazados de relato. Que hay puñetazos agazapados tras cada palabra, tras cada frase. Son palabras seleccionadas a traición, que eso también es un talento, puede que el mejor: impactar al lector. Impactarlo a puñetazos hablándole del enamoramiento y las despedidas, los juegos, la muerte, la ausencia, el vértigo, la sorpresa, el vacío, los celos, el sexo basto y la compañía.

En fin: que disfrutas de un golpe tras otro, hasta que llegas al final, veintiseis relatos después, y el libro te da un último mordisco, ñam, y ya no sabes si Víctor ha estado matando monstruos o te ha matado a ti, con ese bracito heroico de la portada, todo ufano él pues ha conseguido que compres y leas esta maravilla suya, pero el caso es que cierras el libro cubierto de moratones, algunos metáforicos, y te sientes más vivo que nunca, así que sonríes y das las gracias porque alguien ha vuelto a contar las pequeñas cosas como nadie, y es por eso, por todas las cosas, historias, personas y derrotas que habitan a lo largo y ancho de estas 141 páginas punzantes, que la vida merece la pena. Yo también quiero escribir un libro cuadrado.

¿Dónde estás?, gritó él. Ella contestó desde el otro lado. Nadó hacia allí y la encontró en medio, flotando, su cabeza era como una pelota apoyada sobre el césped. Se va a hacer de noche, dijo él. No me digas, dijo ella. No se dijeron nada más. El barco flotaba junto a ellos. Sólo pensaron, flotando boca arriba, con los brazos extendidos. Él piensa: Cuántas estrellas veremos esta noche, pero no sé si llegaremos a mañana. Ella pensaba lo mismo. Morir descifrando las constelaciones. Estar junto a alguien que piensa lo mismo y no saberlo. No volvieron a tocarse. Sólo cuando ella empezó a desfallecer y a ahogarse él se giró y la miró, ya sin fuerzas para socorrerla, la mira y piensa: Tú te vas primero, como cuando nos queríamos en secreto y salías del baño la primera, ajustándote las faldas, prometiéndome que nos encontraríamos al otro lado. Pero esta vez no me has prometido nada.
(Relato «Nostalgia de lo duro»)