Tryno Maldonado – Temporada de caza para el león negro

Sabrán que yo no me acuesto con imbéciles. Es mi única política. Una política bastante sana que me ha resultado hasta hoy y que no contemplo variar.

Un título magnético y una fotografía sugerente. Máscaras necesarias para un libro terrible. Terrible por lo que cuenta: la sumisión total del protagonista a Golo, un artista torturado y torturador. Un vampiro emocional y su víctima, un hombre enamorado. Todo está contado después: ese momento en el que, pasados los años, el protagonista se lleva las manos a la cabeza y no comprende nada.

El título no es banal. Hace referencia a una anécdota que fascina a Golo, la historia de un cazador que capturaba y despedazaba unas bestias tan bellas como los leones negros porque de todos modos no iba a poder aprovecharlos ni llevárselos como trofeos. Así actúa Golo con sus amantes y con su propia vida. Una espiral de autodestrucción remarcada por la estructura de la novela: capítulos muy cortos, flashes fragmentados, con escenas que se repiten, líneas temporales confusas que van y vienen.

Visto desde la distancia, da la impresión de que Golo sólo podía ofrecer drogas, dinero y sexo. Y un físico deslumbrante, suponemos. Ni siquiera es buen pintor. Y alguien que, contrariado, se pone a ladrar como un niño imitando a un perro, parece demasiado ridículo como para enamorarse de él. Es brillante cómo el narrador consigue que te creas que ha estado enamorado de Golo pero no sabe darte ninguna razón objetiva. El magnetismo de los vampiros, sin duda.

En el fondo de esta breve novela que juega a ser provocadora -supongo que en México sería mucho más revulsiva-, se esconde una historia de liberación. La lees con el mismo horror con que escucharías esas historias de amigos enganchados a auténticos imbéciles. Pero de todo se aprende. No dudas de que ahora el protagonista se querrá mucho a sí mismo, se respetará. Saber lo que uno no quiere repetir ya es un buen punto de partida.

Quise a Golo. Pero no me pregunten por qué.

Yukio Mishima – Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis

Es absolutamente erróneo suponer que los demás están en condiciones de comprender nuestros sentimientos más profundos.

Para los japoneses actuales no sé, pero para un occidental resulta muy difícil entender el seppuku (el mal llamado harakiri), qué puede llevar a una persona a acometerlo. Más incomprensible resulta en los tiempos modernos, y no digamos ya si quien lo hace es un escritor famoso y de prestigio como Yukio Mishima. Si ya en algunos relatos cortos había dado pistas de su futuro seppuku, es en este recopilatorio de ensayos, reflexiones y artículos, escritos durante los tres últimos años de su vida, donde encontraremos todas las claves de su suicidio ritual aquella mañana de noviembre de 1970.

En Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, Mishima expone sus ideas al desnudo, sin las florituras de la literatura. Nos habla de la frustración que siente ante un Japón rendido a Occidente que renuncia a su legado, de sus propias contradicciones al ser el primero en disfrutar de las ventajas del mundo occidental, hace un repaso de sus últimos 25 años de vida, expone qué le llevó a formar la Sociedad de los Escudos (un ejército privado de universitarios samuráis…).

Reivindica, por supuesto, el heroismo de los samuráis ancestrales y de hecho no entiende un Japón sin samuráis. Y reflexiona también sobre el arte, la política, el placer y el pudor, la vida, la etiqueta, el esfuerzo… Comparte su ética personal con las futuras generaciones. Y aunque no puedas estar de acuerdo con todo lo que escribe (era ciertamente extremista), sí deja caer frases geniales, chispazos que te abren la mente. Siempre es un placer leer de primera mano lo que pasaba por la cabeza de un genio.

Mención aparte merece el brillante capítulo «Introducción a la filosofía de la acción», donde el autor desarrolla el significado de las acciones, para él más importantes cuanto más efímeras. Compara la acción con el acto de desenfundar una espada japonesa: te pasas años entrenando, estudiando, mejorando; llegado el combate, analizas la situación y permaneces en silencio mientras examinas al rival y recuerdas todo lo aprendido; al final, en menos de cinco segundos, desenfundas, atacas y matas. Así son las acciones: efímeras, pero precedidas de un largo tiempo de cultivo y seguidas por otro largo tiempo de consecuencias.

No es un libro triste: es un invitación a vivir una vida mejor, más honesta, coherente, llena de iniciativa, siempre fiel a unos objetivos claros. Una lectura extrema para paladares selectos que quieran ahondar en la filosofía samurái, ser testigos de excepción de los últimos pensamientos de un gran escritor o simplemente ampliar horizontes. Os dejo con algunas de las mejores frases.

Nadie puede dar el primer paso en la vida y experimentar inmediatamente una sensación de satisfacción.

Es fácil declarar que se está listo para morir, y ofrecer la propia vida, pero no es tan fácil demostrar la veracidad de lo que se afirma.

A pesar de ser un hombre, me parece del todo natural pensar que un cuerpo perfecto contribuya a elevar el espíritu y que, al mismo tiempo, se deba ennoblecer el cuerpo perfeccionando el espíritu.

Confío en que haya algún joven capaz de escribir al menos una obra no contagiada por el veneno ajeno, sino empapada genuinamente en el propio.

La vida es un baile en un cráter de un volcán que en algún momento hará erupción.

Apostar con prudencia no tiene sentido.

La acción no tiene eficacia si no está acompañada por una situación determinada, y cuando tal situación no existe debe crearse, concentrando todas las fuerzas en la reducción de las distancias temporales y espaciales.

Last Night / Sólo una noche

«Puedo resistirlo todo menos la tentación», decía Oscar Wilde. Y tenía toda la razón. Pero hay formas y formas. La tentación siempre puede aparecer tras la próxima esquina, sí. Ignorarla, darle la espalda, sólo significaría frustrarnos, retrasar lo inevitable y hasta entonces acumular un rencor desmedido que acabará pasándonos factura. Una vez hemos conocido la tentación, al final siempre acabaremos cayendo en ella. Pero en nuestras manos tenemos el poder de pecar de una forma honesta, sin traicionar confianzas ni dinamitar autoestimas de terceras personas.

De tentaciones trata «Sólo una noche». De tentaciones e infidelidades hipotéticas, latentes. La atracción puramente física versus la atracción espiritual. Puertas entreabiertas que no sabemos si cerrar suavemente o abrir de par en par. El excitante y terrible «¿Y si…?». La culpabilidad de descubrir nuevas posibilidades. La destrucción de la renuncia. Y el eterno dilema: ¿lo que ganaríamos es mejor que aquello que perderíamos?

No quiero ser tópico pero se nota que la película está escrita y dirigida por una mujer, Massy Tadjedin. No tanto porque la verdadera protagonista de «Sólo una noche» sea Joanna (Keira Knightley). Se nota sobre todo en la complejidad de los personajes, en la atención a los detalles (magníficos primeros cinco minutos), en la sensibilidad de los diálogos (inteligentes, nada zafios) y en la valentía con que Tadjedin aborda la situación en la que se ven atrapadas estas cuatro personas. No hay lugar para medias tintas ni tópicos: las infidelidades son como son. Se nota que una mujer está al mando incluso en la elección de la delicada banda sonora de Clint Mansell: piezas a piano tan sensuales y tan tentadoras como esos escenarios nocturnos que recorren ambas parejas.

Las propias ciudades parecen incitarles a caer en la tentación. En este contexto casi hostil, los personajes secundarios ejercen de necesarios pepitos grillos. Hablan con los protagonistas para ayudarles a hacer examen de conciencia, para que pronuncien en voz alta lo que no se atrevían ni a reconocerse a sí mismos. Y es que cuando el deseo te desorienta, incluso un perro puede servirte de guía.

Supongo que sientes que una película es realmente buena cuando ésta te habla, cuando te adentras tanto en su historia que desearías haberla rodado tú. Cuando, de hecho, podrías haberlo hecho tú sin cambiar ni una coma. Me fascinó «Sólo una noche» porque lo disecciona todo con una elegancia, una sinceridad y un sentimiento envidiables. Al final, queda claro que la honestidad siempre es el mejor camino. No el más fácil, claro, pero es que las buenas personas no buscamos nunca lo fácil. El último plano de la película, por cierto, es sencillamente perfecto.

Once you know something like that, you can’t unlearn it.

Andreu Martín / Jaume Ribera – El com del crim

Quan la vida es converteix en un compte enrere, la paciència és una virtut escassa.

No pensava pas comentar aquest llibre al blog. Llegeixo els llibres del tàndem Andreu Martín i Jaume Ribera (la sèrie del detectiu juvenil Flanagan i, des de fa uns anys, també sèrie de l’Àngel Esquius) com a esbargiment. De tant en tant, ja va bé un llibre més lleuger però ben escrit, fàcil i ràpid de llegir, amb molt d’humor, que t’ajudi a desconnectar. Però vet aquí que al cinquè cas de l’Àngel Esquius, ens trobem un detectiu en plena crisis vital, replantejant-se el seu futur. I m’hi he sentit força identificat. El crim queda en un segon pla i de seguida arriben les frases reveladores que et fan connectar amb el personatge.

El llibre toca temes ben actuals: polítics corruptes, les teories de la conspiració, les màfies, el moviment antiglobalització, el coltan… Tot ben filat i sense perdre mai el somriure, com és marca de la casa. Hi ha també una crítica gens dissimulada al món de la publicitat i de la imatge, la superficialitat. Tot això contrasta amb un Àngel Esquius més analític i místic que mai, immers en ple procès de renovar la seva escala de valors, buscant la seva felicitat, fins i tot si aquesta felicitat significa estar sol.

És ben curiós com els temes dels casos que haurà d’investigar, es reflexen en el moment vital en què es troba. La teoria de la conspiració aprofitada com a mètode radical per capgirar la nostra visió d’allò que ens envolta; la publicitat entesa com l’enemiga de la nostra voluntat, l’antítesi de les coses que ens agraden de veritat. Curiosa simbiosi entre el personatge i el seu entorn. Sense aquest cas, potser no hauria sapigut com enfrontar-se a la delicada situació en què es troba. Com reconèixer que algú important de la seva vida ja fa nosa? Com confessar que necessita temps per a ell, només per a ell? Com sortir-se’n quan ha de renovar-se si vol evitar ofegar-se?

«Com»: aquesta és la paraula clau del llibre. Trobar el com: el com del crim, com fer bé les coses, com ser feliç, com aconseguir que allò que semblava tan impossible sigui molt més que probable. Si tens confiança, si jugues bé les teves cartes, sempre trobaràs el com. I quan et sentis perdut, l’univers ja s’encarregarà d’il·luminar-te amb petites senyals.

En definitiva: una lectura molt entretinguda, ideal per aquest estiu. I no només per entretenir-nos, també ens servirà com a recordatori de les coses que ens haurien d’importar. Fantàstic.

Gaudiré de la meva soledat i, quan me’n cansi, tornaré a començar i així semblarà que tinc molt de temps per endavant, perquè quan comences a fer qualsevol cosa sempre et sembla que tens molt de temps per endavant.

El Pescao – Un viaje nada-lógico

Desde hace algún tiempo tengo la sensación de que las cosas fluyen mejor cuando todos navegamos hacia la misma dirección y confiamos en nosotros. Eso es exactamente lo que ocurre en este proyecto.

De vez en cuando se cuela entre mis gustos musicales alguna cosa inesperada, chocante porque en principio no me pegaría nada (quienes me conocen bien saben, por ejemplo, que poca música en castellano escucho repetidamente más allá de canciones sueltas y clásicos como Mecano, Fangoria o Mónica Naranjo). Es el caso de El Pescao, proyecto en solitario de David Otero, guitarrista de El Canto del Loco, un grupo que me gusta aún menos si cabe que La Oreja de Van Gogh. Llevo varias semanas de conexión absoluta con este disco. Os recomiendo dejar los prejuicios a un lado y disfrutarlo como se merece.

El idilio empezó escuchando de casualidad Castillo de Arena en un foro. «Qué bonita», pensé. Y lo es. Bonita, y poética, con cierto toque folk, una base electrónica muy suave, un juego de voces que roba el corazón. Meses después, un amigo me obligaba a escuchar Historia de Terror, más guitarrera, pero con generosos puntilleos electrónicos y un curioso punto en común con la anterior: a pesar de contar historias de desamor, ambas canciones tienen un marcado espíritu optimista. Como si supieras que el protagonista de esas historias sobrevivirá. Me gustó… y tras muchas escuchas decidí darle una oportunidad al disco, aprovechando que anunciaban una reedición con cuatro temas nuevos: Un viaje nada-lógico. Y mira que soy partidario de los discos cortos, pero en este caso no me sobra ninguna de las 15 canciones. Todas tienen su sentido y su lugar, todas merecen la pena.

Es un disco de verano. No de cualquier verano: de ese verano luminoso, lleno de oportunidades que tan inabarcable parece y tantas ganas de abarcar tienes. No puede ser casualidad que en casi todas las canciones se mencione el sol y la playa y la arena y el mar, y también la luna. Intuyes -sabes- que te vas a comer el mundo, pero lo harás dejándote llevar de una forma pausada, meditada incluso. Ahora sabes quién eres y ya no estás para tonterías.

Éste es el viaje de un pescado fuera del agua, viviendo, amando, bailando, riendo, y volviendo al mar con lo aprendido. Empezamos pasando página con la bonita Te Pido Perdón para rápidamente entrar en materia con la mejor canción del disco: Buscando El Sol. Este tema tan optimista lleva tiempo alegrándome las mañanas de camino al trabajo. Si sus guitarras no os levantan los ánimos, nada lo hará. Un homenaje a todas esas cosas y todas esas personas que te alegran el día. En eso consiste la vida: en buscar el sol. Porque «De repente hace un día espectacular», canta David en la complementaria Otro Color, quizá el mejor de todos los temas nuevos.

«¿Cómo dejar de ser uno mismo si eres algo mejor?», reza el estribillo de Como Me Ves Me Voy. «Y otro día más decidí si cambiar o entender lo que soy» (Cada Día). Y de todo esto trata también el disco: de avanzar, de evolucionar más que cambiar (porque siempre se evoluciona a mejor), de empezar a quererse a uno mismo, de vivir de otra forma más enriquecedora, de tener ganas de compartir todo lo aprendido (pero sabiendo que terminaron los tiempos de arrastrarse: vales demasiado). Cambios de prioridades, ganas de experimentar: «Puede que hayas podido ver cosas que de repente son mágicas, físicas; no te lo creas: siéntelas» (Deja de respirar). Y otra frase memorable: «Da la vuelta a tu vida, que ha empezado la fiesta» en La luz oscura del mar.

Optimista a ratos, introspectivo y respetuoso con uno mismo siempre, todo aderezado por una mezcla de arreglos acústicos y guitarreros, ritmos pseudo-reggae y la ocasional ayuda electrónica. Es un disco que te hará compañía, ya sea cuando te echas a la calle con una sonrisa de lado a lado, mientras remoloneas en la playa, durante una cena con los amigos, en el trabajo o incluso por las noches, ya tumbado en la oscuridad de la cama. Un auténtico chute de energía, autoestima, paz interior, vida.

Y aunque en ese viaje nada-lógico no faltan los momentos tristes, todos los temas desprenden un optimismo y una esperanza con los que resulta imposible perder la sonrisa. Parece que David Otero nos canta desde esa madurez que te da descubrir que La Luna Va Y Viene. Te haces muchas preguntas, pero no tienes ninguna prisa por conocer las respuestas, porque sabes que llegarán. Así que por ahora te conformas con disfrutar al máximo cada día y coger por la noche tu guitarra para cantarles a tus amigos, junto a una hoguera, acerca de todo lo que has aprendido. Cantas en la playa, claro. Eres un pescado. Y cantas ese excelente resumen que es Me Da Lo Mismo:

Lo que me importa es el presente y la sinceridad
La sencillez de los niños al mirar al mar
Y lo que siento cuando veo que eres de verdad
Cómo me importan esas cosas que me hacen soñar
Cómo me importan mis amigos cuando ya no están
Cómo me importa que te quedes a mi lado más
Me importa todo lo que he dado y lo que tú me das
Me importa el mundo si puedo vivir un día más
Me importan tantas cosas pero todo lo demás
Me da, me da, me da, me da lo mismo.