Javier Cánaves – Limpieza y absorción

No sé hablar de poesía. Escribirla tampoco. Por eso admiro tanto a quienes la escriben. No suelo comprarla pero, de vez en cuando, algún libro de poesía salta a mis manos, como una libélula roja contra el pecho. Y le doy la bienvenida, porque a las cosas que te saltan encima hay que decirles hola con una sonrisa.

Limpieza y absorción es un pequeño poemario sobre el amor, la escritura, la vida en una ciudad, las piscinas azules, las guerras diarias. La monotonía y las cosas que la rompen. Dicho así parece poca cosa. Y en la mesa de la librería, verás que el libro es pequeño, diminuto incluso. Pero algo tiene que te hace cogerlo.

«¿Por qué las modelos nunca se acuestan con poetas?», pregunta la contraportada. Se ofrecen cuatro respuestas posibles y a ti se te ocurren muchas otras. También se te ocurren argumentos con los que rebatir la frase. Compras el libro, en cualquier caso. Para que te inspire, para que te remueva por dentro. Y lo hace. Le has dicho hola y él te ha abrazado. Es un buen libro de poemas, sí.

ESTE DESEQUILIBRIO
El escritor es una mezcla
de detective y médium.
Trabaja con mapas, voces y sospechas.
En las encrucijadas da lo mejor de sí.
Por eso las alienta. Vive solo,
aunque su casa esté tomada
por decenas de familiares.
Entiende mejor lo de afuera que lo de adentro.
Este desequilibrio es la literatura.
De la ventana a la mesa de trabajo.
El vértigo surge antes o después,
jamás durante. Durante es la magia,
la intuición. El escritor ama mejor
en las palabras que en los hechos.
Nunca escribe auténticas frases de amor.
Le gustan las nubes, las paradas de taxi.
Conoce la trampa y se burla de ella.
No sabe de qué otra forma defenderse del miedo.

Tao Lin – Robar en American Apparel

«Cuando eras pequeño, ¿qué querías ser de mayor?»

Tengo mi corazoncito. Comparan algo con Bret Easton Ellis y lo compro. Y sí, Tao Lin puede recordar al Ellis de Menos que cero, pero cambiando, claro, la MTV por los chats y Facebook y los blogs y los videojuegos. Tao Lin canaliza la furia de una generación a la que se le niega una educación y un trabajo y encima se la ridiculiza.

Robar porque qué otra cosa puedes hacer que no cueste dinero. El libro lo leerán los jóvenes, ellos se sentirán identificados ya con esa primera frase «Sam se despertó sobre les 3.30 de la tarde y vio que no tenía ningún e-mail de Sheila», pero deberían leerlo también todos los políticos (los que sepan leer, al menos). Que tomen conciencia del mundo que están construyendo.

101 páginas que se leen en nada y menos pero que alcanzan a cubrir algo casi dos años de la vida de Sam. El contraste funciona: para cuando te das cuenta, han pasado los meses y ya no eres el mismo, o no deberías serlo. Los personajes de Bret Easton Ellis están en callejones sin salida. Me gusta que haya esperanza para los de Tao Lin.

El último tramo del libro es precioso. Las mejores cosas surgen así, sin darte cuenta: de repente llega alguien que te recuerda las cosas importantes, con quien te salen de forma espontánea preguntas y gestos olvidados. Quién querías ser, por ejemplo. Todavía estás a tiempo. Hay que hacer cosas, ponerse en movimiento. Les ganaremos.

2 Broke Girls

Todo es posible. Ése parece ser el mensaje de esta serie. Puede que sea un mensaje ingenuo, pero también me parece necesario, y muy de agradecer en una parrilla televisiva que tiende a la destrucción y el desánimo, como si la única opción fuera el Apocalipsis. Estas chicas opinan lo contrario: adelante, podemos conseguirlo.

Y más diferentes no podrían ser Max y Caroline, pero forman el mejor equipo. Una tiene el talento, la otra, la ambición. Los conocimientos económicos de quien hasta ahora estaba rodeada de dinero y la dureza de quien tuvo que sobrevivir cada día, combinados, fundan un incipiente negocio de repostería: Max’s Homemade Cupcakes.

Sólo les falta reunir 250.000 dólares. Para ello, además de trabajar en una hamburguesería, aceptarán todo tipo de encargos y trabajos basura. Es bonito ver cómo una tira de la otra. Siempre habrá días menos buenos, por eso es importante rodearte de gente que te hace sonreír, que te sube p’arriba cuando no tienes fuerzas. Alguien que te haga sentir invencible y que por tanto te invite a arriesgarte día a día.

2 Broke Girls va de comedia picante, casi todos los chistes son graciosísimos dobles sentidos sexuales, pero ante todo trata del poder del optimismo, la visualización, el hambre. Los sueños de dos chicas, cumpliéndose poco a poco. Todavía no se lo creen del todo, pero sabes que llegarán a comerse el mundo.

Me gusta que cada capítulo termine con el recuento de lo que llevan ahorrado. Incluso cuando la cantidad disminuye a causa de algún gasto imprevisto, sientes que Max y Caroline están algo más cerca de conseguir su sueño. Dar pasos, largos o cortos pero pasos siempre, tomar con una sonrisa todos los desvíos que surjan hasta que llegues a buen puerto. Dijiste que podíamos, y podemos.

Kids / La inocencia del haiku

La fascinación de la lluvia. Se la expliqué por escrito. Luego me dio por pensar en su reacción: pensará que estoy loco. Que me fijo en naderías, como por ejemplo la lluvia en mi piel; al principio, moja mucho, pero luego la asumo, la abrazo, y la lluvia se vuelve más fina, pequeñas chispas que se escapan de un refresco y te rozan la nariz.

Pensará que estoy loco, o que poca gente nos fijamos en esas cosas. La mayoría cuando llueve sólo se preocupa de correr. Yo cierro los ojos hacia el cielo, pienso en cómo mejorará mi novela ahora que siento cómo se encogen las gotas. Y lo comparto con él, como lo haría un niño. Quizá soy un niño que todavía se sorprende cuando llueve. Todos deberíamos permitirnos ser niños de vez en cuando.

Vicente Haya asegura algo que un buen poeta debería recuperar los ojos de la infancia. Su capacidad de sorpresa. Por eso, se propuso recopilar haikus de niños menores de 12 años, convencido de que en ellos hay la pureza y el riesgo de los maestros. Le dijeron que ese tipo de libros no existían, pero dio con varios y ha traducido los mejores poemas.

Llevando un manojo
de espigas de arroz, feliz…
Pero pesan… ¿eh?

Son humildes, los niños. Reconocen que las historias pesan, incluso las que te hacen feliz, o esas más que ninguna otra, porque las llevas con cuidado: que no se caigan y tengas que recogerlas luego, bastante te costó ya la cosecha. Pasito a pasito.

El camino
que recorrió el caracol
está brillando

Un adulto se fija en el caracol, en la lentidud, en la lejanía de la meta, incluso en la ausencia de meta, parece que los caracoles no vayan a ningún lado. El niño se fija en cambio en el camino recorrido. Cómo brilla ahora que ya sale el sol. Actitud de vida.

En la mudanza,
lo último que llega:
los peces de colores

Los ojos del niño abiertos de par en par al ver tantos peces de colores. Revolotean dentro de una bolsa de plástico. Atrás queda el sudor y el trajín de cajas. Coge la pecera, decórala, llénala de agua, los peces ya están aquí, esto ya es una casa.

Cantan las cigarras
Los secretos que nos contamos
apenas se escuchan

La importancia de la intimidad.  En el bosque o en el sofá, tú y yo, contándonos cosas, aunque apenas se escuchen, cosas pequeñas, que sólo sabemos nosotros. Para los niños, todo es tan importante que lo susurran a la oreja del otro.

Plantado el arrozal,
me lavo las piernas
y voy otra vez a verlo

Enrique Vila-Matas – Aire de Dylan

«Yo nunca trato de regresar,
sino que intento encontrar una casa en el camino.»

Cómo es la vida. Juras y perjuras que no volverás a hacer algo, «A Dios pongo por testigo…»,  y la vida te sorprende, te cruza caminos y tienes que tomarlos. Avanzar es hacer lo que creías que no harías ya. El narrador de esta novela, por ejemplo, se había prometido no escribir más y entonces se tropezó con una historia fascinante.

La historia de Vilnius, doble del joven Bob Dylan, obsesionado con el fracaso y perseguido por el fantasma de su padre. El narrador se ve empujado a escribir sobre él y sus fallidos intentos por fracasar. Y así descubre que al final todo era fácil. No se trataba de renunciar a lo que no iba bien, sino de cambiar el enfoque.

A veces una frase sirve de motor de muchas cosas. A Vilnius le pone en movimiento una frase, no por romanticona menos certera: «Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien». Buscando su autoría, encontrará de rebote el amor y un objetivo en su vida más allá del fracaso. Y es que nunca encuentras lo que buscabas, sino lo que está justo al lado, más interesante por inesperado.

Novela policíaca, historia de fantasmas con tintes de Hamlet, parodia de las performances post-modernas, autobiografía apócrifa… Es muchas cosas, pero sobre todo Aire de Dylan es una búsqueda. La de uno mismo. Porque para eso investigamos, vamos al teatro, leemos, nos enamoramos o nos miramos al espejo. Para reconocernos en los ojos de otro.

En qué piensas, me preguntó mi mujer. Bueno, reaccioné muy rápido, pienso en que hay escritores que se preocupan por cambiar de temas y no repetirse y se atormentan con eso y hasta para cambiar están dispuestos a convertirse en camioneros cuando en realidad es todo más sencillo, basta ver mi caso: me ha sido suficiente con cambiar de barrio para encontrar otros temas.