Anjali Banerjee – La librería de las nuevas oportunidades

«No huyas de la felicidad.»

El cliente alucina. Has dado con el libro que buscaba, aunque sólo te había dado pistas vagas del argumento y algún color presente en la portada. Eso, o los gustos generales de la persona a quien habrá que regalar tu recomendación. Cuatro pistas y ves cómo el libro brilla en la estantería, un último ejemplar esperando a ese cliente.

Esta novela es un homenaje a eso. Al oficio de librero, entendido no como la persona que te señala en qué estantería se esconden los libros policíacos, sino librero como sinónimo de persona que encuentra libros, tu libro, el que buscabas a menudo sin saberlo. Es un oficio bonito, que cambia o serena vidas. La protagonista lo aprenderá sobre la marcha. Tiene el don, falta sacarlo a flote.

La librería de las nuevas oportunidades reivindica también los autores clásicos, su espacio en las buenas librerías. Pero el título hace referencia sobre todo a un volver a empezar íntimo. Después de una ruptura, de un divorcio. Cómo asusta el futuro. Cómo te encierras en tu egoísmo. Y cómo aprendes otra vez, poco a poco, con la ayuda de ese alguien especial, a compartir.

Regalazo el de mi amiga María. En la línea de la magia de la novela, por cierto: vi un ejemplar en una librería y una hora después, descubrí que ella me lo había comprado ya. Y quién mejor que ella para hacerme llegar este libro sobre tirar p’alante aunque no siempre te sientas a salvo. Arriesgar porque merece la pena.

David Levithan – A de Amor

A de amor es la novela más bonita que he leído este 2012. En realidad no sé si es un novela. Podría ser un diario original, o el recopilatorio de muchas entradas de blog. El título inglés, The Lover’s Dictionary lo describe bien: un romance en forma de diccionario. La idea es muy potente.

Cada «capítulo» consta de una palabra y la descripción que el narrador asocia a ella. Es un libro sincero, porque así es como se recuerdan las historias. No por orden cronológico, sino por esos instantes que las definen: los puntos de inflexión, las cosas pequeñas, las sensaciones, los darte cuenta, los pasos dados, las conversaciones sacadas de contexto, los miedos y las ganas, los olores.

Las entradas pueden ser de una frase o cuatro párrafos, y curiosamente las más cortas se intuyen las más significativas. Son como ventanas abiertas a un mundo del que vas uniendo puntos, levantando sábanas para conocer a sus dos habitantes. La cama convertida en universo. Imposible no emocionarse o sentirse identificado, un cosquilleo constante.

A modo de ejemplo, un par de las entradas más cortas y otra de las más largas:

Reproche
No me gusta que uses mi champú porque cuando lo haces tu pelo huele a mí, no a ti.

Voluminoso
Ya he pasado casi cinco mil horas dormido a tu lado. Eso tiene que significar algo.

Catalizador
Me sorprendió, aún me sorprende, que fueras tú quien lo dijera primero.
En cierto modo yo era un ingenuo que esperaba que esas dos palabras aparecieran en negrita con música de fondo. Pero, en cambio, el momento fue de lo más corriente. Había terminado la película y me levanté para apagar el televisor. No lo hice inmediatamente: habían pasado unos minutos desde que aparecieron los últimos títulos de crédito y seguíamos sentados en el sofá, tus piernas sobre las mías, tu mano rozando la mía. Por fin el vídeo terminó y la pantalla se quedó azul.
-Ya voy yo -dije.
Me dirigía hacia el aparato cuando dijiste:
-Te amo.
Nunca te lo pregunté, pero siempre me haré la misma pregunta. ¿Qué pasó en ese instante que te hizo ser consciente de ello? O, si ya lo sabías desde hacía tiempo, ¿qué te impulsó a decirlo precisamente entonces? Me encantó oírlo, me encantó tanto que con las prisas de decirte que también yo te amaba dejé la tele encendida, dejé que esa luz azul nos bañara un ratito más, y volví al sofá, a tu lado. Estuvimos un rato abrazados, sin saber muy bien qué pasaría entonces.

Creo que el mayor mérito del libro es que te invita a elaborar tu propio diccionario. Porque cada historia tiene uno y merece la pena recogerlo. Mientras escribía esta frase, me ha sonado en el móvil su melodía, la de Él, he sonreído y así he descubierto la primera entrada de la que me dejaría dejar constancia: Canción.

Denton Wench – En la juventud está el placer

Que me regalen un libro es lo mejor. Pero si además alguien se arriesga con un libro poco conocido porque cree que encajará conmigo… eso ya no tiene precio. Éste me lo regaló el chico de las mil cámaras por mi cumpleaños y fue un repóker de aciertos: título, portada, argumento, vida del autor (gay e inválido a principios del siglo XX, casi nada); incluso la editorial, porque quiero empezar a coleccionarla

No es una novela de iniciación, o al menos no la típica. Orvil es un adolescente en el primer verano de su adolescencia, pero tiene poco de inexperto. Sus fantasías son las de un adulto. Enlaza experiencias reales con visiones, esas asociaciones de ideas extrañas que nunca reconocerías en público. Morbos que tú también has tenido, flashes de un instinto primario, previo a la humanidad o a la sociedad.

Tal es la precisión para los detalles de Denton Wench que más que recordar parece que esté viviéndolo todo al ritmo que lo escribe. Todas las imágenes, desde los destellos que arranca el sol a los pelos de una pierna, hasta una bandeja de pasteles, tienen una carga erótica importante. Una cámara de cine en perpetua erección.

Llega un día en el que asumes quién eres y aprendes que la única forma de sobrevivir es sonriendo. Contestando al mundo con tu sonrisa. Y En la juventud está el placer es un homenaje a eso. Al día que descubres tu fuerza, la rareza que te hace único, y ya no hay quien te pare. La sonrisa no es un escudo, es tu ariete.

Hysteria

Imaginas las risas nerviosas de los productores cuando llegó el proyecto a su mesa. Una comedia romántica sobre la invención del primer vibrador en pleno Londres victoriano… ¿Genialidad o catástrofe? Pues algo mejor que eso: una película honesta, hecha con gusto y mimo, tan fresca como previsible, única, más para todos los públicos de lo que esperabas, con puñetazos disfrazados de manos toconas.

Como ya ocurría con la subtrama sufragista de Mary Poppins, en Hysteria hay mucha más chicha de lo que parece a simple vista. Es más que una reivindicación feminista. Es abogar por la plena libertad sexual de todos nosotros, romper tabús, llamar a las cosas por su nombre. La denuncia de una sociedad que da la espalda a todo aquello que no entiende.

Sorprenden los actores: Hugh Dancy enamora en su lucha entre represión e instintos, Rupert Everett está irreconocible, muy a gusto encarnando a ese inventor canalla; por su parte, Maggie Gyllenhaal jamás había estado tan guapa, este personaje fuerte y femenino y guerrero y sexual y sensible parecía reservado para ella.

La revolución sexual. La verdadera: coger las riendas de tu propio cuerpo, conocer a fondo lo que lo excita, disfrutarlo plenamente. El buen sexo está para disfrutarlo. Es la base de una relación de pareja sana y una vida equilibrada. Cuando entiendes eso, cuando das con la fórmula o el instrumento o la persona, eres más feliz. Ir bien follado, que se dice, para que la sonrisa sea máxima. O para cantar ópera, incluso.

Hot Chip – In Our Heads

«Look at where we are
Remember where we started»

In Our Heads es un disco de celebración. Porque no es frívolo celebrar las cosas conseguidas. Pequeños objetivos antes que grandes metas. Con unas letras que conquistan por su desnudez, el cantante, Alexis Taylor, desgrana la felicidad de su actual día a día: un corazón que vuelve a latir y otro cuerpo en la cama.

Después de cinco discos, los de Hot Chip redondean su fórmula de emoción bailable. Ya en Motion Sickness te arrastran a su batidora de influencias. No sabes si estás en una disco de los setenta, en los ochenta más electrónicos o en un revival noventero, pero bailas con ganas. Tienes una misión: contarle al mundo que sonríes.

Hay amor, hay baile y también hay sexo del bueno, claro, como en ese final épico de Don’t Deny Your Heart: gemidos orgásmicos encima de una base bien cargada de bongos y sintetizadores y guitarras. Incluso hay espacio para un par de baladas. Look At Where We Are es un homenaje a los caminos recorridos: qué fácil parece todo una vez coronas la cima y qué bien sienta respirar ese aire elevado.

Paso a paso, llegas a ese punto en el que hasta títulos a priori nada luminosos como These Chains te dan pie a escribir canciones eufóricas, de las de poner las manos en alto en plena fiesta playera. Casi chill-out termina la preciosa Let Me Be Him, pero antes hay siete minutos de crecimiento y éxtasis: una intro acapella, con pajaritos, a la que poco a poco se van sumando cajas de ritmos y coros. Puro himno.

El tema clave del disco sin duda es How Do You Do?. Te atrapa por su sinceridad y, antes que te des cuenta, brincas por tu habitación al dictado de Hot Chip. Y es que ese bajo es irresistible. El bajo y cada explosión post-estribillo. ¿Cómo lo hace? No lo sabes, pero te ha conquistado. Estás vivo y bailas. Será que a la quinta va la vencida.

«A heart is not for breaking
It’s for beating out all the life it needs to beat again 
How do you do it? 
You make me wanna live again»