Dom Hemingway

«A man with no options
suddenly has all options in the world.»
Eres quien eres, y te gusta, y alardeas de ello… hasta que ser quien eres te mantiene alejado de lo que quieres. La identidad puede ser una carta de presentación o una cárcel. Irá descubriéndolo Dom Hemingway: cuando queda en libertad tras 12 años prisionero, querrá ser más él que nunca. Como si eso le garantizara algo, como si le acercara a alguien o alguna parte.
El protagonista recibe el puñetazo más doloroso: el de la realidad. Y entonces termina la comedia gamberra sobre delincuentes que hablan de su polla como si fuera una obra de arte. Desaparece la alargada sombra de Guy Ritchie, en favor de un drama extraño. No estás acostumbrado a que alguien como Dom se pregunte según qué cosas.

Sigue leyendo

Coldplay : Ghost Stories

El final del amor. La incertidumbre y el no poder creértelo, los celos, dudar si darás el paso, el derrumbe, la nostalgia tan amiga de la idealización, ese paso tras otro que te lleva hacia adelante, el olvido guardado en el cajón como un postal de antiguas vacaciones. Todos sentimos lo mismo, aunque sea en un orden distinto.

Aquí hay canciones pequeñas. Para dejarse abrazar o para abrazarse uno mismo. A base de susurros, los versos intentan aferrarse a algo que ya no existe. Los fantasmas abundan, vagan de una canción a otra intentando comprender. Ecos, pianos. Sonidos para atesorar bajo la almohada. Solo al final vuelve el ritmo. Al final, sí: al borde del próximo principio. La euforia tras la tormenta silenciosa.

Un canto en honor a lo que se alejó por el horizonte y que ahora te lleva a ver las estrellas. Ese cielo lleno, llenísimo de estrellas. Cuando se cierra el círculo, lo confirmas. Continúas creyendo en la magia. Y en adelante, volverás a amar como si el amor fuera eterno, pero recordando que nunca lo es. El final del amor: su tristeza y nuestras lecciones.

And if you were to ask me
After all that we’ve been through
‘Still believe in magic?’
Yes, I do

El armario de acero

Debió de ser él quien me descubrió que era atractivo
y saberlo puso mi mundo del revés…

«Los rusos no me caen bien. No tengo nada que ver con ellos. Suerte que están lejos…». Relato a relato, los tópicos se van derrumbando gracias a este El armario de cero. Porque de repente te encuentras a un chico como Aleksander Belykh, que adora Japón, estudió japonés y lee a Murakami. ¿Serías tú, de haber nacido en Rusia?

17 autores y nuestros iconos son los mismos, o muy parecidos. Oscar Wilde, Michael Jackson, Hollywood: les gusta lo mismo que nos gusta y quieren tener lo mismo que aquí disfrutamos. Sigue leyendo

Aitor Villafranca : Cero

Dos hombres comparten cama pero despiertan en mundos distintos. El punto de partida de la novela me pareció potentísimo desde que el propio Aitor me lo contó hace ya 6 meses. Desde entonces tenía ganas de leer esta historia, y más teniendo en cuenta el buen sabor de boca que me dejó Zodíaco en su día. Las expectativas pueden ser peligrosas, pero en este caso se han visto superadas.

Y es que mientras lo leía en la cama, el libro cobró vida entre mis manos. Dejó de ser un conjunto de páginas escritas para transformarse en un espejo. De repente me vi reflejado en él, expuesto, escaneado hasta la última partícula. Y no solo me vi a mí: también pensé en tantos amigos con miedo a sentir, a volver a entregarse. Cuando te crees inmortal, haces y dices tantas tonterías, como si la recompensa siempre tuviera que estar esperándote cuando tú lo decidas.

Hay una cualidad que admiro en los escritores. Te hablan de esos sentimientos que rara vez compartes. No es solo que no te atrevas, es que no sabrías cómo hacerlo: por dónde empezar o qué palabras elegir. Ellos encuentran esas palabras y no dudan en compartirlas contigo. Leyéndolas, todo parece más sencillo.

Merece la pena conocer a Daniel y Álex. En un mundo donde ocurren tantas cosas extrañas, hasta el punto de no saber si eres la última pieza de un puzzle perdido que nunca encajará, agradeces reconocerte en esos personajes. Te sientes menos solo. Comprendes que los sentimientos pueden existir en cualquier parte, incluso en ciudades torcidas donde la gente levanta llamas verdes a cada paso.

No tenía recuerdos de que la realidad hubiera sido así antes de aquel día. Sin embargo, ese era el mundo en el que existía, así que, a la fuerza, el mundo tenía que haber sido así siempre. Solo había entonces una conclusión posible: era él el que había hecho algo mal, él quien, de alguna forma, había olvidado cómo existir. Las personas que le rodeaban lo habían comprendido antes incluso que él mismo, y ahora le vigilaban recelosos.

La novela Cero está disponible en Amazon y Casa del Libro.

La vida inesperada

Siempre hay dos vidas: la que esperas y la que, sin comerlo ni beberlo, llega a tus manos. Como si tu yo futuro te lanzara un salvavidas justo cuando creías que debías seguir nadando en plena tormenta. Ya lo cantaban los Rolling Stone: no siempre consigues lo quieres, pero si lo intentas, a veces encuentras lo que necesitas.

Otra cosa es como aproveches estas oportunidades. Hay cobardes que se creen valientes y hay valientes que creen cobardes. En el fondo, no son personas tan distintas. Los mismos sueños, las mismas cadenas, la misma ceguera para no ver lo que está ahí, a la salida de la boca de metro o en el escaparate de una tienda de delicatessen.

De repente, una Nueva York auténtica, en absoluto de postal. Aparece el Empire State en el póster, para que se la reconozca, pero la película apenas saca ningún monumento ni lugar emblemático. Sus personajes recorren las mismas calles que recorrerías de vivir allí. Los bares de cócteles baratos, los pisos diminutos donde desde el sofá ves el baño, los restaurantes en la otra punta, todas las calles iluminadas y no solo Broadway o Times Square. Se nota que Elvira Lindo es la guionista.

Ironías del destino: cruzaste el charco para acabar encontrando algo pequeño. Y parece tan diminuto en la ciudad más grande… Sabes que hay miles, millones de personas persiguiendo su sueño, pero sentado en un banco, a la espera de esa llamada, quieres creer que esta vez, contra todo pronóstico, serás tú el afortunado.