Side streets

Pasear, simplemente. Creo que ese placer lo vamos perdiendo. Enlazar una calle con otra, no para encontrar una tienda concreta ni llegar a tiempo a la reserva de un restaurante, sino para disfrutar de la ciudad. Sin objetivos, sin horarios. Así es como mejor se hacen las cosas, y el sábado lo recordé perdiéndonos por el Raval.

Me reencontré con fachadas que había olvidado. Descubrí nuevas tiendas en esas calles que antes atravesaba al trote, con la vista fija la parada de metro de más allá. Las estanterías están para curiosearlas, las calles para explorarlas. El sol me daba su beneplácito. Hacía tiempo que no disfrutaba así de Barcelona.

Creo que por eso me cundió tanto el viaje a Granada que hice en Marzo. No había mirado mapas, ni anotado cosas que ver. Tampoco tenía fecha de regreso. Bajé del tren pensando «¿y ahora qué?», claro, pero enseguida me guiaron las propias calles, de una cuesta a la siguiente escalera, una esquina desembocaba en una avenida, una plaza para refugiarme. Así, rincón a rincón, construí un mapa, el de mi Granada.

Un mapa sin líneas de transporte público, eso lo dejaremos para cuando haya que llegar puntual o lejos. Mejor patear, adentrarte en esas calles secundarias en las que también hay cosas. Portales abiertos por los que asoman patios y panaderías donde dan los buenos días. No más «dónde vamos», no más «qué hacemos». Estamos aquí, estamos disfrutando.

La respuesta no es la huida

El útlimo día lo entendiste. Viendo a tu sobrino levantarse otra vez aún con el juguete en la mano. Viendo a tu gato saltar sin red. Qué habrá al otro lado del muro. Ésa era la pregunta que querías responder. Das media vuelta y sigues adelante por ese camino del que huías. Sobran precipicios en el mundo genial de las cosas que dices.

Eres la suma de todos los caminos del laberinto. Solo al recorrerlos por completo aumenta tu inventario: en uno encuentras la espada y en otro el escudo. El único error sería quedarse quieto. Las baldosas amarillas te muestran el camino más escondido y llegas por fin al centro. Viéndote tan bien armado, el Minotauro confiesa: al otro lado del muro solo hay un mar infinito.

Eso te asusta, pero ¿cómo vas a huir de algo que forma parte de tu ADN? Tú también puedes ser agua: encontrarla, tocarla fresquita, refrescarte al beberla, escucharla cuando fluye, olerla cuando le echas té. Está decidido. Te tirarás al mar y nadando volverás a ser tú. Al final, dar con la brújula fue mucho más fácil de lo que parecía.

La respuesta no es la huida.

Memory of the future

«Ya es otoño:
queda un libro
aún por terminar.»

No puede ser cualquier libro, tiene que ser especial. Lo coges, piensas tu pregunta, y entonces, al abrir el libro por una página al azar, la primera frase que te salte a la vista tendrá una respuesta infalible. Pensabas que el único loco eras tú pero resulta que es un método que existe desde hace siglos. Bibliomancia, lo llaman.

¿Otoño? Me descolocó encontrarme el poema que encabeza esta entrada. Pero lo bueno de los flashforwards, recuerdos del futuro, premoniciones, como quieras llamarlos, es que, a su manera, lo ordenan todo. Todo tiene sentido. Así que enseguida me tranquilicé porque el futuro que tenía que empezar ahí.

Sôseki estaba en lo cierto al componer su poema. Este año está siendo un río, otoño ha sido decisivo, y ahora lo entiendo, la novela tenía que terminarla en esta época. Dicen que sólo escribes tu primer libro una vez. El mío tenía que salir así. Nació el año pasado pero tenía que aparecer todo lo que he aprendido y confirmado en 2012.

Me gustan los recuerdos del futuro porque, lejos de constreñirte, te invitan a aprovechar al máximo el abanico de posibilidades. Con la tranquilidad, además, de saber que todo saldrá bien, según lo previsto. Tu elección será siempre correcta y fluirás hasta el único futuro que te pertenecía. En el fondo, eso ya lo sabías.

The things I did before

Pon orden. Fue el primer consejo que encontré al abrir el libro que estoy leyendo ahora, El zen y el arte de amar. Abre un cajón, por ejemplo, y ordena todos los papeles que haya dentro, deshazte de lo que ya no necesites, recupera lo que no encontrabas, limpia. Cada día un espacio distinto, con calma.

He empezado por esa taza donde acumulo billetes de transporte, entradas de cine y conciertos, flyers, tarjetas de visita, etc. Había de todo. Hasta envoltorios antiguos y monedas de céntimo. Acumulas tantas cosas sin darte cuenta. Cuando he terminado de hacer limpieza, lo superfluo ya en la basura, me he sentido lleno.

Lleno, sí, porque gracias al contenido de la taza, he repasado todos los buenos momentos de este año, que han sido muchos. El viaje a Granada, las películas especiales, el Primavera Sound, un gofre en el Tibidabo, Madrid, las cenas antes de ir a La Penúltima, el hotel junto al lago de Puigcerdà, las tardes de playa, los helados violetas de Vioko, el concierto de Scissor Sisters, los fines de semana con los amigos, la Tarragona romana… He hecho balance y me ha gustado.

Ahora están todos los recuerdos ordenados, todas las tarjetas, todos los billetes juntos. La taza vuelve a tener espacio libre. Porque eso es lo mejor de todo: quedan muchos recuerdos por llegar, a este año todavía le queda más de un mes para seguir sorprendiéndome. Hoy mismo, ha llegado un buen disco a mi vida, el de Francis White. Así pues: bienvenidos, recuerdos. He puesto alfombra roja y la cena está lista.

And I want to thank you

Ha aparecido hoy en un bolsillo de mi chaqueta. Ya no lo recordaba. Un flyer titulado «Fundamentos de Gandhi». Me lo regaló un amigo días atrás, en Madrid, y está lleno de frases inspiradoras que no sé si serán de Gandhi pero deberían de llenar todos los imanes de nevera, todas las postales, todas las camisetas del mundo.

«Me ha recordado a ti», dijo mi amigo al dármelo. Sonreí. Pensé en el personaje de una de las muchas novelas que tengo sin terminar: una exitosa autora de libros de autoayuda que no es capaz de poner en orden su vida. A veces soy un poco así, lo reconozco. Al releer ciertas entradas antiguas del blog, siento que me ayudan justo ahora.. Como si las escribiera a modo de recordatorio para mi futuro yo.

Crece y evoluciona. Sé congruente. Lo dijo Gandhi (se supone) y estoy de acuerdo. El año pasado una de mis películas favoritas fue Happy Thank You More Please, y poner en práctica algunos de sus consejos me ayudó tanto a mejorar, como por ejemplo dar las gracias y pedir más. Así que no sé por qué hace meses que no agradecía realmente todo lo bueno que ha ido llegando, que es mucho, y muy bueno.

Gracias, pues. Gracias a quienes sacan tiempo para verme cuando más lo necesito. Gracias a ese chico que se ha atrevido a confiar en la estabilidad de las baldosas. Gracias a los clientes por seguir comprando. Gracias a la gente que sigue escribiendo y los músicos que siguen compartiendo su música. Gracias a todos los que, de una manera u otra, me llenáis cada día. Más, por favor.