Through these architecht’s eyes

«Ahora que sabes que esta energía existe, búscala.»
(La mente del samurái)

Vivimos conectados. No solo gracias a internet, que también, claro, sino gracias a esa especie de guiños cósmicos que nos suelta el Universo de vez en cuando: de repente te acuerdas de una canción y justo salta su correspondiente videoclip en la tele. Casualidades, sí, pero me gusta pensar que también signifiquen algo más.

El otro día pasaba con un amiga por delante de una cafetería, le dije que un amigo me la había recomendado y entonces salió ese amigo por la puerta. Cinco minutos después, explicándome sus planes de Navidad, mi amiga se encontraba con la pareja con la que cenaría al día siguiente. Iban a llamarse para concretar a qué hora quedaban y qué cenaban, pero no hizo falta, lo hablaron en la misma rampa del CCCB. Luego fuimos a tomar algo como levitando, esperando encontrarnos a los protagonistas de nuestra conversación tras la siguiente esquina.

Casualidades o no, me gustan estas extrañas conexiones. Es como si, durante unos segundos, el mundo dejara a un lado el caos y se ordenase. La intrincada figura de origami desplegada, para que puedas ver el papel pautado. Todas esas líneas que indican los pliegues requeridos y el orden correcto. ¿Serán pequeños empujones del inconsciente para que destinemos esta energía a visualizar las cosas importantes?

Bajo techo y con abrigo

Nos gusta el calor. Y es que no por tener calefacción, dejamos de ponernos pijama. Tampoco dejamos de tomar el chocolate bien caliente, ni de pedir caricias con manos cálidas o de suspirar al meternos bajo el nórdico. Invierno en la calle, el trópico en casa. Sofá y manta como máxima expresión de la vida moderna.

Pero también nos gusta el frío. En los rigores del verano, nada como un ventilador, un helado, una cerveza bien fresquita. Besos que comparten un cubito de hielo. Darte un chapuzón y saber que se te pondrán los pezones duros de regreso a la toalla. En verano nos gusta el mar porque se acuerda todavía del invierno.

Lo queremos todo. Y quizá sea ésa la gracia de la vida, encontrar la balanza entre todas esas cosas que quieres. Descubres un buen día que solo eran contradictorias en apariencia. Cuando te hacen feliz, encuentras tiempo y espacio para saborearlas. El helado después de la playa y el pijama largo viendo esa película de miedo.

1+1=1.000

«Aquest viatge només és un resultat.»

Dije que no volvería a la playa. Dije también que durante una temporada larga no quería novio, que a este ritmo nunca terminaría de escribir una novela, que nunca me gustarían los gatos, que no me gustaba el vino, que lo mío no era la repostería. Dije tantas cosas que eran verdad pero este año la tortilla se ha dado la vuelta.

Me faltaba, supongo, la energía. La fuerza motora. Y la encontré. A finales de marzo, gracias a un amigo, que nos presentó. Resulta que estas cosas pasan. Siempre me preguntaba: cómo conocer a alguien, si el ambiente no me gusta, en mi trabajo no tengo compañeros y paso de redes de ligoteo. Pues así. Mola.

2012 ha sido un año muy completo. He terminado mi primera novela. He vuelto a disfrutar cosas como ir a la playa y he hecho muchas otras por primera vez. Cuidar de un gato, por ejemplo. Ayer mismo preparé los primeros cupcakes de mi vida (bueno, presencié cómo los preparaban, pero compré los ingredientes, así que cuenta). Además, he seguido disfrutando de los buenos amigos, conservando nuestras pequeñas tradiciones. He aprendido, sobre todo, que la vida es lanzarse.

Para 2013, solo tengo dos deseos y un propósito. Conservar todo lo bueno del año anterior, mejor salud y, desde luego, ponerme las pilas buscando editorial para poder compartir muy pronto la novela. Gracias a todos los que me acompañáis en este viaje. Y gracias especialmente al chico que abrazaba peluches. Más, por favor.

Que un més un sumen mil

Que no hi ha restes, només ganes de seguir

Que un més un sumen mil

Que amb tu els números m’acabaran sortint

Dog days are over

Creo que comprendo mejor el amor desde que tengo gato. Bueno, no lo tengo. Lo disfruto. Estoy cuidando de él mientras un amigo está de viaje, y ésa ha sido la primera lección, que las cosas no se tienen o dejan de tener, sencillamente se disfrutan. Deja que llegue lo que deba llegar: hasta hace poco, ni siquiera me gustaban los gatos.

Cuidar de Batman (así se llama) es desinteresado. Le limpio la arena, me aseguro de que tenga comida y agua suficiente cada vez que salgo de casa. Le acaricio y le hablo con voz suave. Lo hago como recomiendan hacerlo todo los maestros zen: sin esperar nada a cambio. Solo quiero que el gato esté a gusto. Es mi tarea.

También le miro mucho, porque es muy mono y además me divierte ver cómo juega. Cómo descubre el mundo. Se queda extasiado delante de la ventana, todo le sorprende. Disfruto enseñándole pequeños placeres, cosas como jugar con una pelota de ganchillo. Y como me gusta jugar con él, a él le gusta jugar conmigo.

Dicen que el gato es un animal arisco. Creo que no. Es independiente, eso sí, pero también sabe ser cariñoso. A su manera. No le puedes dar órdenes, eso es algo que aprendes tras varios días de convivencia. Tienes que dejarle hacer, darle su espacio. Estar tranquilo: el gato siempre vuelve.

Lo mejor de todo es cuando al final del día, Batman salta encima de mi cama, con sus patitas hace un hueco en el nórdico de IKEA y se acurruca a mi lado. Se siente seguro conmigo, me da su calor. Gracias, parece decir cuando me mira con los ojos entrecerrados, y vuelve a cerrarlos. Más, por favor.

Happy End of the World

Todos los días se puede acabar el mundo. Pero el de hoy tiene más números. Eso dicen. Así que por si acaso, que el Apocalipsis te pille bailando, follando, comiendo tu dulce favorito, bien acompañado. Y con una buena banda sonora para que pase mejor tanto meteorito y tsunami desenfrenado. Música como este discazo.

Happy End of the World fue el primer álbum de Pizzicato Five que me compré. También el primero que escuché de música japonesa, y flipé con esa mezcla de pop, electrónica y música de ascensor con tintes sesenteros. Ideal para tenerla de fondo durante un evento, cóctel en mano, mientras asientes a todo los nombres de diseñadores y artistas que cita tu interlocutor gafapasta.

Excepto en temas más experimentales como Porno 3003, este disco tiene mucho de felicidad. Quería poner los enlaces a Spotify, pero como se termina el mundo, el disco ya no está disponible, así que he recurrido a YouTube para que podáis escucharlo mientras llegan los extraterrestres a exterminarnos. ¡Feliz Fin del Mundo a todos!

1. The World Is Spinning At 45 RPM
Cuando todo termine, alguien desempolvará un vinilo y resucitará esas canciones que te hacían sonreír. Volveremos a bailar todos cuando irrumpan las viejas percusiones.

2. The Earth Goes Around
La música que escucharon los últimos astronautas al señalar la Tierra, todavía redonda y en órbita.

3. Trailer Music
Que no cunda el pánico, seguro que alguna civilización del futuro rodará una película sobre nuestro Apocalipsis. Así sonará el tráiler. Bien de bicicletas, bien de alcohol y bien de arcoiris.

4. It’s A Beautiful Day
Eurovisión. Si no tarareas esos pa-pa-pa-pa moviendo los brazos al bajar por la próxima escalinata que te encuentres mientras huyes de la hecatombe es que el fin del mundo te ha dejado sin alma.

5. Love’s Prelude
Las cosas siempre avisan cuando llegan, hay señales, pero no les haces caso. Como tampoco se lo harás a este tema que, sin embargo, desemboca en…

6. Love’s Theme
Un himno al Amor. Repasa todos esos gestos y objetos cotidianos que se convierten en tesoros cuando estás enamorado: un beso, unas gafas de sol. La mejor canción del disco y la única que no está en YouTube. Al menos se puede escuchar el remix de Saint Etienne, más relajado.

7. My Baby Portable Playable Sound
Te pasan una canción y de inmediato se convierte en tu motor. Lo que te da energía. Te la pones a todas horas, eres feliz y nada más importa. Baby, baby, baby.

8. Mon Amour Tokyo
Me la imagino sonando durante la inevitable huida en coche cuando empieza a agrietarse el suelo y hay corrimientos de tierra y aparecen volcanes por doquier. Pero los protagonistas se salvan, ¿eh?

9. Collision And Improvisation
Fantástica descripción en YouTube: «una melodía para las ruedas, la batería y el anticongelante de tu coche que te garantizará una buena conducción sin importar lo duro que sea el camino». Viva el saxo.

10. Porno 3003
Parada técnica en un motel de carretera. Lo que te decía antes, que el fin del mundo te pille por ejemplo follando. La canción no es gran cosa, vale, pero hay que estar a lo que estás. Por cierto, tienes 9 minutos 51 segundos.

11. Arigato We Love You
Puede que aún quede tiempo para grabar un temazo mega-pegadizo por teléfono mientras todos los rascacielos se derrumban. Dar las gracias y decir te quiero a quienes lo merezcan. El mundo de las últimas oportunidades. Lalalala.

12. Ma Vie, L’Ete De Vie
¡Oh no! Los títulos de crédito. Todo parece perdido.

13. Happy Ending
Colorines. Resulta que al final hemos sobrevivido. (Importante: solo escuchar en caso de que, en efecto, sobrevivamos.)

Bromas al margen, realmente me gustaría que hoy se terminase el mundo, este mundo, y mañana amaneciéramos en uno mejor donde realmente importaran las personas y el planeta que nos rodea, no el dinero, ni el poder. Un cambio de ciclo, vaya. Sea como sea, yo me acordaré hoy de sonreír a cada rato. Estamos vivos.