«Qué bonita es Barcelona», dijo un amigo. Como si de repente fuéramos turistas. Volvíamos a casa, ya de noche, y los edificios se deslizaban por las ventanillas del coche como una proyección mientras en la minicadena sonaba una canción de Robyn. Tras aquellas palabras, los tres asentimos con una sonrisa. Seguimos disfrutando de las fachadas iluminadas que asomaban entre los árboles, los edificios modernistas alternándose con hoteles de diseño.

Me gusta Barcelona de noche, cuando la Torre Agbar se pinta de neón y las calles invitan a pasearlas despacio, a solas y en paz, escuchando música que da sentido a las esquinas anchas y los portales de hierro. Me gusta aún más Barcelona de día, porque entonces se levanta orgullosa y enseña cada edificio como si estuviera recién construido, las piedras acabadas de colocar para que les hagas una foto. Aguántame el helado, que la subo a Instagram.
Y sobre todo, me gusta Barcelona en verano. Gracia, mi barrio, en verano vive sus mejores días. Se acercan las fiestas y ya hay cables colgando de lado a lado de los balcones y pronto colgarán guirnaldas de ellos. Estos días de preparativos, tengo que abrirme paso entre los tablones que pronto serán escenarios donde habrá conciertos. Pero estoy tranquilo, sé que cuando tenga que enseñar las calles adornadas, trazaré nuevas rutas donde todo estará conectado. Disfrutaremos de nuestra ciudad transformada y entre cerveza y cerveza asentiremos: «Qué bonita es Barcelona».
This dream was me and you (Tal vez estás aquí)
I want all the world to see (Un instinto me guiaba)
A miracle sensation
My guide and inspiration
Now my dream is slowly coming true



